viernes, 26 de marzo de 2021

viernes, 19 de marzo de 2021

Misterio de los desposorios y celos de San José

 

El día de San José tiene lugar el 19 de marzo de cada año. Esta celebración remonta a una tradición que se introdujo en Occidente desde la Edad Media.

San José, hijo de Jacob, según Mateo (1:16), y descendiente de la estirpe del rey David, fue un artesano, conocido más popularmente como carpintero. Nació en Belén y habitó gran parte de su vida en la ciudad de Nazareth.

Según las Sagradas Escrituras, San José tomó por esposa a María, a la que acompañaría en el nacimiento terrenal de Jesús: el hijo redentor.

A José, esposo de la Virgen y padre putativo de Jesús, apenas se le menciona en los Evangelios canónicos (el de San Marcos ni siquiera lo nombra). En cambio, las más abundantes noticias se encuentran en los Evangelios Apócrifos, especialmente en el Protoevangelio de Santiago y en la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV.

No es este el lugar más adecuado para desarrollar o comentar lo referente a la vida de José, sino tan solo un medio para reproducir una pequeña muestra sobre este personaje en la llamada literatura popular impresa, a la que anteriormente dediqué también alguna otra entrada.


La representación gráfica del culto a José ha pasado de considerarlo a lo largo de la Edad Media, como un personaje secundario, incluso con matices cómicos, a convertirse a partir del siglo XVII en un referente inexcusable de veneración junto a María y Jesús, conocido como Trinidad jesuítica (Jesús, María y José). En 1621 el papa Gregorio XV decidió que la iglesia en su totalidad celebrara el día de San José el 19 de marzo. El papa Pío IX lo elevó en 1870 a la categoría de patrón de la iglesia universal.

La iconografía sobre San José ha ido evolucionando a lo largo del tiempo: de representarlo como un anciano de barba blanca en la Edad Media, a ser paulatinamente rejuvenecido a medida que fue ganando protagonismo devocional con los años. De representarlo con los utensilios de su oficio de carpintero: con el hacha, la garlopa, la sierra o la escuadra, su iconografía fue decantándose al otorgar un mayor peso simbólico a la vara florecida, en alusión a su victoria ante los otros pretendientes, para ser designado el esposo de María o sosteniendo en brazos al Niño Jesús.

Las campañas de sus defensores franceses junto a las órdenes dedicadas a la Virgen (carmelitas) y a los predicadores de los martirologios, lograron difuminar la leyenda de un José reducido a un mero figurante de pocas luces, a ser considerado un referente importante en la tradición católica.

No se conocen reliquias personales de San José, por lo que se asocia a que, al igual que en el caso de la Virgen, su cuerpo fue elevado al cielo. La leyenda considera que murió antes de la pasión y crucifixión de Jesús, siendo reemplazado por otro José, José de Arimatea. Los últimos datos referidos a San José remiten al momento en que Jesús tenía alrededor de doce años y ambos, José y María, le pierden en el templo de Jerusalén.

Al igual que ocurre con la virginidad de María, los teólogos de la Edad Media admiten también la virginidad de José antes y después de su matrimonio con María, a pesar de que la tradición le atribuía numerosos hijos habidos con su primera mujer.

La Josefología, como rama particular de la Teología, reconstruye y estudia la figura de San José y su papel en la historia de la salvación.

El pliego que lleva el título genérico de Desposorios y celos de San José, junto a otros títulos alternativos como Las dudas de San José o Los desposorios de María y José, también ha sido recogido por tradición oral. Esta composición obedece a la referencia numérica en del IGRH (Índice General del Romancero Hispánico) correspondiente al 0777. 


Definido como relación espiritual el pliego desarrolla su trama en diversos apartados o secuencias, algunas de ellas de incongruente comprensión debido a la clara alteración de las secuencias temporales, como cuando se dice que María sale a misa de parida sin haberse aún esposado con José.

En su conjunto se observa una curiosa mezcla de fuentes ortodoxas, como las de Mateo, a las que se unen las recogidas en los apócrifos y tal vez, de la tradición oral.

Este primer pliego, del siglo XVIII, fue impreso en Madrid y se podía encontrar en la Imprenta de la Plazuela en la calle de la Paz. No hay certeza de que fuera impreso en dicha imprenta o que actuara entonces como librería o almacén. Sea como fuere, la dirección del colofón del pliego nos remite a una de las imprentas más reconocidas del siglo XVIII y asociadas a Antonio Sancha. Antonio Sancha (1720-1790), editor, encuadernador e impresor de muy reconocido prestigio, comenzó su andadura profesional en la librería de don Antonio Sanz en Calle de la Paz (donde se encontraba el pliego), en el barrio de Santa Cruz en 1739. Tras la muerte de este último, se convirtió en su propietario, ya que se había casado en 1745 con Gertrudis Sanz, hermana del impresor Antonio Sanz. Abrió su primera librería en 1756 en la plazuela de la calle de la Paz, cerca de la anterior librería, aunque posteriormente se trasladaría a otras calles más o menos próximas. Su labor impresora se desarrolló entre 1771 y 1790. 





Aunque en la mayoría de impresiones de este pliego no figura el autor de los versos, en una muestra conservada en la Biblioteca Valenciana Digital (https://bivaldi.gva.es/) se cita en la portada la autoría de un desconocido Joseph de Arcas, vecino de la villa de Marchena, del que no he conseguido información.


Este mismo romance espiritual, pero estructurado en dos partes, fue impreso también en el conocido taller vallisoletano de Santarén









Los siete domingos de San José

Ilustración del devocionario

Del Devocionario en honor del Patriarca Señor San José (sexta edición, año 1900), entresaco las condiciones e indulgencias para desarrollar los conocidos siete domingos de San José.
   El Sumo Pontífice Gregorio XVI en 22 de enero de 1836 concedió á todos los fieles que á lo menos con corazón contrito recen devotamente las oraciones de los Gozos y Dolores arriba puestas en siete domingos continuos, las siguientes indulgencias: 300 días en cada uno de los seis primeros domingos; plenaria en el séptimo confesando y comulgando.
   El Papa Pío IX, en 01 de febrero de 1847, se dignó conceder una indulgencia plenaria para cada uno de los siete domingos de San José, si se observan las condiciones de confesión, comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y de la santa Iglesia.
   No hay época señalada para practicar la devoción de los siete domingos; pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción, y que en cada domingo se recen todos los siete Dolores y Gozos de San José; y quien no sabe leer rece siete veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Se recomienda á la piedad de los fieles que en cada domingo lean una de las meditaciones que van á continuación.
   Las indulgencias son aplicables por las almas del purgatorio.

Fondo de la imprenta barcelonesa de Estivill

©Antonio Lorenzo

viernes, 12 de marzo de 2021

Santa Filomena, la santa imaginaria que nunca existió


El nombre de Filomena lo asociarán muchos de los lectores a la pasada borrasca que sufrimos en gran parte de España en el mes de enero de 2021. Dicha borrasca ha supuesto grandes pérdidas de todo tipo unida al destrozo producido por la caída de árboles a causa del viento y al peso de la gran nevada.

Sin embargo, en esta entrada no me voy a referir a la pasada borrasca sino a santa Filomena, la controvertida virgen y mártir cuya existencia real es negada por acreditados especialistas y estudiosos, aunque reivindicada como devoción popular entre sus creyentes.

Referencia inexcusable es la proporcionada por el eminente especialista Louis Réau (Poitiers, 1861-París, 1961). Desde la publicación en francés de sus tratados (en cinco tomos) Iconografía del arte cristiano (1955-1959), traducido a numerosos idiomas (en España por ediciones del Serbal). Los dos primeros volúmenes estaban dedicados al estudio de la iconografía de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), dedicando los tres últimos a la iconografía de los santos. Réau se detiene en la historia de cada santo, su leyenda, su culto, su beatificación o canonización, sus reliquias, patronazgos, etc. por lo que su trabajo se ha convertido en un clásico de obligada referencia. 

Sobre santa Filomena escribe lo siguiente (Barcelona, Ediciones del Serbal, vol I, 1997, página 530-531):
«Santa imaginaria que como santa Salsa, nació de un despropósito iconográfico. Su leyenda se forjó a principios del siglo XIX, según una inscripción manipulada.
   En 1802 se descubrió una tumba cristiana en la catacumba de Priscila, en Roma. La inscripción de los ladrillos que cerraban el habitáculo decían Lumena Pax tecum Fi. Al reordenar las letras, se obtuvo Filomena Pax tecum, y de inmediato se concluyó que estaban ante los restos de una joven virgen y mártir llamada Filomena.
   En 1805, un sacerdote de Mugnano, cerca de Nápoles, obtuvo estas pretendidas reliquias para su iglesia. Poco después, una visionaria imaginó la vida detallada de la santa. El emperador Diocleciano habría ordenado que la arrojasen al Tíber con un ancla al cuello, pero los ángeles cortaron la cuerda y la santa llegó a la ribera opuesta sin mojarse. Recapturada por sus perseguidores, fue asaeteada, pero las flechas se volvieron contra los arqueros. Al fin la decapitaron.
   Esta Pasio, un tópico de la clase más trivial, promovió peregrinaciones acompañadas de milagros. En realidad, esta recién llegada a la devoción católica nunca existió. «La pretendida Filomena -concluye el bolandista H. Delehaye- no tiene derecho alguno al culto que se le profesa».
   Por ello la iglesia se honraría a sí misma aboliendo el culto usurpado por una falsa santa, tan sospechosa como san Expedito. Pero es más fácil inventar una santa que hacerla descender de los altares».

Revisión del Calendario Romano de 1969

La Sagrada Congregación de Ritos, organismo de la Curia Romana encargado de discutir y valorar la beatificación o canonización de los santos, desarrolló una instrucción en 1961 donde se retiraba a santa Filomena de los calendarios litúrgicos por su falta de credibilidad histórica a causa de las dudas suscitadas por los hallazgos arqueológicos

Ante la gran cantidad de leyendas imaginarias sobre la existencia de algunos santos, se llevó a cabo una reforma a fondo del calendario acorde a los principios señalados en el Vaticano II. Pero hábilmente se establecieron normas para no impedir el culto a determinados santos que ya figuraban en la devoción popular. Aunque desaparecidos de los calendarios oficiales se permitía su intercesión debido a la devoción suscitada.
«Para que las fiestas de los santos no prevalezcan sobre los misterios de la salvación, déjese la celebración de muchas de ellas a las iglesias particulares, naciones o familias religiosas, extendiendo a toda la iglesia aquellas que recuer­den a santos de importancia realmente universal" (Sacrosanctum Concilium 111)».
La reforma litúrgica del Vaticano II se ocupó de la revisión del calendario general estableciendo normas para la confección de los calendarios particulares.

La revisión del calendario constituye, por sí sola, un capítulo propio de la reforma general de la liturgia emprendida por el último concilio siendo uno de los aspectos menos comprendidos por algunos sacerdotes y por no pocos fieles, mal informados y desorientados por los cambios de fecha de la conmemoración de algunos santos. Hay ejemplos concretos de santos que han sido tachados del calendario porque se ha comprobado que no existieron más que en la leyenda. Los afectados no han sido solamente presuntos santos medievales: también han sido examinados los mártires de la antigüedad, conservándose únicamente aquellos sobre los que se conoce alguna noticia que ofrezca cierta verosimilitud.

La controversia sobre la existencia real o no de la santa se basa en la distinta interpretación arqueológica de las tres baldosas que sellaban su tumba. En esas tres losas planas podía leerse la inscripción LVMENA-PASTE-CVM FI donde aparecían también otros símbolos, como una flecha, un ancla, una lanza, un flagelo y un lirio, interpretados como símbolos del martirio. En dicha tumba se encontró el esqueleto de una niña o adolescente de unos doce años junto a un pequeño recipiente que contenía restos de sangre cuajada y seca. 

Quienes sostienen la existencia real de Filomena aducen a que la inscripción resultaba incorrecta debido a la equivocada disposición de las tres baldosas y a su reutilización para que encajaran lo más correctamente posible en la abertura de la tumba. La inscripción se mostraba, pues, de modo incorrecto dando pie a considerar inverosímil el que se tratase de la tumba de la santa, cuando lo considerado acertado debía ser PAX TECVM FILVMENA «la paz (sea) contigo, Filomena», dando nombre y consideración real a la mártir por sus devotos.


Los restos de la santa fueron trasladados a Mugnano (1805) siendo aprobado su culto en 1837 y suprimido posteriormente en 1961, como hemos reseñado anteriormente. Su devoción se extendió con rapidez debido a las supuestas revelaciones de una religiosa napolitana, sor María Luisa de Jesús, recogidas en un relato fantástico sobre su vida en 1833 por el canónigo Francesco de Lucia. En España su devoción se expandió con prontitud en forma de apariciones, milagros o intervenciones variadas

Santa Filomena en literatura popular impresa

Si nos detenemos en la figura de la santa en la tradición popular impresa conservamos interesantes muestras devocionales donde se publicitan oraciones, estampas, novenas, triduos o milagros. 

Reproduzco un pliego, reimpreso por distintos talleres, donde se describen una serie de imaginarios milagros en el también imaginario pueblo aragonés de Seselda gracias a la intervención de la santa. Tras los milagros y las indulgencias concedidas por «varios obispos», se detalla la vida y el martirio de santa Filomena sin que se conozca base alguna de su veracidad.






La vida de Santa Filomena, junto a la vida de Santa Teresa, aparece también impresa en Madrid (s.a.) en forma de auca o aleluya.



El culto de Santa Filomena se difundió gracias a los jesuitas y sobre todo a través del presbítero diocesano Juan María Vianney (1786-1859), conocido por el «Santo Cura de Ars» (localidad situada al norte de Lyon) canonizado oficialmente por el papa Pío XI en 1925. A él se le debe la introducción de la devoción en Francia de santa Filomena, a la que la llamaba «su querida santita».

En cuanto a la interpretación los símbolos que aparecen pintados en las losas que cubrían la tumba con óxido de hierro rojizo y poco distinguible, se asociaron rápidamente al martirio sufrido por santa Filomena: En la interpretación fantasiosa de los símbolos de las baldosas aparecía un ancla, interpretado como el símbolo de la inmersión de la santa al ser lanzada a aguas profundas y rescatada por los ángeles; las recurrentes saetas o flechas; la palma, símbolo de la victoria en el mundo sobre la carne;  un flagelo o látigo con esferas de plomo en los extremos y la imagen de un lirio, símbolo de la virginidad y pureza.





©Antonio Lorenzo