martes, 18 de julio de 2017

Tangos de Cádiz que se cantan en el café de la Marina

José Alarcón Suárez - Café cantante (1850)
El pliego que reproduzco al final es prueba de la indisoluble relación de los cafés cantantes de Madrid con el flamenco en sus distintas variantes. Es sabido que este tipo de establecimientos contribuyeron enormemente a la difusión del flamenco entre un amplio sector de la población madrileña.

El pliego nos habla de unos Tangos de Cádiz que se cantan en el Café de La Marina. Creo conveniente efectuar unas consideraciones, tanto del que fuera un famoso café cantante como del género tango.

El café cantante era un establecimiento público donde se ofrecían sesiones de cante y baile flamencos (también de otros espectáculos) y donde los espectadores podían consumir bebidas. La sala contaba con un escenario de madera, llamado «tablao» donde se ejecutaban las actuaciones flamencas de baile y cante. Los cafés cantantes propiciaron una nueva estética, como la bata de cola, el mantón o el sombrero de ala ancha.

Josep Llovera (1846-1896) - Café cantante
El auge de los cafés cantantes puede situarse aproximadamente entre los años 1850 y 1920, dando paso posteriormente a otro tipo de espectáculos desarrollados en espacios escénicos mayores: teatros, plazas de toros, festivales al aire libre..., lo que coincide con la época de la llamada Ópera Flamenca.

El café cantante supuso la popularización del flamenco en entornos urbanos favoreciendo la profesionalización de los artistas y consolidando los diferentes palos y sus características. Madrid se configura en la historia del flamenco como un eje fundamental para su desarrollo. No en vano hay quien ha apuntado que Madrid es la tercera provincia andaluza del flamenco tras Sevilla y Cádiz

Sobre el tango (no confundir con el tango argentino, sino como patrón rítmico referido al flamenco y a todas sus variantes) hay divergencias entre los flamencólogos sobre su origen y evolución. Para los más "clásicos" los tangos son originarios de la península, encuadrados dentro de los cantes primigenios o básicos y de clara e indudable raigambre gitana.

Esta visión «nacionalista» se ha visto ensombrecida (y actualmente superada) por los excelentes y valiosos estudios que se han venido publicando de un tiempo a esta parte. Parece que ya existe un consenso generalizado en considerar el origen negro del ritmo, desarrollado en La Habana y trasladado posteriormente a la península, donde fue aflamencándose por los gitanos hasta convertirse en lo que se conoce como el tango flamenco en sus diversas variedades (tientos, tanguillos de Cádiz, farruca, garrotín, marianas, etc.). Hay que recordar que Cádiz fue durante siglos la puerta de entrada de músicas y danzas de América, desempeñando un papel vertebrador de los estilos llamados preflamencos.

El tango está documentado en España desde principios del siglo XVIII, aunque su patrón rítmico (que es el mismo, por cierto, que el que presenta la habanera) ha actuado como generador de una gran variedad de estilos flamencos y lo podemos encuadrar hacia finales del siglo XIX.

Para comprender los orígenes y la evolución del género tango, resulta fundamental la aportación y el estudio llevado a cabo por Ortiz, José Luis y Núñez, Faustino: La rabia del placer: El nacimiento del tango y su desembarco en España (1823-1923), Sevilla, Diputación de Sevilla, 1999.

Muchos géneros o estilos musicales utilizan, integran o adaptan el patrón rítmico del tango. Su llegada a España, proveniente del mundo negro cubano, se cristaliza en el llamado tango americano que a su vez lo incorporan los flamencos como tango gaditano e incorporado a su vez en distintas zarzuelas como número principal, ya sea en su forma de habanera o de tango.

Los cafés cantantes madrileños: Café de La Marina

José Blas Vega, en su imprescindible y documentado libro Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936), Madrid, Guillermo Blázquez, editor, 2006, nos ofrece un recorrido histórico sobre este café cantante que ya en 1870 se encontraba situado en la calle del Carmen como puesto de memorialista (donde se escribían cartas, se copiaban documentos o memoriales) regentado por un sargento licenciado andaluz, apellidado Corrales, cuyo negocio consistía también en la de concertar matrimonios. Sus actividades flamencas datan al menos de 1873.

El Café de La Marina, según Blas Vega (de quien tomo los siguientes datos), tuvo dos etapas seguidas si bien en distintos lugares: una, de 1888 a 1896, donde tras sucesivos traslados de domicilio se convirtió en un café flamenco. Es en esta etapa donde actuaron primeras figuras, como la gran bailarina «La Macarrona». Entre sus clientes habituales se encontraban los hermanos Machado, según recogen las crónicas haciéndose eco de su gran afición al arte flamenco.

La otra etapa del Café La Marina se sitúa a partir de 1897, ubicado ya en la calle Jardines, 21, e inaugurado por el cantaor Cayetano Muriel, Niño de Cabra: «En Madrid inauguré yo el café de la calle Jardines, que antes estuvo en la calle Hortaleza. Lo inauguramos Fosforito y Magán».

Pío Baroja, en su recorrido por los cafés cantantes, cita el de La Marina de la calle Jardines, en La Busca (1904). También actúo durante 8 años en dicho café el gran guitarrista Ramón Montoya: «Era un café muy importante. Allí conocí a La Cortijera, a los Antúnez, a La Macarrona, a don Antonio Chacón, a Juan Breva... Ocho años estuve contratado en aquel café».

Otro dato interesante que aporta Blas Vega es que de ese café salieron los estilos del Garrotín y de la Farruca adaptados coreográficamente para el baile por Faíco y por el guitarrista Ramón Montoya.

El Café de La Marina, fue, en definitiva el tablao más importante de los primeros años del siglo XX en Madrid. Su gran cuadro flamenco atraía a todo aquel que quería iniciarse como artista profesional al ser el local de más categoría y renombre de aquellos primeros años entre el público madrileño.

El Café de La Marina estuvo funcionando con altibajos hasta el año 1915, por donde pasaron los mejores artistas flamencos ante un público procedente de todas las clases sociales. 

Deduzco que el pliego es posterior a 1906, al tener en cuenta los datos que ahora desarrollaré brevemente. Una de las coplas recogidas en la primera parte dice lo siguiente:

                                    Por muy mal que yo te quiera
                                    no te mando a Peñaflor,
                                    que allí visten un muñeco
                                    para matar a un jugador.
                                    Si queréis saber quién es
                                    engañado lo llevó,
                                    preguntádselo al Francés,
                                    que es amigo de Muñoz.

Pues bien, esta copla hace referencia a una serie de asesinatos cometidos en la localidad sevillana de Peñaflor por Andrés Aldije, conocido por su procedencia como "el Francés" y por su cómplice José Muñoz. Los seis asesinatos fueron bastante espaciados en el tiempo. El primero, se cometió en 1898 y el último en el año 1904.

El procedimiento consistía en captar a viajantes que hubieran realizado transacciones y tuvieran dinero en efectivo para llevarles a la casa de juego clandestina en el municipio de Peñaflor, a unos 75 kilómetros de Sevilla. Una vez allí les conducían a través de un corredor oscuro y una vez avisados de no tropezarse con una cañería que sobresalía, estos agachaban la cabeza para sortear el obstáculo, lo que aprovechaban para golpearles en la cabeza con una barra de hierro envuelta en trapos para que no resbalase, a la que bautizaron como "el muñeco" y se les remataban con un martillo acabado en punta. Tras desvalijar a sus víctimas los enterraban en el huerto colindante.

En la mañana del primer día de abril de 1906, en la Prisión Provincial de Sevilla, los dos reos fueron ejecutados por medio del garrote vil.

Estos asesinatos causaron gran revuelo en su época e inspiraron el argumento para la película El huerto del francés, de 1977, dirigida por Paul Naschy (Jacinto Molina), y con un reparto donde intervinieron María José Cantudo, Ágata Lys, Silvia Tortosa y José Calvo, entre otros.

Tras esta pequeño inciso, vayamos al pliego donde se recogen estos tangos de Cádiz que operan como claro testimonio de la relación de estos cafés madrileños con el flamenco. Está editado en Madrid, sin año, por la Imprenta Universal de la calle Cabestreros, 5.





©Antonio Lorenzo

martes, 11 de julio de 2017

Coplas sevillanas que cantan los estudiantes en sus días de tuna


Este pliego, reimpreso en numerosas ocasiones por diferentes imprentas, recoge una serie de coplas para ser cantadas por los estudiantes en la tuna. Excepto la que da título al pliego, bajo la denominación de «coplas sevillanas», las otras coplas añadidas, bajo la etiqueta de «nueva canción» o «trovos nuevos», no dejan de ser ejemplos de añadidos para completar el impreso y que pueden encontrarse integrados en otros muchos. Este tipo de añadidos forman parte de lo que podríamos llamar genéricamente «cancionero de cordel», y suelen tener un marcado ambiente andalucista tratando de imitar en ocasiones rasgos fonéticos de un pretendido acento andaluz.

En la excelente recopilación y estudio del «Cancionero de estudiantes de la tuna» se encuentra recogidas las coplas que comienzan «con un manteo raído/con negra capa raída», usadas en el pliego reproducido bajo el título de «coplas sevillanas».

Dichas coplas están consideradas en el cancionero como anónimas, si bien he podido averiguar y contrastar que en realidad deben su autoría a Miguel Agustín Príncipe, formando parte de las «poesías ligeras, festivas y satíricas», editadas en Madrid en el año 1840 por la imprenta de Boix.

Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811-Madrid, 1863), fue un polifacético autor de dramas, comedias, fábulas en verso castellano, colaborador periodístico de artículos costumbristas y poeta satírico. Como catedrático de la universidad zaragozana de Literatura e Historia, escribió también el tratado «Arte métrica elemental», lo que explica su dominio de la versificación.

Estas coplas, en su versión original, están construidas en forma de «espinela» (dos «redondillas» unidas por dos versos de enlace: abba/ac/cddc). En el pliego reproducido se hallan reconvertidas en cuartetas octosilábicas y con variaciones y modificaciones con respecto a las originales.

Sin duda debieron de alcanzar cierto éxito, pues se reeditaron por diferentes imprentas y sus coplas sufrieron las variaciones típicas de los habituales trasiegos entre los distintos impresores.




El pliego está editado en Barcelona, sin año, por la imprenta de Llorens, creemos que alrededor de 1864. Sobre la actividad industrial del inicial Juan Llorens tan solo conocemos datos parciales deducidos de los diferentes pies de imprenta a lo largo de su actividad productora y distribuidora. En el pliego figura en el colofón la Imprenta de Llorens, sin especificar si se refiere aún a Juan Llorens o a su hijo Antonio, al que traspasó el negocio.

El pliego concluye con unos «trovos nuevos para divertirse los mozos solteros» donde se desliza un erotismo velado que nos recuerda a los desenfadados «cuplés» que tanto éxito obtuvieron en el primer tercio del siglo XX con sus letras sicalípticas de doble sentido.

                              Le pregunté a una señora
                              qué instrumento le agradaba,
                              y me respondió risueña
                              de la flauta estoy prendada.





©Antonio Lorenzo

martes, 4 de julio de 2017

Modo de vivir de los pobres estudiantes en Valencia + La vida del estudiante tunante


La vida cotidiana de los estudiantes, en sus variados aspectos, ha protagonizado en fechas recientes un número considerable de estudios donde se recogen los diversos caminos de acceso a la universidad, los alojamientos, relaciones, novatadas, diversiones más o menos censuradas o perseguidas, etc. que ofrecen un mosaico de características comunes a todas las universidades.

Reproduzco dos pliegos: el primero se circunscribe a la universidad de Valencia y al modo de vivir de sus pobres estudiantes; el segundo, a la vida de un estudiante tunante.

La iniciativa eclesiástica y el incremento de las órdenes religiosas propiciaron la creación de centros de estudio donde se conseguía fácilmente la bula pontificia necesaria para poder impartir estudios superiores. Los colegios internados fueron poco a poco ganando prestigio en su captación de clientes del exterior, apoyados por la municipalidad correspondiente como forma de aumentar los ingresos por la presencia de estudiantes. Los enfrentamientos entre universidades por la captación de sus clientes fue muy común: la de Salamanca frente a la Complutense de Alcalá de Henares o, como en el caso que nos ocupa, la de Valencia contra la de Orihuela en su intento por captar un mejor y abundante mercado estudiantil.

Un aspecto interesante, que tal vez dejemos para otra ocasión, son las diferencias de vestimenta entre los estudiantes de distintas universidades a lo largo de las distintas épocas: la loba talar, el manteo o capa larga con cuello que usaban los llamados «manteistas», etc. Tampoco entraremos en detalle sobre las llamadas «estudiantinas» o iniciales comparsas carnavalescas de estudiantes-intérpretes de músicas variadas y antecedentes de las conocidas tunas, como agrupaciones musicales que han llegado hasta nuestros días

Recomiendo una completísima e imprescindible página sobre la vida estudiantil que puede consultarse a través del siguiente enlace:

                           http://www.museodelestudiante.com/Indice.htm



Estas agrupaciones estudiantiles se ayudaban de sus habilidades musicales para sacar algo de dinero y tratar al tiempo de enamorar a las mozas. Organizados en cuadrillas hacían gala de la ancestral picardía estudiantil, tanto en actuaciones callejeras como en variadas celebraciones, lo que originó el apelativo de «tunantes», en su sentido genérico de embaucadores y trapisondistas.


Los estudios universitarios podían desarrollarse también en colegios conventuales y seminarios, que parece que el el lugar donde se desarrolla la descripción de la vida escolar en el pliego.

El pliego da cuenta de la gran cantidad de estudiantes de distintas regiones, incluso países, que acceden a la universidad valenciana. Marca una clara diferencia entre los dos catedráticos nombrados por la república: los «tomistas» (partidarios de la filosofía de santo Tomás) y la de los «escotistas» (partidarios del sistema filosófico del Beato Juan Duns Escoto). Los estudiantes se agrupan en alguno de los dos bandos con el fin de tener una mejor proyección y cargos una vez completados sus estudios.

La mayoría de los estudiantes no disponían de recursos económicos suficientes, siendo conocidos como «sopistas». En la ilustración que acompaña la portada del pliego aparecen los estudiantes ondeando sus platos y aguardando ansiosos la ración de comida  que el padre portero del convento reparte como puede de la olla.

El pliego está editado en Barcelona por los Herederos de la Viuda de Pla, editores entre 1820 y 1860 aproximadamente.

 http://adarve5.blogspot.com.es/2014/04/apuntes-sobre-impresores-y-estamperos_28.html

El pliego centra su interés en la descripción de la vida cotidiana de los universitarios deteniéndose de forma pormenorizada de los ingredientes que contiene la olla de la comida a repartir, donde no caben distinciones de ningún tipo, y en las condiciones lastimosas de sus pertenencias y sus variados trajines y cuyo fin último es conseguir un cargo o puesto de trabajo:

                                  «...Unos se ponen e Frayles,
                                  otros tiran para Curas
                                  Canonicatos, Prebendas,
                                  y a los que cabe en ventura;
                                  Obispos, y Cardenales,
                                  y hasta la Eminencia Suma
                                  de Pontífices Romanos...»





Añado este segundo pliego, donde no figura ni lugar de impresión ni año, pero que puede datarse con seguridad hacia la mitad del siglo XVIII, pues conocemos otras impresiones del mismo, como la proveniente de la oficina valenciana de Laborda, impresor que desarrolló su actividad entre 1746 y 1774.

Compuesto por un ingenio murciano, se nos ofrece las aventuras y desventuras de un estudiante tunante en un latín macarrónico, donde se mezclan palabras latinas con la lengua vulgar, a las que se añade la terminación latina para acentuar su intención de sátira y de burla.

A este pliego ha dedicado un estudio el profesor José Manuel Pedrosa: "El romance de «El estudiante tunante» (ca. 1750): lengua, poder y picaresca estudiantil (con algunos perros latiniparlantes cervantinos)", en Cien años de Julio Caro Baroja [Anejos de la Revista de Historiografía, nº 1, 2005]. El ansia por comer de los estudiantes (recordemos que son conocidos como «sopistas»), hace que al llegar los estudiantes a un convento franciscano y solicitar comida, les ofrecen una olla para que se la lleven al campo, donde tanto era el hambre que traían que les pasó desapercibido que entre las morcillas, caldo, coles y nabos se encontraba la presencia de un hermoso ratón, "detalle" que el estudiante tunante ocultó al resto de sus compañeros.






©Antonio Lorenzo

martes, 27 de junio de 2017

Sátira graciosa: disputas entre suegra y nuera

Xilografía de una edición valenciana de 1857
Los estereotipos, como imágenes mentales socialmente compartidas, junto a los prejuicios sobre determinados roles sociales que aparecen en la literatura popular (cuentos, refranes, canciones, pliegos de cordel...) no se han tenido lo suficientemente en cuenta en orden a ejemplificar modelos culturales hegemónicos. Dichos modelos han perdurado en un tiempo de «larga duración», si usamos la terminología acuñada por Fernand Braudel, referida en este caso al concepto de mentalidad, que prolonga en el tiempo la construcción social y el modo acrítico de pensar y enjuiciar la realidad.

Dice la sabiduría popular que un madre y un hijo caben en un serijo, mientras que una suegra y una nuera no caben en una era.

La figura de la suegra es un claro ejemplo de estereotipo con connotaciones negativas. Es frecuente, al menos en la literatura popular, calificarla de entrometida, posesiva y dominante, manipuladora y cotilla. Un cantar popular asturiano recoge:

                             Una suegra y un candil
                             son dos estorbos en casa;
                             la vieja, roñe que roñe,
                             el candil, gasta que gasta.

Dichos y refranes sobre suegras y nueras 
«Suegra y nuera y perro y gato, no comen bien en un plato».
«Si quieres ser buena suegra y por tu nuera alabada, ten la bolsa bien abierta y la boca bien cerrada».
El maestro Correas, en su tan celebrado y citado Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), incluye lo siguiente:
«Suegra, ninguna buena: hicela de azúcar y amargóme; hicela de barro y descalabróme».
Lo explica Correas de esta forma:
«Una casada sin suegra oía decir que eran las suegras malas; no lo creía y tenía deseo de probar su suegra; el marido la decía que bien estaba sin ella; por su antojo hizo una de azúcar; el marido a oscuras, la puso acíbar en ella; llegándola a abrazar y besándola, hallóla amarga; dice: «pues esta no salió ten bien; quiero hacer otra de barro». Hecha y puesta en alto, quísola abrazar, y como pesada, cayósela encima y descalabróla, y quedó desengañada de suegras».
Otros dichos y refranes:
«Obra comenzada, no te la vea suegra ni cuñada».
«Labor comenzada no la muestres a suegra ni a cuñada hasta que esté acabada».
«¿Cuándo se quieren suegra con nuera? Cuando el asno suba escalera».
«A la higuera pide agraz (verdor y acidez), y no a suegras y nueras paz».
«Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en toda la pieza».
«Suegra, nuera y yerno, la antesala del infierno».
«No te fíes de niebla ni de promesas de suegra».
«Ni encimeras ni bajeras, quieras mantas de tu suegra».
«En los ojos de mi suegra veo yo cuando el diablo la entra».
«Si tu suegra se cae en el río, búscala aguas arriba».
«Del diablo te librarás, pero de tu suegra no podrás».
«Tres veces Juan se casó y con tres suegras vivió; si al infierno no fue, aquí lo pasó».
Sobre las nueras
«Nuera, ni de barro ni de cera».
«Con tu hijo puedes tener cien peloteras; pero una sola con tu nuera».
«La nuera no es sabrosa, aunque sea de miel».
«Tan limpia es mi nuera que hasta los ajos lava».
«Remangóse mi nuera y llevóse el pan y las maseras».
«Aquella es mi nuera, la de los pabilones (colgantes y sobras) en la rueca; y aquella es mi hija, la que bonito lo hila».
«De mi hija comeré gallo, de mi hijo ni proballo».
«Nueras y yernos, para los hijos gloria; para su suegro, infierno».
«A la hija, pan y comida; y a la nuera, pan y afuera».
Pasemos a la controversia entre suegra y nuera en el pliego editado en Madrid, sin año, por Marés.





©Antonio Lorenzo

martes, 20 de junio de 2017

Vida del soldado y recuerdo de la campaña de África


En el colofón del pliego que reproduzco puede leerse:
"Se halla de venta en la tienda de Antonio Borrás, cuesta del Teatro [Palma de Mallorca], en donde se hallará un completo surtido de historias, comedias, sainetes, folletos y romances, tanto en mallorquín como en castellano. También se escriben cartas".
El interés del pliego, del que no figura fecha de edición, aunque por su colorido y estructura no parece demasiado antiguo, reside en la incorporación al final del mismo del Recuerdo de la Campaña de África. Este recuerdo viene precedido por  una relación de las penalidades que pasa un soldado a lo largo de su servicio militar hasta el momento de recoger su anhelada licencia y regresar a casa.

No quiero dejar pasar la oportunidad de comentar algo que, bajo una perspectiva actual, nos puede resultar chocante o desconocido. Si vamos leyendo las vicisitudes que pasa el soldado y que se van desarrollando en el pliego, una vez cumplido su servicio militar puede leerse:

                               ..."Se sale de la cantina
                               con dirección a la plaza
                               para comprar una cinta
                               y un canuto de hoja de lata".

Este canuto o cilindro de hoja de lata se refiere a la antigua costumbre entre los soldados españoles a conservar la licencia absoluta, una vez firmada por el jefe militar correspondiente, enrollada en el interior de ese canuto, a modo de portadocumentos. Los había simples y más elaborados. Se solía decorar con cintas y se colgaba del cuello en su regreso a casa, procediéndose a guardado con delicadeza en un armario, hasta acabar seguramente olvidado en un trastero. Esta práctica fue sustituida por la famosa cartilla o "La blanca".

Esta costumbre se mantuvo hasta principios del siglo XX, y seguramente tiene que ver con la conocida expresión de "pasarlas canutas". El soldado, una vez licenciado tras un tiempo considerable de "servicio a la patria" y tras regresar a casa, solía encontrarse sin empleo y sin trabajo o con un sustituto ocupando su antigua plaza. Esa situación le hacía añorar, de algún modo, su estancia en la mili,  donde al menos tenía asegurado un techo, el vestuario, la comida y la cama. Eran momentos difíciles de pasar penalidades ["pasarlas canutas"] hasta lograr acomodarse a una mejor situación.




Para contextualizar el "Recuerdo de la Campaña de África" que figura en el pliego, copio parte de lo editado en entradas anteriores referidas a estas guerras:
"Los conflictos de España con Marruecos pueden resumirse, en un sentido amplio, en cuatro grandes etapas que marcan otros tantos puntos de inflexión, si bien ciertamente discontinuos en el tiempo: la primera de ellas hace referencia a la guerra mantenida con Marruecos en 1859-1860; la segunda, a la guerra de Melilla de 1893. La tercera, a la guerra de Melilla de 1909, con la derrota militar del «Barranco del Lobo» y coincidente con la llamada «Semana Trágica» de Barcelona, que acabó con el fusilamiento de Francisco Ferrer y Guardia y con el derrocamiento del gobierno conservador de Maura, y, en una cuarta etapa, la llamada guerra del Rif, en 1921, con el desastre de Annual y los episodios del Monte Gurugú y Monte Arruit, etc., hasta desembocar en la paz definitiva, en 1927, bajo la dictadura del general Primo de Rivera".
La cronología de este primer enfrentamiento (1859-1860) contra el imperio marroquí puede resumirse así:
    
1859 (22 de octubre) Declaración de guerra a Marruecos.
1860 (01de enero) Victoria de los Castillejos por el general Prim
1860 (2-5 de febrero) Conquista y toma de Tetuán por O’Donnell.
1860 (23 de marzo) Victoria de Wad-Ras.
1860 (26 de abril) Paz con Marruecos.

Pasemos al pliego.





La última plana, donde se recoge la poesía escrita por  un soldado del "Batallón de Cazadores de las Navas", firmada por un tal A. del P., se refiere a la guerra de 1860.

Seguramente, y dada la sospecha de que el pliego parece posterior a esa fecha, puede tratarse de un "relleno" para completarlo, práctica habitual en otros muchos impresos populares.

Pues bien, la citada poesía es la letra adaptada de un himno militar recogida en el capítulo dedicado a las "Guerras de África", de un espléndido libro que contextualiza y nos ofrece referencias de esos cantos olvidados, pero que reflejan los hechos bélicos de acuerdo a una mentalidad y a una época, ya que en ningún caso pueden tratarse como expresiones aisladas, sino como arma ideológica y propagandística.



80. Sus por la patria a lidiar Cántico popular de guerra


Aunque en la recopilación del cancionero no se incluye, he localizado la partitura del cántico popular de guerra, con letra de Pedro Niceto de Sobrado y música de J. Oscar Camps y Soler, editada en Madrid en 1859 por Carrafa y Sanz Hermanos, editores.

Reproduzco la primera hoja, donde se especifica que tiene un "Aire de tirana".


Como se puede apreciar, la autoría del texto que aparece en el pliego, firmada por un tal A. del P., no coincide con el autor de la letra de la partitura editada.

Hay ligeras diferencias entre la letra del cántico y lo publicado en el pliego. En la letra del cántico se alude a las matanzas de Las Navas y de Lepanto, mientras que en el pliego no figura esa estrofa y en cambio especifica la descendencia de Gonzalo [Fernández de Córdoba, "el Gran Capitán"] y de Pulgar [Hernán Pérez del Pulgar].
©Antonio Lorenzo

martes, 13 de junio de 2017

El mundo de los disparates: El trastorno universal

Ilustración del "Álbum de Momo" (1847)
Este es un ejemplo de una relación de disparates donde no se aprecia un interés satírico o crítica burlesca, sino una especie de tótum revolútum de nombres de ciudades y de localidades sin orden ni concierto. Nada parecido a otras composiciones mucho más ingeniosas y trabajadas donde pueden inferirse entre líneas críticas a determinados personajes o disfrutar de situaciones cómicas por lo extravagante de sus asociaciones.

La relación, en su conjunto, no parece obedecer a un objetivo determinado, por lo que se convierte en una especie de sarta de incoherencias en un desfile vertiginoso de ciudades y lugares. En definitiva, una acumulación enumerativa de imposibles.

El pliego, del que no conozco otras versiones, fue impreso en Barcelona por Ignacio Estivill en 1854, impresor al que ya dedicamos una entrada anterior, que puede consultarse a través del siguiente enlace: