En los comienzos de cada año los pronósticos y las predicciones de carácter meteorológico se solían recoger en almanaques o calendarios de una forma discontinua desde el siglo XV. Este tipo de publicaciones recogían de una forma predictiva las prácticas rurales y faenas agrícolas que fueron evolucionando con el tiempo de una forma expansiva y añadiendo progresivamente datos complementarios como relleno.
El almanaque, cuya etimología proviene del árabe al-manäkn, con el significado de contar y enumerar de forma preferente el tiempo astronómico, se fue progresivamente ampliando al santoral religioso y festivo, así como a las predicciones mensuales del nuevo año junto al balance del año transcurrido conocido como el "Juicio del año".
Los numerosos tipos de almanaques editados en España alcanzaron entre nosotros una gran difusión durante los siglos XVIII y XIX donde se fueron incorporando paulatinamente otras alusiones de carácter humorístico mediante chistes, proverbios, curiosidades, parodias o adivinanzas para satisfacer a un público generalista y en muchos casos a modo de una publicación anual y separada pero vinculada comercialmente a la prensa periodística.
El "Juicio del año", escrito en nuestro caso en quintillas por una tal Panchita Caliente, viene a ser una especie de repaso o compendio de los acontecimientos producidos, sin que falten alusiones a personajes políticos, a lo que se suelen añadir efemérides, lunarios, chirigotas de forma jocosa con textos humorísticos y anticipándose a lo que supuestamente pueda ocurrir de una forma entretenida y amena.
El sentido comercial de los almanaques o calendarios fue paulatinamente incrementándose al incluir colaboraciones de autores más o menos conocidos o encubiertos, así como ilustraciones o dibujos para atraer la atención de los compradores para regalarlos en las fechas tan señaladas en los comienzos del año convirtiéndose, al margen de las predicciones originales, en obras de consulta recreativa.
Entre la gran difusión de estos almanaques me detengo a modo de simple muestra en el Almanaque de El Fandango para el año 1892, donde se incorporan pasatiempos y coplas junto a distintas ilustraciones de las que reproduzco algunas de ellas entresacadas.
Esta publicación periódica, cuyo título se relaciona con el conocido baile popular y festivo, fue editada en Barcelona a finales del siglo XIX con la finalidad de facilitar un entretenimiento popular y no solo de predicciones, al incluir toda una serie de contenidos e ilustraciones para favorecer y atraer la atención del público.
La miscelánea festiva de este almanaque de finales del XIX tiene un claro precedente en cuanto a su título con la que fuera una revista satírica mensual denominada El Fandango (1844-1846), prodigada años atrás y requeridora de una mayor atención y a la que dedicaré, como indagador de curiosidades, alguna que otra entrada. Dicha revista fue editada en Madrid por la llamada Sociedad Literaria en la imprenta dirigida por escritor y editor Wenceslao Ayguals de Izco, difusora igualmente de sus propias obras literarias y de variados folletines que alcanzaron gran repercusión entre el público.
Este tipo de publicaciones, al igual que los pliegos de cordel, también forman parte de la llamada literatura popular impresa, dando lugar a documentados y parciales estudios, aunque ciertamente poco tenidos en cuenta desde un punto de vista académico y literario a pesar de resultar relevantes en muchos sentidos.
Entresacados
©Antonio Lorenzo













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