sábado, 11 de abril de 2026

Sobre el oficio de zapatero

 

El antiguo oficio de zapatero se conoce y hunde sus raíces en la antigüedad. Ejemplo de una artesanía tradicional asociada a la fabricación, reparación y modificación del calzado y de artículos de cuero. Aparte de arreglar suelas y tacones, también se les conoce con el apelativo de reparadores o "remendones".

El personaje del zapatero ha dado mucho juego en la literatura popular impresa, y, como ejemplo de ello, reproduzco dos pliegos con gran diferencia en sus años de impresión y con muy distinta intención expositiva y estilo. En el primero de ellos, se cuenta la curiosa vida del viejo zapatero Lamparilla, editado en Carmona (Sevilla) en 1858, tras el que añado un pliego mucho más antiguo procedente de la imprenta tarraconense de Magin Canals. La labor editora de este establecimiento tipográfico se enmarca en la segunda mitad del siglo XVIII en la calle Mayo, siendo mayormente conocido por la edición de documentos oficiales y eclesiásticos.

Aunque la evolución de tan antiguo oficio va decayendo de una forma progresiva y enfrentándose paulatinamente al peligro de su decadencia o desaparición, nos quedan muchas referencias al mismo en expresiones, como la más famosa de "zapatero a tus zapatos", en el sentido de no inmiscuirse en aquello que se desconoce. El curioso origen de esta expresión se identifica con una anécdota recogida por el historiador y político Plinio el Viejo en su Historia Natural. Plinio nos expone la crítica que hizo un zapatero a quien fuera un famoso pintor griego Apeles (Siglo IV a. C.) sobre una sandalia que aparecía en una de las pinturas que solía exponer en la plaza pública con el fin de escuchar las críticas o comentarios sobre sus pinturas. La crítica que le hizo un zapatero sobre el error que apreciaba en una de las sandalias del cuadro expuesto, hizo que el pintor lo corrigiese y modificase con prontitud. Sin embargo, el zapatero siguió opinando desfavorablemente sobre otros aspectos y detalles artísticos, por lo que el pintor le sugirió que se limitase a opinar sobre aquello que conociera o fuera experto, y que no opinara sobre lo que le resultara ajeno ni interviniera en asuntos que no fueran de su competencia. De ahí la expresión tan conocida desde entonces de este famoso dicho proveniente, nada menos, que de la Grecia clásica.

El día 25 de octubre se conmemora el día de los santos patronos del oficio de zapatero: los hermanos Crispín y Crispiano, quienes padecieron la terrible persecución de Diocleciano a finales del siglo III y acabando en su huida martirizados en Francia. La vida de tan laboriosos mártires se ve envuelta en una ambigua mezcla de historicidad y leyenda.


Sobre tan laborioso oficio el imaginario popular también recoge dichos y refranes muy extendidos sobre sus actividades.

* A tus agujas, sastre y zapatero a tus zapatos
* ¡Buenas noches, caballeros!... (y eran todos zapateros)
* Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero
* Cada cual, sabe dónde le aprieta el zapato
* Zapatero remendón, suela vieja y almidón
* Si zapateros y sastres no fueran embusteros, no serían ni sastres ni zapateros
* Al ingrato, con la punta de un zapato
* Bueno y barato, no caben en un zapato
* Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato
* La salud no está en el plato, sino en el zapato
* Para estar bien sano, poco plato y mucho zapato

Tras la reproducción de los pliegos adjunto tras ellos algunas referencias del teatro breve del siglo XIX donde la figura del zapatero se engloba como un conocido e ingenioso referente de tipo popular asociado al costumbrismo y a la tradición folklórica y satírica en sainetes y entremeses.





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Algunas referencias teatrales sobre el oficio de zapatero




©Antonio Lorenzo

viernes, 3 de abril de 2026

Dolorosa pasión y muerte de Cristo Señor Nuestro

 

Dentro de la temática de contenido religioso en los pliegos de cordel son frecuentes aquellos que aluden a la pasión, crucifixión y muerte de Jesús en la cruz. En el pliego reproducido, impreso en Madrid por la antigua Imprenta Universal, en la calle Cabestreros 5, se añaden los Siete Dolores de la Virgen con la advertencia a los oyentes de que deben acogerlos con gran devoción y sentimiento para poder ganar, de este modo, un "sin número de indulgencias, ya plenarias, ya parciales" y conseguir de esta forma su intercesión frente a los errores cometidos.





©Antonio Lorenzo

martes, 31 de marzo de 2026

La aldeana o Leonor enamorada

 

La transversalidad inherente de los pliegos de cordel, abiertos entre lo oral y lo escrito, alcanzaron una gran difusión entre los lectores u oidores debido a lo heterogéneo de sus temáticas.

Los pliegos donde se recogen canciones de asunto amoroso son una parte más de la extensísima proliferación de asuntos discursivos propios de la literatura popular impresa.

Se conocen series de pliegos de temática amorosa, como el titulado El cantor de las hermosas, trovas de amor para cantar al bello sexo por unos aficionados, de los que hemos dado cuenta en numerosas entradas anteriores clasificados bajo esa etiqueta. En ellos se desarrollan todo un cúmulo de suspiros amorosos, requiebros y canciones de moda, donde se recogen también lamentos y quejas de los amantes, así como desengaños, despedidas y ausencias.

En este pliego, editado en Barcelona por la muy activa imprenta de Juan Llorens en el año 1863, se nos cuenta la historia de la aldeana Leonor, una amante enamorada y despechada. A lo largo del tiempo mantuvo emocionalmente su temprano amor por Ricardo, quien fuera su querido pretendiente, aunque con el paso del tiempo Ricardo la acabó sustituyendo por otra mujer mediante falsas promesas. A pesar de todo ello, la aldeana Leonor se resistió a olvidar a su temprano amor quedando dispuesta a aguardarle y retomar su relación si decidiese regresar de nuevo y deseándole, en todo caso, una feliz vida.





©Antonio Lorenzo

lunes, 23 de marzo de 2026

La Feria de Córdoba

 

Este pliego, en el que se exalta la Feria de Córdoba, fue editado primeramente por la imprenta de Santaló Canalejas y Compañía, cuya corta actividad impresora se desarrolló entre los breves años de 1835 y 1838 en la calle de la Feria, núm. 34. Pasados más de 27 años el contenido del pliego volvió a reeditarse en el mucho más conocido taller de José María Moreno en Carmona (Sevilla) en el año 1865, de los que reproduzco ambos.

El origen de tan acreditada feria se remonta muchos siglos atrás en la que se yuxtaponen distintos motivos y acontecimientos. Uno de ellos proviene de las ferias ganaderas que ya estableció el rey Sancho IV de Castilla, llamado el Bravo, en 1284 como fiesta ganadera, hasta que en 1482 los Reyes Católicos fijaron una de esas citas en el mes de mayo. Aparte de todo ello, en otra versión se cuenta que, en el año 1665, unos labradores encontraron en un pozo la imagen de una virgen a la que denominaron como Virgen de la Salud al atribuirle a las aguas del pozo propiedades curativas y milagrosas. El pueblo acudía al pozo con vasos, cántaras y jarras para recoger el agua milagrosa. Tras levantar una ermita con su nombre quedó asociada desde entonces a la denominada Feria de Córdoba en la que se celebra con gran éxito la participativa y conocida fiesta popular.

La evolución de la Feria de Córdoba, desde su antiguo origen de mercado ganadero y el cambio de su ubicación a lo largo de los años a cómo se la conoce actualmente precisa de todo un recorrido que ya fue tratado por Teodomiro Ramírez de Arellano a lo largo de sus tres volúmenes de Paseos por Córdoba publicados entre los años 1873 y 1877.

El emplazamiento de la feria fue cambiando de lugares, siendo el más conocido a partir de 1820 el de los Jardines de la Victoria como punto de encuentro social y de numerosos puestos mercantiles. El recinto ferial con casetas montadas por cofradías, peñas, asociaciones diversas e instituciones públicas fue ganando prestigio y popularidad hasta que en 1994 se decidió trasladarla al Recinto Ferial del Arenal, diseñado para albergar grandes eventos y para facilitar un mayor espacio de emplazamiento y para acoger la presencia de tantos y tantos visitantes.

La Feria de Córdoba, por su estrecha vinculación con Nuestra Señora de la Salud, es una de las más antiguas de Andalucía, e incluso anterior a la más renombrada de Sevilla.

Aunque no se especifica la autoría del texto, las iniciales finales del segundo pliego reproducido L. M. R. pueden referirse, como parte de su obra dispersa, a Luis María Ramírez de las Casas-Deza (1802-1874), historiador cordobés y licenciado también en medicina, algo que apenas ejerció, siendo un relevante historiador de su tierra cordobesa durante el siglo XIX. Su relación con la imprenta editora del pliego parece notoria, ya que también le editaron algunas de sus obras de contenido histórico, por lo que la autoría de los versos del pliego, junto a las iniciales finales que lo acompañan al final, sugieren que puedan pertenecerle.

Los versos del pliego exaltan la presencia de labradores y de gente ciudadana para gozar de diversión y recorrer los puestos del mercado establecido y donde se podía gozar de las comidas, dulces y licores. También se alude al ganado y a todo un surtido de personajes y estereotipos que participan e intervienen en la feria.





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©Antonio Lorenzo

domingo, 8 de marzo de 2026

Los perros del monte de San Bernardo

 

En este curioso pliego, editado en Reus en 1853, se nos narra cómo los famosos perros de San Bernardo lograron rescatar a unas personas que se encontraban desaparecidas al estar envueltas en una serie de episodios que los llevaron a ello. En el pliego se nos cuenta que una doncella se casó con un joven sin contar con la aprobación de su padre y que, al ser pobres, tomaron la decisión de huir de su patria. El airado padre quiso ir a buscarlos con el beneplácito del rey y con la colaboración de soldados seguidores. Pero estos últimos, al cabo del tiempo, lograron localizarlos en una estrecha cabaña que se encontraba rodeada de nieve y donde les comunicaron que eran el objeto de su búsqueda. La pareja decidió escapar en medio de una gran nevada llevando la mujer entre sus brazos a su pequeño hijo de tres años, mientras que su esposo buscaba alguna cueva o peñasco para poder resguardarse. En su recorrido se encontró con un hombre al que pidió ayuda, pero resulta que, casualmente, se trataba del padre de la joven que se opuso a su enlace. El joven consiguió huir mientras que un alud enorme sepultó al padre y a los soldados buscadores. Tras ello, siendo rescatado por un perro y ayudado por los monjes que oyeron sus quejas y salieron a su encuentro consiguió llegar al cercano monasterio. Una vez acogido por los monjes les indicó que su mujer y su hijo se hallaban perdidos. Los monjes, acompañados por los perros y en medio de una gran borrasca, lograron encontrarlos a los pies de un precipicio y donde decidieron colocar al pequeño envuelto en una manta sobre el perro, quien logró alcanzar el convento saltando de peña en peña. Una vez salvados la madre y el pequeño con la ayuda de los monjes, se produjo el reencuentro con el padre y decidieron regresar a su patria.

La narración de estos sucesos guarda una indudable y estrecha relación con la conocida atribución a los perros de San Bernardo como la raza salvadora de quienes se encontrasen atrapados en las montañas nevadas. El famoso Hospicio de San Bernardo, situado en el actual territorio suizo y en pleno corazón de los Alpes, fue fundado por Bernardo de Menthon, con el fin de acoger y dar cobijo, si fuese necesario, a los viajeros peregrinos que cruzaran el significativo paso de montaña y cruce de fronteras, conocido como el Paso de San Bernardo.

Desde el siglo XVII y en dicho hospicio ya se criaban perros para ayudar a aquellos viajeros que quedaran atrapados por tormentas de nieve. Estos perros, como raza canina suiza, son animales grandes, ágiles y resistentes, de una gran nobleza y con un olfato extraordinario, lo que les facilitaba la detección de personas que se encontraran sepultadas en la nieve. Esta raza alcanzó gran notoriedad con el calificativo de perros de San Bernardo y de rescate de viajeros extraviados. A raíz de los relatos orales de los soldados de Napoleón Bonaparte en su paso en 1800 por esos enrevesados caminos quedaron convertidos como arquetipos de animales rescatadores. El más conocido de todos ellos se refiere al perro conocido como Barry, y que según la leyenda consiguió rescatar nada menos que a 40 soldados salvándoles la vida.

En el cementerio de perros de Asnières, cercano a París, se conserva un monumento dedicado a Barry como ejemplo de esta raza de perros y protagonista de difundidas hazañas rescatadoras asociadas a leyendas e incluso dando lugar a la creación desde el año 2005 de la Fundación Barry.


La imaginación popular se asocia con la imagen del perro de San Bernardo que lleva colgado en su cuello un pequeño barril lleno de licor a modo de medicina rehabilitadora del flujo sanguíneo con la pretensión de que fuera usado por los viajeros rescatados.

A partir de los primeros años del siglo XIX los perros de San Bernardo se convirtieron en todo un referente como raza salvadora según queda recogido en antiguas publicaciones anteriores a la edición del pliego, como sucede en el Semanario pintoresco español, Tomo II, Núm. 82, 22 de octubre de 1837.


El protagonismo de la leyenda también aparece en dramas teatrales, como en el adaptado y arreglado para el teatro español por Ventura de la Vega de la obra francesa de Benjamin Antier y Hyacinthe de Flers, ambientada en los Alpes Suizos en el año 1841.


Su leyenda se vio incrementada muchos años más tarde a través de la película estadounidense Beethoven, del año 1992, referida a un cachorro de San Bernardo al que le pusieron el nombre del célebre compositor alemán.

El pliego





©Antonio Lorenzo

sábado, 28 de febrero de 2026

Sobre la revista satírica "El Fandango" (1845)

 

Tras reproducir en las entradas anteriores y de forma completa los cinco primeros números de un total de veinticuatro que se publicaron en 1845, creo de interés el desarrollar algunas observaciones sobre el conjunto de esta revista para encuadrarla de forma contextualizada en la época de su publicación. Dicha revista fue impresa por la Sociedad Literaria, fundada y dirigida por Wenceslao Ayguals de Izco, junto con Martínez Villergas, en el año 1841. El que fuera su director, Ayguals de Izco, no solo desempeñó una importante labor como editor de diversas publicaciones, sino que fue también un reconocido autor de comedias, textos poéticos y novelas propias que obtuvieron una referencial importancia en la literatura de la época.

Desde el punto de vista político, la publicación de esta revista se produjo durante la llamada "Década Moderada" (1844-1854), en la que, por lo general, se apoyaba políticamente el centralismo y el poder de la corona de Isabel II dentro de un marco conservador. El mismo año 1845, coincidente con la edición de la revista, se aprobó una nueva Constitución el 23 de mayo, que vino a reformar la de 1837 en la que se restringían las posturas progresistas y se consolidaba el poder regio como papel central. 

De lo publicado a lo largo de todos los números se deduce la voluntad de influir en el imaginario colectivo en aquella mitad del siglo XIX para resaltar los valores nacionales frente a lo foráneo. Todo ello iba acompañado de ilustraciones gráficas como forma de motivar a sus lectores con recurrentes sátiras y caricaturas de carácter festivo. Mediante recursos como la alegoría, la agudeza, el humor corrosivo y grotesco, se apartaba un tanto de lo publicado por los periódicos de la época que trataban de seguir una línea de exposición más objetiva y coherente. Las revistas satíricas pretendían, por lo general, exaltar su ideología mediante composiciones en verso, coplas glosadas, viñetas gráficas, romances y trovos, que no dejan de guardar cierta relación con los pliegos de cordel distribuidos por los ciegos cantores.

La actividad editorial de la Sociedad Literaria respecto a publicaciones periódicas anteriores a El Fandango, pueden rastrearse a través de otros títulos como La Risa, La Carcajada o La Guindilla, prolongándose la actividad impresora de dicha Sociedad hasta el año 1859.

Aparte de este tipo publicaciones de carácter satírico, Wenceslao Ayguals de Izco fue un reconocido autor de piezas teatrales, folletos de claras tendencias políticas y autor de famosas novelas, siendo la más conocida María o la hija de un jornalero (1845-1846), de las que se conocen once ediciones españolas y siendo traducida a otros países. La propia revista El Fandango dedicó numerosas referencias y recomendaciones para su difusión y su compra. La trayectoria general de las publicaciones en las que dirigió e intervino como director de folletos satíricos y autor de significativas novelas, se enmarca en una ideología de sentido progresista y republicano. 

Este gran difusor y autor referencial falleció de forma sorpresiva en Madrid el 17 de enero de 1873, pocos días antes de la proclamación de la Primera República Española el día 11 de febrero, de la que fue gran impulsor, tras la abdicación de Amadeo I de Saboya como rey de España.

Las ideas sociales que se recogen y entremezclan a lo largo de las 24 publicaciones de El Fandango, se caracterizan por un firme compromiso democrático, progresista y anticlerical, aunque no pueden soslayarse ciertas ambigüedades ideológicas en relación con lo aportado por alguno de sus colaboradores. Lo más característico es su defensa de la identidad nacional española enalteciendo sus costumbres frente a lo foráneo de una forma satírica y burlona. La propia defensa del fandango, como referente popular español respecto a los bailes extranjeros, no deja de ser todo un recorrido a lo largo de los números publicados.

La defensa de la imaginaria identidad nacional, que engloba tanto lo cultural y lo social, es propia del proceso de construcción de aquellos años. En el mismo año de la publicación de la revista en 1845 coincide con la célebre obra del reconocido escritor Prosper Mérimée donde en su famosa novela Carmen, viene a desarrollar los tópicos y estereotipos de una imagen romántica de España como nación singular europea. El año de la novela de Mérimée vino a coincidir con la edición de la novela de Ayguals de Izco, María o la hija de un jornalero, en la que se defienden como motivos patrióticos las costumbres de las clases populares frente a la visión externa que se tenía sobre España. 

La exaltación de los rasgos distintivos propios de los españoles respecto a lo extranjero no deja de enmarcarse de una forma solapada en un terreno ambiguo y nostálgico que contrasta con el deseo de establecer una sociedad políticamente progresista, aunque valorando y reivindicando los rasgos propios junto a los ideales y deseos de libertad.

Esta revista, a lo largo del desarrollo de la actividad impresora de la Sociedad Literaria, constituye todo un proceso constructivo de la identidad nacionalista española utilizando recursos burlescos y satíricos acompañados de ilustraciones gráficas y caricaturas para atraer la atención del público.

Ante el rechazo de algunas costumbres foráneas y la reivindicación de lo considerado como propio, la defensa del reconocido baile del fandango junto a la "gracia y la sal" de las mujeres españolas que lo practicaban, vienen a unirse a la difusión de las ideas democráticas y liberales defendidas por la revista.

Estas ideas nacionalistas fueron calando de una forma progresiva en el imaginario social del público al resaltar las propias costumbres mediante estudiadas estrategias narrativas sin descartar de una forma solapada los subyacentes intereses comerciales para la adquisición y suscripción de la revista.

Los 24 números publicados hay que encuadrarlos dentro del contexto sociocultural y político propio de los mediados años del siglo XIX sobre lo que contamos afortunadamente con excelentes investigaciones de reconocidos estudiosos.

Estas publicaciones satíricas, donde aparecen y conviven elementos ideológicos, se aparta de lo que se debería entender por un periodismo de carácter veraz e informativo, algo que desde entonces no se encuentra plenamente asumido ni consolidado. Esta revista buscaba preservar las tradiciones y la identidad de una forma ecléctica y cuyo modelo literario referencial lo constituye la recopilación de los escritos de muchos colaboradores que se incluyeron en Los españoles pintados por sí mismos, publicados en dos tomos en 1843 y 1844.

Caricaturas sueltas entresacadas






©Antonio Lorenzo

domingo, 15 de febrero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 5, 1845.

 

Este número 5 comienza con una carta dirigida al editor y director de esta revista por un desconocido escritor donde propone su colaboración en la revista, aunque expresada con numerosas faltas de ortografía y una fatal redacción y proclamándose al final de forma malévola como individuo de la Real Academia de la Ystoria y del hinstituto científico y literario de Berlin. etc. etc. etc.

Se trata, obviamente, de una sarcástica carta donde el Yncognito (que es como aparece firmado) propone desarrollar y publicar Semblanzas de poetas y escritores, copiando la idea ajena y sin nombrar al destacado colaborador Florentino Sanz, poniendo precio y condiciones y donde expresa que hablaría bien del propio director de la revista y de los colaboradores de El Fandango. La idea subyacente por incluir esta carta en la revista tenía por objeto el difundir entre sus suscriptores y lectores una solapada crítica a las publicaciones coetáneas que criticaban a la revista por sus ideas y que también le copiaban contenidos.

De una forma burlona, la revista continúa criticando las costumbres extranjeras y enalteciendo las propias. En otro de sus apartados contraponen con agudos versos el Romanticismo y el Clasicismo, que, aunque son movimientos culturales complejos y entremezclados, critican al primero como propio de personajes pedantes y preocupados por su vestimenta, expresando de una forma afilada:

Romántico es darse tono,
insultar la democracia
y ensalzar la aristocracia
que bulla cerca del trono.
 
El clasicismo, por el contrario, se caracteriza por la aceptación de las viejas costumbres y la defensa argumentada de lo que se considera sostenible.
 
Como en las revistas anteriores no faltan las críticas a los franceses, ingleses y alemanes, aunque en este número se alude a los suizos por las inauguraciones de establecimientos pasteleros y de cafés, tan caros para los bolsillos españoles, e invitándoles a sustituirlos por nuestras frecuentadas tabernas.
 
Tampoco falta la defensa de la publicación El Fandango frente a las críticas de la iglesia por tacharla de escandalosa, aunque la propia revista lo caricaturiza como un claro e irónico ejemplo de "mansedumbre evangélica".
  
La crítica a la pedantería  atribuida al pueblo francés y a la elegancia de la que presumen se nos narra en un escrito de Justo Dávila donde desarrolla la estancia de un español en un hotel parisino y donde se hallaban a la vista todo un hacinamiento de tarjetas inductoras invitando al huésped español a comprar vinos en bodegas, surtidos de ropas y de modas, asistencia a representaciones circenses y la propuesta de conocer a un renombrado peluquero como prototipo exquisito de la elegancia. El huésped español, que precisamente necesitaba componerse el pelo para que no le clasificaran como un salvaje, puesto que en París el pelo es el primer objeto de adorno, decidió ponerse en contacto con tan ilustre peluquero. Antes de que vinera, resulta que fue atendido primeramente por dos asistentes o discípulos del maestro peluquero, que portaban un estuche de peluquería que contenía todo tipo de cosméticos, paños y perfumes, lendreras y navajas, y donde procedieron a "sobarle" el pelo con sus gomosas manos, hasta que, tras más de media hora de espera, llegó el famoso maestro peluquero que procedió a cortarle cuatro puntas de pelo en apenas medio minuto con unas riquísimas tijeras con mil labores de oro. La desorbitada cantidad exigida como pago y remuneración, tanto al maestro peluquero como a sus discípulos, aconsejó al español mantenerse en la prudencia y contener simbólicamente la explosión del volcán que se encontraba a punto de reventar por la desorbitada actuación de tan singular peluquero francés.
 
El número acaba con el consabido pronóstico, horóscopo y efeméride para el mes de mayo de 1845, junto con el lunario y santoral correspondiente.












©Antonio Lorenzo