sábado, 17 de octubre de 2026

Los dos millones de motivos para no casarse por un soldado licenciado

 

Continuando con otros ejemplos de pliegos sueltos en los que se aconseja a los mozos solteros que no se casen, reproduzco estos otros donde su protagonista es un soldado licenciado. Hay que recordar que en la España del siglo XIX y bajo una estructura social claramente patriarcal, las mujeres soportaban una mayor carencia de acceso a los recursos educativos. Teniendo en cuenta la desigualdad de género y de clase, los padres de las muchachas consideraban el matrimonio con un hombre de bien y trabajador como un recurso para dotarlas de una reconocida y mejorable imagen social. Los soldados que ya estuviesen licenciados, al encontrarse ya exentos de obligaciones patrióticas, podían ser elegidos por las mocitas casaderas con el beneplácito de sus padres, puesto que un soldado raso y en activo apenas contaba con recursos y estaba sujeto a las obligaciones que le encomendasen sus jefes inmediatos o de mayor graduación.

La incorporación de los quintos al servicio militar suponía la separación familiar durante el tiempo establecido, lo que podría durar varios años de estancia en el ejército. Su retorno al hogar, tras haber cumplido sus obligaciones, era todo un acontecimiento que abría paso a una nueva etapa de cara al futuro y a la consolidación, en su caso, de las relaciones de noviazgo.

Dentro del abanico de pliegos temáticos con referencia a los soldados licenciados, reproduzco estos dos ejemplos, argumentalmente similares, donde una vieja le ofrece al mocito licenciado muchas muchachas para que eligiera y se casase: "Tengo para usté un millón; todas muy buenas muchachas que rabian por un varón". La segunda parte del primer pliego acaba con un Pleito que forman las mujeres a los hombres que se niegan a casarse.

En el encabezamiento del primer ejemplo se postula que hay nada menos que dos millones de motivos para no casarse, aunque en el segundo quedan reducidos, sorpresivamente, a cuatrocientos noventa y nueve.





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©Antonio Lorenzo

miércoles, 7 de octubre de 2026

Sátiras graciosas con advertencias a los solteros para que no se casen

 

Continuando con la temática de la entrada anterior, adjunto otros dos pliegos donde se ironiza de forma misógina sobre los motivos a tener en cuenta para que los mozos no se casen. En el primero de ellos, y como sencillo ejemplo, se alude a los previsibles comportamientos de las mujeres según sus diferentes edades. Desde los trece o catorce años se apunta a que ya tienen querido y mostrando su interés por la vestimenta. De los quince a los dieciocho les interesa asistir a bailes, funciones teatrales o a diversiones sufragadas por sus admiradores. Durante ese tiempo, sus madres se dedicaban a buscar por los comercios las mejores vestimentas, percales o tejidos de algodón para agradar a sus hijas y como modo de indicar su estatus socioeconómico para tratar de seducir así a los mozos pretendientes. Una vez casadas mantenían su interés por continuar con ricos vestidos, lo que suponía un descuido de las labores y obligaciones caseras. Aún en el caso de quedarse viudas, tampoco olvidaban esas prioridades en su afán de seducir, en su caso, a su segundo marido. 

Estos consejos y letrillas, que se dicen compuestas por un ciego llamado Agustín, vienen a constituir un recurso para facilitar la venta de este tipo de hojas volanderas a un público generalista. Todo ello se ajusta al imaginario social de la época donde el casamiento de la mujer era propiciado por sus padres con la finalidad de dotarlas de una pretendida estabilidad. Estas hipótesis no son comunes al conjunto de los pliegos conocidos, ya que se conocen otras muestras donde las mujeres casaderas se enfrentan a las pretensiones de sus padres. Entre las habituales medidas que ellas solían tomar figuran la huida o el abandono de la casa familiar para así poder mantener relaciones no consentidas, lo que solía acabar con resultados vengativos o trágicos en muchos casos.

El estereotipo social de la mujer en los pliegos de cordel no solo se concentra en la sumisión y dependencia al marido o a su función maternal como deber social, puesto que se conocen ejemplos donde se manifiestan versiones contrapuestas. Ello es ejemplo de las contradicciones sociales y culturales de la época, algo que merece una mayor atención como fuentes historiográficas poco tenidas en cuenta.

Como simples ejemplos, sirvan estos dos pliegos de parecida temática y a los que añadiré otros en posteriores entradas.





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©Antonio Lorenzo

sábado, 3 de octubre de 2026

Caramba que no me caso. El mozo soltero

 

En estos dos populares pliegos se exponen, con el humor propio del imaginario popular de la época, los motivos e inconvenientes por los que un hombre decide no casarse. Se manifiesta en ellos las motivaciones consideradas como ventajas en su defensa de mantener la soltería frente a los problemas que podría ocasionar el casamiento.

Se conocen variados escritos donde se recogen las razones expuestas por los hombres para no casarse, al igual que sucede con las mozas solteras enfrentadas a los deseos de sus padres para que se casaran. La visión del estereotipo de la mujer soltera consistía en la pretensión de asignarles un prometedor futuro considerando el matrimonio como la mejor alternativa para ellas. La propia identidad de las mujeres, dentro de la sociedad patriarcal donde se desenvolvían los padres de entonces, y motivados por factores religiosos, culturales o económicos, trataban de anular o coaccionar los propios deseos inherentes de la moza soltera. Ello venía a dificultar o a impedir el que la mujer alcanzara su propia plenitud personal o emocional.

En aquella época, los padres preparaban a sus hijas de una forma planificada para el matrimonio, puesto que las opciones de que se quedaran solteras y se las conocieran con el despectivo término de solterona, tenía por salida la de meterse a monja, lo que no era de lo más aceptado dentro de la sociedad patriarcal decimonónica. Las mujeres que no se querían casar, o no querían tener hijos, quedaban estigmatizadas con frases como: "Te vas a quedar para vestir santos" o "Se te va a pasar el arroz". Si las razones de los mozos solteros eran más admitidas o entendibles para preservar su independencia, no ocurría igual con las mujeres dentro de una sociedad machista donde el matrimonio gozaba de una gran idealización y popularidad, previos, sin duda, a los posteriores cambios ideológicos. 

En cuanto a los hombres, lo tratado en estos pliegos guarda estrecha relación con conocidas frases, refranes o dichos populares en defensa de su soltería y recogidos básicamente en las dos proverbiales frases que aparecen y se deslizan en los pliegos:

* Cada cual hace de su capa un sayo
* El buey suelto bien se lame
* El martes ni te cases ni te embarques
* No firmes sin leer ni te cases sin ver
* Quien mal se casa, tarde enviuda
* Si te casas, te encierras y te entierras
* Matrimonio y mortaja del cielo baja

El sentido figurado de la primera frase "Cada cual hace de su capa un sayo", desde un punto de vista actual puede resultar un tanto incomprendido al no utilizarse actualmente ninguna de las dos prendas que se citan en tan conocido dicho. Procedente de la sabiduría popular, el sayo se refería a una especie de túnica holgada que llegaba hasta las rodillas, ya fuera como poco ceñida o sin ceñir. La frase viene a significar que, con absoluta libertad y libre albedrío, se vendría a dignificar la propia voluntad por el cambio de ropa tan extravagante al tener en cuenta su propio criterio personal y sin importarle la opinión de los demás. 

Más conocida es la segunda frase "El buey suelto bien se lame", que, al estar sueltos y sin que su cuello o cabeza esté atado a ningún yugo, pueden girar y lamerse a su antojo para curarse o limpiarse con el metafórico sentido de poder llevar una vida sin compromisos y así poder gozar de una mayor libertad.


Desde el punto de vista literario, el escritor José María de Pereda utilizó de una forma apocopada "El buey suelto... Cuadros edificantes de la vida de un solterón" como título de una de sus novelas publicada en el año 1878. La novela desarrolla la vida de un solterón, llamado Gedeón, quien, tras la muerte de su padre se ve enfrentado a la necesidad de establecer un nuevo orden en su vida y centrándose en las costumbres de la vida rural en Cantabria.

Otra de las novelas donde se alude a la soltería de los hombres es la escrita a finales del siglo XIX por la gran erudita gallega Emilia Pardo Bazán, defensora de los ideales feministas, titulada Memorias de un solterón, nos introduce en la profunda transformación del papel de la mujer en la sociedad de entonces.


Las representaciones teatrales tampoco olvidaron los deseos de los hombres solteros. José Picón, especializado en comedias de costumbres y libretos de zarzuela, fue el creador en un acto y en verso de El solterón, que fue estrenado con gran éxito en el madrileño Teatro del Príncipe el 15 de marzo de 1859.


En estos dos primeros pliegos reproducidos se reivindica la posición adoptada por un mozo casadero para mantener su soltería amparándose en distintas previsiones y motivos para sostener su postura.





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©Antonio Lorenzo

sábado, 26 de septiembre de 2026

Tangos gaditanos. El coro de los abanicos

 

La relación de los pliegos de cordel con la zarzuela queda reflejada en numerosas hojas sueltas donde se incluyen diálogos o resúmenes de textos representados.

En el pliego reproducido se critican las modas que vienen del extranjero, como las mangas de farol que parecen el muelle de un herrador; los sombreros que se asemejan a los plumeros para la limpieza; la mención a las mangas tan abultadas y las controversias sobre si las mujeres que montan en bicicleta deberían llevar enaguas o pantalones. También se mencionan diferentes tipos de abanicos para regalar según los diferentes oficios de las mujeres; aparatos relacionados con la electricidad y las obligaciones que debe asumir un marido para cuidar a su pequeño hijo, lo que le incita a renegar hasta del cura que los casó.

A continuación, se incluye el Bonito schotis del pato proveniente de la zarzuela titulada La marcha de Cádiz, zarzuela cómica en un acto y tres cuadros estrenada el 10 de octubre de 1896 en el madrileño Teatro Eslava. Su música pertenece a los compositores Quinito Valverde (Joaquín Valverde Sanjuán) y Ramón Estellés, y cuyo libreto fue escrito por Celso Lucio y Enrique García Álvarez.

Entre los números cómicos que se incluyen, y que fueron muy populares en la época, aparece el dúo de Teodorico y Clarita ("Yo soy el pato"), del que se hace eco el pliego.


El pliego fue impreso en Madrid por la Imprenta Universal de la calle Cabestreros, 5.





©Antonio Lorenzo

sábado, 19 de septiembre de 2026

Tangos alusivos a la moda de la falda-pantalón


En el pliego reproducido se critica abiertamente a las mujeres que utilizan la nueva moda de la llamada falda-pantalón. La crítica viene a subrayar la usurpación del pantalón como prenda simbólica de la masculinidad y supremacía social. Su popularización se fundamentaba en considerar que su uso beneficiaba la práctica deportiva de las mujeres al permitirles una mayor soltura de los movimientos. De esta forma, las mujeres podrían montar en bicicletas, en caballos, jugar al tenis o patinar alegremente de una forma despreocupada.

La falda-pantalón se conoce como moda entre nosotros desde mediados del siglo XIX en adelante. En España, dicha moda guarda relación con la usada en otros países como la relacionada con la época victoriana donde se trataba más bien de unos pantalones bombachos que se llevaban por debajo de una falda, llamados "bloomers", para mantener la considerada decencia como característica propia de las mujeres, aunque siendo mal visto por la sociedad patriarcal. La evolución de esta prenda y de sus variedades es notoria, lo que ha desencadenado muchas críticas que, desde un punto de vista actual, deben considerarse como antifeministas.

En los primeros años del siglo XXI se desarrolla todo un crítico revuelo sobre dichas prendas, tal y como se recoge en las publicaciones de la época. La falda-pantalón vino a significar en el vestuario femenino toda una transgresión respecto a las costumbres sociales. Fue en el año 1911 cuando un reconocido diseñador francés introdujo la falda-pantalón como una prenda de alta costura parisina para utilizarse en el paseo habitual. Ello originó todo un rechazo social donde el uso de esta prenda provocó insultos, abucheos e incluso persecuciones por parte de la policía para evitar disturbios. Hasta el propio papa Pío X consideraba el uso de esta prenda como una "masculinización" inmoral de la mujer.

Su utilización como vestido de calle desde 1911 desencadenó una fuerte discrepancia en el mundo masculino que se dedicó a acosar e insultar a sus portadoras. La prensa de la época recoge con frecuencia los acosos e insultos a que se vieron sometidas las mujeres que usaban la falda-pantalón. En Madrid, en el conocido periódico El Imparcial del 16 de febrero de 1911 se hizo eco del incidente protagonizado por dos mujeres jóvenes que transitaban por la Puerta del Sol bajo el título "Debut desgraciado en Madrid" donde tuvieron que buscar refugio en una tienda de perfumes para huir de los insultos acosadores de algunos hombres y esperando hasta la noche para poder salir y regresar a sus casas.

El acoso a las mujeres también se recrea en el dibujo de la revista Gedeón del 26 de febrero de 1911.
En El Imparcial del día 23 de febrero de 1911 el periodista Mariano de Cavia, en su escrito "Contra pantalones, faldellines", no comprendía el rechazo a una prenda que ni era falda ni pantalón, es decir, "ni chicha ni limoná", animando a los hombres a ponerse un faldellín o falda escocesa para contrarrestar la nueva indumentaria femenina.

La referencial periodista y escritora Carmen de Burgos, conocida como "Colombine", en el apartado "Frivolidades" de la revista Por esos mundos del mes de enero de 1911, señala a la falda-pantalón como hija legítima del feminismo, aunque "condenadas al pantalón hombruno, desprovisto de gracia y contrario a la estética". Se posiciona a favor de las faldas entravées o trabadas o estrechadas por abajo, aunque limiten o estorben los movimientos femeninos respecto a la falda-pantalón.
"El pantalón será para las innovadoras, las talentudas, las superiores. Las bellas, las que desean ser amadas, hacerse amar, indudablemente seguirán usando los zócalos estrechos y las faldas entravées que no dejan andar, como una cadenita más, de esas tan dulces que nos sujetan al hogar y al amor, en una plácida existencia femenil.
La novedad de la moda del pantalón obliga a reseñarla y ponerlas a disposición de las que sean servidas aceptarla. Por mi parte, atávica impenitente, daría de buena gana mi vida a las faldas..., aunque sean entravées".

La falda-pantalón, conocida en un principio como falda-culotte con apariencia de falda es una prenda híbrida que combina la comodidad del pantalón con la elegancia atribuida a la falda. Sus distintas características y evolutivas versiones se constituyeron como un símbolo de libertad feminista, aunque despertó en la sociedad agudas discrepancias, como se expresa en el pliego reproducido, donde se posiciona claramente por la falda tradicional frente a las modas extrajeras y describiendo algunos sucesos donde se mezcla la crítica con la ironía.

"Esa moda no está bien
en la mujer española,
más me gusta ver la falda
airosa de la manola".

El pliego fue editado en Morella (Castellón) en fecha indeterminada por la imprenta de M. Palau, cuya actividad se desarrolló a finales del XIX y principios del XX en la calle de D. Blasco de Alagón 53. Manuel Palau Gallén fundó y dirigió en 1882 el semanario de corte liberal Noticias convirtiéndose en un importante foco de noticias de difusión local y regional. Entre su producción figuran también partituras, canciones y composiciones populares del folklore de la época junto a los consabidos pliegos de cordel. Del final del pliego copio todo aquello de lo que se podía encontrar en su establecimiento.
«En el mismo establecimiento tipográfico hallarán sus favorecedores un grande y variado surtido de romance, historias, sainetes. libritos de juegos de manos, de oraciones y de chistes, comedias, aleluyas de redolines. santos y soldados pintados, papel de fumar, papel medio holandés, comercial para cartas de varias clases y precios, plumas, portaplumas, lapiceros, libritos de cartas de cortejar, cartillas, catones, doctrinas y urbanidades. Buen surtido en devocionarios, carteras de cartón, cromos, calcomanías, calendarios zaragozanos, valencianos y de pared, naipes para niños, serpentinas y confeti, etc.»

 


©Antonio Lorenzo

martes, 15 de septiembre de 2026

Bonita colección de tangos gaditanos

 

En este pliego, dividido en dos partes y conservando una misma estructura, en el comienzo de cada estrofa aparece un sorpresivo estribillo que da lugar a toda una serie de divertidas coplas. Estos singulares estribillos, ya sea con el invento de nuevas o deformadas palabras o cambios de sílabas, constituyen una especie de curioso motivo para acompañar el baile mediante un zapateado alegre y saltarín propio de los tanguillos festeros gaditanos.

Graciancicúbili, graciánguila, graciúnbili,
miliquilígrami, milícami, lamígrama;
dicandieúntiqui, diquiántica, diquiúntiqui,
butianticútiqui, butianticúntica

A modo de ejemplo, reproduzco dos coplas extraídas de cada una de las partes:

Primera parte:

Un fuerte dolor de tripas
le dio ayer tarde a un paleto,
y el pobre hombre se ca…llaba
al pasar por Recoletos.
Se fue corriendo a un kiosco
a hacer sus necesidades;
la encargada del negocio
le pidió una perra grande;
el buen hombre voceaba y gritaba:
¡yo no vengo a hacer el primo, lo ha oído!
y yo no me voy sin ca…llar,
y no doy ni un perro chico;
vamos, que no pago yo, no señor,
primero me han de matar, ya verá,
en mi pueblo nadie paga
contribución por ca…llar

Segunda parte:

Para buen mozo, señores,
el novio de doña Blasa,
que cuando va por la calle
parece una calabaza;
el pobre, está cojo y manco,
calvo, desdentado y tuerto,
está temblón y está lila,
y le corrompe el aliento,
padece de mal de orina, vecina,
tiene una joroba atrás, don Tomás,
que parece la mochila
que se pone un militar;
también tiene erisipela, ¡ay abuela!
y padece de lombrices, qué dices,
y al pobre se la ha torcido
la punta de las narices.

El pliego, editado en Madrid por la "Antigua Imprenta Universal" de la calle Cabestreros, 5 en el último cuarto del siglo XIX, tiene una clara intención de divertir al público general y donde se alude de paso a referentes lugares madrileños, como a la calle Recoletos, el Rastro o la Puerta del Sol.





©Antonio Lorenzo