miércoles, 25 de noviembre de 2020

Castigo providencial a los perversos don Ramón y Sisenanda

 

Pliego sin fecha y sin lugar de edición donde se relata el execrable asesinato de una santa mujer a manos de su maltratador marido tras caer en las redes de la perversa tabernera de nombre Sisenanda. La dicotomía entre una mujer virtuosa, sufridora y sumisa frente a una intrigante, ardorosa y malévola mujer como causante de la perdición de los hombres, suele ser lugar común en este tipo de composiciones truculentas que acaban con castigos divinos.





©Antonio Lorenzo

martes, 17 de noviembre de 2020

El tango americano como precursor de los tangos flamencos

El pliego que reproduzco ofrece gran interés porque viene a corroborar la teoría del origen cubano del llamado tango americano y su determinante influencia posterior en las distintas modalidades de los tangos flamencos. Esta relación fue descubierta y desarrollada en los imprescindibles trabajos sobre los orígenes del flamenco de José Luis Ortiz Nuevo y de Faustino Núñez. Las agudas referencias entresacadas por estos dos reconocidos investigadores, llevadas a cabo en las hemerotecas de Cádiz, Sevilla, La Habana o Madrid, constituyen un avance decisivo en los estudios sobre la historia del preflamenco. 

El pliego visualiza y acredita la noticia que desempolvó Ortiz Nuevo y que junto al musicólogo Faustino Núñez publicaron conjuntamente en La Rabia del placer, el origen cubano del tango y su desembarco en España, 1823-1923, Diputación Provincial de Sevilla, 1999.

Un suscriptor del periódico madrileño El Clamor Público daba a conocer el 26 de enero de 1849 unas noticias sobre la historia del tango donde se ratifica la popularidad del tango habanero a través de tres canciones bailadas y cantadas desde el año 1828. Estas noticias se reprodujeron de nuevo el 15 de febrero del mismo año en el periódico semanal sevillano El regalo de Andalucía, aunque en la copia ofrecida por esta publicación señala la fecha de 1823. Las noticias comentan tres canciones entremezcladas, pero con sus títulos correspondientes: «La Guanábana», «La Limonada», con el estribillo «no era nada, ni chicha ni limonada», y la titulada como «La Lotería».

La copia completa de la noticia es como sigue:

El Clamor Público
«El año de 1828 se oyó por primera vez en un barrio estramuros de La Habana, en una choza de gente de color, una canción con el nombre de guanábana, que es una fruta de bastante mérito, y aunque entre ellos se generalizó algún tanto, jamás llegó a penetrar en las casas de personas del estado llano siquiera, ni se escribió una nota para el piano, tan común en aquella ciudad, habiéndose abandonado bien pronto; porque acomodándosele versos obscenos, cuidaron las autoridades por medio de sus agentes de policía, impedir que se propagase. En 1828 apareció otra en el propio barrio con el nombre de la limonada, inventada por los mismos, aludiendo a que se había concedido el título de cabo de ronda a un sugeto que, después de haber admitido brindis de los negros en las bodegas, los perseguía y privaba sus reuniones, y por eso le cantaban que no era nada, ni chicha ni limonada; lo que colocaban de estribillo a todos los versos. Por último en 1843 resonó otra llamada La Lotería, suponiendo en la letra que un negro había sido robado del premio de su billete, sin que mereciera ni por estravagancia que algunas de sus partes sirviesen para la composición de una simple danza a que hay tantos aficionados. Estas tres canciones, que son muy diferentes en su música y objeto, constando cada una de dos partes, las he oído reunidas y formando una solamente muy mal combinada, tanto aquí como en Sevilla y Cádiz; pero nada de esto ha llamado mi atención, ni que aparecieran al cabo de tanto tiempo, sino el nombre que se le ha acomodado de ¡Tango americano! Si se hubiese bautizado con el de Tango africano, sería más pasajero, ya porque fue inventado por ellos, ya también porque en los bailes que allí forman los días festivos en los recintos de la ciudad, y en las fincas de campo, al uso de su país con tambores, se les da ese nombre primero o el de cabildos, pues los hijos de estos forman otro baile muy diferente, que es, el rigodón, contradanza y wals, o el zapateado al compás de una harpa con golpes y canto; en lo cual no se nota signo alguno de inmoralidad.
Como he comprendido que ese llamado Tango Americano se supone equivocadamente que fue admitido en todas las clases de la sociedad habanera, y tal como algunas personas lo han propalado, se me concederá que he tenido mucha razón, para ocuparme un momento de la sencilla historia de lo que realmente ha pasado sobre el particular, con el fin de que la opinión que haya podido formarse, no perjudique a la sensatez y moralidad de los habitantes de la pacífica Antilla».

Periódico semanal «El Regalo de Andalucía» (15 de febrero de 1849)

Las tres canciones bailadas que se mencionan en la cita seguramente fueran las más conocidas de un repertorio que acabó desembarcando en las costas españolas con la etiqueta de tango americano alcanzando una gran proyección.

La importancia de esta y de otras citas exhumadas por estos investigadores resulta fundamental en el sentido de que quienes primero practicaron el conocido patrón rítmico del tango fueron los negros en La Habana, patrón que se extendió posteriormente no solo en las ciudades andaluzas, sino en la música popular de diferentes culturas. Ello viene a contradecir la idea de que los tangos flamencos provienen de un exclusivo y hermético origen gitano y andaluz, tal y como sostuvieron en su día el poeta cordobés Ricardo Molina y el insigne cantaor Antonio Mairena en su seminal libro Mundo y formas del cante flamenco, Madrid, Ed. Revista de Occidente, 1963.






El pliego, editado en Madrid el año 1848 (un año antes de las noticias publicadas en los diarios), da idea de la pronta difusión del tango habanero por tierras andaluzas y madrileñas en una especie de popurrí donde se entremezcla la expresión «ni chicha, ni limoná» con alusiones a la fruta tropical la guanábana y a la lotería que se mencionaba en una de las estrofas, lo que viene a confirmar la combinación de los textos de las tres canciones al servicio del baile.


El origen de la expresión «ni chicha, ni limoná» hace referencia a dos tipos de bebidas: una alcohólica, (la chicha) y otra refrescante (limoná). La chicha es una bebida fermentada que proviene de la harina de maíz, de fuerte sabor y de origen prehispánico; por el contrario, la limonada es una bebida suave a base de limón, azúcar y vino blanco. El sentido de la expresión tiene el objetivo de resaltar algo de lo que tiene poca importancia o valor o lo que no es ni una cosa ni la otra. En la sociedad colonial cubana del XIX la limonada era una bebida ligada a la clase social más acomodada, mientras que la chicha era consumida por la clase social más baja.


La chicha no solo alude a la bebida fermentada, ya que también tiene otros significados asociados a la carne, como lo de «tener poca o mucha chicha» o a la asociación con «chichinabo», de parecido sentido y que ya figura en el Diccionario de Autoridades de 1729.


Como curiosidad, la popularidad de esta expresión con el sentido de su falta de interés y valor, se encuentra en una de las marquillas cubanas que formaba parte de la serie «La vida de la mulata», mandada editar por la prestigiosa fábrica de tabacos La Honradez, proveedora de los Reyes de España y de Portugal, como se dice en el logotipo del que hacen gala. En ella aparece la frase que dedica un calesero negro a una desmejorada mulata que camina por la calle fumando un cigarro. Se trata, en suma, de un ejemplo representativo de la forma popular de hablar recogida en esta y en otras tantas representaciones gráficas de las marquillas cigarreras.



Desde un punto de vista del uso de la frase como connotación política cabe recordar el título de una célebre canción del malogrado y recordado cantautor chileno Víctor Jara.

Las variadas formas de la literatura popular impresa han contribuido a la difusión de estas canciones, como sucede con el pliego reproducido. Como apunta acertadamente Faustino Núñez en su trabajo «Cuba en la música española y andaluza», artículo recogido en la obra Cuba y Andalucía entre las dos orillas, coedición de La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y el CSIC, Sevilla, 2002, coordinada por Jesús Raúl Navarro García:
«Otra vía importantísima de difusión de cantos cubanos en España, quizás la más relevante a nivel popular de todas las mencionadas, se encuentra en los pliegos de cordel que cantaban los ciegos por todas las localidades, grandes y pequeñas, de la península. Las imprentas comenzaron a editar un tipo de literatura fungible que rarísima vez incluía un soporte musical indicado en notas. Cuando se incluía figuraba al comienzo o final del pliego, aunque normalmente se indicaba sobre qué “son” debía de tararearse. Lo más común era sin embargo escuchar la melodía directamente del coplero ambulante o del ciego cantor y aprenderla. Por esta vía numerosas canciones viajaron con gran rapidez. Una de las melodías que durante el siglo XVIII más difusión tuvo fue El Punto de La Habana, sobre la cual volveremos más adelante. En este orden de cosas es importante señalar que la literatura de cordel con canciones cubanas tuvo una repercusión más urbana que rural». (pág. 274-275)
El mestizaje y la simbiosis de temas entre una y otra parte del atlántico en el trasiego de idas y venidas es un factor fundamental para la comprensión de la formación de los palos flamencos. La pureza musical e incontaminada en la música popular no puede sostenerse a la vista de tantos datos exhumados de publicaciones no antes tenidas en cuenta


El gran estudioso y folklorista Joan Amades, referencia indiscutible del folklore catalán, dedicó una serie de noticias y transcripciones de pliegos de asunto americano con el título de Temas americanos en la Literatura de Caña y Cordel que fue publicando de forma dispersa en la década del 60 del pasado siglo en la Revista del Centre de Lectura de Reus.

Como complemento a los textos transcritos que ofrece el folklorista catalán entresaco y visualizo algunos de los temas que menciona, donde se suelen añadir otras composiciones para completar el pliego.





Ventall o abanico por la imprenta de Juan Llorens

©Antonio Lorenzo


domingo, 8 de noviembre de 2020

Neo-católicos y liberales en la prensa del siglo XIX


Dos aucas o aleluyas donde se critica burlonamente en la primera a los conocidos como neo-católicos y en la segunda se enaltecen las ideas liberales. Ambas fueron publicadas en el semanario satírico La Campana de Gracia en enero y febrero de 1872. Este semanario, editado durante más de 64 años, de contenido republicano y anticlerical, lo fundó Inocencio López el ocho de mayo de 1870. 

La última etapa de este semanario desde el 2 de julio de 1932 hasta su desaparición en 1934, fue propiedad de Esquerra Republicana de Catalunya, siendo dirigido, entre otros, por Antoni Serra. 

Antes de contextualizar brevemente algunos de los acontecimientos históricos de este periodo, así como el porqué del título de este semanario, paso a reproducirlas.


Estas dos aucas hay que enmarcarlas en un periodo convulso de nuestra historia. Como antecedente, la revolución de 1868, conocida como «La Gloriosa» abrió paso al periodo conocido por el Sexenio Democrático (1868-1874) donde se produjeron numerosos e importantes cambios sociales y políticos que fueron trascendentales para la historia de España por sus repercusiones posteriores. Tras la salida hacia el exilio de Isabel II tras la revolución de 1868 se formó un gobierno provisional presidido por Serrano y con Prim como ministro de Guerra. Se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes dando lugar a la Constitución de 1869. En su conjunto, esta constitución establecía un régimen democrático, apto para la participación de todas las fuerzas políticas dentro de un orden preferentemente burgués. Una vez aprobada, el Gobierno se propuso consolidar el nuevo régimen y emprender el desarrollo legislativo de la constitución al tiempo que se buscaba un candidato al trono de España, imponiéndose al final la candidatura de Amadeo de Saboya. El nuevo monarca llegó a España el 30 de diciembre, tres días después del asesinato del general Prim en Madrid, quien fuera su valedor más fiel de cara a su elección. El 2 de enero de 1871 fue proclamado rey.

El breve reinado de Amadeo se vio afectado por reiteradas insurrecciones de uno y otro signo, como el inicio de la Tercera Guerra Carlista, lo que condujo a la desintegración de la coalición gubernamental dejando al rey sin el apoyo necesario para hacer frente a la gobernabilidad del país. En estas circunstancias, Amadeo acabó por presentar su renuncia al trono en febrero de 1873. Tras la abdicación de Amadeo, las Cortes proclamaron la I República Española en febrero del mismo año y que duraría hasta el 29 de diciembre de 1874.

Es en este contexto donde hay que situar las dos aucas reproducidas mediante el formato habitual de las aucas o aleluyas en una lámina de 48 viñetas con pareados bajo cada ilustración, claramente posicionadas en contra de los intereses de los conservaduristas neo-católicos y favor de la república.

Cabe preguntarse sobre quiénes eran los neo-católicos. En la 23ª ed. del Diccionario de la lengua española define el término «neocatolicismo» como la doctrina político-religiosa que aspiraba a restablecer en España las tradiciones católicas en la vida social y en el gobierno del Estado.

Hay que aclarar de antemano que dicho apelativo resulta impreciso y cambiante en el tiempo, aunque, si nos atenemos al magnífico trabajo de Begoña Urigüen: Orígenes y evolución de la derecha española: el Neo-Catolicismo, Madrid, Centro de Estudios Históricos, C.S.I.C., 1986.

«Neo-católicos son la extrema derecha del partido moderado que tiene en Donoso a su padre e inspirador. Un carlista, por muy ortodoxo y pro-romano que se manifieste, no es objeto de denominación de neo-católico. Esta aclaración es importante para el historiador de esta época. Y más importante todavía es la verificación de que un adjetivo de contenido netamente religioso y católico sirva para identificar a un grupo socio-político de derecha extrema. Queda claro a lo largo del presente trabajo que el neísmo es una denominación exclusivamente política. No se es neo de una manera adjetiva, sino por la pertenencia a un grupo político determinado».
La idea central que subyace era que un cambio político liberal arrastraría a una revolución social y tras la proclamación de la libertad, acarrearía el libertinaje de los más desposeídos. La importancia que adquiere el poder de la iglesia y del catolicismo en general no puede separarse de estas concepciones ideológicas.

Urigüen comenta también en su introducción de su trabajo lo siguiente:

«Estos tres derechismos, el católico liberal, el carlismo y el neísmo habrán de encon­trarse andando el tiempo y con la llegada de épocas especialmente calamitosas para el espíritu y los intereses de la derecha. Tras la caída de Isabel II los carlistas y los neos llegarán a fusionarse por la aceptación de la legitimidad carlista por parte de estos últimos. Andando el tiempo, se intentará la unión de los católico-liberales, los carlistas y los antiguos neos o tradicionalistas donosianos. Tras el fracaso de esta unión los carlistas se denominarán leales, los tradicionalistas pasarán a llamarse integristas, y los pidalistas serán para los dos primeros los mestizos, por mezclar el liberalismo con el catolicismo. Todo esto plantea situaciones muy mezcladas que conviene aclarar. El tema de la derecha y el catolicismo presenta también otros capítulos dignos de estudio. Uno de ellos es la prensa de derechas que viene a confundirse con la prensa católica. También aquí se formula la pregunta. ¿Hasta qué punto se presenta la prensa católica como un fenómeno propio, como una actividad que tiene en sí misma su razón de ser? ¿Hasta qué punto es un instrumento al servicio del catolicismo? ¿Está condicionado el fenómeno periodístico de la derecha por intereses económicos?»

Se considera que la influencia de las ideas y escritos de Donoso Cortés sobre los neo-católicos y el tradicionalismo español fue decisivo.  De sus ideas bebieron gran parte de los católicos durante el reinado de Isabel II, sobre todo en sus escritos a consecuencia de la revolución francesa en febrero de 1848, lo que obligó al rey Luis Felipe I de Francia a abdicar dando paso a la Segunda República Francesa. Las ideas de Donoso coincidieron además con un momento crucial con las sostenidas por el papa Pío IX en su afán por consolidar una iglesia católica pura y descontaminada frente a una falsa idea de libertad y progreso,

El origen de los neos se sitúa en los sectores católicos-conservadores del partido moderado frente a los liberales, muy próximos al carlismo, aunque no identificados plenamente. Aún dentro de los partidos de talante conservador (carlistas, católicos liberales y neos) se desarrollaban luchas ideológicas entre ellos, según la coyuntura política del momento, sobre cómo afrontar de la mejor manera su relación con los liberales, aunque les unía su inquebrantable defensa de la religión y de la monarquía tradicional del Antiguo Régimen.

Las principios ideológicos de este grupo, aunque habría que matizarlos a lo largo del tiempo, son a grandes rasgos:

* Crítica al liberalismo y defensa a ultranza de la unidad católica de España como esencia de lo español

* A favor de una monarquía hereditaria como constitutiva de la unidad de España

* Equidistancia inicial con el carlismo, al que más tarde apoyarían como garantes de la monarquía.

* Sumisión del poder civil al eclesiástico, respeto a la autoridad de origen divino y negación de la soberanía popular como origen del poder

Se trata, en resumen, de un grupo político concreto procedente del partido moderado considerándose como los legítimos defensores de los intereses de la iglesia. No obstante, nos encontramos con una confusión terminológica que perdura a lo largo del tiempo entre carlistas, realistas, tradicionalistas, integristas o católicos liberales. En su conjunto hay que considerarlos, no como integrantes de un determinado partido político, sino como un grupo de presión frente a sus adversarios ideológicos.

La Campana de Gracia

La importancia adquirida por la prensa escrita y la profusión de periódicos y folletos durante estos años nos dan idea de la confrontación de posturas de uno y otro signo según las circunstancias tan cambiantes de la época. La carga doctrinal de la prensa periódica y sus elementos propagandísticos se va consolidando como un campo de estudio, territorio poco explorado aún por los historiadores.

La historia del título del semanario viene a simbolizar una incitación a la lucha mediante el toque de campana, donde cada número editado indicaba que se trataba de una «batallada» semanal.

La insurrección en muchos puntos de España, como fue el caso del barrio obrero de Gracia, estuvo motivada porque el gobierno provisional no pudo satisfacer la promesa de abolición de las quintas, ya que se vio obligado a enviar tropas desde la península para tratar de sofocar la insurrección en Cuba. La llamada a filas a las clases populares con el consiguiente peligro de ser embarcados hacia Cuba, desencadenó una profunda crisis y rebeliones populares frente ante las promesas incumplidas por parte de los sucesivos gobiernos provisionales de suprimir las quintas. La situación no mejoró y los distintos gobiernos se vieron obligados a continuar llamando a quintas permitiendo mediante rebajas que los municipios redimieran colectivamente a sus quintos pagando al Estado determinada cantidad en plazos anuales o proveyendo al ejército de voluntarios.

El título recuerda de forma simbólica la llamada a la resistencia mediante los toques de campana que no dejaban de sonar de forma continua, ya que mediante una cuerda se la iban pasando los particulares cercanos a la torre para que no dejara de sonar ni de día ni de noche. Todo ello vino motivado por la Revuelta de las Quintas oponiéndose a la demanda del gobierno de llevar obligatoriamente los jóvenes al ejército. El general Eugenio Gaminde fue el encargado de imponer la medida a la fuerza, y fue entonces cuando los vecinos de Gracia fueron llamados a la resistencia mediante los toques de la campana. Los militares la dispararon repetidamente con los cañones, pero la campana no dejó de tocar. La campana se convirtió en un símbolo de resistencia y de las ideas federales que defendían gran parte de los vecinos.


Ilustración de cañoneo por las tropas liberales (publicada el 15 de mayo de 1870)

A lo largo de su extensa trayectoria el semanario sufrió varias suspensiones debido a sus lacerantes críticas. Tras la suspensión de un mes en 1872, el editor se vio obligado a encontrarle una variante para mantener a los lectores durante el tiempo de suspensión. La nueva publicación, sustitutiva y luego con vida propia, se llamó L'Esquella de la Torratxa (Barcelona, 1872-1938), donde la respuesta del editor fue: ¿No quieres oír campanadas? Pues oirás al menos unos cencerros cada semana.

Tras otra serie de suspensiones no fue hasta el 19 de enero de 1879 cuando La Campana de Gracia continuó publicándose de forma ininterrumpida hasta su desaparición. A su vez, L'Esquella de la Torratxa también se vio obligada a escoger otros títulos: entre el 30 de mayo y el 16 de julio de 1872 como La Tomasa y entre el 2 y 9 de octubre de 1925 por La Rambla.

Cabeceras del semanario

Las portadas de la abundante prensa de la época servían para expresar de forma simbólica reivindicaciones políticas para concitar la complicidad del lector. Estas ilustraciones pueden considerarse como discursos autónomos para identificarse con el contenido de la publicación, en lo que hemos venido llamando imágenes para leer.

Haciendo un pequeño repaso por las diferentes cabeceras observamos cómo el motivo central de la campana bombardeada se mantiene de mayor a menor protagonismo en los sucesivos encabezamientos.


Portada del primer ejemplar (8 de mayo de 1870)

Portada del 21 de noviembre de 1870

Más curiosa resulta la torre con la campana bombardeada enmarcada en tres sectores a través de un triángulo, lo que recuerda la simbología iconográfica masónica, con el lema: libertad, igualdad y fraternidad  en clara alusión a la Revolución Francesa y donde se puede ver en sus laterales a un obrero con su barretina y con las mangas de la camisa remangadas y a un señor bien vestido tocado con un sombrero, ambos leyendo el periódico con la intención, se entiende, de que la publicación estaba dirigida a la integración de cualquier clase social que defendiera los mismos intereses y su clara orientación republicana.


Portada del 21 de enero de 1872

Portada del 1 de enero de 1879

Portada del 1 de enero de 1881

Última portada del 12 de octubre de 1934

©Antonio Lorenzo