viernes, 6 de noviembre de 2026

El tango de la risa y otras composiciones

 

Desde mediados y hasta finales del siglo XIX abundaron pliegos sueltos donde se recopilaban versos variados y canciones de carácter amoroso o poemas sentimentales que se vendían habitualmente en ferias y mercados. El eje central de estos pliegos era el recoger versos y poemas para ser cantados o recitados de una forma anónima. Muchas de sus composiciones aparecían reimpresas de forma repetitiva en pliegos editados por distintos talleres que solían tener en sus asuntos una notable influencia hispanoamericana. En ellos aparecen composiciones cantadas o recitadas propias de las habaneras o tangos americanos. El arraigo peninsular de la habanera o americana cubana vino a ser todo un papel vertebrador de los estilos preflamencos, donde Cádiz vino a ser la principal puerta de entrada de estos ritmos que fueron aflamencándose a lo largo del tiempo, aunque manteniendo su común patrón rítmico con distintas variedades.

En este primer ejemplo hay versos, como el Tango de la risa, que aparecen repetidos en otros pliegos sueltos con el subtítulo de danza americana, como el que añado a continuación bajo la muy numerosa y célebre etiqueta seriada El cantor de las hermosas. Trovas de amor dedicadas al bello sexo por unos aficionados. A dicha colección le dediqué 38 ejemplos visuales en este mismo blog bajo la etiqueta «Serie 'El cantor de las hermosas'».

Esta famosa colección procede de la Casa de Antonio Bosch y sus sucesores con diferentes direcciones y traslados según aparecen en los colofones de los pliegos. El éxito de estas publicaciones fue creciendo de una forma significativa a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Los temas que difunde la colección El Cantor, son de carácter romántico y costumbrista donde se refleja la influencia andalucista, así como habaneras, boleros y temas de influencia americana que se difundían en los cafés como canciones corales. Una nota característica de muchos de los pliegos conocidos es su bilingüismo en catalán y en castellano coincidente con el auge de la Renaixença cultural catalana, como vehículo de expresión literaria, unido al fervor patriótico suscitado por la primera guerra hispano-marroquí, que tuvo lugar en 1859-1860 durante el reinado de Isabel II donde participaron numerosos voluntarios catalanes.





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©Antonio Lorenzo

viernes, 30 de octubre de 2026

Advertencias a las mujeres para que no se casen


En las cuatro entradas anteriores en este mismo blog reproducía distintos pliegos donde se aconsejaba a los mozos solteros el que no se casasen. En esta ocasión, y de forma satírica, es el ficticio personaje de doña Margarita Cachuela la que advierte a las mujeres para que no contraigan matrimonio. En el pliego se dice que Margarita cuenta, nada menos, que con ciento trece años y estuvo casada con once maridos, por lo que se basa en su larga experiencia para atribuir a los hombres una serie de malos comportamientos. Les achaca su notable picardía para engañar a las mocitas mediante toda clase de requiebros para conseguir sus fines. También atribuye a los maridos el quedarse con buena parte del dinero del jornal para satisfacer sus vicios en tabernas y permitirles agasajar a otras mujeres.

En la segunda parte del pliego, la respuesta de don Fabián, quien fuera esposo de Margarita, viene a defender, en contraposición a ella, el estereotipo asignado a la mujer como causante de todos los males al considerarlas como aprovechadas y buscadoras de dineros para invertirlos en indumentarias, gastos y fiestas.





En este otro pliego que reproduzco, y a diferencia de tantos pliegos que invitan a los hombres a no contraer matrimonio, son las propias mujeres las que solicitan a los hombres el que se deberían casar. Entre las razones que arguyen para ello están las de poder gozar del dulce Himeneo, aludiendo metafóricamente a Himeneo, el dios de las ceremonias matrimoniales en la mitología griega y con el sentido erótico de la intimidad nupcial. A ello se une el cuidado y la asistencia de la mujer hacia aquellos maridos que cayeran enfermos.

Tras estas consideraciones se añade Otra sátira al propio intento, donde la mujer reivindica su propia autonomía y la no dependencia de ningún hombre, ya que "tener marido es tener un amo". No obstante, y repasando los habituales comportamientos, y si todo va bien:

Mas a pesar de esto
si hacen juramento
de enmendarse de ello,
quiero casamiento.

También se añade una referencia a las muchas coplas extendidas por los ciegos cantores en este tipo de hojas volanderas, donde se enumeran de forma extensiva y disparatada los motivos para los mozos no se casen:
 
Y así, amiguitos,
casémonos luego,
dejando las coplas
que cantan los ciegos.

Este pliego de carácter humorístico, en el que se exponen las razones por las cuales los hombres deberían contraer matrimonio para amar y valorar moralmente a las mujeres, está editado en el año 1855 en Carmona (Sevilla) por la conocida imprenta de José María Moreno, pliego de los que también se conocen otras ediciones de distintos talleres.





©Antonio Lorenzo

jueves, 22 de octubre de 2026

Motivos para casarse o no casarse según la carta de Pedro Chinchón a Paco Gil


Uno de los más conocidos pliegos, reimpreso repetidamente por diferentes imprentas, se refiere a la carta de Pedro Chinchón a su amigo, Paco Gil, a quien le pide opinión sobre la conveniencia o no de casarse. Pedro Chinchón, debido al fallecimiento de sus padres, a que sus hermanos se han casado y a que él se encuentra solo, pide consejos a su amigo Paco Gil, que fue soldado y ya se encuentra casado, sobre las ventajas o inconvenientes de cara a contraer matrimonio.

A lo largo del contenido del texto, y de forma humorística, se acentúa el inusual cambio de roles atribuidos a la mujer y al marido. Pedro señala, en sus candorosas ideas, que mientras él se quedara en casa haciendo la comida, ella disfrutaría bailando y él se quedaría ocupándose de los niños. También quedaría contento si su esposa se gastara el dinero en prendas y alhajas, puesto que era conveniente el que fuera "maja" a los encuentros festivos, y donde prosigue que "la mujer es quien debe / todo gobernar, / así no habrá riña / ni en qué tropezar.

El sentido que se desprende del pliego es confrontar la dicotomía entre los beneficios e inconvenientes que supondría el casarse. La respuesta de su casado amigo Paco Gil, y debido a su experiencia, se posiciona abiertamente a que su amigo Pedro se decida a ser soldado: "Sienta plaza de soldado / y no te cases jamás", puesto que las mujeres son "diablos con faldas" y se aprovecharán de ti. Todo ello busca contraponer el matrimonio, de una forma satírica, con la independencia de una vida militar.

Un antecedente de estos pliegos, aunque de una forma más enjundiosa y elaborada, hace referencia a la Antorcha para solteros de chispas de los casados, del escritor español del siglo XVIII, Joseph Antonio Piñán y Zúñiga, publicada el año 1774. La obra plantea una carta de ficción en la que un hombre soltero le pide consejo a un amigo, que ya se encuentra casado, sobre si debería dar el paso hacia el matrimonio o no. En la respuesta de su casado amigo se le advierte satíricamente sobre el "carácter" de las mujeres de la época. El escrito queda rematado en dos décimas, con claro sentido denigratorio para la mujer, al contraponer lo común y lo particular. Lo que él considera como "común" es la definición de la mujer mala, y como "particular" a la mujer buena.

Dicho escritor perteneció a una familia de la nobleza madrileña. Su obra literaria se enmarca en el costumbrismo y en la sátira social. De su producción literaria su Antorcha para solteros es la más citada e influyente, ya que como prueba de ello dio paso a la confección de pliegos sueltos, como el editado en Valencia el año 1814 por la imprenta de Manuel López 40 años más tarde de la obra original.





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Otros ejemplos de portadas





©Antonio Lorenzo

sábado, 17 de octubre de 2026

Los dos millones de motivos para no casarse por un soldado licenciado

 

Continuando con otros ejemplos de pliegos sueltos en los que se aconseja a los mozos solteros que no se casen, reproduzco estos otros donde su protagonista es un soldado licenciado. Hay que recordar que en la España del siglo XIX y bajo una estructura social claramente patriarcal, las mujeres soportaban una mayor carencia de acceso a los recursos educativos. Teniendo en cuenta la desigualdad de género y de clase, los padres de las muchachas consideraban el matrimonio con un hombre de bien y trabajador como un recurso para dotarlas de una reconocida y mejorable imagen social. Los soldados que ya estuviesen licenciados, al encontrarse ya exentos de obligaciones patrióticas, podían ser elegidos por las mocitas casaderas con el beneplácito de sus padres, puesto que un soldado raso y en activo apenas contaba con recursos y estaba sujeto a las obligaciones que le encomendasen sus jefes inmediatos o de mayor graduación.

La incorporación de los quintos al servicio militar suponía la separación familiar durante el tiempo establecido, lo que podría durar varios años de estancia en el ejército. Su retorno al hogar, tras haber cumplido sus obligaciones, era todo un acontecimiento que abría paso a una nueva etapa de cara al futuro y a la consolidación, en su caso, de las relaciones de noviazgo.

Dentro del abanico de pliegos temáticos con referencia a los soldados licenciados, reproduzco estos dos ejemplos, argumentalmente similares, donde una vieja le ofrece al mocito licenciado muchas muchachas para que eligiera y se casase: "Tengo para usté un millón; todas muy buenas muchachas que rabian por un varón". La segunda parte del primer pliego acaba con un Pleito que forman las mujeres a los hombres que se niegan a casarse.

En el encabezamiento del primer ejemplo se postula que hay nada menos que dos millones de motivos para no casarse, aunque en el segundo quedan reducidos, sorpresivamente, a cuatrocientos noventa y nueve.





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©Antonio Lorenzo

miércoles, 7 de octubre de 2026

Sátiras graciosas con advertencias a los solteros para que no se casen

 

Continuando con la temática de la entrada anterior, adjunto otros dos pliegos donde se ironiza de forma misógina sobre los motivos a tener en cuenta para que los mozos no se casen. En el primero de ellos, y como sencillo ejemplo, se alude a los previsibles comportamientos de las mujeres según sus diferentes edades. Desde los trece o catorce años se apunta a que ya tienen querido y mostrando su interés por la vestimenta. De los quince a los dieciocho les interesa asistir a bailes, funciones teatrales o a diversiones sufragadas por sus admiradores. Durante ese tiempo, sus madres se dedicaban a buscar por los comercios las mejores vestimentas, percales o tejidos de algodón para agradar a sus hijas y como modo de indicar su estatus socioeconómico para tratar de seducir así a los mozos pretendientes. Una vez casadas mantenían su interés por continuar con ricos vestidos, lo que suponía un descuido de las labores y obligaciones caseras. Aún en el caso de quedarse viudas, tampoco olvidaban esas prioridades en su afán de seducir, en su caso, a su segundo marido. 

Estos consejos y letrillas, que se dicen compuestas por un ciego llamado Agustín, vienen a constituir un recurso para facilitar la venta de este tipo de hojas volanderas a un público generalista. Todo ello se ajusta al imaginario social de la época donde el casamiento de la mujer era propiciado por sus padres con la finalidad de dotarlas de una pretendida estabilidad. Estas hipótesis no son comunes al conjunto de los pliegos conocidos, ya que se conocen otras muestras donde las mujeres casaderas se enfrentan a las pretensiones de sus padres. Entre las habituales medidas que ellas solían tomar figuran la huida o el abandono de la casa familiar para así poder mantener relaciones no consentidas, lo que solía acabar con resultados vengativos o trágicos en muchos casos.

El estereotipo social de la mujer en los pliegos de cordel no solo se concentra en la sumisión y dependencia al marido o a su función maternal como deber social, puesto que se conocen ejemplos donde se manifiestan versiones contrapuestas. Ello es ejemplo de las contradicciones sociales y culturales de la época, algo que merece una mayor atención como fuentes historiográficas poco tenidas en cuenta.

Como simples ejemplos, sirvan estos dos pliegos de parecida temática y a los que añadiré otros en posteriores entradas.





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©Antonio Lorenzo