miércoles, 26 de febrero de 2014

Seguidillas nuevas para cantar los mancebos pretendientes a las puertas de sus damas


El pliego que reproduzco en esta ocasión tiene interés por dos motivos principales: por su datación y por su analogía en su segunda parte con el tópico literario conocido como el retrato de la dama, que comentaré más adelante.

En cuanto a lo primero, aunque no figure el año de impresión todo apunta a que se trata de un pliego editado entre 1760 y 1770, ya que los herederos de Juan Jolis que se hicieron cargo de la imprenta tras el fallecimiento de Juan Jolis (hijo), que a su vez la heredó de su padre del mismo nombre, editaron en ese periodo, traspasando el negocio posteriormente a Bernat Pla, que editó entre 1770 y 1801 y posteriormente a su viuda (viuda de Pla, editora entre 1801 y 1827), y finalmente a sus herederos (herederos de la viuda de Pla) editando con ese nombre desde 1820 a 1860 aproximadamente.

Los tacos de boj de la portada donde aparecen esos dos estrafalarios personajes, así como la orla horizontal de separación remiten claramente a la colección de bojes de la imprenta Jolis-Pla que comenzaron a editar desde 1679 en que se estableció el fundador Juan Jolis (padre) en Barcelona, hasta los últimos pies de imprenta donde figuran los Herederos de la Viuda de Pla, que editaron hasta aproximadamente 1860.

También conozco el mismo pliego, con algunas variantes textuales, editado en Valencia, sin año, por la Viuda de Laborda (de nombre Vicenta Devis), aprovechando los mismos tacos, y cuya actividad editora se desarrolló entre 1780 y 1800, lo que acredita la datación del pliego a finales del siglo XVIII. 

No deja de llamar la atención el que tanto en el pliego barcelonés como en el valenciano se utilice la misma xilografía de los dos excéntricos personajes habida cuenta de que los tacos de madera de boj empleados para ilustrar los distintos pliegos no era frecuente el que se intercambiasen entre imprentas de una cierta categoría, como las referidas, siendo dicha práctica más habitual entre pequeños impresores. 

En la canción seriada conocida como el retrato de la dama, se glosan las bellezas de la dama en un orden tópico desde la cabeza a los pies con metáforas y formulaciones que suelen ser comunes. Así, se comparan los ojos con luceros o estrellas, las cejas con arcos, los dientes con perlas o el hoyo de la barba con la sepultura del cantor, los brazos con remos o las piernas con columnas, etc. 

La canción del retrato, como canto ocasional, está ampliamente documentado como canto de mayo donde los mozos rondan a las mozas solteras la noche del 30 de abril relacionándose simbólicamente con el renacer de la primavera tras el letargo invernal. La plantación de un árbol o mayo en la plaza del pueblo, la elección de la maya o muchacha ricamente ataviada entronizada en la puerta de la casa, los emparejamientos fingidos entre niñas y niños o la subasta de la moza o maya que ha de ser la pareja del ganador durante las fiestas o en el resto del año, son claras manifestaciones de origen precristiano que en su largo proceso de cristianización han derivado también en unos cantos de mayos dedicados a la virgen en una especie de vuelta a lo divino con elogios a la belleza de Nuestra Señora. 

Basten estos apresurados apuntes para dar paso al pliego que nos ocupa donde en su segunda parte se encuentran la analogías con estos ritos y con la canción seriada del retrato.












Antonio Lorenzo

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