viernes, 7 de diciembre de 2018

Interpretación simbólica de la baraja: pliegos, cuento y canción [II]


Los investigadores sostienen que el motivo folklórico de las versiones españolas de la interpretación simbólica de la baraja por un soldado, tanto en sus versiones en pliegos de cordel o como romance-canción, son deudoras de algún modo a un folleto francés de 1811 asociado a la figura del grenadier Richard en la ciudad de Bres (Brest). Hay, sin duda, una vinculación de las versiones hispánicas con el folleto señalado, pues se ha hispanizado el nombre de Richard con los más castellanizados de Ricart, Ricarte, Ricaurte, Federico o Andrés. Esta singular vinculación de las numerosas versiones panhispánicas con el folleto francés ha sido señalada por insignes investigadores, como Jean-Pierre Étienvre: «Márgenes literarios del juego. Una poética del naipe. Siglos XVI-XVIII», Tamesis Books Limited, London, 1990; o Jean François Botrel: «La alegoría del soldado y la baraja o el poder del no libro», en: Mariana Genoud de Fourcade, Gladys Granada de Egües (ed.), Unidad y multiplicidad: tramas del hispanismo actual.

Sin embargo, aunque resulta innegable la vinculación de las versiones hispánicas (sea en forma de canción, noticias en prensa o pliegos de cordel) con el impreso francés de 1811, no se ha tenido suficientemente en cuenta un folleto anterior que desarrolla el mismo tema de la baraja-misal, publicado en Bruselas en el 1778, es decir, 33 años antes del señalado como posible embrión de las versiones hispánicas.

Aun así, tampoco podemos considerar este folleto como el referente inicial sobre el que descansan las diferentes versiones de la interpretación de la baraja. En este folleto se nos ofrece una explicación moral al juego de cartas por un imaginario Louis Bras-de-Fer, al servicio del rey Carlos VI.

Un resumen es como sigue: un domingo, al asistir nuestro protagonista con parte de su regimiento a los oficios de la iglesia parroquial, tras arrodillarse sacó de su bolsillo un juego de cartas que desplegó a modo de libro de oraciones, siendo recriminado por su sargento. Sin hacer caso al mismo, en una actitud devota y contemplativa reprochó al sargento el escaso sueldo que recibía, ya que no le permitía comprar una biblia o un libro de oraciones, siendo el juego de cartas un instrumento interpretativo de conceptos religiosos, así como de analogías sobre la vida y la pasión de Cristo.

Su relación con el impreso del grenadier Richard no reside tanto en la interpretación de cada una de las diferentes cartas como en la estructura general del relato. En uno y otro folleto aparece la figura del sargento, asociado en ambos casos con la sota. Tras ser reprendido por el sargento es conducido ante el capitán. El capitán, una vez escuchada la justificación de su proceder, le regaló una biblia, una imitación de la vida de Cristo y un ejemplar con vidas de santos. El rey, a su vez, tras haber demostrado gran valentía en las batallas y por haber perdido el brazo izquierdo debido a un cañón en una de ellas le concedió un puesto en el Hotel Real de los Inválidos donde tuvo una feliz y larga vida.

Abundando en el folleto francés del grenadier Richard, considerado como matriz referencial de las distintas subtradiciones, traigo a colación una noticia publicada en el Diario de Madrid, del 31 de octubre del año 1788, es decir, veintitrés años antes del referido folleto francés de 1811.
«Relación de lo acaecido con  un soldado Francés  llamado  Richart  del Regimiento  de  Infantería  de  Chartres,  hallandose  de guarnicion  en  Brest».

Otras noticias entresacadas de la prensa hispana


"La hormiga de oro" (12 de diciembre de 1908)

Revista "Buen humor" - [Madrid, 23-7-1922, n.º 34]
El Correo Militar (25-11-1897)
Teniendo en cuenta los ejemplos presentados tampoco podemos atribuir a un único referente inicial los diferentes desarrollos de este motivo folklórico, ya sea en sus manifestaciones escritas u orales. La interpretación simbólica de la baraja no se reduce, ni mucho menos, al exclusivo ámbito de lo panhispánico, pues puede rastrearse en la prensa de habla inglesa una serie de noticias que desarrollan una similar temática interpretativa, si bien asociada a otros protagonistas y a otros nombres, como el atribuido al soldado Richard Middleton.

Aunque carecemos de pruebas fehacientes existe una cierta probabilidad de que la historia de Richard Middleton fuera obra de John Gay, nacido el 30 de junio de 1685 en Barnstaple (Devon), y fallecido el 4 de diciembre de 1732. El inglés John Gay fue poeta y dramaturgo y recordado por "The Beggar's Opera" (1728). También escribió unas fábulas en verso que fueron traducidas al francés por el caballero de Châtelain. Es en alguna de estas fábulas donde presuntamente (lo que no hemos podido comprobar) apareciera la historia de Richard Middleton y que posteriormente fuese adaptada en alguna de las traducciones de sus fábulas al francés.

En fin, sea como fuere, lo importante es que nos encontramos con un motivo folklórico que ha traspasado fronteras y que, al margen de su origen, se nos presenta en numerosas versiones y ha sido recogido en publicaciones variadas, en canciones y en versiones orales recitadas.

En el temprano año de 1776 (dos años antes de la edición de Bruselas (Louis Bras-de-Fer) y treinta y cinco de la francesa (del grenadier Richard), el The London Magazine, Or, Gentleman's Monthly Intelligencer, Vol. 45, pp. 544-545, recoge el mismo motivo folklórico, cuyo protagonista es el soldado Richard Middleton, relato que, con escasas variantes, se reprodujo posteriormente en numerosas publicaciones.


La base de la historia es prácticamente la misma en todos los casos. Comienza con Richard Middleton, un soldado que asiste al servicio divino con el resto del regimiento en una iglesia y en lugar de sacar una Biblia para encontrar, el texto del párroco, extiende una baraja de cartas ante él. Tras la queja de su sargento los presenta ante el alcalde amenazándole de un severo castigo si no ofrece disculpas o explicaciones de su actitud. En su defensa ante el alcalde comenzó a desarrollar su interpretación de la baraja: cuando veo un as, me recuerda que solo hay un Dios; y cuando veo un dos me recuerda al Padre y  al Hijo; cuando veo un tres al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; cuando veo los cuatro, me recuerdan a los cuatro evangelistas que predicaron el evangelio, a saber: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuando veo los cinco, me recuerda a las cinco vírgenes sabias; cuando veo los seis, me recuerda que en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra... Verá, señor, que este paquete de cartas es para mí una Biblia, un almanaque y un libro de oraciones.

La misma noticia se recoge también en láminas sueltas y almanaques.

The Perpetual Almanack; or, Gentleman Soldier's Prayer Book (London, 1840)



El relato de esta «anécdota inglesa» traspasó fronteras y llegó hasta nosotros, puesto que lo recoge el Semanario Pintoresco Español en 1850.

Semanario Pintoresco Español (1850, pp. 350-351)

La «cantà de les cartes» en Albocàsser

En la villa castellonense de Albocácer (oficialmente Albocàsser en valenciano), capital de la comarca del Alto Maestrazgo, se mantiene la costumbre de la llamada «Cantà de les cartes» (Canto de las cartas). Se trata de una costumbre autóctona que se realiza cada año la noche del siete de diciembre, víspera da la festividad de la Inmaculada Concepción. En esa noche, se reúnen los quintos en la plaza de la iglesia pidiendo protección y amparo a la virgen. Cuatro de los quintos, representando los cuatro palos de la baraja y acompañados por algunos músicos, van entonando y relacionando cada una de las cartas con episodios de la Pasión del Señor.

Parece ser que la justificación de dicha costumbre proviene de un pliego de cordel conservado en el Archivo parroquial y fechado en 1870 donde se relataba la explicación de las cartas de la baraja por el soldado Andrés Espinosa. En realidad, se trata del conocido pliego, tantas veces reeditado, y que reproduje entero en sus dos partes en la entrada anterior con el título de:
«Nuevo tango. La religión y la baraja, sumaria curiosísima contra el soldado Andrés Espinosa Montero, natural de Logroño, Castilla la Vieja». 
Folleto turístico de Albocàsser
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Dejo para posteriores entradas la reproducción de unos interesantes pliegos (folhetos) brasileños sobre este mismo asunto, así como incursiones a ejemplos italianos, mexicanos y tradiciones orales en forma de canción.

©Antonio Lorenzo

viernes, 30 de noviembre de 2018

Interpretación simbólica de la baraja: pliegos, cuento y canción [I]


En esta nueva entrada actualizo y añado más datos a una entrada anterior dedicada a la interpretación simbólica de las cartas de la baraja por un soldado.

En esta ocasión, reproduzco otras versiones de pliegos sobre el mismo asunto. Añado también una lámina que recoge el expediente judicial o «Sumaria curiosa» del soldado Andrés Espinosa donde se describen los hechos por el que fue acusado y su exculpación.

Dada la parecida estructura de las diversas manifestaciones sobre la interpretación simbólica de la baraja por un soldado, creo que nos hallamos en presencia de al menos dos subtradiciones que desarrollan con distintas variantes el mismo motivo folklórico.

Dejo para entradas posteriores ampliar información:
* Sobre la referencia al juego de cartas del francés Richard, folleto editado en 1811 y soporte o matriz, según prestigiosos investigadores, de las versiones hispanas.
* Sobre el llamado «canto del juego de cartas» por los quintos de Albocàsser (Castellón), que se realiza la víspera de la festividad de la Inmaculada Concepción.
* Sobre un anterior opúsculo, editado en Bruselas en 1778, lo que retrasa la fecha al considerado hasta ahora como el principal referente y origen de la interpretación simbólica de la baraja, tanto en pliegos como en canciones.
* Sobre curiosos folletos editados en Brasil, México, Italia, Inglaterra... que desarrollan el mismo motivo folklórico.
* Sobre la presencia en la prensa dando noticias de esta singular interpretación de la baraja.
* Sobre un interesante folleto, editado en México en 1828, donde un «Coyote» interpreta la baraja a su hijo.
Los pliegos

En la entrada dedicada anteriormente sobre este tema comentaba la interpretación de la baraja por el soldado Miguel Ricarte en la ciudad de Reus, así como la variante de Ricart en la ciudad de Brest o la de Andrés Espinosa en La Habana, con copia de la sentencia absolutoria del 27 de abril de 1870.

Añado tres pliegos más sobre el mismo asunto: el primero de ellos, dividido en dos partes, titulado «La religión y la baraja», que no es sino otra versión del soldado Andrés Espinosa Montero (natural de Logroño) y editado en Palma de Mallorca, hallándose a la venta «delante la fonda d'es Replá, ó sea, detrás de la Pescaderia».

El segundo pliego, impreso en Barcelona por los herederos de la viuda de Pla en 1844, se ajusta más al que se tiene como modelo francés de 52 cartas en la obra de Hadin «Histoire du jeu de cartes du Grenadier Richard, ou explication du jeu de cinquante-deux cartes en forme de libre de prières», París, 1811.

El siguiente pliego, con la «Sagrada contemplación de los Misterios de la Misa por el soldado Miguel Ricarte», es otra copia más del conocido pliego, ambientado en la ciudad de Reus, con el recurrente comienzo de «Emperatriz de los cielos, madre y abogada nuestra...», editado en Madrid por la Imprenta Universal, sin año.

Añado, a continuación, una lámina con la «Licencia del ejército de Baco» donde comentando las licencias a concedidas a los borrachos, se aprovecha para completar la lámina con la licencia otorgada al consabido Andrés Espinosa por su célebre interpretación de la baraja.

Acabo esta primera entrada con una breve referencia sobre la interpretación simbólica de la baraja en su relación con el cuento tradicional.

La religión y la baraja (Primera parte)





La religión y la baraja (Segunda parte)















El cuento

La interpretación de las cartas de la baraja remite al tipo T1613 de la conocida clasificación sobre los tipos del cuento folklórico de Aarne-Thompson, con el título «Los naipes son mi calendario y devocionario». Se resume del siguiente modo: un soldado, a quien reprueban por jugar naipes en la iglesia, contesta y demuestra hábilmente los significados simbólicos de cada uno de los naipes y recibe una recompensa. El motivo central del relato es el [H603] que alude a la interpretación simbólica de los naipes.

A su vez, el tipo T2640 puede considerarse como una variante del anterior [los cuentos explicados por un juego de naipes], como interpretación simbólica de elementos de la baraja. Como ejemplo, reproduzco una muestra recogida por José Manuel Fraile Gil en 1993 en el que fuera pueblo madrileño, convertido ahora en moderna urbanización, de Fuente del Fresno de Jarama. Datos sacados de: José Manuel Fraile Gil, ed., «La poesía infantil en la tradición madrileña», Consejería de Educación y Cultura, Comunidad de Madrid, 1994, pág. 156.

Según explica el recopilador: «se toman de la baraja las figuras y los ases; fórmanse luego cuatro hileras paralelas de cuatro cartas cada una en la forma que se detalla en los paréntesis del texto», texto que es como sigue:


©Antonio Lorenzo

jueves, 22 de noviembre de 2018

Reglas seguras y probadas para casarse bien y pronto


Las respuestas dadas en el pliego a las preguntas sobre la mejor edad para casarse, dependiendo de si se es bella o fea, así como las estrategias a seguir para conseguir como fin el matrimonio, son fiel reflejo del papel, no digamos ya secundario, sino decididamente discriminatorio para la mujer. El papel de los padres de la joven tampoco deja mucho que desear en cuanto que son partícipes y encargados de otorgar la debida licencia para custodiar las virtudes de la hija, lo que implica su escasa valoración, por no decir nula, como persona independiente y con propios criterios.

Hay respuestas que, por sí solas, expresan toda una mentalidad sobre el papel subalterno de la mujer, ya que su forma de comportarse debe consistir en ser discreta y modesta, ser buena para el gobierno de casa, aficionada a los quehaceres domésticos, aseada en ropas y muebles...

Ante la pregunta del pliego: «¿qué derecho adquiere el hombre sobre la mujer después de casado?», la respuesta no deja de ser contundentemente ofensiva: «El de ser su gefe (sic), el administrador de sus bienes y su único consejero».

Desperdigadas por las revistas de la época puede rastrearse en poesías, ilustraciones y comentarios la escasa valoración de la mujer, abundando en el consabido estereotipo de esposa, madre, frágil, caprichosa, coqueta e inferior intelectual y moralmente al hombre, etc.

La situación de dependencia y de subordinación de la mujer casada al marido aparece en diversos artículos del Código Civil de 1889 (28 años posteriores al pliego). El artículo 57 establece que "el marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido"; el 58: que "la mujer está obligada a seguir a su marido dondequiera que fije su residencia"; el 59: que el marido es el administrador de los bienes del matrimonio; y el 60: que el marido es también el representante de la mujer y ésta no puede, sin su presencia, comparecer a juicio.

La imagen de la mujer como madre y pilar fundamental de la familia se reavivó en la etapa inmediata a la guerra civil española con la conocida Sección Femenina, surgida en 1934 como rama para la mujer de Falange Española, y rebautizada tras la dictadura franquista como Falange Española Tradicionalista. La Sección Femenina se disolvió en 1977, a los dos años del fallecimiento del dictador, siendo dirigida durante su larga trayectoria por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador del partido original, José Antonio Primo de Rivera.

El adoctrinamiento de la mujer durante el franquismo se realizaba mediante la obligatoriedad del «Servicio Social». Extraigo de Recuerdos de una vida, escrito por la propia Pilar Primo de Rivera (Madrid, ediciones Dyrsa, 3ª ed., 1983, pág. 149):
«Teníamos también ya a nuestro cargo el Servicio Social de la Mujer, que consistía en que todas, entre los 17 y los 35 años, debían dar seis meses de trabajo gratuito a España. Una especie de servicio a la Patria que se dividía en dos partes: tres meses de prestación gratuita en comedores de Auxilio Social, hospitales, oficinas, etcétera, y tres meses de formación personal, durante los cuales tenían clases de cultura general, de música y enseñanzas del hogar. Esta última parte formativa se daba en las escuelas de hogar que acabábamos de crear, también para elevar el nivel cultural de las mujeres».
A pesar del considerable desfase del caso español respecto a Europa en cuanto a desigualdad jurídica, la mujer fue poco a poco ganando protagonismo en el reconocimiento de sus derechos, si bien de una forma extremadamente lenta, pues la primera vez que se reconoció en España el derecho al sufragio femenino remonta a la Constitución de 1931 en la Segunda República Española. Hay aún que esperar hasta la Constitución Española de 1978 donde ya se recoge el derecho de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres.

Aunque la Constitución Española de 1978 consagra el derecho de igualdad jurídica, no fue sino hasta las leyes promulgadas en el Código Civil de 1981, donde se instauraba un nuevo orden familiar al derogarse la autoridad marital y todas sus derivaciones. De tal modo, la dirección de la familia  quedaba  asignada  a  ambos  cónyuges  y se articulaba la relación entre marido y mujer desde la igualdad y reciprocidad de derechos y  deberes.

Desde la creación en 1983 del Instituto de la Mujer,  con la finalidad de promover y fomentar la igualdad social de las mujeres y su participación en la vida política, cultural, económica y social, muchas son las publicaciones que han aparecido y que van rellenando el hueco desinformativo que padecían.

El Pliego

El pliego está editado en Barcelona e impreso por Juan Llorens en 1861.

Si contextualizamos la fecha de edición del pliego (1861) con las disposiciones vigentes de la época, encontramos que en la Constitución promulgada el 23 de mayo de 1845 y vigente hasta 1868, no se contemplaba de ningún modo el voto femenino ni el reconocimiento de su participación en la vida pública. Hay que esperar hasta el año 1931, como se ha señalado, para el reconocimiento de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres y su derecho al voto.






©Antonio Lorenzo

viernes, 16 de noviembre de 2018

La efigie del Coloso de Rodas en la beatificación de Juan de Ribera (1796)


Todo debió de parecerles poco al gremio de especieros valencianos cuando proyectaron nada menos que una alegoría del coloso de Rodas, considerada como una de las siete maravillas de la antigüedad, para presidir la plaza del Mercado con motivo de las fiestas por la declaración como beato a Juan de Ribera. Este coloso fue concebido a modo de arco de triunfo por donde debería pasar la procesión conmemorativa del resto de los gremios y de las autoridades.

A raíz de los testimonios gráficos conservados no parece que fuera infrecuente la erección de estatuas colosales efímeras para celebrar entradas triunfales de reyes o autoridades o para contextualizar fiestas públicas.

La alucinante estampa, que trataba de equiparar la beatificación de Juan de Ribera con la destruida estatua del Coloso de Rodas a causa de un terremoto en el siglo III a.C., provocó un gran revuelo entre la población valenciana, que no llegó a entender bien las efectistas proyecciones del gremio de especieros, como más adelante veremos.



Con el motivo de la beatificación del patriarca Juan de Ribera (noviembre de 1796), y tras emplazarse las fiestas para agosto del año siguiente y que diera tiempo a los gremios para prepararlas, se erigió en la plaza del Mercado un monumental gigante de cartón encaramado sobre dos peñascos formando un arco de triunfo. La figura medía 40 palmos (aproximadamente 9 metros de altura) apoyando sus pies en dos rocas de 30 palmos (aproximadamente 6,5 metros). La figura trataba de imitar la desaparecida figura del Coloso llevando en su mano derecha un pebetero llameante y en la izquierda un carcaj con flechas con símbolos eucarísticos. Sobre su cabeza aparecen los rayos solares como alegoría del dios de la luz. El motivo de tamaña representación era igualar y comparar al nuevo beato Ribera con el famoso Coloso de la antigüedad. La costumbre de confeccionar tramoyas, arcos triunfales, y todo tipo de artefactos e ingenios mecánicos que eran activados al paso de la procesión, servían para resaltar su carácter escenográfico, escenografía que ha acompañado desde entonces a las celebraciones festivas del pueblo valenciano.

Adjunto la portada de otra estampa con el mismo motivo del Coloso de Rodas, si bien con otras características más simples.



Las procesiones de los diferentes gremios iban acompañadas en algunos casos con niños subidos en los carros decorados mientras iban arrojando dulces y chocolates a los presentes y recitando alabanzas al nuevo beato, como se recoge en esta curiosa orla distribuida por el gremio de perayres o tejedores de lana, a las que habría que sumar las compuestas para la ocasión por el gremio de esparteros y alpargateros, chocolateros, etc.


El beato Juan de Ribera

Grabado de Fernando Selma (1752-1810)

Juan de Ribera (1532-1611), nacido en Sevilla, consiguió un notable prestigio y grandes prerrogativas a lo largo de su vida religiosa, alcanzando el obispado de Badajoz a los treinta años. Posteriormente, fue nombrado Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía, así como Virrey y Capitán General del reino de Valencia en tiempos de Felipe III, llegando a ser su consejero y desempeñando impropiamente cargos civiles y religiosos a un tiempo. Una de sus principales aportaciones, al margen de sus numerosos escritos, fue la fundación del Real Colegio Seminario de Corpus Christi, conocido como «El Patriarca», junto a otros conventos.

Ciento sesenta y cuatro años más tarde de su beatificación en 1796, tuvo lugar su canonización en la Basílica de San Pedro en el transcurso de una misa solemne presidida por el papa Juan XXIII el día 12 de junio de 1960. Asistieron a ella centenares de peregrinos valencianos que acudieron a Roma junto a una misión española presidida por el ministro de la gobernación. El Papa dispuso también, en la misma ceremonia, que la fecha litúrgica del que fuera arzobispo de Valencia y ahora santo se celebrase todos los años el 14 de enero.

Ribera y la expulsión de los moriscos

A pesar de que algunos estudiosos han tratado de eximir su responsabilidad en cuanto a la de ser proclive a la expulsión de los moriscos, ha pasado a la leyenda negra de la historia como el «obispo antimorisco».

Ribera es un claro ejemplo de religioso defensor tridentino, pues se dedicó firmemente a luchar contra el protestantismo y a tratar de salvaguardar los principios dogmáticos del catolicismo tridentino. Como es bien sabido, el concilio de Trento (1545-1563) representa la reacción de la iglesia contra la Reforma protestante, lo que supuso la consolidación dogmática del catolicismo y una seria reforma de la educación y de la labor pastoral del clero. A pesar de que en un primer momento el arzobispo creyó que los moriscos eran «asimilables» y que había que intentar su conversión, a medida que transcurrió el tiempo, fue decantándose por la expulsión, si no como un firme defensor, sí como un mal menor para la salvaguarda de la fe y de la corona. La expulsión de los moriscos valencianos tuvo lugar en el año 1609 por orden de Felipe III.

Ribera emprendió, en una primera fase, una campaña de evangelización de los moriscos, pero a la vista de que no se conseguían los resultados esperados, poco a poco se fue decantando por la solución de expulsarlos.

La expulsión de los moriscos, que se prolongó desde abril de 1609 hasta octubre de 1616 constituye uno de los capítulos más negros de la historia de España. La decisión no unánime, pero sí mayoritaria de la iglesia, fue la de justificar su expulsión por la creencia de que su bautismo forzoso no fue aparejada con una conversión sincera, perviviendo entre ellos el islamismo y sus costumbres, ya que no se pudo conseguir su conversión real como auténticos cristianos.

En Valencia, donde se encontraba el mayor número de moriscos (en torno a 150.000), se calcula que entre septiembre de 1609 y enero de 1610 salieron algo más de 117.000 mil, aproximadamente la tercera parte de la población del Reino de Valencia, lo que condujo a una importante pérdida de población y de mano de obra especializada, también de la agricultura, base de gran importancia en la economía.

Donde por primera vez se hizo efectivo el decreto de expulsión fue en Valencia y en los puertos de las poblaciones colindantes desde donde se deportaron el mayor número de ellos.

Existe una serie pictórica de siete lienzos, realizados entre 1612 y 1613, titulada precisamente «Expulsión de los moriscos del reino de Valencia» que encargó el mismísimo Felipe III para recoger testimonialmente su ignominioso decreto, del que reproduzco el relativo al embarque en el puerto del Grao valenciano.

Pere Oromig - Embarque de los moriscos expulsados en el Grao valenciano (1616)

Reacciones contrarias a la efigie del Coloso de Rodas

La extrañeza por la interpretación alegórica y la equiparación del coloso con un beato, pese a los esfuerzos de los patrocinadores del gremio de especieros y a la profusión de noticias laudatorias del Diario de Valencia o las composiciones recogidas en el anverso de la difundida estampa, no fueron entendidas por gran parte de la población, como tampoco los abundantes gastos originados por su puesta en escena.

Como ejemplo de ello, reproduzco algunas de las críticas recogidas en varios impresos.





El siguiente documento, titulado «Naiximent, vida, testament y mort del Gran Coloso de Rodas», podemos considerarlo a modo de parodia disparatada y de testamento burlesco, al igual que los conocidos testamentos de animales o de personajes ficticios y su relación con el mundo carnavalesco, a los que he dedicado anteriores entradas bajo la etiqueta de «Testamentos en pliegos de cordel».



Reproduzco a continuación un curioso pliego, impreso por la viuda del conocido impresor Agustín Laborda, donde se critican igualmente los fastos conmemorativos de la famosa beatificación.





Selección iconográfica de Juan de Ribera y del Coloso de Rodas


Giuseppe Cades - Predicación del arzobispo Juan de Ribera a los moriscos (1796)

F. Domingo_Marques -Los moriscos valencianos pidiendo protección al beato Juan de Ribera




©Antonio Lorenzo