lunes, 2 de febrero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 3, 1845.

 

En este número tres de la revista El Fandango no solo se continúa con la reivindicación del consabido baile, sino que también se añaden comentarios reprobables sobre la vestimenta usada por los estudiantes en sus prácticas de la Estudiantina, conocida también como la Tuna. En tiempos pasados se apunta a que no había diferencia entre los estudiantes ricos y pobres sin que hubiera que vestir con nuevos atavíos para desarrollar sus actividades musicales en busca de limosnas. En estas estudiantinas, donde se tocaba la guitarra, el violín, la flauta, el laúd y la bandurria, junto a la consabida pandereta que se tiraba por alto y se volvía a recoger entre los dedos tras dar vueltas por el aire, se buscaba el aplauso y la diversión del público receptor. Mediante estos adecuados cantos, con variaciones de fandango o jota aragonesa, encandilaban a todo tipo de público como estrategia habitual para conseguir el dinero buscado.

Hay que recordar que la Tuna o Estudiantina hace referencia a una agrupación de estudiantes que se caracteriza por cantar y tocar diversos instrumentos frente a un expectante público con el fin de recaudar dinero. Esta antigua tradición, que se sitúa varios siglos atrás, consistía en que los estudiantes pobres se valían de sus habilidades musicales mediante serenatas y canciones de ronda para ganarse la vida y cubrir sus estudios. El carácter mendicante de estas prácticas acompañadas de instrumentos ya se encuentras aludidas en el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita.

Este recorrido, escrito por Juan Martínez Villergas, quien fuera un reconocido colaborador periodístico y autor de obras y libros satíricos personales, es todo un referente por su contribución en la sátira literaria y festiva en las décadas centrales del siglo XIX.

Se incluye a continuación unas variaciones donde se detalla la historia de un baile entre una beata y un fraile. Con un sentido divertido el fraile proclamaba:


Los hábitos me arremango:
venga un par de castañuelas,
y ahora verán las mozuelas
si bailo bien el fandango.

 La beata, a su vez:

Con los frailes juega al tango;
con los frailes se confiesa;
con frailes baila el fandango,
y a los frailes ríe y besa.

Estos versos, engarzados con otros muchos donde se desarrollan divertidos incidentes, fueron escritos por Alfonso García Tejero, reconocido colaborador y autor de romances, letrillas, coplas de ciego, como su reconocido El pilluelo de Madrid, en tres tomos, alternando prosa y verso, del que obtuvo gran repercusión apareciendo entresacados versos a través de los pliegos de cordel que vendían los ciegos cantores.

La revista sigue con versos y epigramas y con una supuesta carta de Cartapacio a Tirabeque solicitando su colaboración en la revista donde "se zurra la pámpana a todo vicho estrangero":

 

Mas salió el FANDANGO al fin
y han de ver con qué salero
a cada puerco estrangero
le llega su San Martín.
 
Pide también instrucciones y descripciones detalladas del célebre baile del Can-can, al que califica como "baile dos veces perro", a la vez que también se refiere a la famosa Polka:
Nada tienen que envidiarles nuestro salado bolero, nuestra encantadora cachucha, nuestra amadísima jota, y sobre todo nuestro arrebatador y nunca bien ponderado FANDANGO.
A la crítica hacia los franceses por no valorar nuestras costumbres, se añade la animadversión hacia Napoleón, que a pesar de su superioridad y triunfos en la pasada guerra de la Independencia no se podía igualarse a los verdaderos héroes y valores personales de los españoles.

Referente al teatro, se comenta la representación en el teatro del Circo el gran baile El diablo enamorado, donde se baila el jaleo de Jerez y una especie de cachucha.
 
Otro apartado se refiere a las modas de París, donde se describen burlonamente los atavíos tanto de los hombres como de las mujeres.

Tras la consabida crítica a la Polka, el número acaba con el pronóstico, (h)oróscopo y efeméride para el mes de marzo de 1845 con el consabido santoral y lunario donde no escasean sus irónicas punzadas.

Al igual que en los dos números anteriores se exaltan los considerados valores españoles frente a lo extranjero, propio de la conformación y evolución del imaginario colectivo que se fue construyendo a mediados del siglo XIX en una España de vaivenes políticos y sociales.

Este tipo de publicaciones, olvidadas o postergadas, al igual de lo que ha venido sucediendo hasta fechas recientes con los pliegos de cordel, constituyen una importante fuente de estudio por todo aquello que se desprende de las mismas y que abren las puertas a distintas interpretaciones.












©Antonio Lorenzo

lunes, 26 de enero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 2, 1845.

 

En este segundo número de la revista El Fandango del año 1845 se aprecia en la ilustración de la cabecera el baile del fandango por los bailarines que llegaron a Roma y cómo su Santidad, sentado en el trono, va dando palmas y animando a los bailarines que danzaban frente a él. Ya en el número anterior se apuntaba de forma satírica cómo el pontífice solicitaba desde Roma la suspensión del fandango por considerarlo inmoral y amenazando también con excomuniones a quienes lo practicaran. El entonces rey español, del que no se dice el nombre en el número anterior, pero que se subraya que era un español bueno, entre paréntesis, para salvaguardar dicho baile, envió a Roma media docena de parejas eligiendo a mujeres bien formadas y graciosas para que demostraran sus habilidades bailadoras frente a la presencia del pontífice. Ello, obviamente, no deja de ser un recurso comercial para atraer la atención del público y reivindicar de una forma nacionalista los bailes españoles frente a los foráneos fomentando emocionalmente la construcción ideológica de la nación.

Ante el desenfadado desarrollo del baile donde "las españolas brincaban y se revolvían, haciendo pompas con sus cortos e insurgentes vestidos", la reacción de los prelados no se hizo esperar, al tacharlos en primer lugar como ejemplos de movimientos chabacanos e inmorales, al tiempo que se tapaban disimuladamente los ojos, aunque dejando sus dedos entreabiertos para visionar y no perderse nada de lo que decían despreciar. Poco a poco, los padres de la iglesia fueron entusiasmándose con las renovadas piruetas y cabriolas de las sandungueras andaluzas, lo que motivó que los cardenales acabaran aplaudiendo con el beneplácito del Papa y reconociendo su error por haberlo querido prohibir.

Tras esa exhibición y exaltación del fandango, el gran escritor y colaborador Juan Martínez Villergas, no deja de opinar sobre los bailes extranjeros, entre otros como la polka, el baile de galop o el britano, sobre los que opina: "serán bailes divinos, pero no me llenan"

La publicación continúa con risibles coplas y epigramas con burlones textos adornados con ilustraciones donde se menciona a distintos músicos extranjeros achacándoles de venir a recaudar dinero.

Crítica a los compositores e intérpretes extranjeros donde sería necesario nacer en Hungría o en los Países Bajos para obtener la atención del gobierno y facilitar su educación musical a quien destaca.

El grueso de la publicación se dedica a criticar otras publicaciones, como La Cencerrada, periódico de muy corta duración en 1845, al igual que (los) Arlequines, bajo la dirección literaria de don Francisco Corona y don Ramón Franquelo, según anota Eugenio Hartzenbusch en su Catálogo de periódicos madrileños desde 1661 al 1870 (1894). La crítica a esta publicación se centra básicamente por el plagio y la copia de El Fandango por editor Domingo Vila, a quien también se le critica duramente por el abuso a sus suscriptores y por incluir escritos de literatos colaboradores de dicha publicación y acusándoles de que apenas saben leer.

Los siguientes versos van dedicados a ellos con una incisiva y punzante mordacidad:

Vila, Franquelo y Corona, / tres... y ninguna persona.

Corona, Vila, y Franquelo, / hambre, ignorancia y canguelo.

Franquelo, Corona y Vila, / tres cuadrúpedos en fila.

 En lugar de corbatines, / collares llevan los perros;

y los pobres Arlequines / como vacas y rocines

se descuelgan con cencerros.

El interés básico de la revista se centra en la reivindicación de la jota y el fandango como identificativos de lo español intercalando coplas con acento andaluz y enfatizando los valores y características propias. Tras este mordaz y extenso ataque a dichas publicaciones, este segundo número acaba repasando La Polka como historieta moral.

Hay que recordar que la identidad nacional se fue forjando poco a poco a partir del siglo XVIII a lo largo de todo un proceso formativo. A la difusión del fandango, como expresión propia de lo considerado español, contribuyeron también muchos de los conocidos pliegos de cordel resaltando lo andaluz en muchas de sus coplas. Ello enlaza con la concepción romántica propia de la época reivindicando las consideradas esencias nacionales frente a las injerencias extranjeras y reafirmando la alianza entre lo popular y lo nacional.

Para finalizar este segundo número de la revista se adjunta de forma irónica el pronóstico, el (h)oróscopo y la efeméride para el mes de febrero junto al lunario y el santoral correspondiente.












©Antonio Lorenzo

lunes, 19 de enero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 1, 1844.

 

Si repasamos el gran surtido de almanaques, calendarios y revistas ilustradas que se difundieron a lo largo de todo el siglo XIX, formando parte, al igual que los pliegos de cordel, de la literatura popular impresa, comprobamos que constituyen unas interesantes fuentes, aunque poco atendidas, donde puede apreciarse gran parte del imaginario social. En estas publicaciones de revistas ilustradas se manifiesta la intencionalidad ideológica y comercial de los diferentes talleres impresores y, por extensión, su acogimiento por parte del público interesado en ellas y a las que invitaban a suscribirse mediante un publicitario y asequible precio de compra, en este caso: ¡30 Reales al año!!!

Este tipo de publicaciones variadas, de las que se conocen y confluyen muchas modalidades y variantes, resultan difíciles de clasificar al irse adaptando a los diferentes gustos de cada época, aunque todas ellas representan testimonios contextualizados y relacionados con la mentalidad social de entonces en cuanto a creencias, comportamientos y costumbres. 

Antes de adentrarnos, a modo de ejemplo, en el primer número de esta publicación mensual, con su corta vida de apenas 24 números, editados entre el 15 de diciembre de 1844 y el 15 de noviembre de 1846, en pleno periodo isabelino y con el título El Fandango, es conveniente repasar algunas de sus características.

Esta publicación fue editada por la Sociedad Literaria, fundada por el polifacético autor y editor Wenceslao Ayguals de Izco (1801-1873), quien jugó un papel destacado entre los autores y editores del siglo XIX y que contó con destacados colaboradores que dotaron de gran vigor a la editorial en las publicaciones en las que intervinieron.

Estas publicaciones festivas y satíricas nos ofrecen una sesgada cuenta de las costumbres y de los modos de pensar en las relaciones socioculturales de entonces mediante un repaso crítico y mordaz sobre los cambios que se producían en la sociedad de la época durante el reinado de Isabel II. Cada ejemplar solía incluir una profusión de caricaturas, divertidos artículos y ácidos epigramas con la firma de los principales colaboradores. Eso sí, cada publicación trataba de difundir y contextualizar la ideología propia de los distintos editores.

El término fandango se asocia básicamente a tres sentidos. El más conocido se refiere a un baile como género musical, también al lugar donde se desarrolla la fiesta, y al que, de forma coloquial, se le añade un significado de trifulca, bullicio o alboroto como sinónimo.

Una de las hipótesis sobre el origen o las acepciones del término fandango se refiere a que fue introducido en España a través de los marineros que regresaron a la península desde las Antillas tras realizar sus rutas atlánticas, aunque todo ello entremezclado con variantes latinas de patrones rítmicos musicales que se fueron extendiendo entre las dos orillas del atlántico. En la actualidad parece existir un consenso entre los estudiosos al considerar el origen del fandango proveniente de la época colonial desde principios del XVII al otro lado del atlántico. En la edición de 1732 del Diccionario de Autoridades se define el término fandango como "Baile introducido por los que han estado en los Reinos de Indias que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo". Otros estudiosos sostienen que no hay evidencias de este recorrido entre las dos orillas y cuyo origen es peninsular y muy valorada por los viajeros extranjeros, aunque otros investigadores sostienen su procedencia africana, lo que nos llevaría a controversias inútiles al asociarse al baile como epíteto añadido con el propósito de dar a conocer y divulgar este tipo de publicaciones populares, ya sean como almanaques con dicho nombre o como la revista en nuestro caso.

En las coplas cantadas y asociadas al baile festivo más que a un estilo musical concreto se solían añadir referencias eróticas y veladas críticas a los poderosos, entre los que se encontraban los curas "enfandangados" o clérigos menores como participantes ocasionales, o no tanto, en muchas manifestaciones populares debido a sus aficiones a su intervención en saraos y de lo que se conocen datos.

Las fechas de la relación del fandango con el flamenco resultan inciertas si consideramos al fandango histórico asociado a lo festivo e instrumental y sin coplas vocales, hasta el conocido fandango actual cantable que ha dado lugar a diferentes variedades. Según referencias literarias se localiza como baile en el entorno de la bahía de Cádiz desde principios del siglo XVIII, tal como consta en algún entremés de comienzos del siglo donde figura como danza. Desde un punto de vista actual el término fandango se asocia como una modalidad de cante y baile relacionado con zonas geográficas concretas y vinculado a variantes personales en su interpretación.

Al margen de su confuso origen es sabido que desde comienzos del XVIII este impreciso término se asocia a las manifestaciones bailables y festivas propias de las clases populares, aunque diferenciadas de otros tipos de danzas asociadas y practicadas en las ciudades por la nobleza.

En buena parte del siglo XIX el baile del fandango fue también conocido como el "Baile del candil" debido a la pobre iluminación del entorno del baile con apenas un candil de aceite junto a unas pocas velas, como recoge Ramón de la Cruz en su sainete nuevo de 1768 "El fandango de candil" para veintitrés personas.

Si nos adentramos en lo que se nos cuenta en la presentación de este primer número de la revista, se critica a los extranjeros por no admitir la lidia de los toros al tiempo que se enaltece de una forma nacionalista el baile del fandango por su gracia, por su sal y por su encanto. Aunque se reconoce el desconocimiento de su autoría y su origen, se identifica de una forma burlona y risible que el inventor del fandango seguramente sería el mismísimo San Pascual Bailón como el primero en bailarlo.

Se señala también la prohibición de los toros por un pontífice, del que no cita su nombre, a lo que añadió también la suspensión del fandango por considerarlo inmoral y amenazando con excomuniones, sin tener en cuenta la resistencia del pueblo español al considerarlo como ejemplo nacional de mayor estima. De forma satírica se comenta también que el rey, para salvaguardar el baile del fandango, envió a Roma media docena de parejas de lo que se dará cuenta en el siguiente artículo de Juan Martínez Villergas.

Tras este comienzo reivindicativo y gracioso de quién fuera un afamado escritor y colaborador satírico, la revista desarrolla toda una serie de elementos de carácter jocoso que sin duda contarían con el agrado del público debido a las contribuciones del propio editor Wenceslao Ayguals de Izco donde se burla sesgadamente de la ópera y reivindicando a la destacada actriz española Matilde Díez (1818-1883). De igual modo es el autor del "juicio del año" de este primer número de la revista para el año 1845

Las críticas a los extranjeros por no saber valorar las corridas de toros y el baile del fandango se encuentran diseminadas, con claro sentido nacionalista, en epigramas y cortos relatos risibles a través de los diferentes números de la revista. La defensa del fandango iba unida al desprecio de los bailes extranjeros como la polka, el rigodón, el bolero y otras músicas procedentes de fuera.

La última hoja que da el cierre a la revista, Martínez Villergas anticipa el mes de enero del año 1845 que comenzaría en breve entremezclando los recurrentes pronósticos del tiempo asociados al lunario y al santoral correspondiente de una forma entremezclada y burlona muy propia de sus escritos.












©Antonio Lorenzo

sábado, 10 de enero de 2026

Almanaque de "El Fandango" para 1892

 

En los comienzos de cada año los pronósticos y las predicciones de carácter meteorológico se solían recoger en almanaques o calendarios de una forma discontinua desde el siglo XV. Este tipo de publicaciones recogían de una forma predictiva las prácticas rurales y faenas agrícolas que fueron evolucionando con el tiempo de una forma expansiva y añadiendo progresivamente datos complementarios como relleno.

El almanaque, cuya etimología proviene del árabe al-manäkn, con el significado de contar y enumerar de forma preferente el tiempo astronómico, se fue progresivamente ampliando al santoral religioso y festivo, así como a las predicciones mensuales del nuevo año junto al balance del año transcurrido conocido como el "Juicio del año".

Los numerosos tipos de almanaques editados en España alcanzaron entre nosotros una gran difusión durante los siglos XVIII y XIX donde se fueron incorporando paulatinamente otras alusiones de carácter humorístico mediante chistes, proverbios, curiosidades, parodias o adivinanzas para satisfacer a un público generalista y en muchos casos a modo de una publicación anual y separada pero vinculada comercialmente a la prensa periodística.

El "Juicio del año", escrito en nuestro caso en quintillas por una tal Panchita Caliente, viene a ser una especie de repaso o compendio de los acontecimientos producidos, sin que falten alusiones a personajes políticos, a lo que se suelen añadir efemérides, lunarios, chirigotas de forma jocosa con textos humorísticos y anticipándose a lo que supuestamente pueda ocurrir de una forma entretenida y amena.

El sentido comercial de los almanaques o calendarios fue paulatinamente incrementándose al incluir colaboraciones de autores más o menos conocidos o encubiertos, así como ilustraciones o dibujos para atraer la atención de los compradores para regalarlos en las fechas tan señaladas en los comienzos del año convirtiéndose, al margen de las predicciones originales, en obras de consulta recreativa.

Entre la gran difusión de estos almanaques me detengo a modo de simple muestra en el Almanaque de El Fandango para el año 1892, donde se incorporan pasatiempos y coplas junto a distintas ilustraciones de las que reproduzco algunas de ellas entresacadas.

Esta publicación periódica, cuyo título se relaciona con el conocido baile popular y festivo, fue editada en Barcelona a finales del siglo XIX con la finalidad de facilitar un entretenimiento popular y no solo de predicciones, al incluir toda una serie de contenidos e ilustraciones para favorecer y atraer la atención del público.

La miscelánea festiva de este almanaque de finales del XIX tiene un claro precedente en cuanto a su título con la que fuera una revista satírica mensual denominada El Fandango (1844-1846), prodigada años atrás y requeridora de una mayor atención y a la que dedicaré, como indagador de curiosidades, alguna que otra entrada. Dicha revista fue editada en Madrid por la llamada Sociedad Literaria en la imprenta dirigida por escritor y editor Wenceslao Ayguals de Izco, difusora igualmente de sus propias obras literarias y de variados folletines que alcanzaron gran repercusión entre el público.

Este tipo de publicaciones, al igual que los pliegos de cordel, también forman parte de la llamada literatura popular impresa, dando lugar a documentados y parciales estudios, aunque ciertamente poco tenidos en cuenta desde un punto de vista académico y literario a pesar de resultar relevantes en muchos sentidos.







Entresacados







©Antonio Lorenzo

viernes, 2 de enero de 2026

Las penas del año nuevo y el ¡ay! de los labradores

 

El nuevo comienzo del año, del que no sabemos a cuál se refiere en el pliego, los labradores no lo consideraron como positivo, ya que se lamentan de su precaria situación debido a la cantidad de impuestos que tenían que pagar, aunque, eso sí, sin dejar de enaltecer a España como un gran país si no se tuvieran que afrontar tantas cargas impositivas.

La principal queja que sostienen los labradores se refiere a las pérdidas que supone el hacer frente al pago de tantas contribuciones y al encarecimiento de aquello que producen y de sus compras. Se quejan de los escasos jornales que reciben y de la precariedad extendida, no solo a los labradores, sino también a los sastres, zapateros, modistas y sirvientas.

Suben las contribuciones,
los comestibles y el pan,
pero ninguno se acuerda
de que se aumenta el jornal.

Desde una perspectiva actual se apunta de pasada en el pliego algo que puede causarnos extrañeza, ya que entonces también era necesario el pagar un impuesto por el uso de la sal. Sobre la historia de este impuesto dediqué hace unos años una entrada anterior comentando el pliego titulado Nuevas y divertidas peteneras por los impuestos al consumo.


El monopolio de la sal, en cuanto a su fabricación y venta exclusiva, era una prerrogativa de la propia Corona como monopolio controlador desde tiempos anteriores. Mediante un Real decreto del 3 de agosto de 1834 se suprimieron los impuestos para el consumo de la sal dejando su surtido a la libre voluntad de los pueblos e individuos. El impuesto a pagar por el uso de la sal sufrió muchos vaivenes relacionados con la política de su producción y como elemento prioritario para la conservación de alimentos.

Tras las quejas y el ¡ay! de los labradores se incluye a continuación una relación de coplas donde la animadversión hacia algunos de los comportamientos de las mujeres se encuentra presente al tacharlas de engañadoras, aprovechadas y aparentando lo que no son. Aunque envueltas en coplas con referencias satíricas se resaltan sus argucias para aprovecharse del dinero y de las situaciones, algo que resulta recurrente en otros muchos pliegos del siglo XIX.

El pliego procede de Juan Bautista Vidal, quien fuera un conocido impresor que colaboró también muchos años con otros impresores desarrollando a lo largo de su carrera una intensa actividad impresora, tanto de diarios como de pliegos de romances y folletos populares religiosos convirtiéndose en una referencia editorial. En 1865 abrió una librería y papelería en la calle Arrabal de Jesús, número 5, como figura en el colofón del pliego reproducido, continuando su labor como editor y distribuidor de literatura de cordel en otras librerías de la comarca.





©Antonio Lorenzo