martes, 30 de enero de 2018

Couplets de la zarzuela "Tragaldabas" + Coplas de las elecciones + Sucesos de la isla de Cuba

Xilografía coloreada impresa por Pellerin en Epinal (ca. 1840)
El pliego que reproduzco recoge los cantables más característicos de la zarzuela Tragaldabas, zarzuela en un acto y tres cuadros en prosa, original de Eduardo Villegas y música de Tomás López Torregrosa. Fue estrenada en el madrileño Teatro Eslava la noche del 23 de noviembre de 1893.


La obra se representó un año más tarde en el desaparecido Teatro Duque de Sevilla. Extraigo la crítica aparecida en El Arte Andaluz (revista semanal de espectáculos) (Sevilla, 4 de noviembre de 1894, nº 18), donde no parece que fuera del agrado del crítico, según se desprende de la crónica aparecida.


El pliego recoge los pasajes más conocidos de la obra, pero creo que resulta de bastante más interés las Coplas de las elecciones y los Sucesos de la isla de Cuba integrados en el pliego. Estos efímeros impresos populares aportan una valiosa información muy poco tenida en cuenta, como ya he señalado en otras ocasiones, tanto por historiadores como por sociólogos. 

En las Coplas de las elecciones se critica abierta y satíricamente  los desmesurados gastos de las elecciones a diputados mientras nuestros soldados morían en la guerra de Cuba. En dicha relación se critican también los tejemanejes que impidieron al marqués de Cabriñana, es decir, a Julio de Urbina, para que fuese elegido como diputado a Cortes como candidato independiente en 1898. Se alude también al pucherazo promovido por el señor de Fustigueras (Alberto Bosch y Fustigueras), que fue alcalde de Madrid y autor, por cierto, de un Manual de Astronomía popular (1880), junto a Romero Robledo como instigadores  para alterar las elecciones a diputados.

El marqués de Cabriñana, en carta dirigida al pueblo de Madrid, se expresaba del siguiente modo:
"Madrid no ha conseguido lo que se proponía, a pesar del supremo esfuerzo realizado, y los autores de las inmoralidades municipales, que dieron lugar a la inolvidable manifestación de protesta de todo un pueblo, han impedido que yo vaya a las Cortes, para que queden impunes y en el silencio sus desvergüenzas y procacidades."
Por contextualizar someramente la mención que se hace en las citadas coplas de las elecciones, solo unos apuntes. En ellas se hace una mención al embargo que sufrió el marqués de Cabriñana. Dicho embargo vino como consecuencia de un malogrado intento de sobornarle a propósito de unos terrenos de su propiedad incluidos en un proyecto de ordenación urbana. En todo este conglomerado de influencias y cargos electorales sobrevolaba como trasfondo la guerra colonial cubana, los intereses especulativos de la banca y los monopolios industriales y comerciales, así como el desarrollo urbanístico del suelo.

La revista satírica El Motín, creada en 1881 con el subtítulo de "periódico satírico semanal" dedicó al controvertido Romero Robledo unas burlonas caricaturas que no me resisto a reproducir:


El pliego recoge también unos Sucesos de la isla de Cuba, donde se ensalza la figura del general Valeriano Weyler (1838-1930) por su proximidad a las tropas que embarcaban para sofocar la insurrección de los cubanos y su decisión de acabar con la guerra. Sin embargo, la opinión generalizada en torno a su figura, lo considera como un dirigente cruel y brutal, al que acompaña la terrible fama de haber promovido una política de exterminio a través de la llamada "reconcentración" de la población campesina en las ciudades, medida de extrema violencia que ocasionó miles de muertos y pérdidas colosales en la agricultura, lo que motivó enfermedades y una pobreza generalizada en la isla.

Weyles fue retirado de Cuba el 31 de octubre de 1897 por Práxedes Mateo Sagasta tras sustituir a Antonio Cánovas del Castillo, asesinado el 8 de agosto del mismo año.





©Antonio Lorenzo

martes, 23 de enero de 2018

Las caleseras + El salinero + La fuencarralera + El sereno

José García Ramos (1852-1912) - Baile por bulerías
El andalucismo y el madrileñismo se unen en este pliego. Julio Caro Baroja, en su innovador y fundacional estudio Ensayo sobre la literatura de cordel (Madrid, edit. Revista de Occidente, 1969) sitúa la moda del andalucismo, como tema literario, pictórico y musical, entre 1830 y 1860. El ilustre investigador lo achaca, entre otras razones, a la reacción nacionalista frente a la influencia de «lo francés», como afirmación y revalorización popular, al igual que ocurrió en el siglo XVIII con el llamado «majismo». Este auge del andalucismo, al igual que su derivación en el gitanismo, se convirtió en motivo literario que fue adquiriendo prestigio hallándose presente en tonadillas y sainetes.

Tanto el andalucismo como el madrileñismo son conceptos que remiten a un localismo más o menos extenso y que encontró su más amplia vigencia durante el siglo XIX, bien sea por los escritores costumbristas o por otras manifestaciones artísticas que pretendían destacar lo propio. Este tipo de impresos populares tratan de acentuar lo propio mediante el lenguaje. El uso de un determinado lenguaje denota que nos encontramos con sistemas culturales diferentes, pues no deja de ser un particular e importante generador de identidad cultural. 

Buena parte de las canciones de moda andaluzas alcanzaron gran éxito en los ambientes musicales de Madrid. Los pliegos distribuidos por los ciegos no fueron ajenos a esa confraternización del andalucismo y madrileñismo, como puede observarse en el pliego reproducido. 

El pliego se detiene en cuatro canciones sobre oficios populares: el primero de ellos, titulado Las caleseras, al igual que otros estilos camperos andaluces, era un tipo de canción que solía interpretarse por los conductores de las calesas para entretener a los viajeros en su trayecto al compás del trote de las caballerías, o bien en las paradas obligadas en las ventas, siendo en general la estructura de su copla variantes de la tan conocida seguidilla. 

La Calesera es conocida también por ser el título de una conocida zarzuela en tres actos de los libretistas Emilio González del Castillo y Luis Martínez Román, con música de Francisco Alonso. Fue estrenada con gran éxito en el madrileño Teatro de la Zarzuela el 12 de diciembre de 1925. 

El pliego continúa con la canción de El salinero andaluz. El trabajo del salinero fue siempre muy duro, pues había que aguantar el calor y la luz del sol que se reflejaba en la superficie del agua y la sal que llegaba a ser cegadora, aparte de la sequedad que la sal producía en la piel. La dureza del oficio se refleja en el texto de la canción del salinero andaluz y, como es frecuente, utilizando una peculiar jerga o modalidad léxica que pretende acentuar de forma desorbitada el habla andaluza. 

Aparece a continuación la canción de La fuencarralera. La canción alude a las vendedoras ambulantes de hortalizas que se desplazaban desde el pueblo cercano de Fuencarral a Madrid. Estas mujeres se desplazaban a la capital, ya fuera en burro o caminando, pregonando sus mercancías. Personajes populares desaparecidos que han dejado su huella en la literatura costumbrista.

"Gritos de Madrid". Grabado de Miguel Gamborino (1760-1828)
 conservado en Gallica (Biblioteca Nacional Francesa)

La canción dedicada a El sereno, alude a quienes fueron guardianes nocturnos de las calles de Madrid y de otras ciudades. Las primeras noticias sobre ellos datan en el año 1715, pero no es hasta el año 1765 cuando se crea el Cuerpo de Serenos. Aparte de sus funciones de vigilancia, tenían encomendado el activar y vigilar el entonces alumbrado público de los faroles de petróleo, acompañar y abrir los portales de las viviendas de los vecinos o avisar a la policía o a los servicios sanitarios de cualquier incidente que requiriera su presencia.

Pero si algo perdura en la memoria de quienes los han llegado a conocer lo es por sus pregones a voz alzada de las medias y los cuartos de cada hora, además de informar de las condiciones meteorológicas de la noche, como por ejemplo: «Las cuatro y media y sereeenooo». 

También era peculiar su atuendo, que fue cambiando con los años. Pero se les recuerda con un capote gris, gorra de plato y el llamado «chuzo» o palo acabado en punta de hierro, un enorme manojo de llaves y un silbato de bronce. A este respecto, y por el tan frecuente uso que hacían del silbato, la policía no lo tomaba en serio y de ahí el refrán: “tomar por el pito de un sereno”.




Como curiosidad, reproduzco la portada del Reglamento de los serenos de 1840, donde ya se unifican y delimitan sus ocupaciones. Con posterioridad se plantea la distinción entre el Servicio de Serenos de Comercio y Vecindario de Madrid en 1907, donde se distinguen entre serenos de la villa, adjuntos a la Policía Municipal, y serenos de comercio, a modo de auxiliares de los primeros.




Con la llegada de los porteros automáticos este viejo oficio, cuyos integrantes solían proceder de Galicia o Asturias, acabó disolviéndose hacia los años 70 del pasado siglo.





©Antonio Lorenzo

lunes, 15 de enero de 2018

Listado de todos a los que se ha de llevar el diablo antes de final de año

Xilografía ilustrativa de la imprenta barcelonesa
de Benito Espona (1845)
Curiosa relación y listado de aquellos a los que se llevará el diablo si no ejercen bien y correctamente su cometido. Se trata de un repaso exhaustivo donde intervienen tanto valores morales como determinadas prácticas que se han de desterrar.

El pliego ha sido reeditado en distintas ocasiones y por diversos impresores. El reproducido en primer lugar salió del célebre taller madrileño de José María Marés en el año 1850. Conocemos otras impresiones, como la también reproducida del taller barcelonés de Estivill, de 1845.

























©Antonio Lorenzo

sábado, 13 de enero de 2018

Proclamación(1833) y caída (1868) de Isabel II

Caricatura de Isabel II saliendo para el exilio
Isabel II fue reina de España entre 1833 y 1868. Los dos impresos que reproduzco se remontan respectivamente a esas dos fechas claves en su reinado. El primero de ellos es una estampa, coloreada a mano, donde se exalta en décimas su proclamación como reina. La estampa está editada en Barcelona por la conocida imprenta de Estivill en el año 1833.

El segundo ejemplo es un ventall o abanico donde se recoge la caída en desgracia de Isabel, al que acompaña en el lateral un hermoso grabado con el motivo del árbol de la libertad.




©Antonio Lorenzo

domingo, 7 de enero de 2018

Seguidillas a la mejor pastora + Calamidades de Francia, por el Gran Piscator de Salamanca

Diego de Torres Villarroel (1694-1770) "El Gran Piscator de Salamanca"
La vida del autor al que se refieren los pliegos es realmente controvertida y polémica. El autotitulado "Gran Piscator de Salamanca" no es otro que Diego de Torres Villarroel, un auténtico fenómeno cultural por sus diversas y polémicas facetas vitales y literarias. De obra dilatada y mal comprendida se le considera generalmente como un personaje extravagante, mucho más conocido por sus almanaques y profecías que por su obra propiamente literaria y autobiográfica.

Señalo someramente algunas pinceladas sobre su trayectoria vital y fecunda vida para contextualizar los dos impresos.

Nacido en Salamanca en 1694, comenzó a asistir a la escuela a temprana edad, donde pronto aprendió a leer y a escribir, siendo un niño de temperamento rebelde y aficionado a las picardías, según se desprende de su propia obra autobiográfica.

Hacia 1715 se ordenó de subdiácono (tardando treinta años en solicitar el presbiteriado). El estado sacerdotal no parece que le atrajese demasiado, pues fue acusado de escribir coplas satíricas y hasta fue encarcelado.

En septiembre de 1718 publicó en Salamanca su primer almanaque con el título Ramillete de los astros, donde ofrecía datos astronómicos, profecías y predicciones para el año entrante.

A partir se 1723, y tras el éxito de su primer almanaque, adoptó el seudónimo de Gran Piscator de Salamanca, donde vaticinaba, en los siempre esperados almanaques, hechos históricos: como la muerte de Luis I, hijo de Felipe V, el motín de Esquilache o la Revolución francesa, lo que le granjeó gran reputación de adivino y la general creencia de que era poseedor de facultades mágicas.

Fue tal el éxito de sus predicciones que fue criticado, entre otros, por el erudito benedictino Benito Feijoo y por el Padre Isla, al considerar los pronósticos como meras supersticiones que agradaban al vulgo, críticas que no le desagradaban y que incluso rebatía satíricamente.

Tras su traslado a Madrid, en 1723, se instaló en casa de la condesa de Los Arcos, donde estuvo indagando unos extraños ruidos que se oían en el palacio y eran achacados a los duendes. La condesa lo introdujo en distinguidas tertulias y durante su estancia en la capital fue publicando diversos folletos con sugerentes títulos: Viaje fantástico (1724), Correo del otro mundo (1725), El gallo español (1725), Cátedra de morir (1726), El ermitaño y Torres (1726), Libro de curiosidades y aventuras (1726), Reglas para torear y arte de todas suertes (1726), etc.

En octubre de 1726 regresó a Salamanca para opositar a la cátedra de Matemáticas y tras una serie de incidentes, que alargaría en demasía estas breves notas, tuvo que huir a Francia y también estuvo desterrado en Portugal en 1732, donde permaneció hasta noviembre de 1734 tras conseguir su declaración de inocencia

Consciente de las críticas que se vertían sobre su obra, él mismo recoge en sus Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por la Corte (1727) lo que opinaban otros sobre él:
"A mí me han llamado ladrón (que viví hurtando en una tropa de gitanos, y que si no me hubiera escondido en Portugal me hubieran ahorcado en la plaza de Salamanca como a Joaquinillo, el más famoso ratero, en la de Madrid); desvergonzado, indigno en las costumbres, tizón del infierno, blasfemo, lujurioso, pícaro, villano, bailarín alquilado, alcoranista, calvinista, luterano, hereje, sopón, sayón y otras innumerables injurias que se han eternizado en el bronce de la prensa".
El propio Torres advirtió con ironía y ciertas dosis de provocación al lector sobre las falacias de sus propias predicciones en el prólogo de su almanaque de 1736: Los pobres del hospicio de Madrid, lo que no coartaba la credulidad de sus múltiples seguidores.
"...Dieciséis años ha que te estoy predicando desde mis prólogos que no creas en las adivinanzas y acertijos de la astrología y eres tan obstinado que no sólo has creído a mis despropósitos, sino que has dado adoración a todos los zangarrones y patas de cabra que salen jurándoles de oráculos con su gorra, bigotes, anteojos y compases (...) Ni hay tal arte en el mundo, ni se enseñan semejantes locuras, porque todos los aforismos astrológicos son sueños, delirios y embustes (...) Ríete de mí y de los demás compositores de almanaques, porque el más sabio es un embaidor que sólo estudia en hurtarte el tiempo y el real de plata. Yo, por la misericordia de Dios, nada te debo, porque siempre te he vendido mis mentiras con desengaño".
En el verano de 1737, en su viaje de peregrinación a Santiago de Compostela, las gentes le consultaban sobre sus problemas y su fama fue aumentando a causa de sus predicciones.

Entre los años 1738 y 1743 decidió recoger en una colección de varios tomos sus obras sueltas, refundidas de nuevo, corregidas y aumentadas.

Por si todo esto fuera poco, el multifacético personaje también escribió obras dramáticas y zarzuelas para ser representadas como entretenimiento en el ámbito doméstico de casas nobles, como La armonía en lo insensible y Eneas en Italia, o Juicio de Paris y robo de Elena, conteniendo números musicales e integradas en su volumen  misceláneo Juguetes de Thalía donde reúne piezas de teatro breve en forma de comedias jocosas, poemas satíricos y sainetes. Haciendo gala de una escasa consideración sobre sus escritos de juventud ¿falsa modestia? escribió en el prólogo:
"Los más de los juguetes cómicos que contiene este libro, los escribí cuando era un mancebo ignorante, bullicioso y apasionado a las huelgas, las distracciones y entretenimientos inseparables de la primera edad. Cuanto hay en él, lo escribí mandado; y por acreditarme de dócil y obediente, no se me dio nada parecer majadero".

En febrero de 1745 fue ordenado presbítero, al tiempo que atravesó un quebranto de su salud, pidiendo su jubilación en el 1750.

Los últimos años de su vida los pasó organizando sus escritos en el salmantino Palacio de Monterrey, como administrador del duque de Alba. Su fallecimiento se produjo el 19 de junio de 1770.

Su controvertida figura se ha asociado, si bien de forma un tanto distorsionada, con la imagen de hombre extravagante debido a lo heterogéneo de su dilatada producción literaria y a sus obras de carácter autobiográfico.

Se ha señalado que una de sus famosas predicciones fue la de vaticinar en 1756 la Revolución francesa de 1789, según se recoge en la reimpresión del pliego que reproduzco al final, aunque recientes estudios sospechan de que dichos versos son apócrifos y escritos posteriormente por un desconocido autor, quien, bajo las siglas P. F., glosó una supuesta décima original atribuida a Torres, pero que no se ha podido acreditar.

[P.F. Calamidades de Francia, pronosticadas por el Dr. D. Diego de Torres: Glosa de una décima, en que este autor vaticina las actuales turbulencias que afligen á aquel infeliz Reyno, con la especificacion del año en que tomáron pie. Cadiz: Don Manuél Ximenez Carreño (1790?)]

                                            Cuando los mil contarás
                                            con los trescientos doblados
                                            y cincuenta duplicados,
                                            entonces tú lo verás,
                                            mísera Francia, te espera
                                            tu calamidad postrera
                                            con tu rey y tu delfín,
                                            y tendrá entonces su fin
                                            tu mayor gloria primera.


Al analizar los distintos versos se ha querido interpretar la asociación del año 1790 (deducidos de los versos) con el fin de la monarquía francesa que comenzó con la Revolución del año anterior:

                                       1000 + (300*2) + (50*2) + (9*10) = 1790











Reproduzco dos pliegos de diferente factura: el primero de ellos, reimpreso por la conocida imprenta barcelonesa de los Herederos de Juan Jolis, sobre temática religiosa navideña y acabada con las iniciales O.S.C.S.R.E. (que corresponden a la frase latina de acatamiento a la autoridad de la iglesia: «Omnia Submitto. Correctione Santae Romanae Ecclesiae»); y el segundo, otra reimpresión sobre la famosa y apócrifa glosa de la décima de Torres Villarroel pronosticando la Revolución francesa. Este pliego se hallaba en venta en la casa del librero Joaquín Gasset, frente al Colegio de San Carlos (o de los Ochenta, por el número de alumnos becados o elegidos de forma arbitraria por los obispos) en Cervera (provincia de Lérida). Hay que recordar que las constituciones de dicho colegio datan de noviembre de 1772.










©Antonio Lorenzo

martes, 2 de enero de 2018

La fortuna y el amor por medio de la baraja + La buenaventura según el mes de nacimiento

José Benlliure Gil (1858-1937) - La buenaventura a la novia
Todo comienzo de año resulta propicio para preguntarnos sobre lo que nos deparará el futuro. Los pronósticos sobre la suerte que correrán las personas o los vaticinios de los fenómenos meteorológicos según determinados calendarios o almanaques son lugares comunes en estas fechas.

Ya en el siglo XVIII, las críticas formuladas por el erudito benedictino Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) en su Teatro crítico universal (Tomo I, discurso VIII) consideraba estas prácticas y predicciones como falaces.
"La correspondencia de los sucesos a algunas predicciones, que se alega a favor de los Astrólogos, está tan lejos de establecer su arte, que antes, si se mira bien, la arruina. Porque entre tantos millares de predicciones determinadas, como formaron los Astrólogos de mil y ochocientos años a esta parte, apenas se cuentan veinte, o treinta que saliesen verdaderas: lo que muestra que fue casual, y no fundado en reglas el acierto. Es seguro, que si algunos hombres vendados los ojos un año entero, estuviesen sin cesar disparando flechas al viento, matarían algunos pájaros. ¿Quién hay (decía Tulio) que flechando aun sin arte alguna todo el día, no dé tal vez en el blanco? »Quis est qui totum diem jaculans, non aliquando collimet?» Pues esto es lo que sucede a los Astrólogos. Echan pronósticos a montones sin tino; y por casualidad uno, u otro entre millares logra el acierto".
En este mismo blog desarrollé, hace ahora dos años, una más extensa entrada sobre los almanaques, lunarios y pronósticos en general, que puede consultarse a través del siguiente enlace:


Reproduzco dos pliegos: el primero sobre el arte de echar las cartas, útil para las niñas enamoradas y casaderas, y el segundo sobre la explicación del signo según el mes de nacimiento.









©Antonio Lorenzo