jueves, 22 de octubre de 2026

Motivos para casarse o no casarse según la carta de Pedro Chinchón a Paco Gil


Uno de los más conocidos pliegos, reimpreso repetidamente por diferentes imprentas, se refiere a la carta de Pedro Chinchón a su amigo, Paco Gil, a quien le pide opinión sobre la conveniencia o no de casarse. Pedro Chinchón, debido al fallecimiento de sus padres, a que sus hermanos se han casado y a que él se encuentra solo, pide consejos a su amigo Paco Gil, que fue soldado y ya se encuentra casado, sobre las ventajas o inconvenientes de cara a contraer matrimonio.

A lo largo del contenido del texto, y de forma humorística, se acentúa el inusual cambio de roles atribuidos a la mujer y al marido. Pedro señala, en sus candorosas ideas, que mientras él se quedara en casa haciendo la comida, ella disfrutaría bailando y él se quedaría ocupándose de los niños. También quedaría contento si su esposa se gastara el dinero en prendas y alhajas, puesto que era conveniente el que fuera "maja" a los encuentros festivos, y donde prosigue que "la mujer es quien debe / todo gobernar, / así no habrá riña / ni en qué tropezar.

El sentido que se desprende del pliego es confrontar la dicotomía entre los beneficios e inconvenientes que supondría el casarse. La respuesta de su casado amigo Paco Gil, y debido a su experiencia, se posiciona abiertamente a que su amigo Pedro se decida a ser soldado: "Sienta plaza de soldado / y no te cases jamás", puesto que las mujeres son "diablos con faldas" y se aprovecharán de ti. Todo ello busca contraponer el matrimonio, de una forma satírica, con la independencia de una vida militar.

Un antecedente de estos pliegos, aunque de una forma más enjundiosa y elaborada, hace referencia a la Antorcha para solteros de chispas de los casados, del escritor español del siglo XVIII, Joseph Antonio Piñán y Zúñiga, publicada el año 1774. La obra plantea una carta de ficción en la que un hombre soltero le pide consejo a un amigo, que ya se encuentra casado, sobre si debería dar el paso hacia el matrimonio o no. En la respuesta de su casado amigo se le advierte satíricamente sobre el "carácter" de las mujeres de la época. El escrito queda rematado en dos décimas, con claro sentido denigratorio para la mujer, al contraponer lo común y lo particular. Lo que él considera como "común" es la definición de la mujer mala, y como "particular" a la mujer buena.

Dicho escritor perteneció a una familia de la nobleza madrileña. Su obra literaria se enmarca en el costumbrismo y en la sátira social. De su producción literaria su Antorcha para solteros es la más citada e influyente, ya que como prueba de ello dio paso a la confección de pliegos sueltos, como el editado en Valencia el año 1814 por la imprenta de Manuel López 40 años más tarde de la obra original.





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Otros ejemplos de portadas





©Antonio Lorenzo

sábado, 17 de octubre de 2026

Los dos millones de motivos para no casarse por un soldado licenciado

 

Continuando con otros ejemplos de pliegos sueltos en los que se aconseja a los mozos solteros que no se casen, reproduzco estos otros donde su protagonista es un soldado licenciado. Hay que recordar que en la España del siglo XIX y bajo una estructura social claramente patriarcal, las mujeres soportaban una mayor carencia de acceso a los recursos educativos. Teniendo en cuenta la desigualdad de género y de clase, los padres de las muchachas consideraban el matrimonio con un hombre de bien y trabajador como un recurso para dotarlas de una reconocida y mejorable imagen social. Los soldados que ya estuviesen licenciados, al encontrarse ya exentos de obligaciones patrióticas, podían ser elegidos por las mocitas casaderas con el beneplácito de sus padres, puesto que un soldado raso y en activo apenas contaba con recursos y estaba sujeto a las obligaciones que le encomendasen sus jefes inmediatos o de mayor graduación.

La incorporación de los quintos al servicio militar suponía la separación familiar durante el tiempo establecido, lo que podría durar varios años de estancia en el ejército. Su retorno al hogar, tras haber cumplido sus obligaciones, era todo un acontecimiento que abría paso a una nueva etapa de cara al futuro y a la consolidación, en su caso, de las relaciones de noviazgo.

Dentro del abanico de pliegos temáticos con referencia a los soldados licenciados, reproduzco estos dos ejemplos, argumentalmente similares, donde una vieja le ofrece al mocito licenciado muchas muchachas para que eligiera y se casase: "Tengo para usté un millón; todas muy buenas muchachas que rabian por un varón". La segunda parte del primer pliego acaba con un Pleito que forman las mujeres a los hombres que se niegan a casarse.

En el encabezamiento del primer ejemplo se postula que hay nada menos que dos millones de motivos para no casarse, aunque en el segundo quedan reducidos, sorpresivamente, a cuatrocientos noventa y nueve.





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©Antonio Lorenzo

miércoles, 7 de octubre de 2026

Sátiras graciosas con advertencias a los solteros para que no se casen

 

Continuando con la temática de la entrada anterior, adjunto otros dos pliegos donde se ironiza de forma misógina sobre los motivos a tener en cuenta para que los mozos no se casen. En el primero de ellos, y como sencillo ejemplo, se alude a los previsibles comportamientos de las mujeres según sus diferentes edades. Desde los trece o catorce años se apunta a que ya tienen querido y mostrando su interés por la vestimenta. De los quince a los dieciocho les interesa asistir a bailes, funciones teatrales o a diversiones sufragadas por sus admiradores. Durante ese tiempo, sus madres se dedicaban a buscar por los comercios las mejores vestimentas, percales o tejidos de algodón para agradar a sus hijas y como modo de indicar su estatus socioeconómico para tratar de seducir así a los mozos pretendientes. Una vez casadas mantenían su interés por continuar con ricos vestidos, lo que suponía un descuido de las labores y obligaciones caseras. Aún en el caso de quedarse viudas, tampoco olvidaban esas prioridades en su afán de seducir, en su caso, a su segundo marido. 

Estos consejos y letrillas, que se dicen compuestas por un ciego llamado Agustín, vienen a constituir un recurso para facilitar la venta de este tipo de hojas volanderas a un público generalista. Todo ello se ajusta al imaginario social de la época donde el casamiento de la mujer era propiciado por sus padres con la finalidad de dotarlas de una pretendida estabilidad. Estas hipótesis no son comunes al conjunto de los pliegos conocidos, ya que se conocen otras muestras donde las mujeres casaderas se enfrentan a las pretensiones de sus padres. Entre las habituales medidas que ellas solían tomar figuran la huida o el abandono de la casa familiar para así poder mantener relaciones no consentidas, lo que solía acabar con resultados vengativos o trágicos en muchos casos.

El estereotipo social de la mujer en los pliegos de cordel no solo se concentra en la sumisión y dependencia al marido o a su función maternal como deber social, puesto que se conocen ejemplos donde se manifiestan versiones contrapuestas. Ello es ejemplo de las contradicciones sociales y culturales de la época, algo que merece una mayor atención como fuentes historiográficas poco tenidas en cuenta.

Como simples ejemplos, sirvan estos dos pliegos de parecida temática y a los que añadiré otros en posteriores entradas.





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©Antonio Lorenzo

sábado, 3 de octubre de 2026

Caramba que no me caso. El mozo soltero

 

En estos dos populares pliegos se exponen, con el humor propio del imaginario popular de la época, los motivos e inconvenientes por los que un hombre decide no casarse. Se manifiesta en ellos las motivaciones consideradas como ventajas en su defensa de mantener la soltería frente a los problemas que podría ocasionar el casamiento.

Se conocen variados escritos donde se recogen las razones expuestas por los hombres para no casarse, al igual que sucede con las mozas solteras enfrentadas a los deseos de sus padres para que se casaran. La visión del estereotipo de la mujer soltera consistía en la pretensión de asignarles un prometedor futuro considerando el matrimonio como la mejor alternativa para ellas. La propia identidad de las mujeres, dentro de la sociedad patriarcal donde se desenvolvían los padres de entonces, y motivados por factores religiosos, culturales o económicos, trataban de anular o coaccionar los propios deseos inherentes de la moza soltera. Ello venía a dificultar o a impedir el que la mujer alcanzara su propia plenitud personal o emocional.

En aquella época, los padres preparaban a sus hijas de una forma planificada para el matrimonio, puesto que las opciones de que se quedaran solteras y se las conocieran con el despectivo término de solterona, tenía por salida la de meterse a monja, lo que no era de lo más aceptado dentro de la sociedad patriarcal decimonónica. Las mujeres que no se querían casar, o no querían tener hijos, quedaban estigmatizadas con frases como: "Te vas a quedar para vestir santos" o "Se te va a pasar el arroz". Si las razones de los mozos solteros eran más admitidas o entendibles para preservar su independencia, no ocurría igual con las mujeres dentro de una sociedad machista donde el matrimonio gozaba de una gran idealización y popularidad, previos, sin duda, a los posteriores cambios ideológicos. 

En cuanto a los hombres, lo tratado en estos pliegos guarda estrecha relación con conocidas frases, refranes o dichos populares en defensa de su soltería y recogidos básicamente en las dos proverbiales frases que aparecen y se deslizan en los pliegos:

* Cada cual hace de su capa un sayo
* El buey suelto bien se lame
* El martes ni te cases ni te embarques
* No firmes sin leer ni te cases sin ver
* Quien mal se casa, tarde enviuda
* Si te casas, te encierras y te entierras
* Matrimonio y mortaja del cielo baja

El sentido figurado de la primera frase "Cada cual hace de su capa un sayo", desde un punto de vista actual puede resultar un tanto incomprendido al no utilizarse actualmente ninguna de las dos prendas que se citan en tan conocido dicho. Procedente de la sabiduría popular, el sayo se refería a una especie de túnica holgada que llegaba hasta las rodillas, ya fuera como poco ceñida o sin ceñir. La frase viene a significar que, con absoluta libertad y libre albedrío, se vendría a dignificar la propia voluntad por el cambio de ropa tan extravagante al tener en cuenta su propio criterio personal y sin importarle la opinión de los demás. 

Más conocida es la segunda frase "El buey suelto bien se lame", que, al estar sueltos y sin que su cuello o cabeza esté atado a ningún yugo, pueden girar y lamerse a su antojo para curarse o limpiarse con el metafórico sentido de poder llevar una vida sin compromisos y así poder gozar de una mayor libertad.


Desde el punto de vista literario, el escritor José María de Pereda utilizó de una forma apocopada "El buey suelto... Cuadros edificantes de la vida de un solterón" como título de una de sus novelas publicada en el año 1878. La novela desarrolla la vida de un solterón, llamado Gedeón, quien, tras la muerte de su padre se ve enfrentado a la necesidad de establecer un nuevo orden en su vida y centrándose en las costumbres de la vida rural en Cantabria.

Otra de las novelas donde se alude a la soltería de los hombres es la escrita a finales del siglo XIX por la gran erudita gallega Emilia Pardo Bazán, defensora de los ideales feministas, titulada Memorias de un solterón, nos introduce en la profunda transformación del papel de la mujer en la sociedad de entonces.


Las representaciones teatrales tampoco olvidaron los deseos de los hombres solteros. José Picón, especializado en comedias de costumbres y libretos de zarzuela, fue el creador en un acto y en verso de El solterón, que fue estrenado con gran éxito en el madrileño Teatro del Príncipe el 15 de marzo de 1859.


En estos dos primeros pliegos reproducidos se reivindica la posición adoptada por un mozo casadero para mantener su soltería amparándose en distintas previsiones y motivos para sostener su postura.





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©Antonio Lorenzo

sábado, 26 de septiembre de 2026

Tangos gaditanos. El coro de los abanicos

 

La relación de los pliegos de cordel con la zarzuela queda reflejada en numerosas hojas sueltas donde se incluyen diálogos o resúmenes de textos representados.

En el pliego reproducido se critican las modas que vienen del extranjero, como las mangas de farol que parecen el muelle de un herrador; los sombreros que se asemejan a los plumeros para la limpieza; la mención a las mangas tan abultadas y las controversias sobre si las mujeres que montan en bicicleta deberían llevar enaguas o pantalones. También se mencionan diferentes tipos de abanicos para regalar según los diferentes oficios de las mujeres; aparatos relacionados con la electricidad y las obligaciones que debe asumir un marido para cuidar a su pequeño hijo, lo que le incita a renegar hasta del cura que los casó.

A continuación, se incluye el Bonito schotis del pato proveniente de la zarzuela titulada La marcha de Cádiz, zarzuela cómica en un acto y tres cuadros estrenada el 10 de octubre de 1896 en el madrileño Teatro Eslava. Su música pertenece a los compositores Quinito Valverde (Joaquín Valverde Sanjuán) y Ramón Estellés, y cuyo libreto fue escrito por Celso Lucio y Enrique García Álvarez.

Entre los números cómicos que se incluyen, y que fueron muy populares en la época, aparece el dúo de Teodorico y Clarita ("Yo soy el pato"), del que se hace eco el pliego.


El pliego fue impreso en Madrid por la Imprenta Universal de la calle Cabestreros, 5.





©Antonio Lorenzo