martes, 31 de marzo de 2026

La aldeana o Leonor enamorada

 

La transversalidad inherente de los pliegos de cordel, abiertos entre lo oral y lo escrito, alcanzaron una gran difusión entre los lectores u oidores debido a lo heterogéneo de sus temáticas.

Los pliegos donde se recogen canciones de asunto amoroso son una parte más de la extensísima proliferación de asuntos discursivos propios de la literatura popular impresa.

Se conocen series de pliegos de temática amorosa, como el titulado El cantor de las hermosas, trovas de amor para cantar al bello sexo por unos aficionados, de los que hemos dado cuenta en numerosas entradas anteriores clasificados bajo esa etiqueta. En ellos se desarrollan todo un cúmulo de suspiros amorosos, requiebros y canciones de moda, donde se recogen también lamentos y quejas de los amantes, así como desengaños, despedidas y ausencias.

En este pliego, editado en Barcelona por la muy activa imprenta de Juan Llorens en el año 1863, se nos cuenta la historia de la aldeana Leonor, una amante enamorada y despechada. A lo largo del tiempo mantuvo emocionalmente su temprano amor por Ricardo, quien fuera su querido pretendiente, aunque con el paso del tiempo Ricardo la acabó sustituyendo por otra mujer mediante falsas promesas. A pesar de todo ello, la aldeana Leonor se resistió a olvidar a su temprano amor quedando dispuesta a aguardarle y retomar su relación si decidiese regresar de nuevo y deseándole, en todo caso, una feliz vida.





©Antonio Lorenzo

lunes, 23 de marzo de 2026

La Feria de Córdoba

 

Este pliego, en el que se exalta la Feria de Córdoba, fue editado primeramente por la imprenta de Santaló Canalejas y Compañía, cuya corta actividad impresora se desarrolló entre los breves años de 1835 y 1838 en la calle de la Feria, núm. 34. Pasados más de 27 años el contenido del pliego volvió a reeditarse en el mucho más conocido taller de José María Moreno en Carmona (Sevilla) en el año 1865, de los que reproduzco ambos.

El origen de tan acreditada feria se remonta muchos siglos atrás en la que se yuxtaponen distintos motivos y acontecimientos. Uno de ellos proviene de las ferias ganaderas que ya estableció el rey Sancho IV de Castilla, llamado el Bravo, en 1284 como fiesta ganadera, hasta que en 1482 los Reyes Católicos fijaron una de esas citas en el mes de mayo. Aparte de todo ello, en otra versión se cuenta que, en el año 1665, unos labradores encontraron en un pozo la imagen de una virgen a la que denominaron como Virgen de la Salud al atribuirle a las aguas del pozo propiedades curativas y milagrosas. El pueblo acudía al pozo con vasos, cántaras y jarras para recoger el agua milagrosa. Tras levantar una ermita con su nombre quedó asociada desde entonces a la denominada Feria de Córdoba en la que se celebra con gran éxito la participativa y conocida fiesta popular.

La evolución de la Feria de Córdoba, desde su antiguo origen de mercado ganadero y el cambio de su ubicación a lo largo de los años a cómo se la conoce actualmente precisa de todo un recorrido que ya fue tratado por Teodomiro Ramírez de Arellano a lo largo de sus tres volúmenes de Paseos por Córdoba publicados entre los años 1873 y 1877.

El emplazamiento de la feria fue cambiando de lugares, siendo el más conocido a partir de 1820 el de los Jardines de la Victoria como punto de encuentro social y de numerosos puestos mercantiles. El recinto ferial con casetas montadas por cofradías, peñas, asociaciones diversas e instituciones públicas fue ganando prestigio y popularidad hasta que en 1994 se decidió trasladarla al Recinto Ferial del Arenal, diseñado para albergar grandes eventos y para facilitar un mayor espacio de emplazamiento y para acoger la presencia de tantos y tantos visitantes.

La Feria de Córdoba, por su estrecha vinculación con Nuestra Señora de la Salud, es una de las más antiguas de Andalucía, e incluso anterior a la más renombrada de Sevilla.

Aunque no se especifica la autoría del texto, las iniciales finales del segundo pliego reproducido L. M. R. pueden referirse, como parte de su obra dispersa, a Luis María Ramírez de las Casas-Deza (1802-1874), historiador cordobés y licenciado también en medicina, algo que apenas ejerció, siendo un relevante historiador de su tierra cordobesa durante el siglo XIX. Su relación con la imprenta editora del pliego parece notoria, ya que también le editaron algunas de sus obras de contenido histórico, por lo que la autoría de los versos del pliego, junto a las iniciales finales que lo acompañan al final, sugieren que puedan pertenecerle.

Los versos del pliego exaltan la presencia de labradores y de gente ciudadana para gozar de diversión y recorrer los puestos del mercado establecido y donde se podía gozar de las comidas, dulces y licores. También se alude al ganado y a todo un surtido de personajes y estereotipos que participan e intervienen en la feria.





⭐⭐⭐⭐⭐





©Antonio Lorenzo

domingo, 8 de marzo de 2026

Los perros del monte de San Bernardo

 

En este curioso pliego, editado en Reus en 1853, se nos narra cómo los famosos perros de San Bernardo lograron rescatar a unas personas que se encontraban desaparecidas al estar envueltas en una serie de episodios que los llevaron a ello. En el pliego se nos cuenta que una doncella se casó con un joven sin contar con la aprobación de su padre y que, al ser pobres, tomaron la decisión de huir de su patria. El airado padre quiso ir a buscarlos con el beneplácito del rey y con la colaboración de soldados seguidores. Pero estos últimos, al cabo del tiempo, lograron localizarlos en una estrecha cabaña que se encontraba rodeada de nieve y donde les comunicaron que eran el objeto de su búsqueda. La pareja decidió escapar en medio de una gran nevada llevando la mujer entre sus brazos a su pequeño hijo de tres años, mientras que su esposo buscaba alguna cueva o peñasco para poder resguardarse. En su recorrido se encontró con un hombre al que pidió ayuda, pero resulta que, casualmente, se trataba del padre de la joven que se opuso a su enlace. El joven consiguió huir mientras que un alud enorme sepultó al padre y a los soldados buscadores. Tras ello, siendo rescatado por un perro y ayudado por los monjes que oyeron sus quejas y salieron a su encuentro consiguió llegar al cercano monasterio. Una vez acogido por los monjes les indicó que su mujer y su hijo se hallaban perdidos. Los monjes, acompañados por los perros y en medio de una gran borrasca, lograron encontrarlos a los pies de un precipicio y donde decidieron colocar al pequeño envuelto en una manta sobre el perro, quien logró alcanzar el convento saltando de peña en peña. Una vez salvados la madre y el pequeño con la ayuda de los monjes, se produjo el reencuentro con el padre y decidieron regresar a su patria.

La narración de estos sucesos guarda una indudable y estrecha relación con la conocida atribución a los perros de San Bernardo como la raza salvadora de quienes se encontrasen atrapados en las montañas nevadas. El famoso Hospicio de San Bernardo, situado en el actual territorio suizo y en pleno corazón de los Alpes, fue fundado por Bernardo de Menthon, con el fin de acoger y dar cobijo, si fuese necesario, a los viajeros peregrinos que cruzaran el significativo paso de montaña y cruce de fronteras, conocido como el Paso de San Bernardo.

Desde el siglo XVII y en dicho hospicio ya se criaban perros para ayudar a aquellos viajeros que quedaran atrapados por tormentas de nieve. Estos perros, como raza canina suiza, son animales grandes, ágiles y resistentes, de una gran nobleza y con un olfato extraordinario, lo que les facilitaba la detección de personas que se encontraran sepultadas en la nieve. Esta raza alcanzó gran notoriedad con el calificativo de perros de San Bernardo y de rescate de viajeros extraviados. A raíz de los relatos orales de los soldados de Napoleón Bonaparte en su paso en 1800 por esos enrevesados caminos quedaron convertidos como arquetipos de animales rescatadores. El más conocido de todos ellos se refiere al perro conocido como Barry, y que según la leyenda consiguió rescatar nada menos que a 40 soldados salvándoles la vida.

En el cementerio de perros de Asnières, cercano a París, se conserva un monumento dedicado a Barry como ejemplo de esta raza de perros y protagonista de difundidas hazañas rescatadoras asociadas a leyendas e incluso dando lugar a la creación desde el año 2005 de la Fundación Barry.


La imaginación popular se asocia con la imagen del perro de San Bernardo que lleva colgado en su cuello un pequeño barril lleno de licor a modo de medicina rehabilitadora del flujo sanguíneo con la pretensión de que fuera usado por los viajeros rescatados.

A partir de los primeros años del siglo XIX los perros de San Bernardo se convirtieron en todo un referente como raza salvadora según queda recogido en antiguas publicaciones anteriores a la edición del pliego, como sucede en el Semanario pintoresco español, Tomo II, Núm. 82, 22 de octubre de 1837.


El protagonismo de la leyenda también aparece en dramas teatrales, como en el adaptado y arreglado para el teatro español por Ventura de la Vega de la obra francesa de Benjamin Antier y Hyacinthe de Flers, ambientada en los Alpes Suizos en el año 1841.


Su leyenda se vio incrementada muchos años más tarde a través de la película estadounidense Beethoven, del año 1992, referida a un cachorro de San Bernardo al que le pusieron el nombre del célebre compositor alemán.

El pliego





©Antonio Lorenzo