lunes, 21 de enero de 2019

Impresos populares: el Sexenio Democrático y la 1ª República (1868-1874) [I]


Nada mejor que esta caricatura del ilustrador Tomás Padró, publicada en la revista satírica "La Madeja política" (1873-1874), vinculada ideológicamente al republicanismo federal, para ilustrar cronológicamente el periodo conocido por el Sexenio Democrático (1868-1874).

El Sexenio Democrático constituye, sin duda, una de las etapas más sugerentes y atractivas para la investigación histórica del siglo XIX español, lo que ha tenido su reflejo en la abundante historiografía del periodo.

Desde hace relativamente poco tiempo contamos con excelentes estudios sobre la prensa más o menos periódica y sobre la labor que desarrollaron los caricaturistas en las revistas satíricas de la época, una vez recuperada la ley de Libertad de imprenta por la Constitución de 1869. La prensa periódica alcanzó por entonces centenares de nuevas publicaciones a lo largo periodo reseñado (1868-1874). Sin embargo, los impresos populares de aleluyas, estampas, grabados, hojas volanderas, relaciones o pliegos de cordel, que convivieron con esa ingente prensa satírica, apenas se han tenido en cuenta en los estudios para ilustrar esa agitada y convulsa época. Ello se debe, sin duda, a lo efímero de su conservación y a las escasas características técnicas de su impresión, frente a las mucho más desarrolladas mejoras técnicas de las publicaciones periódicas.

El interés de este blog radica en rescatar y en dar a conocer, si bien parcialmente y a falta de un mayor número de ejemplos, estos efímeros impresos populares, ya sea en su forma de láminas, pliegos o ventalls, que convivieron con la ingente producción de prensa de aquel convulso periodo.

El Sexenio suele dividirse en tres etapas: la primera, la del Gobierno provisional español 1868-1871; la segunda, el reinado de Amadeo I (1871-1873); la tercera, la Primera República Española, proclamada en febrero de 1873, tras la abdicación del rey Amadeo de Saboya, dando lugar al periodo de una república federal a la que puso fin el golpe de Pavía en enero de 1874, poniendo prácticamente fin a la convulsa aventura de la Primera República Española.



La sublevación en Cádiz del almirante Topete, en septiembre de 1868 (conocida por la "Septembrina"), a la que se sumaron, entre otros, personajes tan destacados como como Prim y el general Serrano, se considera el inicio de los acontecimientos posteriores. Tras la victoria de los sublevados en el Puente de Alcolea (Córdoba) el 28 de septiembre de 1868 sobre el ejército leal a la reina Isabel II, esta se vio obligada a abandonar España dando fin a su reinado por la llamada Revolución de 1868 o «La Gloriosa».

Reproduzco la lámina de un ventall (abanico) sobre la importancia de esta batalla y añado a continuación un auca o aleluya que describe de forma partidaria estos sucesos.



Historia de «La Gloriosa» 


El auca en secciones





Sin embargo, no todos los impresos populares enaltecen la llegada de «La Gloriosa», como ocurre con la aleluya reproducida o con la rara lámina, aparejada con una satírica ilustración, donde se desarrolla una mordaz crítica contra los principales responsables que la llevaron a cabo y se reivindica la figura de quien debería ser el rey carlista don Carlos VII de Borbón.



A través de las mandas testamentarias de la "Revolución de septiembre", dictadas por un tal "Perico, el de los palotes", se aprovecha para criticar a distintos personajes que participaron o tuvieron protagonismo en la revolución septembrina. 

Desde la perspectiva actual no resulta fácil el identificar a determinados personajes a través de su caricatura o mote. En su tiempo, el receptor que «leía» la imagen contaba con una información interpretativa que le hacía identificar o suponer a qué personaje está dirigida la crítica. Los dibujantes, conocedores de un sistema más o menos común de códigos y referentes, proporcionaban una serie de pistas para que los lectores pudiesen identificar con facilidad a los personajes caricaturizados.

No se escapa de sus críticas el querido Paquito, «la cotorrita enjaulada», suponemos que en alusión al general Francisco Serrano, al que Prim, tanto en esta lámina como en el auca anterior pagaba a sus partidarios con dinero público (el conocido como turrón), en este caso al «general bonito», como también se conocía popularmente al que supuestamente fuera amante de Isabel II, que así lo llamaba. También se critica al «Pesetero de Reus» (en clara alusión a Prim), achacándole su traición al juramento de fidelidad que hizo a la reina Isabel mientras recibía condecoraciones, títulos y mercedes. Tampoco se escapa al que denomina «Caín II» (que no es otro sino el duque de Montpensier) en sus aspiraciones al trono de España. Ni tampoco se salva «Zoquete» (es decir, el almirante Topete) a quien conmina a recorrer con sus barcos las costas españolas enarbolando la bandera del rey legítimo de España don Carlos VII de Borbón. Otra crítica se refiere a «Salustio» (Salustiano Olózaga) a quien recrimina por sus repetidas calumnias contra los carlistas y por ser sirviente de los intereses franceses dirigidos por "Nap-paletó" (Napoleón). También se detiene en sus críticas contra «Mortero Rios» (es decir, Eugenio Montero Ríos, ministro de Gracia y Justicia en el gobierno de Prim en 1870), a quien reprocha ser el promotor de la separación de la iglesia y el Estado y el haber obligado al clero a acatar la constitución.

La última manda de la "Gloriosa Revolución", se dirige a S.M. don Carlos VII de Borbón, deseando que venga pronto a esta infortunada España "sentándose en el alcázar de sus mayores, que por derecho y méritos declaro que le corresponde, y lave de este modo para siempre tanta desgracia, tanta afrenta y tanta ignorancia".

La lámina está impresa en Barcelona en 1870 por la imprenta de Luis Tasso en calle del Arco del Teatro 21 y 23.

Luis Tasso Goñalons (1817-1880) fue el creador de un importante negocio editorial de carácter familiar conjugando su labor de impresor y editor. Nacido en Mahón, se trasladó a Barcelona en 1835 editando hasta 1877. A partir de dicha fecha se hizo cargo su hijo, Luis Tasso y Serra, continuando con el negocio, tras su muerte en 1906, su viuda y posteriormente su yerno, Alfonso Vilardell, hasta ca. 1918.



©Antonio Lorenzo