martes, 21 de junio de 2016

El barbero que tuvo que afeitar al burro


La relación de los pliegos de cordel con el teatro (sainetes, pasillos, entremeses, etc.) es más estrecha de lo que a primera vista pudiera parecer. El pliego que reproduzco, impreso numerosas veces por diferentes imprentas, guarda cercana relación con el célebre sainete, del que no he podido localizar el autor, que lleva por título Saynete nuevo, titulado: El burro afeytado. (Para 7 personas). Dicho sainete desarrolla con amplitud la trama del pliego en estrecha relación con el mismo.



Tenemos noticias de que este sainete fue representado con éxito, no sólo en Madrid y en Cádiz, sino también en países como Chile, México y Uruguay.

El sainete, como es conocido, es una breve pieza jocosa que pintaba costumbres, satirizaba vicios y errores y solía representarse al final de las funciones teatrales. A mediados del siglo XVIII se utilizaban indistintamente los términos de entremés (representado sobre todo en el primer intermedio) o sainete (más frecuente en el segundo intermedio). Entre sus rasgos principales sobresalen los propósitos hilarantes, el costumbrismo, los tipos populares y la crítica social.

Hay otro sainete, de título El barbero afeita al burro, de 1865, escrito por el catalán Eduardo Sala y Sauri, que no he podido consultar ni saber si guarda relación con el cuento.

No es el único caso que pudiera ocasionar equívocos si sólo tenemos en cuenta el título de los distintos sainetes, pues conocemos también el atribuido al valenciano Alejandro Arboreda con el título de A un engaño otro mayor, o el barbero que afeitó al burro, que tampoco he podido consultar.

Otro sainete donde se menciona en el título a los barberos es el conocido por Las travesuras de un barbero, de Sebastián Vázquez, estrenado en Madrid en el Teatro del Príncipe en 1789, si bien en este caso nada tiene que ver con el asunto del pliego que tratamos. 

Aparte de la relación del pliego con el teatro es también cuento tradicional, pues conocemos versiones orales recogidas en diferentes localidades, como esta de Pozoblanco (Córdoba), en versión de Juan Pozuelo Yun, con el título de Tomar el pelo.

Iba una vez uno por un pueblo con una carga de leña para venderla, pero la carga de leña llevaba un pavo colgado.
Un barbero estaba en la puerta de su barbería y al pasar le dijo:
- Maestro, ¿me vende usted la carga?
- Sí señor, para eso la llevo, para venderla.
- ¿Cuánto quiere usted por ella?
El hombre dijo un precio que le pareció bien al barbero.
- Ea, pues bájela usted
Entró el hombre para dentro, bajó la leña y empezó a recoger las sogas, el equipaje que llevaba y el pavo.
- ¡Eh! -le dijo entonces el barbero-. El pavo no se lo puede usted llevar, amigo. Yo le dicho a usted que si me vendía la carga y me ha contestado que sí. Y el pavo venía en la carga. Así que lo siento mucho, pero el pavo se tiene que quedar aquí.
El de la leña se tuvo que ir dejándose allí al pavo.
Pero al de la leña no se le olvidó aquello. Cuando pasó el tiempo, entre las dos luces de un anochecer, llegó este hombre a la barbería y dijo:
- Maestro, ¿nos puede afeitar a mí y a mi compañero?
- Sí, hombre, ¿por qué no?
Se sentó el hombre y el barbero lo afeitó (el burro lo tenía atado a la ventana). Y cuando terminó de afeitarlo, el de la leña salió a la calle y volvió con el burro.
- ¿Pero dónde va usted con ese burro?
- Cómo qué. Este es mi compañero y lo tiene usted que afeitar.
- ¡Pero hombre!
- Nada, ¿usted se acuerda de lo de la leña? Pues este es mi compañero.
Usted ha dicho que afeitaba a mi compañero y lo tiene que afeitar. 

Antes de dar paso al pliego, cito como curiosidad estos Cuentos de barbería aplicados a la política, de Antonio de Valbuena y Enrique Hernández, publicados entre 1879 y 1880 en diversas publicaciones y que recoge, precisamente, el cuento que comentamos, lo que da idea de su popularidad.































Añado dos portadas del mismo asunto editadas por distintas imprentas.

Córdoba: impreso por García Tena
Madrid: Impreso por Marés
Un resumen del cuento está recogido también en una de las dos portadas que servían para confeccionar un 'ventall' o abanico rígido de caña.


Antonio Lorenzo

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