jueves, 28 de febrero de 2019

Virtudes del cagar y defensa del pedo [I]

Xilografía del pliego editado en Barcelona por Juan Llorens en 1857
Al hablar de escatología podemos referirnos al ámbito de lo que está más allá de la muerte, a la vida de ultratumba o, como es nuestro caso, a lo excrementicio y a lo considerado sucio en general. El interés por lo escatológico, en este último sentido, se encuentra presente y no podía faltar en los pliegos de cordel. Es más, la abundancia de reimpresiones sobre estos temas demuestra su popularidad y buena acogida por parte de sus consumidores. Si bien la historia de la literatura escatológica no se caracteriza por su abundancia, sí lo es por su persistencia en el tiempo. Ya desde Aristófanes (423 a.d.C), en su comedia Las nubes, insiste en los temas escatológicos o anales para arremeter irónicamente contra Sócrates (primera referencia histórica sobre su figura), al que atribuye cómicamente una grotesca explicación sobre cómo hacen sus ventosidades los mosquitos, si por la boca o por el ano, o si el trueno no es otra cosa sino el pedo de las nubes. También de Esopo (siglo III), se conocen textos donde convive la comicidad con lo obsceno. Asímismo, los carnavales han sido, desde siempre, una escenario de subversión del orden social establecido y propicio al humor de corte escatológico que ha llegado hasta nuestros días.

Desde un punto de vista más académico y teórico no podemos obviar la obra de John Gregory Bourke (1843-1906): Escatología y civilización, original del año 1891, donde trata a los excrementos como un particular objeto de estudio y fuente de valiosa información, describiendo y estudiando una extensa selección de ritos y costumbres escatológicos y documentando el uso de los excrementos y secreciones en la medicina antigua como remedios para atajar distintos males o enfermedades.

Desde un punto de vista psicológico, Sigmund Freud, en 1905, elaboró su teoría sobre la fase "anal", en el sentido de que las pulsiones no satisfechas derivan total o parcialmente hacia fines distintos de los sexuales. En dicha "etapa anal" (entre los dos y los cuatro años), el niño utiliza los excrementos propios para marcar el territorio a semejanza de los animales. Parece claro que el pudor ha sido uno de los diques pulsionales que ha ido sufriendo variaciones a lo largo de la historia.

El interés por la temática excrementicia ya se aprecia en algunas de las composiciones recogidas en el célebre Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (Valencia, Juan Viñao, 1519), así como en la poesía satírica de escritores, como el español afincado en Perú Juan del Valle y Caviedes (1645-1698) en su Defensa que hace un ventoso al pedo, poema incluido en algunas de sus obras; el Tratado del pedo, del dominico valenciano Padre Francesc Mulet y Querol (1624-1675), uno de los hitos de la literatura escatológica europea;  el deán de la colegiata de Alicante Manuel Martí con su intitulado La oración en defensa del pedo (Pro crepitu ventris), editado en Toledo por Nicolás Almanzano en el año 1776. Siendo un religioso dependiente de Roma, en pleno siglo XVIII, el deán utilizó la sátira para espantar a sus demonios interiores, al igual que sus predecesores.

Lo excrementicio no ha dejado de ser un motivo recurrente de comicidad, tanto en la cuentística folklórica como en los chistes y expresiones hilarantes como motivo de risa. La literatura burlesca del siglo XVII (novelas, entremeses, comedias, letrillas...) es pródiga en  incorporar textos de tipo escatológico. Recordemos a Quevedo (1580-1645), quien, por ser autor bien conocido, hace de lo escatológico uno de los temas integrantes de su creación poética, lo que ha convertido el tópico excrementicio como asociado indisolublemente a su figura.  Así ocurre en su famoso opúsculo "Gracias y desgracias del ojo del culo, dirigidas a Doña Juana Mucha, Montón de Carne, Mujer gorda por arrobas". Su interés por lo excrementicio, las purgas o las ventosidades también aparecen en el "Buscón", "Sueños", "El parnaso español" y en diseminados poemas burlescos y en las rimas que dedica a su adversario Góngora, ese "hombre en quien la limpieza fue tan poca / (no tocando a su cepa), / que nunca, que yo sepa, / se le cayó la mierda de la boca".

Atribuído a su pluma es el conocido poema al pedo:
                                Alguien me preguntó un día:
                                ¿qué es un pedo?
                                y yo le conteste muy quedo:
                                el pedo es un pedo,
                                con cuerpo de aire y corazón de viento
                                el pedo es como un alma en pena
                                que a veces sopla, que a veces truena
                                es como el agua que se desliza
                                con mucha fuerza, con mucha prisa.
                                El pedo es como la nube que va volando
                                y por donde pasa va fumigando,
                                el pedo es vida, el pedo es muerte
                                y tiene algo que nos divierte;
                                el pedo gime, el pedo llora
                                el pedo es aire, el pedo es ruido
                                y a veces sale por un descuido
                                el pedo es fuerte, es imponente
                                pues se los tira toda la gente.
                                En este mundo un pedo es vida
                                porque hasta el Papa bien se lo tira
                                hay pedos cultos e ignorantes
                                los hay adultos, también infantes,
                                hay pedos gordos, hay pedos flacos,
                                según el diámetro de los tacos
                                hay pedos tristes, los hay risueños
                                según el gusto que tiene el dueño
                                Si un día algún pedo toca tu puerta
                                no se la cierres, déjala abierta
                                deja que sople, deja que gire
                                a ver si hay alguien que lo respire.
                                También los pedos son educados
                                pues se los tiran los licenciados,
                                el pedo tiene algo monstruoso
                                pues si lo aguantas te lleva al pozo
                                este poema se ha terminado
                                con tanto pedo que me he tirado.
Recopiladores y estudiosos de las tradiciones orales en los tiempos pasados, por un mecanismo de autocensura, no recogían, o apenas apuntaban, estas manifestaciones por considerarlas impúdicas y obscenas, cuando desde siempre han despertado la atención desde los primeros años de la infancia.

Comencemos con la reproducción de un pliego, reimpreso numerosísimas veces, lo que da idea de su gran aceptación popular.

Para cerrar esta primera entrada reproduzco una serie de azulejos (rajolas en catalán) donde el motivo de las deposiciones se encuentra presente, así como una breve alusión a la conocida figura navideña de un campesino defecando (caganer), figura convertida en seña de identidad de la imaginería navideña catalana.

Tradicionalmente, el caganer se representa vestido con faja y barretina, luciendo una pipa en los labios, pero con el paso del tiempo la figura del caganer ha ido evolucionando y actualmente se asocia a personajes célebres, como políticos, actores, músicos o futbolistas. Hay que tener en cuenta que el caganer no es el único personaje típicamente catalán que defeca: también existe la tradición del tió de Nadal (tronco de Navidad), donde a partir del 8 de diciembre (día de la Inmaculada concepción), se toma un tronco al que se debe alimentar a diario y taparlo con una manta para que no pase frío hasta el día de Nochebuena, para que "defeque" regalos y dulces al ritmo de los golpes y las canciones de los más pequeños.





Azulejos escatológicos y caganers




©Antonio Lorenzo

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