sábado, 15 de diciembre de 2018

Interpretación simbólica de la baraja: pliegos, cuento y canción [III]


Continuando con el motivo folklórico de la interpretación de la baraja por un soldado, que vengo desarrollando en entradas anteriores, creo de interés la reproducción de tres pliegos de cordel brasileños representativos de la doble vía de dirección entre lo oral y lo escrito, procedentes de la región nordestina brasileña.

Contextualización de los pliegos nordestinos

La literatura de cordel brasileña se desarrolló especialmente en la región nordeste, sobre todo en los estados de Pernambuco y en su capital Recife, Paraíba y Ceará, donde se producían y comercializaban en otros estados. Los primeros colonos portugueses, en su expansión colonial, fueron los introductores de las llamadas «folhas volantes», si bien no alcanzaron una verdadera repercusión popular hasta los últimos años del siglo XIX, sobre todo en el nordeste brasileño.

Los nuevos estudios sobre esta literatura, aun reconociendo el origen inicial de la introducción de esas hojas volantes por los colonizadores portugueses, se decantan por la no atribución de una dependencia exclusiva de filiación entre la literatura popular portuguesa y brasileña, lo venía a alimentar una visión eurocéntrica similar a la ocurrida con España respecto a los países que fueron colonias de la metrópoli.

La literatura de cordel nordestina se estudia ahora como el resultado de un proceso independiente de su influencia lusitana en cuanto a formas, autorías, temática, difusión y especificidades propias, superando la influencia inicial de la temática portuguesa.

La confrontación de la literatura de cordel portuguesa con la nordestina, trayectoria histórica y comparación de textos, ha despertado desde no hace muchos años el interés de los estudiosos que han iluminado el proceso experimentado por los folhetos brasileños y que han llegado de forma sorprendente hasta nuestros días, como comentaré algo más adelante en sus trabajos sobre las consideradas relaciones de dependencia entre las "folhas volantes' o 'folhas soltas' lusitanas y las nordestinas.

Si en un primer momento la influencia fue debida al proceso de expansión colonial, la producción de pliegos [folhetos] brasileños adquieren unas características propias en cuanto a la adaptación, desdoblamientos y transversalidad de sus temas, su autoría, su comercialización y difusión, etc. que los convierte en un ámbito de estudio propio en sí mismo. La producción de los folhetos nordestinos se alejan, pues, de su dependencia de la metrópoli en numerosos aspectos, según reflejan los últimos y recientes estudios de estas formas de literatura popular.

Hay que señalar la importancia, anterior a la edición de pliegos nordestinos en la segunda mitad del XIX, de las llamadas «cantorías» (desafíos o debates verbales) generalmente acompañados de intervalos con instrumentos musicales (violas de cinco pares de cuerdas o una especie de violín conocido por rabeca), lo que daba espacio temporal a preparar las respuestas a los contendientes. En estas cantorías se presentaban composiciones poéticas o glosas elaboradas a partir de una palabra o cuestión donde dos cantores disputaban con ingenio y repentización sobre variados temas. Se ponía fin a la disputa cuando uno de los dos antagonistas se declaraba incapaz de proseguir mediante una respuesta adecuada.

El principal campo de actuación de los cantores eran las tradicionales ferias y mercados públicos de la región. Allí, rodeados de gente, improvisaban y entonaban versos del cancionero popular al mismo tiempo que vendían sus composiciones. Como transmisores de noticias, estos cantores, como ocurrió los ciegos en España, fueron una importante fuente de información y ajena a la prensa periódica.
Otro aspecto a considerar es la inexistencia de imprentas en Brasil hasta la llegada de la Corte portuguesa a Río en 1808, huyendo de la pretendida invasión napoleónica, donde se inauguró la «Impremsa Régia» que tuvo el monopolio de impresiones hasta el 1822. Tras el asentamiento de la corte empezaron a surgir librerías e imprentas que comenzaron a difundir los folhetos que escribían los poetas populares.

En su mayor parte hay una diferencia fundamental entre los pliegos españoles que conocemos con estos folhetos brasileños, donde en estos últimos adquiere una gran importancia el nombre del autor que vendía sus propias composiciones, fuera en su propia casa o en las ferias, lo que reforzaba el contacto directo y la sintonía entre el poeta y su público.

Carácter mediador entre lo oral y lo escrito

En estos folhetos se aprecia una fuerte permanencia de lo oral para ser leídos en voz alta a quienes no sabían leer y facilitar su memorialización para personas no alfabetizadas. La originalidad de estos folhetos reside en manejar los viejos temas y adaptarlos a la historia que se quiere contar mediante una reordenación del material y la introducción de nuevos elementos sobre una estructura ya existente

De esta forma, los cambios de versificación observados entre los pliegos lusitanos y los nordestinos radica en estos últimos por una mayor tendencia a adaptarlos para su memorización, esto es, para conseguir una mejor adaptación a la oralidad y que puedan ser leídas, como prácticas de lectura colectiva, o como soporte para ser cantados. Los folhetos tienden a desembarazarse de personajes secundarios y que apenas intervienen en la historia, con el fin de centrarse con la trama principal del relato con las menores interferencias posibles. De esta forma, se incrementa o acentúa el papel de los personajes 'buenos' y 'malos', caracterizando la descripción de los personajes con simples rasgos y adjetivos generalistas que los enmarcan de antemano en un esquema tópico y previsible.

Por todo ello es importante el papel desarrollado por el narrador omnisciente que modula, mediante gestos y cambios de tono, el desarrollo de la historia que cuenta acentuando o matizando sabiamente el desarrollo de la acción que relata para mantener la atención del público. El papel del narrador adquiere un papel preponderante al existir pocos diálogos entre los personajes siendo él el encargado de centrar la atención mediante la utilización y conocimiento de técnicas narrativas y recursos expresivos adquiridos con su práctica.

O soldado jogador

Reproduzco tres pliegos sobre el motivo que nos ocupa de la interpretación de la baraja por un soldado.

El primero de ellos corresponde al considerado por todos como el verdadero artífice, precursor y autor de estas composiciones. 



Leandro Gomes de Narros, nacido en el municipio de Pombal, del estado de Paraíba el 19 de noviembre de 1865 y fallecido en Recife, a los 52 años, el 4 de marzo de 1918, está considerado como el más grande poeta popular y autor brasileño de pliegos de cordel o folhetos.  Su actividad poética le obligó a viajar por numerosas poblaciones para vender y dar salida a sus composiciones. En realidad, ha sido uno de los pocos poetas populares que consiguió vivir de sus historias rimadas, de las que elaboró, o readaptó centenares de títulos. Según sus biógrafos, comenzó a escribir sus folletos en 1889 y sus composiciones se han seguido reeditando hasta nuestros días. Para salvaguardar sus folletos de falsificaciones colocaba en cada uno de ellos una imagen con su cara, ya fuera de busto o de cuerpo entero. Fue pionero en la publicación de folletos rimados y autor de una obra vastísima y de la más alta calidad, lo que le confiere, sin exageraciones, el título de poeta mayor de la Literatura de Cordel. 

Esta forma de atribución de autoría nos resulta chocante respecto a los pliegos de cordel españoles, pues en una enorme cantidad de ellos no suele aparecer el autor y los talleres de impresores se nutrían o manejaban las mismas composiciones sin apenas control de ningún tipo, intercambiándose tacos de madera para ilustrar las cabeceras y sin que en muchos casos guardaran relación alguna con lo que contaban. 

Retomando la actividad editora y la autoría de Leandro, reproduzco el folleto dedicado al tema que nos ocupa de la interpretación de la baraja por el soldado Ricarte. Obviamente está basado en el tópico folklórico conocido y readaptado por don Leandro. Si nos fijamos en la fecha final observamos que esta reimpresión es nada menos que de 1976, lo que da idea de la gran aceptación de la historia a lo largo de tantísimos años en el imaginario popular.






El siguiente pliego, que desarrolla el mismo tema, dice ser versificado por José Martins dos Santos y reimpreso en 1962 y estando a la venta en su propia residencia. Obviamente, se trata de una readaptación del reeelaborado anteriormente por Leandro Gomes de Barros.






La asignación del autor a un mismo folleto da lugar a contradicciones, pues en las diferentes reimpresiones se entremezcla el verdadero autor de los versos con el editor o propietario que los distribuye, quien se arroga los derechos de autoría y los imprime con su nombre, como comento a continuación referido al pliego reproducido.

João Martins de Athayde (1880-1959), poeta popular y empresario, fue gran admirador de la figura pionera de Leandro Gomes Barros. Publicó su primer folleto en 1908 compitiendo con los elaborados por su admirado Leandro. En 1921, a los tres años del fallecimiento de Leandro, adquirió los derechos de publicación de gran parte de su obra iniciando su re-publicación, primero como editor y poco después atribuyéndose la autoría de los folletos, como se puede observar en uno de los folletos que reproducimos. La actividad impresora y difusora de Athayde llevó la literatura de cordel a las más lejanas regiones, gracias al exitoso proyecto de redistribución a través de agentes. En 1949 vendió su tipografía y los derechos de edición a José Bernardo da Silva.

Reproduzco el pliego donde se dice ser de su autoría.






Panorama actual de la literatura de cordel brasileña

Conscientes de la importancia de la literatura de cordel, y a diferencia de lo que ocurre en España en cuanto a la valoración e importancia concedida a la literatura popular impresa, se constituyó en Brasil la Academia Brasileira de Literatura de Cordel en 1988. Entre sus objetivos prioritarios se encuentran la preservación, difusión, digitalización y estudios sobre lo que se considera patrimonio cultural de Brasil.

En España, a pesar de la honda tradición secular de la literatura de cordel, hace años que se extinguió alcanzando sus últimas manifestaciones hacia la década de los 70-80 del siglo pasado, sin lograr despertar el interés de instituciones, salvo alguna honrosa excepción. La temática de los últimos pliegos se redujo a la repetición de historias ya conocidas o a la reproducción de las letras de canciones de moda sin una clara pretensión de revitalizarse con nuevos temas. Su función noticiera se trasladó a la prensa convencional. No ha sucedido lo mismo en Brasil, pues la impresión de los nuevos folletos recogen y señalan con estilo periodístico la importancia de determinados acontecimientos conviviendo con las noticias de la prensa escrita. 



Oralidad y escritura, tradición y actualidad, conviven en los folhetos nordestinos, donde las peleas entre narradores y repentistas confraternizan ahora con los adelantos cibernéticos, como refleja esta ilustración con el duelo o desafío entre la carta y el e-mail, que no precisa de más comentarios.


©Antonio Lorenzo

viernes, 7 de diciembre de 2018

Interpretación simbólica de la baraja: pliegos, cuento y canción [II]


Los investigadores sostienen que el motivo folklórico de las versiones españolas de la interpretación simbólica de la baraja por un soldado, tanto en sus versiones en pliegos de cordel o como romance-canción, son deudoras de algún modo a un folleto francés de 1811 asociado a la figura del grenadier Richard en la ciudad de Bres (Brest). Hay, sin duda, una vinculación de las versiones hispánicas con el folleto señalado, pues se ha hispanizado el nombre de Richard con los más castellanizados de Ricart, Ricarte, Ricaurte, Federico o Andrés. Esta singular vinculación de las numerosas versiones panhispánicas con el folleto francés ha sido señalada por insignes investigadores, como Jean-Pierre Étienvre: «Márgenes literarios del juego. Una poética del naipe. Siglos XVI-XVIII», Tamesis Books Limited, London, 1990; o Jean François Botrel: «La alegoría del soldado y la baraja o el poder del no libro», en: Mariana Genoud de Fourcade, Gladys Granada de Egües (ed.), Unidad y multiplicidad: tramas del hispanismo actual.

Sin embargo, aunque resulta innegable la vinculación de las versiones hispánicas (sea en forma de canción, noticias en prensa o pliegos de cordel) con el impreso francés de 1811, no se ha tenido suficientemente en cuenta un folleto anterior que desarrolla el mismo tema de la baraja-misal, publicado en Bruselas en el 1778, es decir, 33 años antes del señalado como posible embrión de las versiones hispánicas.

Aun así, tampoco podemos considerar este folleto como el referente inicial sobre el que descansan las diferentes versiones de la interpretación de la baraja. En este folleto se nos ofrece una explicación moral al juego de cartas por un imaginario Louis Bras-de-Fer, al servicio del rey Carlos VI.

Un resumen es como sigue: un domingo, al asistir nuestro protagonista con parte de su regimiento a los oficios de la iglesia parroquial, tras arrodillarse sacó de su bolsillo un juego de cartas que desplegó a modo de libro de oraciones, siendo recriminado por su sargento. Sin hacer caso al mismo, en una actitud devota y contemplativa reprochó al sargento el escaso sueldo que recibía, ya que no le permitía comprar una biblia o un libro de oraciones, siendo el juego de cartas un instrumento interpretativo de conceptos religiosos, así como de analogías sobre la vida y la pasión de Cristo.

Su relación con el impreso del grenadier Richard no reside tanto en la interpretación de cada una de las diferentes cartas como en la estructura general del relato. En uno y otro folleto aparece la figura del sargento, asociado en ambos casos con la sota. Tras ser reprendido por el sargento es conducido ante el capitán. El capitán, una vez escuchada la justificación de su proceder, le regaló una biblia, una imitación de la vida de Cristo y un ejemplar con vidas de santos. El rey, a su vez, tras haber demostrado gran valentía en las batallas y por haber perdido el brazo izquierdo debido a un cañón en una de ellas le concedió un puesto en el Hotel Real de los Inválidos donde tuvo una feliz y larga vida.

Abundando en el folleto francés del grenadier Richard, considerado como matriz referencial de las distintas subtradiciones, traigo a colación una noticia publicada en el Diario de Madrid, del 31 de octubre del año 1788, es decir, veintitrés años antes del referido folleto francés de 1811.
«Relación de lo acaecido con  un soldado Francés  llamado  Richart  del Regimiento  de  Infantería  de  Chartres,  hallandose  de guarnicion  en  Brest».

Otras noticias entresacadas de la prensa hispana


"La hormiga de oro" (12 de diciembre de 1908)

Revista "Buen humor" - [Madrid, 23-7-1922, n.º 34]
El Correo Militar (25-11-1897)
Teniendo en cuenta los ejemplos presentados tampoco podemos atribuir a un único referente inicial los diferentes desarrollos de este motivo folklórico, ya sea en sus manifestaciones escritas u orales. La interpretación simbólica de la baraja no se reduce, ni mucho menos, al exclusivo ámbito de lo panhispánico, pues puede rastrearse en la prensa de habla inglesa una serie de noticias que desarrollan una similar temática interpretativa, si bien asociada a otros protagonistas y a otros nombres, como el atribuido al soldado Richard Middleton.

Aunque carecemos de pruebas fehacientes existe una cierta probabilidad de que la historia de Richard Middleton fuera obra de John Gay, nacido el 30 de junio de 1685 en Barnstaple (Devon), y fallecido el 4 de diciembre de 1732. El inglés John Gay fue poeta y dramaturgo y recordado por "The Beggar's Opera" (1728). También escribió unas fábulas en verso que fueron traducidas al francés por el caballero de Châtelain. Es en alguna de estas fábulas donde presuntamente (lo que no hemos podido comprobar) apareciera la historia de Richard Middleton y que posteriormente fuese adaptada en alguna de las traducciones de sus fábulas al francés.

En fin, sea como fuere, lo importante es que nos encontramos con un motivo folklórico que ha traspasado fronteras y que, al margen de su origen, se nos presenta en numerosas versiones y ha sido recogido en publicaciones variadas, en canciones y en versiones orales recitadas.

En el temprano año de 1776 (dos años antes de la edición de Bruselas (Louis Bras-de-Fer) y treinta y cinco de la francesa (del grenadier Richard), el The London Magazine, Or, Gentleman's Monthly Intelligencer, Vol. 45, pp. 544-545, recoge el mismo motivo folklórico, cuyo protagonista es el soldado Richard Middleton, relato que, con escasas variantes, se reprodujo posteriormente en numerosas publicaciones.


La base de la historia es prácticamente la misma en todos los casos. Comienza con Richard Middleton, un soldado que asiste al servicio divino con el resto del regimiento en una iglesia y en lugar de sacar una Biblia para encontrar, el texto del párroco, extiende una baraja de cartas ante él. Tras la queja de su sargento los presenta ante el alcalde amenazándole de un severo castigo si no ofrece disculpas o explicaciones de su actitud. En su defensa ante el alcalde comenzó a desarrollar su interpretación de la baraja: cuando veo un as, me recuerda que solo hay un Dios; y cuando veo un dos me recuerda al Padre y  al Hijo; cuando veo un tres al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; cuando veo los cuatro, me recuerdan a los cuatro evangelistas que predicaron el evangelio, a saber: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuando veo los cinco, me recuerda a las cinco vírgenes sabias; cuando veo los seis, me recuerda que en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra... Verá, señor, que este paquete de cartas es para mí una Biblia, un almanaque y un libro de oraciones.

La misma noticia se recoge también en láminas sueltas y almanaques.

The Perpetual Almanack; or, Gentleman Soldier's Prayer Book (London, 1840)



El relato de esta «anécdota inglesa» traspasó fronteras y llegó hasta nosotros, puesto que lo recoge el Semanario Pintoresco Español en 1850.

Semanario Pintoresco Español (1850, pp. 350-351)

La «cantà de les cartes» en Albocàsser

En la villa castellonense de Albocácer (oficialmente Albocàsser en valenciano), capital de la comarca del Alto Maestrazgo, se mantiene la costumbre de la llamada «Cantà de les cartes» (Canto de las cartas). Se trata de una costumbre autóctona que se realiza cada año la noche del siete de diciembre, víspera da la festividad de la Inmaculada Concepción. En esa noche, se reúnen los quintos en la plaza de la iglesia pidiendo protección y amparo a la virgen. Cuatro de los quintos, representando los cuatro palos de la baraja y acompañados por algunos músicos, van entonando y relacionando cada una de las cartas con episodios de la Pasión del Señor.

Parece ser que la justificación de dicha costumbre proviene de un pliego de cordel conservado en el Archivo parroquial y fechado en 1870 donde se relataba la explicación de las cartas de la baraja por el soldado Andrés Espinosa. En realidad, se trata del conocido pliego, tantas veces reeditado, y que reproduje entero en sus dos partes en la entrada anterior con el título de:
«Nuevo tango. La religión y la baraja, sumaria curiosísima contra el soldado Andrés Espinosa Montero, natural de Logroño, Castilla la Vieja». 
Folleto turístico de Albocàsser
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Dejo para posteriores entradas la reproducción de unos interesantes pliegos (folhetos) brasileños sobre este mismo asunto, así como incursiones a ejemplos italianos, mexicanos y tradiciones orales en forma de canción.

©Antonio Lorenzo

viernes, 30 de noviembre de 2018

Interpretación simbólica de la baraja: pliegos, cuento y canción [I]


En esta nueva entrada actualizo y añado más datos a una entrada anterior dedicada a la interpretación simbólica de las cartas de la baraja por un soldado.

En esta ocasión, reproduzco otras versiones de pliegos sobre el mismo asunto. Añado también una lámina que recoge el expediente judicial o «Sumaria curiosa» del soldado Andrés Espinosa donde se describen los hechos por el que fue acusado y su exculpación.

Dada la parecida estructura de las diversas manifestaciones sobre la interpretación simbólica de la baraja por un soldado, creo que nos hallamos en presencia de al menos dos subtradiciones que desarrollan con distintas variantes el mismo motivo folklórico.

Dejo para entradas posteriores ampliar información:
* Sobre la referencia al juego de cartas del francés Richard, folleto editado en 1811 y soporte o matriz, según prestigiosos investigadores, de las versiones hispanas.
* Sobre el llamado «canto del juego de cartas» por los quintos de Albocàsser (Castellón), que se realiza la víspera de la festividad de la Inmaculada Concepción.
* Sobre un anterior opúsculo, editado en Bruselas en 1778, lo que retrasa la fecha al considerado hasta ahora como el principal referente y origen de la interpretación simbólica de la baraja, tanto en pliegos como en canciones.
* Sobre curiosos folletos editados en Brasil, México, Italia, Inglaterra... que desarrollan el mismo motivo folklórico.
* Sobre la presencia en la prensa dando noticias de esta singular interpretación de la baraja.
* Sobre un interesante folleto, editado en México en 1828, donde un «Coyote» interpreta la baraja a su hijo.
Los pliegos

En la entrada dedicada anteriormente sobre este tema comentaba la interpretación de la baraja por el soldado Miguel Ricarte en la ciudad de Reus, así como la variante de Ricart en la ciudad de Brest o la de Andrés Espinosa en La Habana, con copia de la sentencia absolutoria del 27 de abril de 1870.

Añado tres pliegos más sobre el mismo asunto: el primero de ellos, dividido en dos partes, titulado «La religión y la baraja», que no es sino otra versión del soldado Andrés Espinosa Montero (natural de Logroño) y editado en Palma de Mallorca, hallándose a la venta «delante la fonda d'es Replá, ó sea, detrás de la Pescaderia».

El segundo pliego, impreso en Barcelona por los herederos de la viuda de Pla en 1844, se ajusta más al que se tiene como modelo francés de 52 cartas en la obra de Hadin «Histoire du jeu de cartes du Grenadier Richard, ou explication du jeu de cinquante-deux cartes en forme de libre de prières», París, 1811.

El siguiente pliego, con la «Sagrada contemplación de los Misterios de la Misa por el soldado Miguel Ricarte», es otra copia más del conocido pliego, ambientado en la ciudad de Reus, con el recurrente comienzo de «Emperatriz de los cielos, madre y abogada nuestra...», editado en Madrid por la Imprenta Universal, sin año.

Añado, a continuación, una lámina con la «Licencia del ejército de Baco» donde comentando las licencias a concedidas a los borrachos, se aprovecha para completar la lámina con la licencia otorgada al consabido Andrés Espinosa por su célebre interpretación de la baraja.

Acabo esta primera entrada con una breve referencia sobre la interpretación simbólica de la baraja en su relación con el cuento tradicional.

La religión y la baraja (Primera parte)





La religión y la baraja (Segunda parte)















El cuento

La interpretación de las cartas de la baraja remite al tipo T1613 de la conocida clasificación sobre los tipos del cuento folklórico de Aarne-Thompson, con el título «Los naipes son mi calendario y devocionario». Se resume del siguiente modo: un soldado, a quien reprueban por jugar naipes en la iglesia, contesta y demuestra hábilmente los significados simbólicos de cada uno de los naipes y recibe una recompensa. El motivo central del relato es el [H603] que alude a la interpretación simbólica de los naipes.

A su vez, el tipo T2640 puede considerarse como una variante del anterior [los cuentos explicados por un juego de naipes], como interpretación simbólica de elementos de la baraja. Como ejemplo, reproduzco una muestra recogida por José Manuel Fraile Gil en 1993 en el que fuera pueblo madrileño, convertido ahora en moderna urbanización, de Fuente del Fresno de Jarama. Datos sacados de: José Manuel Fraile Gil, ed., «La poesía infantil en la tradición madrileña», Consejería de Educación y Cultura, Comunidad de Madrid, 1994, pág. 156.

Según explica el recopilador: «se toman de la baraja las figuras y los ases; fórmanse luego cuatro hileras paralelas de cuatro cartas cada una en la forma que se detalla en los paréntesis del texto», texto que es como sigue:


©Antonio Lorenzo

jueves, 22 de noviembre de 2018

Reglas seguras y probadas para casarse bien y pronto


Las respuestas dadas en el pliego a las preguntas sobre la mejor edad para casarse, dependiendo de si se es bella o fea, así como las estrategias a seguir para conseguir como fin el matrimonio, son fiel reflejo del papel, no digamos ya secundario, sino decididamente discriminatorio para la mujer. El papel de los padres de la joven tampoco deja mucho que desear en cuanto que son partícipes y encargados de otorgar la debida licencia para custodiar las virtudes de la hija, lo que implica su escasa valoración, por no decir nula, como persona independiente y con propios criterios.

Hay respuestas que, por sí solas, expresan toda una mentalidad sobre el papel subalterno de la mujer, ya que su forma de comportarse debe consistir en ser discreta y modesta, ser buena para el gobierno de casa, aficionada a los quehaceres domésticos, aseada en ropas y muebles...

Ante la pregunta del pliego: «¿qué derecho adquiere el hombre sobre la mujer después de casado?», la respuesta no deja de ser contundentemente ofensiva: «El de ser su gefe (sic), el administrador de sus bienes y su único consejero».

Desperdigadas por las revistas de la época puede rastrearse en poesías, ilustraciones y comentarios la escasa valoración de la mujer, abundando en el consabido estereotipo de esposa, madre, frágil, caprichosa, coqueta e inferior intelectual y moralmente al hombre, etc.

La situación de dependencia y de subordinación de la mujer casada al marido aparece en diversos artículos del Código Civil de 1889 (28 años posteriores al pliego). El artículo 57 establece que "el marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido"; el 58: que "la mujer está obligada a seguir a su marido dondequiera que fije su residencia"; el 59: que el marido es el administrador de los bienes del matrimonio; y el 60: que el marido es también el representante de la mujer y ésta no puede, sin su presencia, comparecer a juicio.

La imagen de la mujer como madre y pilar fundamental de la familia se reavivó en la etapa inmediata a la guerra civil española con la conocida Sección Femenina, surgida en 1934 como rama para la mujer de Falange Española, y rebautizada tras la dictadura franquista como Falange Española Tradicionalista. La Sección Femenina se disolvió en 1977, a los dos años del fallecimiento del dictador, siendo dirigida durante su larga trayectoria por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador del partido original, José Antonio Primo de Rivera.

El adoctrinamiento de la mujer durante el franquismo se realizaba mediante la obligatoriedad del «Servicio Social». Extraigo de Recuerdos de una vida, escrito por la propia Pilar Primo de Rivera (Madrid, ediciones Dyrsa, 3ª ed., 1983, pág. 149):
«Teníamos también ya a nuestro cargo el Servicio Social de la Mujer, que consistía en que todas, entre los 17 y los 35 años, debían dar seis meses de trabajo gratuito a España. Una especie de servicio a la Patria que se dividía en dos partes: tres meses de prestación gratuita en comedores de Auxilio Social, hospitales, oficinas, etcétera, y tres meses de formación personal, durante los cuales tenían clases de cultura general, de música y enseñanzas del hogar. Esta última parte formativa se daba en las escuelas de hogar que acabábamos de crear, también para elevar el nivel cultural de las mujeres».
A pesar del considerable desfase del caso español respecto a Europa en cuanto a desigualdad jurídica, la mujer fue poco a poco ganando protagonismo en el reconocimiento de sus derechos, si bien de una forma extremadamente lenta, pues la primera vez que se reconoció en España el derecho al sufragio femenino remonta a la Constitución de 1931 en la Segunda República Española. Hay aún que esperar hasta la Constitución Española de 1978 donde ya se recoge el derecho de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres.

Aunque la Constitución Española de 1978 consagra el derecho de igualdad jurídica, no fue sino hasta las leyes promulgadas en el Código Civil de 1981, donde se instauraba un nuevo orden familiar al derogarse la autoridad marital y todas sus derivaciones. De tal modo, la dirección de la familia  quedaba  asignada  a  ambos  cónyuges  y se articulaba la relación entre marido y mujer desde la igualdad y reciprocidad de derechos y  deberes.

Desde la creación en 1983 del Instituto de la Mujer,  con la finalidad de promover y fomentar la igualdad social de las mujeres y su participación en la vida política, cultural, económica y social, muchas son las publicaciones que han aparecido y que van rellenando el hueco desinformativo que padecían.

El Pliego

El pliego está editado en Barcelona e impreso por Juan Llorens en 1861.

Si contextualizamos la fecha de edición del pliego (1861) con las disposiciones vigentes de la época, encontramos que en la Constitución promulgada el 23 de mayo de 1845 y vigente hasta 1868, no se contemplaba de ningún modo el voto femenino ni el reconocimiento de su participación en la vida pública. Hay que esperar hasta el año 1931, como se ha señalado, para el reconocimiento de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres y su derecho al voto.






©Antonio Lorenzo