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jueves, 14 de mayo de 2026

Resurrección y subida de Cristo a los cielos


En el día de hoy, 14 de mayo de 2026, la iglesia católica continúa rememorando y glorificando la ascensión a los cielos de Jesús cuarenta días después de su resurrección, lo que viene a constituir el fundamento de la fe cristiana. La nebulosa idea sobre la legendaria autenticidad de la subida a los cielos de Jesús ha suscitado controversias históricas, teológicas y filosóficas desde los primeros tiempos.

La interpretación sobre la ascensión de Jesús a los cielos, tras presentarse a lo largo de cuarenta días a sus discípulos en la tierra, no deja de utilizarse como un recurso claramente simbólico o metafórico como consecuencia de la disparidad narrativa expresada en los propios evangelios.

En la biblia, el número 40 no es cronológicamente inusual, ya que resulta recurrente a lo largo de diferentes eventos. Veamos algunos ejemplos:
* Moisés tardó 40 días en subir a la cumbre del Sinaí antes de recibir las tablas de la ley, como se narra en el Deuteronomio 9:11
* El pueblo de Israel caminó durante 40 años a través del desierto y guiados por Moisés antes de entrar a la tierra prometida.
* El diluvio también duró 40 días y 40 noches
* El profeta Elías caminó 40 días hasta la cueva del Monte Oreb.
* El mismo Jesús pasó 40 días y 40 noches en el desierto de Judea siendo tentado por el diablo y antes de anunciar su misión pública.
* Durante 40 años reinaron cada uno de los tres primeros reyes de Israel: Saúl, David y Salomón.
El periodo de los 40 días trascurridos desde la resurrección a la ascensión de Jesús a los cielos, puede resumirse:
* El Domingo de Pascua Jesús resucita de entre los muertos y se manifiesta a sus discípulos.
* Durante cuarenta días, Jesús se aparece a los apóstoles y a otros seguidores para confirmar su resurrección, comer con ellos y enseñar y dar consejos sobre el Reino de Dios.
* Jesús encomienda a sus seguidores, mediante instrucciones finales, su misión de ser testigos de su Evangelio y anunciar la salvación en todo el mundo.
* Trascurridos cuarenta días desde su resurrección, Jesús asciende al cielo en el Monte de los Olivos en presencia de sus apóstoles, regresando al Padre y sentándose a su diestra, lo que viene a finalizar su historicidad terrenal señalando el comienzo evangelizador de la iglesia con la promesa de la venida del Espíritu Santo, algo que se produce 10 días más tarde, con gran estruendo y acompañado de lenguas de fuego como el día de Pentecostés, lo que viene a marcar el nacimiento de la iglesia cristiana y su misión evangelizadora.
Las divergencias, contradicciones e incongruencias comparativas a lo largo de lo expresado en los propios evangelios y en el libro de los Hechos difuminan explicaciones razonables. La iglesia las considera como cuestiones o baladíes que deben interpretarse de una forma simbólica. Las diferencias quedan explicadas teológicamente como modos de transmitir una enseñanza de contenido simbólico, como el final de la presencia física del señor en la tierra y el comienzo de su reinado sentado a la derecha del Padre, lo que vendría a garantizar su siempre presencia espiritual a través del Espíritu Santo.

Mediante la publicación de tantos y tantos catecismos, la finalidad de la iglesia católica es la de ofrecer de una forma consensuada un resumen de su doctrina como guía oficial de la fe y moral de la iglesia. La consolidación de la fe de los creyentes se realizaba mediante recursos memorísticos y con frases cortas que había que aprenderse de memoria en los colegios sin admitir discrepancia alguna. En la época que conocimos del nacional-catolicismo en la dictadura franquista, el catecismo tenía como objetivo el considerar a la religión católica como la única religión verdadera, aunque unido a la política por la tan estrecha unión Iglesia-Estado como guía oficial para seguir la moral de la iglesia católica.

 Tras la reproducción del pliego añadiré algunas de las sugerentes páginas sobre estos hechos extraídas del catecismo que aún conservo junto a algún comentario añadido.

Visto todo ello en su conjunto y en la diversidad de lo narrado suscita lo que podríamos llamar como disonancia cognitiva al mantener de forma simultánea ideas contradictorias y sin resolver en su búsqueda de cierta coherencia. Su protagonismo se viene a centrar en lo simbólico. Sorprende que el apenas resucitado Jesús, y mucho antes de su posterior ascensión, se presentara durante la noche ante sus discípulos que se encontraban reunidos y escondidos y con las puertas cerradas por miedo a las autoridades. Jesús se presentó, ya resucitado, donde les mostró las heridas de sus manos y el costado para calmar sus temores tras la crucifixión padecida invitando a tocarlo y a ver la marca de los clavos. Como prueba de que no era un espíritu y que había resucitado físicamente, les pidió algo de comer, por lo que le dieron un trozo de un pescado asado y un panal de miel. (Lucas 24: 36-49). Él lo tomó y comió delante de ellos. Todo ello, visto en su conjunto, induce y da pie al sostenimiento de diferentes perspectivas legendarias que la iglesia trata de aunarlas como un avance de la glorificación divina y marcando el inicio de la misión de la iglesia. Estas diferencias no se interpretan por la iglesia como errores o incongruencias, sino como formas interpretativas diferentes.

La ascensión de Jesús a los cielos, tras los cuarenta días de su muerte, queda difuminada desde un punto de vista histórico, pero de una forma simbólica viene a establecer el comienzo del cristianismo mediante una reinterpretación o construcción teológica. El antes y el después de la ascensión, es utilizado por la iglesia como el comienzo de su labor evangelizadora.

El pliego

Independientemente de la fe o las creencias sobre estas consideraciones y al margen de las polémicas o discusiones teológicas o históricas sobre la objetividad o veracidad sobre estas cuestiones, el propósito de esta entrada es el dar a conocer y difundir este pliego, proveniente del siglo XVIII, donde se narran estos acontecimientos. El texto fue compuesto por el muy conocido romancista Lucas del Olmo Alfonso, un gaditano coplero andaluz donde se proclama en algunas de sus composiciones como "natural de la Ciudad de Xerez de la Frontera". Lucas del Olmo desarrolló una gran labor como autor de composiciones muy diversificadas, pero con preferencia por temas de asunto y carácter religioso. Su actividad se enmarca a lo largo del siglo XVIII donde el Santo Oficio mantenía gran ojo avizor sobre todo lo escrito sobre la religión con especial dedicación a aquello difundido popularmente, por lo que fue censurado por algunas de sus composiciones.

El pliego fue editado en Madrid (con expresiva licencia de salvaguarda) por la imprenta y librería de Andrés de Sotos, en la calle de Bordadores, frente de San Ginés, donde se hallará. Andrés de Sotos fue un impresor activo entre 1764 a 1792, según consta por el reconocido historiador y archivero Marcelino Gutiérrez del Caño (1861-1922).






Para saber más

Imágenes extraídas del Catecismo de Segundo grado como texto nacional del que guardo el ejemplar.




Un recorrido referencial sobre tantos catecismos publicados es el libro compuesto y recopilado por quien fuera el insigne profesor y teólogo seglar Enrique Miret Magdalena, junto con el filósofo y catedrático de ética Javier Sádaba. Se trata de un libro muy recomendable en el que se hace todo un recorrido por la historia de los últimos catecismos editados entre nosotros y deteniéndose en los más conocidos. El propio profesor Miret Magdalena, en el prólogo del libro que titula como "Los catecismos que padecimos", comenta que llegó a reunir una colección de nada menos que 1.500 catecismos de todo el mundo en los que figuran múltiples añadiduras y discrepancias.


©Antonio Lorenzo

viernes, 3 de abril de 2026

Dolorosa pasión y muerte de Cristo Señor Nuestro

 

Dentro de la temática de contenido religioso en los pliegos de cordel son frecuentes aquellos que aluden a la pasión, crucifixión y muerte de Jesús en la cruz. En el pliego reproducido, impreso en Madrid por la antigua Imprenta Universal, en la calle Cabestreros 5, se añaden los Siete Dolores de la Virgen con la advertencia a los oyentes de que deben acogerlos con gran devoción y sentimiento para poder ganar, de este modo, un "sin número de indulgencias, ya plenarias, ya parciales" y conseguir de esta forma su intercesión frente a los errores cometidos.





©Antonio Lorenzo

viernes, 18 de abril de 2025

Avisos y desengaños para un alma que desea agradar a Jesucristo crucificado

 
Los pliegos de temática sagrada se relacionan con los sermones y discursos morales practicados por los predicadores. Todo ello viene a constituir una serie de estrategias discursivas que estuvieron muy extendidas durante el Siglo de Oro español. Desde un punto de vista cristiano, el paso hacia la muerte venía a desencadenar y a asumir toda una serie de avisos y desengaños que deberían encaminarnos hacia la verdad prometida y basada en la virtud revelada por Dios en la moral cristiana.

En los encabezamientos de estos pliegos suelen aparecer títulos anunciadores del tipo: "denominaciones" "consideraciones", "doctrina", "despertador" o "avisos y desengaños", que proponen al lector una serie de indicaciones o pautas a considerar con la finalidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto. Estos escritos vienen a proponer normas o modelos a seguir para tratar de evitar fraudes o engaños mediante ejemplos de conductas que no se ajustan en su conjunto con la realidad. Sus falsas verdades apuntan preferentemente contra las mujeres mediante estrategias de exageración con la finalidad de corregir o enmendar sus formas de comportamiento.

Todo ello, y bajo el disfraz de contrarrestar estas supuestas verdades, no dejan de convertirse en ejemplos de antifeminismo y menosprecio, tan asentado en el imaginario colectivo de la época, con la finalidad de solicitar la gracia y el perdón de un Jesucristo crucificado, como se apunta en algunas de las cabeceras de las hojas volantes. 

Los textos literarios del barroco alcanzaron una notable continuidad temática a través de los pliegos sueltos, donde el sentimiento del desengaño, unido a lo religioso como visión del mundo, vendría a ser la vía adecuada para establecer y consolidar una vida moral acorde con lo preconizado por la iglesia.

La vida, entendida como un tortuoso camino de carácter fugaz e inherente al desengaño, fue propio de la literatura hispánica del barroco, representada en obras dramáticas, como las de Calderón o en la genérica obra de Quevedo. La conciencia de este sentimiento, como ciclo vital, viene a constituir un generador de desencanto que incita a buscar medidas de carácter moral y religioso para reconducir nuestra vida.

Este pliego, editado en Valencia sin año, viene a reflejar una continuación de la visión desencantada propia del barroco y de una vida que busca resurgir con la ayuda de una moral religiosa. Este tipo de pliegos contienen una serie de avisos, pretendidamente didácticos, pero impregnados con un fuerte tufo de misoginia respecto a lo considerado como propio de la conducta de las mujeres y que los hombres deberían adoptar como actitud preventiva para tenerlo en cuenta. Esta divulgación escrita en pliegos sueltos impresos suele contener normas, disposiciones o sentencias que enjuician determinados comportamientos.





©Antonio Lorenzo

viernes, 11 de abril de 2025

Tradiciones populares sobre la Virgen de los Siete Dolores

 

La advocación popular acerca de los Siete Dolores de la Virgen María, tanto en su iconografía como en textos alusivos, alcanzó notable popularidad y difusión a partir del siglo XVI al ser impulsada su figura como madre a través de las órdenes mendicantes de franciscanos y dominicos desde el siglo XIII. Su difusión en pinturas, grabados, esculturas, códices, estampas, libros miniados, etc. se extendió rápidamente al humanizar su figura en escenas de carácter maternal y doloroso por la muerte de su hijo. 

Aunque por lo general resulte desconocido, los Siete Dolores se basan uno a uno en las siguientes referencias bíblicas:
  

También es importante señalar la influencia de los evangelios apócrifos, poco tenidos en cuenta, para resaltar la vida de la madre de Cristo, puesto que en los considerados canónicos u oficiales apenas aparecen testimonios sobre la vida de la Virgen. Pero es durante los siglos XIV y XV cuando un nuevo sentimiento religioso dio lugar a una iconografía sentimental, cargada de expresividad emocional, acerca del dolor y la soledad de la Virgen ante la muerte de su hijo.

Respecto a la literatura popular impresa, en el año 1848 se editaron por distintos talleres de Barcelona estas coplas ilustradas con imágenes de pasajes bíblicos en referencia a los Siete Dolores de la Virgen, así como en pliegos sueltos.




No faltan tampoco los ejercicios de piedad reverenciales impartidos por congregaciones, como la ofrecida anualmente en la ciudad de Lérida.



La alusión iconográfica a la Virgen de los Dolores también abunda en estampas religiosas, pero en esta que reproduzco adquiere un mayor interés, no solo por el pañuelo que lleva en las manos, sino también por los objetos que aparecen a sus pies como signos de la Pasión: La corona de espinas, los clavos de la cruz, el martillo, la escalera, la bolsa con treinta monedas, el guante, la lanza y los dados.


También son frecuentes los gozos dedicados a la Virgen de los Dolores, como en este del año 1855 con las licencias necesarias y acompañados con un acto de contrición, oraciones y curiosas salutaciones a las llagas de las manos derecha e izquierda, así como de los pies izquierdo y derecho, junto a la del costado santísimo.


Composiciones estróficas sobre cada uno de los Siete Dolores también aparecieron en este pliego suelto, proveniente del taller de Pablo Roca en Manresa, especialista sobre todo en estampas religiosas desde aproximadamente 1824 hasta mediados del siglo XX por sus herederos, con referencia en su cabecera a las "innumerables indulgencias concedidas por diferentes Sumos Pontífices", sin especificar ninguno.





La concesión de indulgencias a todo aquel que contribuya con limosnas se refleja también esta hoja suelta con oraciones al levantarse en la mañana y en el mediodía dedicadas a la Virgen de los Dolores venerada en un hospital cordobés.


Las imágenes de la Virgen de los Dolores suelen estar acompañadas de elementos simbólicos que merecerían de una mayor atención.


Las representaciones teatrales sobre los Siete Dolores de la Virgen también se conocían finales del siglo XIX, como sucede con el drama religioso de José Julián Cavero, original de 1869, cuya puesta en escena se produjo años después en diversas ciudades.
  

Dicho drama religioso se representó en el Teatro Muevo Minas de Riotinto (Huelva) en el año 1911 por la Gran Compañía Cómico Dramática de José Vico, donde el apellido del autor del drama, Julián Cavero, aparece con "b" por error en el cartel.


©Antonio Lorenzo

lunes, 24 de marzo de 2025

La confesión de una niña arrepentida a los pies del confesor

 

Antes de dar paso a los pliegos reproducidos donde una niña se confiesa a los pies del confesor, creo de interés el recordar algunos datos sobre los requisitos que debían cumplir los confesores para ejercer su oficio como mediadores para la absolución de los pecados. Me baso para ello en algunos de los aspectos estudiados en el sugerente libro de Gérard Dufour: Clero y sexto mandamiento en la España del siglo XVIII (Valladolid, Ámbito ediciones, 1996), donde nos ofrece un extenso y rico recorrido sobre las condiciones a cumplir por todo confesor para ejercer su labor y obtener la consabida licencia del obispo o de la jerarquía superior.

La antigua desconfianza de la jerarquía eclesiástica respecto a la relación de los confesores con las monjas y con las mujeres en general, les obligaba a cumplir y aceptar escrupulosamente toda una serie de requisitos para poder ejercer su labor mediadora y evitar el que cayesen en tentaciones. Del recelo de la jerarquía eclesiástica sobre el dudoso comportamiento de los confesores respecto a sus penitentes femeninos, queda constancia en muchas de las causas conservadas por el Santo Oficio de la Inquisición que pretendía dar cuenta y poner fin a los tantos abusos que conocían. Ello también quedaba recogido y censurado por decreto en algunos textos de los pliegos sueltos, canciones y coplas que recogían motivos relacionados con la práctica confesional, como es el caso de la dictada censura expurgatoria de unos extendidos papeles en el año 1817.



A medida que fueron transcurriendo los años los manuales de confesores fueron poco a poco dejando de tener importancia. En ellos se detallaban o sugerían las penitencias a aplicar según los pecados confesados con especial dedicación al referido sexto mandamiento. En el Catecismo práctico y útil para la instrucción y enseñanza fácil de los fieles y para el uso y alivio de los señores párrocos y sacerdotes del padre Pedro Calatayud, se anotaban las penitencias a seguir.
"Por provocar el aborto después de cuarenta días de preñado, tres años de penitencia.
Por un pecado de simple fornicación, siete años de peni­tencia. La casada que cometió un adulterio, diez años de penitencia, y si su marido fuese consentiente, peni­tencia toda la vida. El soltero que cayó con casada, siete años de penitencia. La viuda o doncella que cayó con casado, diez años de penitencia. Por el pecado de bestialidad, sodomía o pecar con parientas, más de siete años de penitencia...".
En este mismo Catecismo práctico, se detallaban las penas que se debían imponer a los confesores por la seducción y caída en la tentación de la carne, a la que, por cierto, se echaba más culpa a las mujeres que a los propios confesores.
"El sacerdote que cayó en pecado de fornicación, diez años de penitencia, desta suerte: tres meses encerrado, vestido de saco, comiendo pan y agua de veinticuatro en veinticuatro horas, excepto los días de fiesta en que podrá comer pescado y beber vino. Después, por dos años y medio, ayunar a pan y agua, excepto los días de Fiesta y hasta los siete años, tres días a la semana, pan y agua; salvo el tiempo de Pascua, y hasta cumplir los diez años, pan y agua los viernes. Si cayó con hija de confesión o que bautizó, o de quien fue padrino, doce años de penitencia. ¡Mirad ahora qué penitencia debéis hacer las que habéis pecado con un sacerdote! A lo menos diez años por el horrendo sacrilegio".
Si la joven era pobre o de baja condición social, de cara a conseguir sus lascivos fines el sacerdote la proponía el matrimonio para seducirla cuanto antes. La distinción entre la gente rica o pobre, al igual que las diferencias de instrucción, eran también un argumento que tenía en cuenta la jerarquía de cara a dictar una penitencia más o menos dura a cumplir por el confesor interesado en entablar relaciones.
 
El año de 1828 se publicó en Roma El Santo Tribunal de la penitencia: instrucciones y doctrina para administrar dignamente este sacramento, por los sacerdotes de la Pía Unión de San Pablo Apóstol, siendo traducida al castellano por Juan Díaz de Baeza y publicada por la imprenta de D. J. Palacios en 1832.

Desde tiempo antiguo ya se aconsejaba a los confesores hablar con cautela y con la prudencia necesaria, sobre todo en lo concerniente al sexto mandamiento, y no utilizar abundantes palabras sobre ello ni detenerse mucho en la explicación sobre el modo y formas en cómo se cometieron los pecados.
 
El sacramento de la penitencia, en definitiva, fue aprovechado por la jerarquía como un control social donde los confesores acusados de proponer o entablar relaciones con todo tipo de mujeres fueron etiquetados como los solicitantes.

Los pliegos

En este primer pliego el confesor incita a la niña a que detalle con precisión su enamoramiento hacia un oficialito seductor y todo lo que sucedió después, por lo que acabó abandonando el convento donde se hallaba. El interés del confesor sobre los detalles de la relación es manifiesto identificándose sesgadamente con la actuación del militar.

Finaliza el pliego con la canción La monja arrepentida, al enamorarse visualmente de un bello joven desde el coro, lo que le produjo ardientes ensoñaciones al tiempo de lamentarse por haber aceptado ser novicia de Santa Clara. Todo ello con tono satírico.

Este pliego fue editado en Madrid por Marés en el año 1848.





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En este segundo pliego se nos presenta a una niña tutelada por un viejo setentón que la cree modelo de buena educación, hasta que la sorprende coqueteando de una forma planificada con numerosos galanes. Descubiertos por el tutor los devaneos de la niña, le reprocha su conducta como impropia de toda mujer. Ella dice admitir sus consejos arrepintiéndose de sus flirteos y las estratagemas urdidas con los galanes. Reconoce y da la razón a su tutor, pero a la postre, y como resumen final antifeminista, toda mujer es complaciente y buena amiga... pero de mala intención.

El pliego acaba con la canción que se cantaba en el drama titulado La segunda dama duende, entresacada de la comedia en tres actos de Ventura de la Vega, publicada originalmente en 1842, que a su vez reivindica y retoma el título de La dama duende, una de las obras teatrales más conocidas de Calderón de la Barca, como exponente del subgénero de la comedia de capa y espada. En ambas se desarrollan juegos de amores, guiños cómicos y enredos amorosos dentro de un ambiente urbano y que Ventura de la Vega actualizó en su comedia como reconocimiento y tributo al teatro áureo. 





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En este último pliego el confesor quiere conocer, mediante sus interesadas preguntas, todos los detalles y pormenores sobre aquello que confiesa la niña. El pliego acaba con la pregunta del confesor a la penitente sobre cuándo volverá de nuevo a confesarse con él, a lo que la niña responde: "este cuándo no lo sé".





©Antonio Lorenzo