Este par de décimas reproducidas en pliegos sueltos hacen referencia a la ajetreada vida del papa Pío IX, conocido también como Pío Nono a lo largo de su pontificado. El suyo es uno de los más duraderos que se conocen, ya que se extendió, durante 32 años, desde el 15 de junio de 1846 hasta el 7 de febrero de 1878. Tan extenso periodo de nunciatura estuvo marcado por sus consabidos logros y errores, a los que dedicaré una mayor atención a estos últimos debido a su posterior trascendencia asociada a su figura.
En 1848 y a los dos años de tomar posesión, no tomó un partido activo en la guerra de la independencia contra Austria, por lo que gran parte de la población reprochó su actitud. Las guerras de independencia entre Italia y Austria se enmarcan en tres conflictos (1848, 1859 y 1866) culminando con la unificación de Italia. En noviembre de 1848, tras el asesinato del jefe del gobierno papal y las insurrecciones populares, el papa huyó disfrazado de monje a una fortaleza en Gaeta en el Reino de las dos Sicilias. Una vez proclamada la República Romana el 9 de febrero de 1849, y permaneciendo aún en su exilio en Gaeta, solicitó ayuda internacional, como la solicitada a España, para recuperar territorios de los Estados Pontificios y regresando a la Ciudad Eterna el 12 de abril de 1850. La República Romana, proclamada pocos meses antes, duró apenas 145 días y acabando el 4 de julio de 1849, aunque con principios muy avanzados y progresistas para la época, como la aceptación de la libertad de culto, la abolición de la pena de muerte y el sufragio universal.
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La intervención española, en apoyo a las pretensiones del papa, fue promovida por el general Narváez, presidente entonces del Consejo de ministros y conocido como el "Espadón de Loja" para promover el restablecimiento del pontífice en su sede y mejorar las relaciones entre el papado y la corona española. La expedición militar española, formada por unos cuatro mil hombres al mando de Fernando Fernández de Córdoba desembarcó en el puerto de Gaeta el 28 de mayo de 1849 y donde Pío IX les impartió su bendición, como se recoge en esta litografía conservada en el Museo del Prado.
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| El papa Pío IX bendice a las tropas españolas que acuden en su ayuda en las costas de Gaeta |
Pío Nono se opuso radicalmente a la creación de la República Romana en 1849 mediante algunas de sus encíclicas, como en la llamada Quibus quantisque en contra del socialismo y el comunismo como atentados al derecho y a la razón natural, por considerar que eliminaban los principios de justicia, honradez y virtud religiosa. Los Estados Pontificios ocupaban por entonces un gran territorio de Italia dominado por la iglesia, algo que poco a poco fue reduciendo tras la reunificación de la nación italiana. El 20 de septiembre de 1870 las tropas de Víctor Manuel II tomaron la ciudad de Roma tras la caída de los estados pontificios y la retirada de las tropas francesas. Tomada la ciudad de Roma se solicitó al papa a que se quedara de forma exclusiva en su palacio. Como no lo aceptó, se vio obligado a retirarse y a refugiarse en el Vaticano procediendo a excomulgar a todo el gobierno italiano, lo que causó el apoyo de los católicos más ortodoxos, así como la crítica de los más progresistas. El unificado estado italiano fue rechazado por el papado pidiendo a los católicos que no participaran en el nuevo gobierno. Aquellos años estuvieron llenos de disturbios y conflictos por motivos políticos y económicos de una gran complejidad en los que se implicaron países europeos.
Por resumir parte de su trayectoria papal junto a la desmitificación de la figura de este pontífice, creo de interés el exponer algunas de las críticas que elaboró el propio pontífice en algunas de sus encíclicas. Durante su largo pontificado Pío IX dio a conocer nada menos que 41 encíclicas en las que se ofrecen orientaciones generales para el seguimiento de la iglesia católica, junto al recopilatorio de errores incluido en la Quanta Cura (Con cuánto cuidado) (1864). En este recopilatorio se incluye el Syllabus como compendio donde se condenaban abiertamente los considerados 80 errores del mundo moderno, como su posición en contra del liberalismo y el socialismo, así como la crítica a los estados laicos y la inconveniencia de la separación Iglesia-Estado. A ello se unía también su rechazo a la libertad de culto, de pensamiento y de expresión, su condena a la libertad de pensamiento y de prensa por encontrar incompatibles la fe y la razón, ya que los estados deberían estar subordinados a la moral católica, algo que venía poniéndose en cuestión desde la Revolución francesa. También dio forma institucional a dogmas como la infalibilidad papal así como a la declaración como dogma de fe de la Inmaculada Concepción de María el día 8 de diciembre de 1854. Según dicho dogma María fue concebida sin pecado y libre del pecado original, sobre lo que tiempo atrás estuvo en contra Santo Tomás de Aquino y los dominicos, y a favor los franciscanos como se dice que nace todo ser humano excepto Jesucristo, dando lugar a discusiones teológicas como la contradicción de que fue Jesucristo quien redimió a su madre del pecado original y proclamando como dogma de fe el día 8 de diciembre de 1854 de que también ella también nació como su hijo libre del pecado original tratando de acabar de ese modo con cualquier discusión teológica.
Saltándonos tantos procesos y elementos históricos de tan convulsos y conflictivos años en Italia, la Ciudad del Vaticano, o la Santa Sede, fue declarada oficialmente el 11 de febrero de 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán como estado soberano e independiente en pleno corazón de Roma para garantizar de algún modo la independencia de la Iglesia Católica y de su elegido representante. Visto con perspectiva sorprende que la Santa Sede como estado independiente se remonte al año 1929.
Al margen de tan conflictivo recorrido y como curiosidad, con el término de "pionono" también se conoce un pastelito hecho con bizcocho enrollado y con una crema tostada en su parte superior inventado por un tal Ceferino Isla en Santa Fe, provincia de Granada, para honrar la figura del papa Pío IX y cuya receta se extendió por otras muchas provincias conservando dicho nombre.
Aprovechando este repaso sobre la figura de Pío Nono, que fue declarado como beato por Juan Pablo II el 3 de septiembre del reciente año 2000, adjunto un pliego donde en su pontificado el propio Pío IX beatificó al jesuita y sacerdote español Pedro Claver el 16 de julio de 1850 siendo canonizado posteriormente por León XIII el 15 de enero de 1888.
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©Antonio Lorenzo













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