domingo, 15 de febrero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 5, 1845.

 

Este número 5 comienza con una carta dirigida al editor y director de esta revista por un desconocido escritor donde propone su colaboración en la revista, aunque expresada con numerosas faltas de ortografía y una fatal redacción y proclamándose al final de forma malévola como individuo de la Real Academia de la Ystoria y del hinstituto científico y literario de Berlin. etc. etc. etc.

Se trata, obviamente, de una sarcástica carta donde el Yncognito (que es como aparece firmado) propone desarrollar y publicar Semblanzas de poetas y escritores, copiando la idea ajena y sin nombrar al destacado colaborador Florentino Sanz, poniendo precio y condiciones y donde expresa que hablaría bien del propio director de la revista y de los colaboradores de El Fandango. La idea subyacente por incluir esta carta en la revista tenía por objeto el difundir entre sus suscriptores y lectores una solapada crítica a las publicaciones coetáneas que criticaban a la revista por sus ideas y que también le copiaban contenidos.

De una forma burlona, la revista continúa criticando las costumbres extranjeras y enalteciendo las propias. En otro de sus apartados contraponen con agudos versos el Romanticismo y el Clasicismo, que, aunque son movimientos culturales complejos y entremezclados, critican al primero como propio de personajes pedantes y preocupados por su vestimenta, expresando de una forma afilada:

Romántico es darse tono,
insultar la democracia
y ensalzar la aristocracia
que bulla cerca del trono.
 
El clasicismo, por el contrario, se caracteriza por la aceptación de las viejas costumbres y la defensa argumentada de lo que se considera sostenible.
 
Como en las revistas anteriores no faltan las críticas a los franceses, ingleses y alemanes, aunque en este número se alude a los suizos por las inauguraciones de establecimientos pasteleros y de cafés, tan caros para los bolsillos españoles, e invitándoles a sustituirlos por nuestras frecuentadas tabernas.
 
Tampoco falta la defensa de la publicación El Fandango frente a las críticas de la iglesia por tacharla de escandalosa, aunque la propia revista lo caricaturiza como un claro e irónico ejemplo de "mansedumbre evangélica".
  
La crítica a la pedantería  atribuida al pueblo francés y a la elegancia de la que presumen se nos narra en un escrito de Justo Dávila donde desarrolla la estancia de un español en un hotel parisino y donde se hallaban a la vista todo un hacinamiento de tarjetas inductoras invitando al huésped español a comprar vinos en bodegas, surtidos de ropas y de modas, asistencia a representaciones circenses y la propuesta de conocer a un renombrado peluquero como prototipo exquisito de la elegancia. El huésped español, que precisamente necesitaba componerse el pelo para que no le clasificaran como un salvaje, puesto que en París el pelo es el primer objeto de adorno, decidió ponerse en contacto con tan ilustre peluquero. Antes de que vinera, resulta que fue atendido primeramente por dos asistentes o discípulos del maestro peluquero, que portaban un estuche de peluquería que contenía todo tipo de cosméticos, paños y perfumes, lendreras y navajas, y donde procedieron a "sobarle" el pelo con sus gomosas manos, hasta que, tras más de media hora de espera, llegó el famoso maestro peluquero que procedió a cortarle cuatro puntas de pelo en apenas medio minuto con unas riquísimas tijeras con mil labores de oro. La desorbitada cantidad exigida como pago y remuneración, tanto al maestro peluquero como a sus discípulos, aconsejó al español mantenerse en la prudencia y contener simbólicamente la explosión del volcán que se encontraba a punto de reventar por la desorbitada actuación de tan singular peluquero francés.
 
El número acaba con el consabido pronóstico, horóscopo y efeméride para el mes de mayo de 1845, junto con el lunario y santoral correspondiente.












©Antonio Lorenzo

No hay comentarios:

Publicar un comentario