domingo, 15 de marzo de 2020

Santa Rosalía, abogada contra la peste


Nunca es tarde para invocar protección ante una epidemia, ya sea a través de los santos o en la confianza, si es que la tenemos, en los dirigentes y representantes políticos. A lo largo de los siglos esta segunda posibilidad no se ha contemplado y la gran mayoría de la población y de los posibles afectados han depositado su fe y confianza en lo que la influyente iglesia ha ido paulatinamente construyendo y perfilando a lo largo el tiempo.

Santos abogados contra la peste hay muchos, entre otros: san Hipólito, san Sebastián, san Andrés o san Nicolás de Tolentino, aunque el más conocido sea san Roque, al que dediqué una entrada hace tiempo y que puede consultarse a través del siguiente enlace, al igual que a san Caralampio, otro de los abogados protectores, aunque menos representativo.


La leyenda

El culto a santa Rosalía fue promovido en todo mundo por los Benedictinos porque al invocarla se obtenía protección contra enfermedades infecciosas como la peste o se recibía auxilio en momentos difíciles.

Según la tradición, fue una mujer que vivió en soledad, pobreza y penitencia; asimismo se le atribuyen numerosos milagros, especialmente la extinción de la peste cuando asoló la isla de Sicilia.

Rosalía fue educada en la corte, y por su belleza y bondad se convirtió en dama de honor de la reina Margarita de Navarra, esposa del rey Guillermo II. Pero siendo joven dejó su hogar y el palacio real para dedicar su vida a la oración y las mortificaciones, ocultándose en el monasterio basiliano de Santo Salvador en Palermo.

Como sus padres y un hombre al que la habían prometido querían disuadirla, huyó a una cueva cerca de Bivona (Sicilia) y más tarde a otra ubicada en el Monte Peregrino, cerca de Palermo, en el cual murió y fue enterrada.

Sus restos fueron descubiertos y llevados a la Catedral de Palermo en 1624. Se probó la ¿autenticidad? de sus reliquias un año después y por ello el Papa Urbano VIII incluyó su nombre en la lista del Martirologio Romano para el 4 de septiembre.

Culto

Según los datos de Louis Réau: Iconografía de los santos (original francés de 1957), ed. del Serbal, Barcelona, 1997, Tomo III, pág. 155:
Olvidada en la Edad Media, santa Rosalía consiguió la popularidad en los tiempos de la Contrarreforma, es un ejemplo típico de «culto con retardo».
Sus huesos, que fueron encontrados por un cazador en 1624, se trasladaron a la catedral de Palermo donde se los depositó en un sarcófago de plata. Dichas reliquias habrían puesto rápido fin a una epidemia de peste que devastaba a la población palermitana.
Los jesuitas introdujeron en Roma, en 1627, el culto de la «Vergine Palermitana», rival de santa Águeda de Catania, a quien un hagiógrafo siciliano comparó con Judith, que se impuso a Holofernes, es decir, a la «peste». Luego, la orden de los jesuitas difundió el culto en Francia, después de haber transportado a París, a la iglesia de Saint Louis, una de sus reliquias. La Compañía de Jesús también implantó el culto en los Países Bajos católicos.
Patrona de Palermo, Nápoles y Niza, santa Rosa de Palermo era invocada sobre todo contra la «peste» y los «seísmos».
Literatura popular impresa

Reproduzco, en primer lugar, un pliego editado en Madrid por José María Marés en 1868 que contiene dos partes.









Incluyo también la primera parte de otro pliego dedicado a la azarosa vida de santa Rosalía conservado en el Fondo Hazañas de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Sevilla. Como curiosidad, la ilustración de su portada se encuentra coloreada y nos ofrece la imagen de una Rosalía portando un ramo de flores, con un hábito en verde y un manto rojo. 

Como figura en el colofón, el pliego está editado en Sevilla el año 1816, cincuenta y dos años antes del editado por Marés en Madrid y reproducido anteriormente.



Añado unos gozos a santa Rosalía venerada en el municipio de Cheste (Valencia).


Iconografía

La iconografía suele representar a la santa llevando una corona de rosas blancas en la cabeza y en conmemoración de su penitencia un crucifijo. También se la suele representar junto a una calavera, símbolo del ascetismo y posteriormente también como símbolo de la peste.

Añado unos grabados antiguos y lo completo con uno de los varios cuadros dedicados a santa Rosalía pintados por Anthony van Dyck. El pintor flamenco Van Dyck (1599-1641) se encontraba en Palermo invitado por el virrey de Sicilia Manuel Filiberto de Saboya (1588-1624), nieto de Felipe II, sobrino de Felipe III y primo hermano del monarca reinante, Felipe IV. La estancia del pintor duró más de lo esperado, pues en agosto de 1624, y una vez finalizados los encargos que había venido a realizar, se declaró una terrible peste que diezmó a la población y acabó, entre otros, con la vida del propio virrey. La isla fue declarada en cuarentena.

Cuenta la leyenda que, durante la epidemia, la mismísima Rosalía se le apareció a un hombre al que dio instrucciones para buscar la cueva donde habitó en el siglo XII en el monte Pellegrino y encontrara sus restos. Encontrados sus huesos por el elegido se llevaron en procesión por la ciudad. Poco tiempo después remitió la plaga y santa Rosalía fue proclamada patrona de la ciudad.




 Anthony van Dyck - Saint Rosalie
©Antonio Lorenzo

1 comentario:

  1. Gracias por darnos a conocer esta historia de Santa Rosalia y feliz día para las que tenga este nombre tan especial y milagroso.

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