Los pliegos de cordel en los que se relatan chascos, burlas, chascarrillos o engaños como motivos de comicidad general, no dejan de abrir nuevas perspectivas y vías de investigación respecto a su relación con la antigua poesía cancioneril de los pasados siglos. Antiguos recursos cómicos ya se conocen en el Libro de Buen Amor, El Lazarillo de Tormes o en el propio Don Quijote, aunque relacionados de una forma indirecta con el último de los nueve apartados de los publicados en el Cancionero General compilado por Hernando del Castillo (Valencia, 1511) bajo el título "Obras de burlas", que, con supresiones y añadidos posteriores se publicaron de forma exitosa e independiente y desgajada del Cancionero General con el título Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (1519), considerada como la más conocida antología de poesía desvergonzada y erótica. En ella se entrecruzan la comicidad interpretativa con dobles sentidos denotativos y connotativos mediante estrategias literarias y juegos de palabras. Dicho Cancionero se reeditó posteriormente de forma repetida con supresiones y añadidos de piezas enmendadas o corregidas a lo largo de diferentes reediciones en las que cada impresor modifica, agrega o suprime las composiciones editadas anteriormente.

La indudable rareza bibliográfica de estas reediciones, aunque muy desconocidas para el gran público, son de creciente interés como fuente de investigación para estudiosos y eruditos, ya que no dejan de ser una referente temático, paródico y de burla, aunque ciertamente lejana respecto a los conocidos pliegos de cordel. Un lugar común que se aprecia en ellos es el decaimiento de la visión de la dama como antigua protagonista de la poesía amorosa y donde en los pliegos sueltos se subrayan de forma habitual sus defectos físicos con fines satíricos y que contribuyen a su degradación. En el pliego reproducido aparecen expresiones como corcovado, marrullero, espantajo, patituerta, nariguda, legañosa o mocosa.
La continuidad temática de contenido burlesco que aparecen en determinados pliegos sueltos poéticos, ya sean de autores más o menos conocidos, así como anónimos, guarda cierta relación con lo aparecido en las reediciones del Cancionero de obras de burla provocantes a risa, lo que vendría a promover un cierto estudio interactivo y asociado también a su interés comercial.
Este pliego no es, obviamente, un ejemplo significativo que enlace con todo un pasado literario, más propio de un entorno culto, pero su sentido burlesco y de comicidad pueden relacionarse de una forma muy amplia, aunque ciertamente difusa debido a la pérdida o falta de datos, como ejemplos de la retroalimentación y evolución temática respecto a los cancioneros.
En el pliego reproducido se nos cuenta que un remilgado barbero consigue separar a dos viejos enfrentados cuando ambos se propinaban golpes con las muletas. Tras su detención y puesta en libertad, acabaron celebrándolo con abrazos. Se trata, pues, de un gracioso romance para ser recitado o cantado ante el público oidor.
Estos recursos estratégicos fueron utilizados por las imprentas para difundir gran cantidad de pliegos de cordel donde lo burlesco es un claro ingrediente para incitar a su venta y captar lectores, aunque en algunos de ellos y de forma encubierta tratan de eludir la posible intervención de la censura.
©Antonio Lorenzo





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