sábado, 9 de octubre de 2021

El chasco de siete novias al zapatero Camorra


De la madrileña Imprenta Universal, (ca. 1866-1870), esta relación donde se narra el chasco sufrido por el zapatero Camorra por haberse querido mantener a costa de sus siete novias.

El pliego contiene al final una advertencia a las mujeres que intentan conseguir novios a costa de mantenerlos.





©Antonio Lorenzo

martes, 5 de octubre de 2021

Literatura popular ilustrada: Escenas matritenses [II]

 

De la segunda época de los artículos editados en las Escenas matritenses de Mesonero Romanos (1836-1842), recogidos en el volumen recopilatorio editado por Gaspar y Roig en 1851, entresaco algunas de las imágenes que los ilustran y añado algunas consideraciones sobre el llamado género costumbrista.

En estas Escenas matritenses se recogen las costumbres, tradiciones y gentes de Madrid, su ciudad natal, donde el autor reconstruye un conjunto de escenas típicas de la vida madrileña del momento, tales como El día de toros, El martes de Carnaval o el entierro de la sardina o Las costumbres literarias. Pero es en su artículo El romanticismo y los románticos, donde critica de forma irónica los gustos del llamado movimiento literario romántico, movimiento cambiante y en revisión al que se le achaca una peculiar estética, como su afición por lo lúgubre y misterioso, su exaltación de los sentimientos: desengaños y fracasos amorosos, el fatalismo de los ambientes nocturnos, su interés por seres fantasmales y fúnebres composiciones, por la exaltación de la imaginación y del yo con lenguaje efectista y exagerado...

«La necedad se pega» ha dicho un autor célebre. No es esto afirmar que lo que hoy se entiende por romanticismo sea necedad, sino que todas las cosas exageradas suelen degenerar en necias; y bajo este aspecto la romántico-manía se pega también. Y no so o se pega, sino que al revés de otras enfermedades contagiosas que a medida que se trasmiten pierden en grados de intensidad, esta, por el contrario, adquiere en la inoculación tal desarrollo, que lo que en su origen pudo ser sublime, pasa después a ser ridículo; lo que en unos fue un destello del genio, en otros viene a ser un ramo de locura. (pág. 125)

Desde un punto de vista literario las relaciones entre el romanticismo y el costumbrismo se entrecruzan y no existe pleno consenso entre los estudiosos por deslindarlos como dos géneros separados. Se ha venido señalado una aparente desigualdad entre el llamado romanticismo y el costumbrismo en el sentido de la incapacidad de los primeros en describir la realidad que les rodea, lo que contrasta con el interés de los artículos costumbristas que tratan de describir la realidad circundante. Los artículos de costumbres están ligados en su origen al periodismo de entonces donde se procuraba describir y recrear una realidad social bajo una perspectiva más bien inmovilista, aunque buscando la amenidad y la gracia mediante un lenguaje popular y expresivo. En realidad, se trata de dos concepciones estéticas, pero entremezcladas, que difieren por su forma de describir el mundo exterior o interior.

Apartándonos un tanto del tema de las ilustraciones, creo de interés el señalar las observaciones de los estudiosos al considerar cómo el género costumbrista excede, sin duda, los límites de lo literario, siendo asociado de forma un tanto apresurada con una visión o ideología conservadora por parte de sus representantes. Mesonero Romanos, en sus Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid, trató de alejarse de esta visión utilitaria y partidista aludiendo a su independencia y despolitización, algo que, analizado a través de sus escritos, no es posible separar la memoria de sus recuerdos al evocarlos y valorarlos.

Mesonero trata de presentarse como un mero observador de la realidad y sin ningún propósito o matiz ideológico, aunque no puede evitar alusiones sobre las circunstancias sociales y políticas sobre los años a los que se refiere en sus memorias. Observador de la entonces evanescente clase media (entendida como fronteriza entre la aristocracia y el pueblo bajo) constituye el objeto central de observación de la estructura social de su tiempo histórico, como claramente expresó en la Revista Española del 10 de noviembre de 1832:
«en mis discursos, si bien no dejan de ocupar su lugar las costumbres de las clases elevada y humilde, obtienen naturalmente mayor preferencia las de los propietarios, empleados, comerciantes, artistas, literatos y tantas otras clases como forman la medianía de la sociedad».

Contextualizando a grandes rasgos la actitud de Mesonero al escribir estos artículos y tratando de desmarcarse de quienes le achacaron de adoptar una actitud conservadora respecto a los cambios sociales de la época, en sus Memorias de un setentón, recogidas primeramente en un volumen, con cambios, en 1880 y corregido de nuevo en 1881, el propio autor se desmarca de que se le achaque una trascendencia política a su obra. En la introducción reivindica su posición de mero observador de la realidad.

«Habrá, sin duda, alguno y aun algunos de los que tengan la mala idea de leer estas líneas, que digan, encarándose con el autor: ー«Conformes, señor setentón; ábranos V. ese Memorándum de sus añejas reminiscencias personales; cuéntenos, si así le place, esos episodios, esos sucesos, esos pormenores de V. solo conocidos, que le ofrece su exquisita memoria: dispuestos estamos a prestarle atención; aunque, a decir la verdad, ¿qué interés de novedad han de podernos inspirar los recuerdos de un hombre que, según confesión propia, no ha figurado para nada en el mapa histórico ni político del país; no ha vivido lo que suele llamarse la vida pública; no ha entrado jamás en intrigas cortesanas ni en conspiraciones revolucionarias; no le fueron familiares ni los clubs tenebrosos ni los cubiletes electorales; no ha sido, en fin, ni orador parlamentario; ni tribuno de plaza pública; ni periodista de oposición, ni de orquesta; ni, por consecuencia, ministro ni cosa tal; no ha probado el amargo pan de la emigración, ni el dulcísimo turrón del presupuesto; ni firmado en toda su vida una mala nómina, ni recibido la más humilde credencial?
Alto ahí, señores míos, contestará el autor; todo eso que ustedes dicen es verdad, pero también lo es que esta misma insignificancia política de su persona, combinada con su independencia de posición y de carácter, le brindan con mayor dosis de imparcialidad, al mismo tiempo que le reducen a considerar los sucesos políticos únicamente bajo su aspecto exterior, digámoslo así, fijando particularmente su atención en los que corresponden a la vida literaria y a la cultura social, a que dedicó su especial estudio».
Sin embargo, Mesonero menciona de pasada y sin darle importancia su contribución a las tareas públicas de las que formó parte tratando de fijar su atención con preferencia en la vida literaria y la cultura social. En sus memorias trata de evocar la vida social que conoció en su búsqueda de un ideal colectivo de identidad nacional, fundamento del género costumbrista.

Al margen de estas generalizaciones y retomando de nuevo la idea inicial de otorgar crecida importancia al papel desempeñado por las ilustraciones, entresaco algunas de ellas de la recopilación de artículos de la segunda época de Mesonero (1836-1842) reunidos en el libro Escenas matritenses editado por Gaspar y Roig en 1851.

Añado al final el índice completo de los artículos de las dos épocas recogidos en la compilación de 1851 de las Escenas matritenses.

La librería (pág. 108)

El banderillero (pág. 109)

Corrida de toros (pág. 110)

El coche simón (pág. 132)

La almoneda (pág. 133)

La exposición de pinturas (pág. 168)

El entierro de la sardina (pág. 180)

La posada (pág. 181)

La cucaña ministerial (pág. 204)

El cofrade (pág. 218)


Índice de los artículos de la primera y segunda época



©Antonio Lorenzo

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Literatura popular ilustrada: Escenas matritenses [I]

Retrato de Mesonero Romanos por Rosario Weiss (1842)
 
Los primeros artículos de cuadros de costumbres escritos por un entonces jovencísimo Mesonero Romanos (1803-1882), aparecieron primeramente en periódicos, posteriormente se publicaron reunidos y editados por el impresor Eugenio Álvarez en 1822 con el título Mis ratos perdidos o ligero bosquejo de Madrid en 1820 y 1821, en doce capítulos correspondientes a los doce meses del año. La obra se publicó de forma anónima como folleto siendo considerada como la primera muestra costumbrista, una vez que Mesonero admitiera su autoría en sus memorias. En 1831 publicó Manual de Madrid y al año siguiente empezaron a aparecer sus artículos costumbristas sobre Madrid en las revistas Cartas Españolas (1831-1832), Revista Española (1832-1833), El diario de Madrid (1835), El Liceo artístico y literario (1837), etc. Todos estos artículos se reunieron en 1842 en el libro Escenas matritenses, reeditado posteriormente por los editores Gaspar y Roig el año 1851 (en su quinta edición, que es la manejada), formando parte de su Biblioteca ilustrada. En ella aparecen los artículos escritos por Mesonero Romanos, tanto de la primera época (de 1832 a 1836) como de la segunda (de 1836 a 1842), informando en la portada de que se trataba de la «única completa, aumentada y corregida por el autor».

Ramón de Mesonero Romanos fue colaborador asiduo de periódicos y revistas, fundando El Semanario Pintoresco español (1836-1857) referente dominical de gran proyección posterior durante sus veintidós años de vida y conocido con el apelativo de «patriarca de los periódicos españoles».

En el apéndice de la obra (nota 27, pág. 241), el propio Mesonero detalla y comenta cómo fue el proceso de su contribución a la obra:
«Tratando de dar alguna novedad a la presente edición de las Escenas, me propusieron los señores Gaspar y Roig, sus editores, que aumentase por vía de apéndice algunos de mis artículos de costumbres escritos en distintas ocasiones, y deseoso de complacerlos, di un vistazo por mi revuelta mesa de escribir, sacudí el polvo de diez años de sus cartapacios, recogí trozos de papeles añejos y de trabajos en embrión , y a vueltas de cien memorias y proyectos concejiles, de asociaciones literarias, o de juntas de beneficencia, pude reunir esas cuantas obrecillas de mala prosa y peores versos, que en distintos sitios y periodos vieron la luz pública, partos de mi pobre ingenio y mal cortada péñola, y que por su objeto y argumento tienen o pueden tener íntima relación con las Escenas Matritenses, o sea la pintura de costumbres de nuestra sociedad. Hubiera deseado también dar cabida entre ellas a los dos artículos que escribí para la obra titulada Los Españoles pintados por sí mismos, y son los que llevan los títulos de La Patrona de huéspedes, y El Pretendiente; pero los editores, señores Gaspar y Roig, me hicieron presente que acababan de publicar esta obra, en su Biblioteca ilustrada, y que sería acaso mal tomado por los suscriptores el recibir de nuevo algunas de sus páginas».
Aparte de su labor de escritor de artículos, su trayectoria vital estuvo también marcada por inquietudes urbanísticas y de modernización, ya que se esforzó por aplicar a la ciudad de Madrid, en los cinco años en que fue concejal de su Ayuntamiento, en la redacción de textos como el Proyecto de mejoras generales o las Ordenanzas municipales, documentos que supusieron una auténtica remodelación del Madrid de la segunda mitad del siglo XIX.

Fue también promotor y fundador del Ateneo de Madrid (1835), reactualizando la que fuera Sociedad Económica Matritense, y del Liceo artístico y literario (1837) llegando a ocupar, como miembro de número, un sillón en la Real Academia de la Lengua Española durante más de treinta años.


En esta primera entrega entresaco de su primera época una serie de ilustraciones significativas. Los grabados se atribuyen a Vallejo, Vilaplana, Rico, Giménez, Coderch, Toro, Capuz, Severini, Carnicero, Martí, Cochar, Llopis y Cibera.

La calle de Toledo (pág. 8)

La comedia casera (pág. 12)

Las visitas de días (pág. 13)

El Salón del Prado (pág. 24)

El paseo (pág. 25)

El amante corto de vista (pág. 36)

Máquina Tutti li mondi (pág. 43)

Una Manola (pág. 59)

El baile del Candil (pág. 60)

El sombrerito y la mantilla (pág. 97)

©Antonio Lorenzo

domingo, 26 de septiembre de 2021

Catástrofe en la isla de La Martinica por un volcán en 1902

Impactados por el preocupante comienzo de la erupción de un volcán en la isla de La Palma el pasado domingo 19 de septiembre, me ha sugerido el dar noticia del sufrido en la isla de La Martinica en mayo de 1902, afortunadamente sin las terribles consecuencias que causó en la isla caribeña.

El pliego recoge con detalle la descripción y los daños sufridos en la ciudad de San Pedro por anteriores erupciones volcánicas y terremotos en los siglos XVIII y XIX. Esta erupción de 1902 causó, nada menos, que alrededor de 30.000 muertos

Tras el pliego entresaco una descripción de la isla descubierta por los españoles el día de San Martín (de ahí su nombre) en 1493 y las sucesivas apropiaciones de la misma. Los datos están entresacados del libro Teatro de la guerra, escrito por Andrés F. Ollero, publicado en 1898 y custodiado por la Biblioteca Nacional de España, al igual que la lámina descriptiva de la isla del año 1781 confeccionada por Juan López.






©Antonio Lorenzo

martes, 21 de septiembre de 2021

Literatura popular ilustrada: Los españoles pintados por sí mismos [III]

 
En esta tercera entrada sobre Los españoles pintados por sí mismos incluyo el resto de las ilustraciones que faltaban para completar la obra, así como el índice parcial y general de la recopilación a lo que añado una interesante y posterior lámina de auca o aleluya que da fe del interés despertado por los tipos populares en fechas posteriores.

La confluencia de la imagen y el texto favoreció el éxito de la obra y su posterior desarrollo e imitación en parecidas compilaciones posteriores suscitando de forma renovada el interés del público. La actividad editora también utilizó parte de estas ilustraciones disponibles para ilustrar determinados artículos que fueron publicados antes o después en la prensa o semanarios. Es sabido que debido a las necesidades editoriales para abaratar los precios de edición se reutilizaron algunos de los dibujos de los tipos representados en otras publicaciones, por lo que la idea original de representar tipos populares en trance de desaparición (según expresa en el prólogo Rodríguez Rubí) queda cuanto menos en entredicho. Eso ocurre con figuras como el senador, el ministro, el diplomático o el diputado a Cortes..., al igual que sucede con otros «tipos» que no son propiamente representativos de lo intrínsecamente español, como el grumete, el patrón de barco o el jugador, de características más universales.

Al margen de las controvertidas ideas sobre el llamado género costumbrista, lo que nos ha guiado en estas tres entradas es el ofrecer las imágenes de los tipos representados de una forma ordenada, más atrayente y completa.

El género costumbrista, según estudios más recientes y documentados, ha pasado de considerarse como depositario de simples recursos casticistas y pintorescos, propios de una ideología conservadora y nacionalista, a ser interpretado desde puntos de vista más amplios, ya que en ellos no se proponen modelos moralistas de conducta, sino que su propósito se centra en la descripción de una serie de personajes donde lo transitorio es el eje de lo verdaderamente común. La valoración del pasado no debe confundirse como propio de una mente conservadora, retrógrada o inmovilista respecto a los cambios sociales, algo que la historia literaria ha venido achacando al escritor costumbrista.

El costumbrismo, en definitiva, excede los límites de lo literario puesto que trata de ofrecer testimonio de una realidad concreta, de ambientes y de situaciones cotidianas que cubren un gran espectro social. Una especie de cajón de sastre donde confluyen distintos puntos de vista que combinan la tradición con la innovación, lo que amplía su visión de conjunto y su límite cronológico hasta fechas más recientes.

La comadre + El mayoral + El diplomático

El gaitero gallego + El sereno + La actriz

El cómico + El maragato + La viuda del militar

La monja + El Seise de la catedral de Sevilla + El ratero

La posadera + El ministro + La colegiala

La cigarrera + El emigrado + El accionista de minas

El celador de barrio + El agente de bolsa + La prendera

El usurero + El buhonero + La mirasabidilla

La señora mayor + El covachuelista + El boticario

El diputado a Cortes + El portero + El español fuera de España

El ciego + El retirado + El índice de autores de esta entrada

Índice general de los artículos y autores de la compilación

En el índice general se aprecia un error en el título del artículo dedicado erróneamente al canónigo (página 272, por Juan Pérez Calvo), cuando en realidad corresponde a la figura  de «El cómico», aunque ya figura corregido en las ilustraciones.

Añado este auca o aleluya, de tono desenfadado y burlón sobre Los españoles pintados por sí mismos, reflejo de un itinerario de «longue durée». La reproduzco primeramente en secciones  para una mejor visualización.





©Antonio Lorenzo