lunes, 17 de junio de 2024

Regocijo de las mozas por el licenciamiento de los soldados

 

En este pliego las mozas solteras reciben con alegría la licenciatura de los soldados tras su servicio militar obligatorio. Ello da pie para incidir en las habituales críticas misóginas sobre la mujer en la por entonces gran cantidad de pliegos sueltos de la época, ya sea por la ardorosa pretensión de las mozas para casarse o bien por el progresivo abandono de las casadas por volver a fomentar su vestimenta y belleza y agradar a los hombres. Las casadas, a su vez, por sus muchas obligaciones se vuelven antojadizas cayendo en el desarreglo general, por lo que el anónimo autor del pliego aconseja a las jovencitas mantenerse solteras o bien conservarse discretas y con buenos modales y alejadas de las malas compañías manteniendo una obediencia total a los maridos. El pliego acaba con unas estrofas que se pueden interpretar mediante la popular jota aragonesa.

También resulta interesante la vida del impresor del pliego, Buenaventura Corominas, quien a raíz de la invasión napoleónica fue deportado a Auxerre en Francia y confiscado todo su material al ser acusado de imprimir proclamas contra Napoleón. Tras lograr evadirse se refugió en otras ciudades pasando por Westfalia, Holanda y costas inglesas antes de que pudiera regresar a Lleida.

Casado en tres ocasiones tuvo varios descendientes que continuaron de una forma desordenada la labor impresora y regentando también una librería y un taller de encuadernación. Buenaventura Corominas nació el año 1763 en Oristà (Barcelona), perteneciente a la diócesis de Vic, y falleció en Lleida en 1841.

A la actividad impresora de este famoso taller dediqué hace unos años una entrada en este mismo blog que puede consultarse a través del siguiente enlace.

https://adarve5.blogspot.com/2018/10/impresores-y-estamperos-populares-de.html

Sobre la visión y el papel dependiente de la mujer respecto al hombre y al matrimonio, tal como aparece en los pliegos conservados de la mitad del siglo XIX, dedicaré otros ejemplos significativos.





©Antonio Lorenzo

jueves, 6 de junio de 2024

La tía Girula, envenenadora de cuatro maridos

Fragmento de 'La poción de amor' (1903), pintura de Evelyn de Morgan (1855-1919)

Pliego donde se narra cómo la arrogante y desenvuelta Tía Girula, casada primeramente con un sereno, vendía fruta a espaldas de su marido al que acabó envenenando haciéndole comer un pan "con picardías". A su segundo marido, que era un "enaguas", también acabó con su vida para casarse con un tercero, que era un "vagamundo". A este último le echó unos polvitos en la ensalada por lo que también logró acabar con su vida. Tras ello, siendo acusada de "mata-maridos" por los vecinos, se casó de nuevo con un gitano al que también acabo envenenando con una purga.

Su último y aunque avisado marido de sus correrías anteriores, fue un soldado, quien, tras castigarla por sus crímenes anteriores, logró que ella bebiera el veneno activo que tenía preparado para él, por lo que consiguió acabar con la vida de la tía Girula.

Estos histriónicos hechos, donde se combina el envenenamiento con su motivación, gozaron de una atractiva popularidad en amplios sectores de público al combinar el engaño y la premeditación con lo satírico. Tampoco faltan las clásicas advertencias a los solteros para que se muestren prevenidos y alertas ante las mujeres, con claras recomendaciones de carácter misógino, aunque envueltas en un ambiente chistoso común en tantas hojas volanderas.

El predominante estereotipo sobre la mujer en el mundo de los pliegos sueltos se basa preferentemente en el engaño y en la premeditación para conseguir sus fines. La imagen de la mujer envenenadora, como forma de violencia marginal causada por su desafección al marido, ya fuera para lograr prosperar económicamente o entablar una nueva relación con la figura del amante, sugiere y alimenta el entonces estereotipo imaginario sobre la mujer.

La sutil forma de violencia, achacada a las mujeres del sigo XIX y que puede rastrearse en la literatura romántica y en la prensa diaria en cuanto al envenenamiento, se asocia preferentemente al género femenino al no requerir la fuerza física atribuida a los hombres.

Tras este "chiste moderno", que no deja de producir cierta sorpresa por la presunta actualidad innovadora del propio título, se añade una carta enviada desde Orán por Perico Pata-Gorda a un amigo suyo advirtiéndole de las consecuencias que tiene el casarse con mujeres derrochadoras.

A pesar del tiempo transcurrido, la mujer envenenadora de sus maridos nos recuerda a una canción del último cuarto del siglo XX interpretada por Massiel y procedente del disco "Viva" del año 1975, con el título de Lady Veneno, con estructura musical de tango y con letra de Moncho Alpuente y música de quien fuera inolvidable compañero y amigo Carlos Montero, donde se narra la forma de deshacerse de los maridos molestos.

A la interpretación con orquesta dirigida entonces por el entonces famoso director Augusto Algueró e interpretada en el año 1975, puede accederse a través del siguiente enlace.

https://www.youtube.com/watch?v=waw_NT5ZnPg&ab_channel=MelissaSabrina

Yo tuve tres maridos
y a los tres envenené
con unas cuantas gotas
de cianuro en el café.
Pero seguramente no me guardan rencor
pues derechos marcharon hacia un mundo mejor.
Mi vida es un infierno- se lamentó el primero-
no he de librarme nunca del negro pluriempleo.
Nos agobian las letras, las deudas y los plazos
y me persigue, atroz, la sombra del infarto.
Esto no es vida, es
sucumbir lentamente.
Yo aceleré su largo camino hasta la muerte.
Él me dijo: querida, excelente café,
yo no sé qué le pones que me sabe tan bien.
Yo tuve tres maridos
y a los tres envenené
con unas cuantas gotas
de cianuro en el café.
Pero seguramente no me guardan rencor
pues derechos marcharon hacia un mundo mejor
Mi segundo marido
era un rico banquero,
con él no tuve nunca problemas financieros,
más se volvió celoso,
como un jeque oriental
y se hizo insoportable la vida conyugal.
Lo libré del insomnio
y de sus consecuencias
y durmió el sueño eterno
y las buenas conciencias.
Él me dijo: querida, que bueno está el café,
yo no sé qué le pones que me sabe tan bien.
Pero volví a casarme,
nunca he de escarmentar,
y mi tercer marido
fue un intelectual.
Él quiso liberarme
de todos mis prejuicios,
suprimir de un plumazo
mis anteriores vicios
y, para reformarme,
me puso a trabajar,
mientras él meditaba
tumbado en el sofá.
Lo mandé incorruptible
y puro al otro barrio,
tal como vino al mundo,
con los brazos cruzados.
Yo tuve tres maridos
y a los tres envenené
con unas cuantas gotas
de cianuro en el café
Pero seguramente no me guardan rencor
pues derechos marcharon hacia un mundo mejor.

El pliego, que se encontraba a la venta en la librería Vidal de Reus, fue reimpreso por otros conocidos talleres, de los que adjunto al final un par de cabeceras.



 

Añado dos cabeceras del mismo pliego editado en Madrid por José María Marés en 1841 y en Carmona (Sevilla), sin año, por la imprenta de José María Moreno.


©Antonio Lorenzo

martes, 28 de mayo de 2024

Atrocidades de los judíos narradas en tres pliegos sueltos

 

En estos tres pliegos reproducidos se narran las distintas atrocidades llevadas a cabo por unos judíos. En el primero de ellos se narra el robo de niños por cuatro judíos y el posterior y ejemplar prendimiento y castigo sucedido en el falso pueblo navarro de Fuente del Fresno.

El relato del pliego hay que enmarcarlo, obviamente, al estereotipo asociado y atribuido al pueblo judío. La secular animadversión al pueblo judío tuvo un punto de inflexión entre nosotros a raíz de su expulsión decretada por los llamados Reyes Católicos en 1492, donde los que se quedaron en la península, bajo el apelativo de conversos, fueron denominados también como marranos, cristianos nuevos, maculados o tornadizos. El tema de los judíos conversos ha prodigado toda una serie de importantes y documentados estudios sobre la incidencia de este grupo étnico en la sociedad española y su repercusión en la vida literaria.

La existencia del judío se enmarca dentro de un ambiente hostil donde el imaginario colectivo les adjudica determinadas prácticas y atrocidades que han generado expresiones que han perdurado hasta el día de hoy, como la antisemita de "perro judío", "judiada", etc. con un sentido claramente peyorativo.

A todo ello se incide en la idea de la apariencia física del judío, como la de tener una nariz aguileña, larga y curvada, así como un cabello rojizo o bermejo, asociado también a la figura de Judas como sinónimo de malvado, idea recogida en algunos refranes asociados a la sabiduría popular, como: "Barba roja y mal color, debajo del cielo no lo hay peor".

Los judíos conversos intentaban la simulación de sus prácticas propias y la exageración de su limpieza de sangre mediante toda una serie de medios en su labor de ocultamiento, como se refleja a través de conocidos referentes literarios de la época.

El hecho de que estas truculentas y execrables prácticas atribuidas a estos cuatro judíos en el pliego, dan idea del imaginario social sobre este grupo étnico, no solo a través de obras literarias de autores reconocidos, como es el significativo caso de Quevedo. sino también mediante la literatura popular impresa, tan difundida y consumida por las clases preferentemente populares como se refleja en estos tres pliegos sueltos.

La figura del judío en el refranero y en frases proverbiales

Los conceptos de antijudaísmo, antisemitismo o racismo, no siempre se consideran términos sinónimos, ya que aluden a realidades conceptuales diferentes dependiendo de su particular contexto histórico y coyuntural. En el caso español, tras su expulsión por los Reyes Católicos a partir de 1492, su animadversión siguió afectando a los llamados criptojudíos o a los aparentemente conversos que siguieron practicando de forma clandestina sus prácticas religiosas, por lo que sería más conveniente emplear el término de "judeofobia" de una forma más generalizada.

Al margen de estas consideraciones, lo que se han conservado son numerosos refranes y frases alusivas de tipo coloquial contra del pueblo judío, aunque también aparecen en cuentos, rimas infantiles o en representaciones parateatrales, donde se refleja la imagen colectiva sobre ellos, aunque la mayoría de ellos han caído en desuso, salvo si guardan relación con acontecimientos más o menos recientes.

Si hacemos un repaso por las principales recopilaciones de refraneros españoles, como los de Hernán Núñez (1555); Gonzalo Correas (1627), José María Sbarbi (1943), Luis Martínez Kleiser (1953), entre otras, se refleja en ellos la animadversión a los judíos a lo largo del tiempo. 

* No fíes del judío converso, ni de su hijo ni de su nieto.
* Judío o mujer que jura, malicia segura.
* El judío y la mujer, vengativos suelen ser.
* Clérigo, fraile o judío no le tengas por amigo.
* Judío, poca vergüenza, poca conciencia, y mucha diligencia.
* Al judío, dadle un palmo y tomará cuatro.
* El gato y el judío, a cuanto ven dicen mío.
* Con judío chato, ningún trato, y aunque sea narigón, poca conversación.
* Más judíos hizo cristianos el tocino y el jamón que la Santa Inquisición.
* Judío para la mercaduría y fraile para la hipocresía.

El este primer pliego se nos da noticia de cuatro judíos estafadores y crueles.





En este segundo pliego se nos da cuenta de las atrocidades que ejercieron seis judíos y cinco judías en la ciudad de Llerena (Badajoz), localidad que fue un importante núcleo judío en siglos pasados y una de las sedes del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Los hechos, presuntamente perpetrados en el pliego, el narrador los sitúa en el año 1815.





En este tercer pliego se nos cuenta cómo cuatro facinerosos ladrones judíos descuartizaron al cura dándole de puñaladas para robarle y cortándole los pechos a la criada antes de matarla para llevar a cabo su denigrante acción. Finalmente fueron encarcelados y ejecutados.






©Antonio Lorenzo

martes, 21 de mayo de 2024

Testamentos burlescos y su pervivencia en la tradición panhispánica


Siguiendo con el tema de los testamentos burlescos doy noticias en esta entrada de algunos otros ejemplos de la pervivencia de este subgénero en la tradición panhispánica.

Procedente de la tradición cubana el texto del conocido El testamento del negro, fue recopilado inicialmente, entre otros, por Ballagas, Emilio (ed.), en su Antología de la poesía negra hispanoamericana: Madrid, M. Aguilar, 1935.

Apunte u’té, señor escribano,
apunte u’té con la pluma en la mano;
apunte u’té unos pantalones
que no tienen ojales ni tienen botones;
apunte u’té unos calzoncillos
que no tienen pretina ni tienen fondillos;
apunte u’té una camiseta
que no tiene pechera ni tiene faldeta;
apunte u’té unos zapatongos
que hace quince o veinte años que no me pongo;
apunte u’té el sillón de Agustín
que no tiene espaldar ni tiene balancín.
 
Dentro de la gran variedad de cánticos mexicanos en torno a la muerte, adjunto el testamento burlesco interpretado por Manuel Valdés Valdés el 1974, según la información consultada en la publicación digital del Instituto Nacional de Antropología e Historia del gobierno de México. En la grabación inédita de campo, el intérprete Manuel Valdés, de Jerez, Zacatecas, tenía 72 años en 1974. Ciego desde su infancia recorrió varios estados llevando su bastón y su guitarra junto a un nutrido repertorio compuesto por corridos y canciones, como este testamento grabado originalmente por quien fuera una acreditada musicóloga y antropóloga: Irene Vázquez Valle (1937-2001).

A mis herederos que pongan cuidado,
que se repartan lo que haya dejado.

Estribillo:

Ande escribano, escriba usted,
con tinta y papel, que quede bien.
que quede bien, bien arreglado,
con tinta y papel que quede sellado:

Tengo mi casa muy bien amueblada,

de pulgas y piojos está tapizada.
Tengo mi casa muy bien amueblada,
de pulgas y chinches está entapizada.

Tengo mi catre de pabellón,
de telarañas allá en el rincón.
Tengo mi catre de pabellón,
de telarañas allá en el rincón.

(Estribillo)

Tengo unos quesos de muy buen comer,
los tengo pintados allá en la pader (sic).
Tengo unos quesos de muy buen comer,
los tengo pintados allá en la pader (sic).

Tengo una Virgen de los Dolores,
que nomás le quedan los puros colores.
Tengo una Virgen de los Dolores,
que sólo le quedan los puros colores.

(Estribillo)

Tengo seis pares de calcetines,
que nomás le quedan los puros hilines.
Tengo seis pares de calcetines,
que nomás le quedan los puros hilines.

Tengo tres pares de zapatillas,
que nomás le quedan las puras plantillas.
Tengo tres pares de zapatillas
que nomás les quedan las puras hebillas.

(Estribillo)

Tengo seis pares de camisetas,
que nomás le quedan las puras jaretas.
Tengo seis pares de camisetas,
que sólo le quedan las puras jaretas.

Tengo seis pares de calzoncillos,
que nomás le quedan los puros ojillos.
Tengo seis pares de calzoncillos,
que sólo le quedan los puros ojillos.

(Estribillo)

Tengo seis pares de pantalones,
que nomás le quedan los puros gorriones
Tengo seis pares de pantalones,
que nomás le quedan los puros gorriones

Tengo seis pares de sábanas rotas,
que por donde quiera se ven las nalgotas.
Tengo seis pares de sábanas rotas,
que por donde quiera se ven las nalgotas.

Tengo un sombrero de jipi y japa,
que nomás le queda la pura tapa.
Tengo un sombrero de jipi y japa,
que sólo le queda la pura tapa.

(Estribillo)

Tengo mi saco de muy buen tricot,
de pelo de cama la gata me dio.
Tengo mi saco de muy buen tricot,
de pelo de cama la gata me dio.

Tengo mi capa de tela muy fina,
que nomás le queda la pura esclavina.
Tengo mi capa de tela muy fina,
que solo le queda la pura esclavina.

Tengo un sombrero de pelo e' conejo,
que nomás le queda el puro parentejo.
Tengo un sombrero de pelo e' conejo,
que solo le queda el puro parentejo.

(Estribillo)

Mi desayuno de por la mañana,
lo tengo metido debajo e' la cama.
Mi desayuno de por la mañana,
lo tengo metido debajo e' la cama.

A usted doy las gracias,
señor escribano
por el testamento
que bien me ha arreglado.

Otro ejemplo conservado en la tradición oral mexicana es el que aparece en la obra de Mendoza, Vicente T. Panorama de la música tradicional de México. México: Imprenta Universitaria, 1956. Registrado en San Pedro Piedra Gorda (Zacatecas), hacia 1887, a la señora Petra Guzmán B., de 68 años. Recolección en México, D. F., 6 de enero de 1948.

EL TESTAMENTO

Apunte usted, señor escribano,
la pluma en la mano y apunte usted.
Un testamento que voy a hacer
de lo que dejo a mi mujer:

Cuatro pares de zapatones
que ya no les quedan
más que los tacones.

Apunte usted, señor escribano ...

Una Virgen de la Soledad

que ya no le queda
más que la mitad.

Apunte usted, señor escribano ...

Un Señor San Agustín
que ya no le queda
más que su tilín.

Apunte usted, señor escribano ...

Un sombrero de cuero'e conejo
que ya no le queda
más que el barboquejo

Apunte usted, señor escribano ...

Una imagen de Santa Teresa
que ya no le queda
más que la cabeza.

Apunte usted, señor escribano ...
Una camisa de rica estopilla
que ya no le queda
más que la aletilla.

Apunte usted, señor escribano ...

Una patita de una mesita
que son recuerdos
de mi abuelita.

Apunte usted, señor escribano ...

El motivo testamentario también se ha utilizado como recurso desde un punto de vista más literario. Es el caso del sugerente testamento escrito por Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), poeta nicaragüense, ensayista, crítico de arte y de literatura, dramaturgo y quien fuera gran cultivador de temas indigenistas.

            EL TESTAMENTO

Llegó la abuela
con su pausado balanceo de navío.
Cuando ella entraba
la Historia con un fru-frú de páginas innumerables en el ruido
de sus enaguas.

Sus ojos gobernaban por decretos
de dulces mimos
y maternas severidades,
pero esta vez avanzó cargando la mansedumbre con fatiga,
se sentó quejumbrosa
en el monárquico taburete de las amonestaciones
y puso su canasta de tejedora al pie de la silla.

— Hija mía Juliana —murmuró—: este delantal de bambas
es para que bailés al Doctor Jerónimo en nombre de tu raza.
Sé que te gusta el baile y la tremolina
¡bailá, muchacha! ¡que no se acabe
el ritmo de este pueblo! El día
que nuestros huesos pierdan su música
seremos desplazados por extranjeros.

— Y a vos, Celedonio, te dejo el puño
de plata del bastón de tu padre.
Eres el mayor y tengo años de esperar
que presidas al Cabildo
con la vara de Alcalde en la mano. ¿Qué te pasa
muchacho? ¿Se hizo horchata
tu sangre de cacique? ¡A la casa
de tu padre el pueblo entraba
y salía a buscar sus palabras!

—A Dámaso díganle que le dejo la cutacha del abuelo.
Está colgada del clavo.
Nunca la saqué de su vaina pero el muchacho es levantisco
y anda metiéndose en problemas.
Me gustan sus azares. Dámaso
es un peligro, pero no será por él
que mi pueblo acepte el yugo.

—Y a vos, rinconero, que te gusta fatigarte con letras,
te dejo este libro de cantos
que cantaron tus antecesores.
¡Que no se rompa el hilo! ¡Escribe!
¡Pobre muchacho; Cuando tu padre sembraba
y te daba el arado
nunca trazaste un surco derecho! Te dejo
indefenso contra el hambre
¡pero mi pueblo necesita soñadores!

—Y a vos, Lupita, que te estás quedando suelta sin tu voluntad,
te dejo mi canasta de tejidos con algunos ahorros en el fondo.
A ver si te cambiás de peinado y te empolvás y hacés un esfuerzo.

Lupita; ¡no hay que ser tan pasiva, hija mía!
enciende lirios, enciende pájaros,
quema el borde de la noche,
el oficio de la mujer es encender el cielo
de estrellas en el ojo del varón.

...¿A dónde vamos si se apaga la aventura?

Y se recostó en el taburete cansada de su testamento
y se quedó suavemente dormida.

Y nunca despertó.

Adjunto a continuación el interesante Testamento del difunto, impreso en México el año 1849, si bien otorgado y redactado por el escribano el año anterior, lo que nos sumerge en unas fechas muy trascendentes y convulsas de la historia política mexicana de aquellos años debido a su entonces guerra con los Estados Unidos.

La guerra entre los Estados Unidos y México se produjo entre los años 1846-1848. Es en esta última etapa donde hay que encuadrar el texto que nos ofrece el testamento del difunto. El texto comienza con el acogimiento del escribano en la iglesia para sentirse más seguro respecto a los llamados "polkos" y "puros", con el fin de redactar la memoria testamentaria del inminente difunto, lo que fue firmado y corroborado finalmente el año 1848 por El Campanero de los Carmelitas Descalzos, que es como se autodenomina el propio escribano.

El 11 de enero de 1847, el gobierno mexicano publicó una Ley de Desamortización, aunque con posteriores enmiendas y añadidos meses después, donde se recogían una serie de disposiciones y complementos que la modificaban en un corto espacio de tiempo. Dicha ley autorizaba al gobierno el proporcionarse quince millones de pesos, ya fuera mediante hipoteca o vendiendo en subasta pública los bienes de las llamadas "manos muertas", esto es, toda una expropiación, con diversos matices, de las posesiones eclesiales con la finalidad de conseguir recursos financieros para sostener la guerra contra los Estados Unidos.

A su vez, según la circular publicada por el Ministerio de Justicia unos meses más tarde, el día 14 de julio de 1847, se establecía que el clero podía enajenar sus bienes sin el permiso anticipado de la autoridad civil, ya que el gobierno se comprometió a ayudar y a contribuir a los gastos de la guerra ante la intervención norteamericana. Es por ello que el gobierno de México exigió el aprovisionamiento de todo tipo de bienes y recursos financieros para tratar de sufragar los enormes gastos de la guerra contra los Estados Unidos.

En este contexto, los llamados "polkos" eran los cuerpos de la Guardia Nacional, provenientes de clases altas, y que sirvieron como brazo armado a los intereses de la iglesia. Llamados así porque con ello se aludía al jefe del estado agresor, James Polk, presidente de los Estados Unidos, quien declaró la guerra a México el 13 de mayo de 1846 con el objetivo de apoderarse de enormes territorios mexicanos. Tras la firma en 1848 del Tratado de Guadalupe, México perdió California, Colorado, Arizona, Nevada, Utah y otros territorios adyacentes. Los "puros", en contraposición a los "polkos", pertenecían también a la misma guardia nacional como los anteriores, pero provenientes de clases bajas. La iglesia, tras la Ley de Desamortización, declaró que ya habían contribuído lo suficiente por lo que amenazaron con la excomunión a quienes compraran bienes eclesiásticos, por lo que alentaron a los "polkos" a la rebelión contra el propio gobierno mexicano y admitiendo su financiación por el propio gobierno de los Estados Unidos.

Las complicadas relaciones Iglesia-Estado en el México de aquellos años hay que contextualizarlas desde una perspectiva jurídica e histórica teniendo en cuenta las diferentes posturas y controversias adoptadas respecto a la unidad nacional, pero lo indudable es que México perdió más de la mitad de su territorio nacional.

Se trata, en definitiva, de una sátira política que merecería una más amplia y detallada contextualización si tenemos en cuenta la fecha de su publicación en 1849. 

Este testamento del difunto fue impreso por Manuel Fernández Redondas el año 1849.










©Antonio Lorenzo