Tras las críticas vertidas hacia los franceses en el
número anterior, en este nuevo ejemplar le llega su turno de San Martín, como se cita en la introducción, al pueblo inglés por creerse superiores a los demás. Como
se expresa en la revista, si los franceses son ligerillos de cascos, los
ingleses son taciturnos y pertenecientes a un país donde la especulación lo
marca todo.
La política, como curiosamente se dice en el prólogo, es un
terreno vedado que no queremos pisar, aunque en esta publicación se decanta más bien por
criticar las modas y sus comidas y bebidas, donde se comenta que las clases
acomodadas no comen más que carne a medio asar y sustituyen el pan con las patatas, lo que viene a señalar la mayor importancia que debemos conceder a nuestra gastronomía y al buen hacer que tenemos los
españoles.
Aunque los ingleses llaman bárbaros a los españoles por su afición a los
toros, resulta que ellos son partidarios del boxeo donde se cruzan apuestas a favor de uno u otro, y donde el que pierde puede
acabar "con un ojo menos, y el cuerpo con más cardenales que un
consistorio".
En cuanto a los bailes, el propio director, Ayguals de Izco, no escatima en trasladar estas irónicas coplas:
Ya no me extraño, alma mía,que me embeleses.Viva la gallardíade los ingleses.Es muy graciosover a los extranjeroshaciendo el oso.
También se crítica a los ingleses por sus inversiones y negocios
en teatros y bailes, hundiendo a los españoles en la pobreza al no tener el
artista español el debido reconocimiento del público para ayudar y fomentar así un teatro
nacional.
Sigue un romance coplero donde don Luis Tragaldabas y doña
Inés Carrasco, ambos extremadamente feos, y donde tratando de huir el uno del otro acabaron
estableciendo una relación amorosa, se entiende que por la conveniencia del instalado machismo patrimonial sobre la mujer, tal y como se deduce en algunos de los versos de Martínez Villergas.
Treinta y nueve años y picocuenta de mala fortunapues aún probar no ha logradola matrimonial coyunda.No hay desgracia tan feroz,no hay más fatal desventurapara una mujer jamonaque verse soltera o viuda.
No deja de
llamar la atención que el afamado escritor, adelantándose a las posibles
críticas que pudiera recibir por sus versos, se autodefiende y proclama:
Mas yo digo lo que sé,
lo que me place y me gustapete o no pete a los frailes,pese o no pese a los curas.
Otro aspecto a señalar se refiere a las publicaciones que se auto titulan como religiosas censuran y critican a este tipo de publicaciones de carácter satírico al achacarles chistes y versos picantes, pero que se da una respuesta a través de las llamadas "Cabriolas, donde las dan las toman". El objetivo religioso pretende llamar la atención a la censura ejercida por las autoridades sin tener en cuenta los numerosos escritos jocosos de escritores como Quevedo, Góngora, Tirso de Molina, o del propio Lope de Vega, en pleno apogeo del abominable tribunal de la Inquisición, aunque siendo éste último un presbítero perteneciente a la Congregación de sacerdotes de Madrid.
Más adelante, la propia revista se reivindica como alegre y bulliciosa, como ya se sugiere en su título y añadiendo, a modo de ejemplo, la traducción literal que realizó Fray Luis de León, de la orden de San
Agustín, sobre Los Cantares de Salomón "Canticum canticorum Salomonis"
donde el mismo Fray Luis comenta que no se puede decir cosa más bella ni más a propósito que comparar las tetas de la esposa como "Tus dos tetas como dos
cabritos mellizos que están paciendo entre azuzenas".
Este Cantar de los Cantares, como también se le conoce, escrito en arameo y cuya autoría y orígenes siguen siendo inciertos y sin resolverse, forma parte del Antiguo Testamento de la biblia donde se celebra el amor humano y se aleja de su relación con la metáfora divina, aunque el cristianismo intenta asociarlo a una especie de alegoría entre Cristo y la iglesia como su novia, lo que invita a desarrollar múltiples lecturas y elevando sus interpretaciones. Dicho cantar, entendido como un poema erótico y amoroso, como se sostiene en esta publicación, se aleja de la forzada interpretación alegórica entre Cristo y la Iglesia o entre Dios y el alma.
Al margen de los comentarios aparecidos en este número de la revista, conviene recordar que el agustino Fray Luis de León, de ascendencia judía, padeció un largo proceso inquisitorial y acabando cumpliendo condena en la cárcel que la Inquisición poseía en Valladolid durante casi cuatro años. Entre otras razones por su traducción y comentarios sobre el Cantar de los Cantares, donde se le achacaba la utilización de términos como pechos, besos o amada, para que el público poco preparado en la lectura de textos académicos los entendiese.
Prosiguiendo con las críticas a la mordacidad de la que era acusada la revista, el propio director y responsable de la Sociedad Literaria subraya que:
"Jamás se ha excedido ni excederá nunca el FANDANGO de los límites de la decencia y el decoro, porque sus redactores son sin duda más amantes de la moral y de la religión, que los que dándose el título de católicos, anatematizan severamente a cuantos satiricen sus vicios y ridiculeces".
Para finalizar, se vuelve a criticar de forma recurrente a la polka por hacérsela bailar a los niños sin gracia alguna y
con brinquitos propios de un mal teatro.
La publicación
para este mes de abril de 1845 acaba con el consabido pronóstico, el horóscopo y
la efeméride, acompañada del lunario y el santoral.

©Antonio Lorenzo











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