sábado, 10 de enero de 2026

Almanaque de "El Fandango" para 1892

 

En los comienzos de cada año los pronósticos y las predicciones de carácter meteorológico se solían recoger en almanaques o calendarios de una forma discontinua desde el siglo XV. Este tipo de publicaciones recogían de una forma predictiva las prácticas rurales y faenas agrícolas que fueron evolucionando con el tiempo de una forma expansiva y añadiendo progresivamente datos complementarios como relleno.

El almanaque, cuya etimología proviene del árabe al-manäkn, con el significado de contar y enumerar de forma preferente el tiempo astronómico, se fue progresivamente ampliando al santoral religioso y festivo, así como a las predicciones mensuales del nuevo año junto al balance del año transcurrido conocido como el "Juicio del año".

Los numerosos tipos de almanaques editados en España alcanzaron entre nosotros una gran difusión durante los siglos XVIII y XIX donde se fueron incorporando paulatinamente otras alusiones de carácter humorístico mediante chistes, proverbios, curiosidades, parodias o adivinanzas para satisfacer a un público generalista y en muchos casos a modo de una publicación anual y separada pero vinculada comercialmente a la prensa periodística.

El "Juicio del año", escrito en nuestro caso en quintillas por una tal Panchita Caliente, viene a ser una especie de repaso o compendio de los acontecimientos producidos, sin que falten alusiones a personajes políticos, a lo que se suelen añadir efemérides, lunarios, chirigotas de forma jocosa con textos humorísticos y anticipándose a lo que supuestamente pueda ocurrir de una forma entretenida y amena.

El sentido comercial de los almanaques o calendarios fue paulatinamente incrementándose al incluir colaboraciones de autores más o menos conocidos o encubiertos, así como ilustraciones o dibujos para atraer la atención de los compradores para regalarlos en las fechas tan señaladas en los comienzos del año convirtiéndose, al margen de las predicciones originales, en obras de consulta recreativa.

Entre la gran difusión de estos almanaques me detengo a modo de simple muestra en el Almanaque de El Fandango para el año 1892, donde se incorporan pasatiempos y coplas junto a distintas ilustraciones de las que reproduzco algunas de ellas entresacadas.

Esta publicación periódica, cuyo título se relaciona con el conocido baile popular y festivo, fue editada en Barcelona a finales del siglo XIX con la finalidad de facilitar un entretenimiento popular y no solo de predicciones, al incluir toda una serie de contenidos e ilustraciones para favorecer y atraer la atención del público.

La miscelánea festiva de este almanaque de finales del XIX tiene un claro precedente en cuanto a su título con la que fuera una revista satírica mensual denominada El Fandango (1844-1846), prodigada años atrás y requeridora de una mayor atención y a la que dedicaré, como indagador de curiosidades, alguna que otra entrada. Dicha revista fue editada en Madrid por la llamada Sociedad Literaria en la imprenta dirigida por escritor y editor Wenceslao Ayguals de Izco, difusora igualmente de sus propias obras literarias y de variados folletines que alcanzaron gran repercusión entre el público.

Este tipo de publicaciones, al igual que los pliegos de cordel, también forman parte de la llamada literatura popular impresa, dando lugar a documentados y parciales estudios, aunque ciertamente poco tenidos en cuenta desde un punto de vista académico y literario a pesar de resultar relevantes en muchos sentidos.







Entresacados







©Antonio Lorenzo

viernes, 2 de enero de 2026

Las penas del año nuevo y el ¡ay! de los labradores

 

El nuevo comienzo del año, del que no sabemos a cuál se refiere en el pliego, los labradores no lo consideraron como positivo, ya que se lamentan de su precaria situación debido a la cantidad de impuestos que tenían que pagar, aunque, eso sí, sin dejar de enaltecer a España como un gran país si no se tuvieran que afrontar tantas cargas impositivas.

La principal queja que sostienen los labradores se refiere a las pérdidas que supone el hacer frente al pago de tantas contribuciones y al encarecimiento de aquello que producen y de sus compras. Se quejan de los escasos jornales que reciben y de la precariedad extendida, no solo a los labradores, sino también a los sastres, zapateros, modistas y sirvientas.

Suben las contribuciones,
los comestibles y el pan,
pero ninguno se acuerda
de que se aumenta el jornal.

Desde una perspectiva actual se apunta de pasada en el pliego algo que puede causarnos extrañeza, ya que entonces también era necesario el pagar un impuesto por el uso de la sal. Sobre la historia de este impuesto dediqué hace unos años una entrada anterior comentando el pliego titulado Nuevas y divertidas peteneras por los impuestos al consumo.


El monopolio de la sal, en cuanto a su fabricación y venta exclusiva, era una prerrogativa de la propia Corona como monopolio controlador desde tiempos anteriores. Mediante un Real decreto del 3 de agosto de 1834 se suprimieron los impuestos para el consumo de la sal dejando su surtido a la libre voluntad de los pueblos e individuos. El impuesto a pagar por el uso de la sal sufrió muchos vaivenes relacionados con la política de su producción y como elemento prioritario para la conservación de alimentos.

Tras las quejas y el ¡ay! de los labradores se incluye a continuación una relación de coplas donde la animadversión hacia algunos de los comportamientos de las mujeres se encuentra presente al tacharlas de engañadoras, aprovechadas y aparentando lo que no son. Aunque envueltas en coplas con referencias satíricas se resaltan sus argucias para aprovecharse del dinero y de las situaciones, algo que resulta recurrente en otros muchos pliegos del siglo XIX.

El pliego procede de Juan Bautista Vidal, quien fuera un conocido impresor que colaboró también muchos años con otros impresores desarrollando a lo largo de su carrera una intensa actividad impresora, tanto de diarios como de pliegos de romances y folletos populares religiosos convirtiéndose en una referencia editorial. En 1865 abrió una librería y papelería en la calle Arrabal de Jesús, número 5, como figura en el colofón del pliego reproducido, continuando su labor como editor y distribuidor de literatura de cordel en otras librerías de la comarca.





©Antonio Lorenzo

jueves, 25 de diciembre de 2025

Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento

 

Para conmemorar esta fecha tan emblemática reproduzco estos Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, donde se incluyen también otras composiciones alusivas a la fecha tan señalada.

El pliego fue impreso en Madrid a cargo de José María Marés en el año 1873, que corresponde a su actividad impresora en su último emplazamiento en la calle Juanelo, número 19, en colaboración  con el entonces también impresor Manuel Minuesa hasta el año 1875.





©Antonio Lorenzo

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Alegres villancicos al Santo Nacimiento

 

Alegres villancicos al Santo Nacimiento del Hijo de Dios, acompañado de hermosas tonadillas y coplas alusivas. 

El pliego procede de la imprenta madrileña de José María Marés en la Plazuela de la Cebada en el año 1858, diez años antes de la Revolución Gloriosa donde se expulsó a la reina Isabel II fuera de España. La labor generalista de este conocido impresor de pliegos de cordel se desarrolló entre los años 1842 y 1874 en seis lugares distintos de la capital madrileña, siendo la sede de la Plazuela de la Cebada número 96, como consta en el pliego reproducido, la correspondiente a la etapa entre los años 1854 y 1866.





©Antonio Lorenzo

lunes, 22 de diciembre de 2025

La Gran Lotería para las mujeres que buscan marido

 

Con el arte de birlibirloque y mediante el juego de esta eterna lotería, como se apunta al final del pliego, el organizador del mismo se postula como capacitado para encontrar novios o maridos a toda solterita o viuda que confíe en él y dé crédito a sus habilidades. A su llamada, nada menos que 26 mujeres se pusieron en fila para que a cada una de ellas se les proporcione una respuesta personalizada en su búsqueda de novio o marido.

Por arte de birlibirloque, usado como locución adverbial, aunque caída en desuso, se entiende que algo suceda de un modo inexplicable o como un arte de magia para conseguir determinados fines.

La Real Academia incorporó en 1817 dicha expresión como derivada de la contracción birliqui birloque aludiendo al arte de engañar "birlar" o estafar escamoteando con sigilosa destreza y astucia y ayudado con una gran ligereza de manos propia de los estafadores callejeros conocidos como los trileros.

Cada una de las 26 mujeres expone los motivos de su búsqueda a la espera de la respuesta adecuada a su solicitud y donde se tienen en cuenta las personales características de cada una de las mujeres, todo ello dentro de un contexto satírico y burlesco y donde no falta tampoco lo denigratorio.

La situación de la mujer en la España del siglo XIX y hasta bien avanzado el siglo XX se centraba básicamente en encontrar un marido para sentirse protegida y que les resultase rentable. La búsqueda de maridos por las jovencitas, ya fuera por propia voluntad o bien por decisión urdida por sus padres, resulta notoria en muchos pliegos de cordel de la época, con la pretensión de situarlas convenientemente para su vida futura. Consideradas las mujeres como seres inferiores y dependientes de los hombres son aspectos ya bien estudiados en relación con motivos económicos, religiosos o políticos junto a las motivaciones culturales propias de la época. El papel de la mujer en la historia no ha acabado de consumarse, ya que se encuentra envuelto con otros nombres o disfraces que ocultan la realidad que ha venido padeciendo la mujer.

En los pliegos es frecuente la búsqueda por las mocitas de un marido que fuera militar y a ser posible con cierta graduación donde la mujer se convertiría en ángel del hogar, en un claro régimen patriarcal de valores y de claro antifeminismo. Este estereotipo de la mujer queda reflejado en este y en otros muchos otros pliegos de cordel donde subyacen las críticas a las condiciones particulares propias de entonces. La búsqueda de marido también se propagó a través de representaciones propias del teatro breve, como en la comedia en un acto y en prosa titulada Nuevo método de buscar marido, impresa en el año 1858 y representada por primera vez en el Teatro Principal de Málaga el 23 de julio de 1855.

En la época en la que vivimos, ya no es necesario consultar a un adivino sobre cómo encontrar pareja estable y sana, puesto que, como curiosidad y ejemplo, ya es algo que puede consultarse a través de las redes sociales como, entre otras: Siete consejos para encontrar pareja según la Inteligencia Artificial.



El pliego reproducido fue impreso en Madrid por Marés y Compañía en la calle Juanelo, 19, quien ejerció su labor impresora en dicha calle entre los años 1870 y 1875.





©Antonio Lorenzo

martes, 16 de diciembre de 2025

Merienda en Carabanchel de Abaxo previa a la trifulca

 

Con el término de Carabanchel de Abaxo, descrito en el pliego como el lugar donde se desarrollan los acontecimientos narrados, se hace referencia al antiguo municipio de Madrid, cercano en distancia a la capital y donde a lo largo de los años obtuvo una notable preeminencia por servir de asentamiento veraniego de la aristocracia en palacios y fincas de recreo, adquiriendo gran importancia referencial a finales del siglo XIX. De igual forma sucedió con su colindante, Carabanchel de Arriba (Carabanchel Alto), próximos ambos a la capital hasta su anexión conjunta a un Madrid expansivo en el año 1948. Desde un punto de vista actual, dicha anexión ha despertado ciertas dudas e incomprensiones por no haberse tenido en cuenta su importante patrimonio identitario, aunque son cuestiones que ya resultan irreversibles, tal y como sucede con otros términos municipales que fueron adheridos igualmente a la capital un poco tiempo más tarde.

En el pliego se describen estos sucesos en tiempos del reinado de Fernando VI, hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya, quien ejerció su reinado entre 1746 y 1759.  En el pliego se relata que los protagonistas (un cojo, un calvo, un estudiante, un ciego, un boticario, un gibado y un barbero) dispusieron celebrar una merienda el día de San Pedro en el término de Carabanchel de Abaxo. Para lo cual, depositando cada uno la misma cantidad de dinero para la prevista merienda, quedaron para reunirse en la Puerta de Toledo y dirigirse al término de Carabanchel de Abaxo tocando instrumentos, cantando y bailando y donde acamparon un poco antes de la población. Tras la merienda, y una vez bien comidos y bebidos, se enzarzaron a golpes unos con otros en una camorra... "y lo demás que verá el curioso lector", como se apunta en la cabecera del pliego a modo de frase recurrente para incitar al público a su compra. Sobre estos incidentes no faltan alusiones satíricas y burlescas teniendo en cuenta las características propias de cada protagonista merendero. En medio de estas trifulcas los vecinos de las cercanas casas de campo acudieron como medianeros para tratar de poner orden entre ellos consiguiendo al fin que se sosegasen y que cada uno de ellos volviera a su barrio en la corte retornando juntos de nuevo cantando y bailando tal y como llegaron.

En el pliego, aunque no figura el año de edición y por lo poco que sabemos, la imprenta y librería de Luis Siges y Sotos desarrolló su actividad entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, donde, aparte de impresor de libros, también lo fue de pliegos de cordel como el reproducido. Dicha librería, continuadora de la labor desarrollada entre 1764 y 1792 por el anterior impresor Andrés de Sotos, estuvo situada en la calle madrileña de Bordadores frente a la Iglesia de San Ginés, tal y como se detalla en el colofón del pliego.

La calle de Bordadores, de las que se dan noticias en el referencial libro Las calles de Madrid, de Pedro de Répide (1882-1948) (Editorial Afrodisio Aguado, S.A., Cuarta edición, 1881) por quien fuera una figura destacada como novelista y cronista de Madrid. Dicha calle fue una antigua sede del gremio de bordadores de telas y fundadores de un montepío que tomaron por titular a Nuestra Señora de la Elevación en la parroquia de San Ginés y a la que llevaron luego a la de San Ildefonso. Dada la importancia de dicho gremio contribuyó a que la propia Santa Teresa de Jesús encargase en sus talleres el que le bordasen el traje de un San José para una de sus numerosas fundaciones. 

En la actualidad, es una de las calles más conocidas de Madrid situada entre la calle Arenal y la calle Mayor, de donde hay otra referencia asociada a la película de Edgar Neville de los años 40 donde de una forma ficticia se sitúa en dicha calle la trama del film El crimen de la calle de Bordadores (1946). 


En el callejón lateral de la iglesia se encuentra el llamado pasadizo de San Ginés donde se encuentra la conocida y célebre Chocolatería San Ginés, que constituye una visita referencial para los turistas y viandantes que circulen por tan conocidas vías públicas con la finalidad de disfrutar de sus churros y chocolates.





©Antonio Lorenzo

miércoles, 10 de diciembre de 2025

"Las ligas de mi morena" como canción andaluza y como caricatura abolicionista

 

Las ligas de mi morena es una célebre canción andaluza cuya música fue compuesta por Manuel Sanz y difundida de forma continuada a través de los pliegos de cordel. Para rellenar los diferentes pliegos conocidos se incorporaban también otras composiciones relacionadas con la canción andaluza. En el pliego reproducido Las ligas de mi morena aparece de forma prioritaria y donde se incluyen a continuación otras dos composiciones, como son La jaca e terciopelo y La Luisita. En otros pliegos consultados se añade tras la célebre canción El bonito tango titulado las toreras del verano o La zal de la canela.

Las ligas de mi morena figura como asociada a una colección de canciones modernas con la finalidad de servir de reclamo y de atracción al público comprador. Esta canción andaluza gozó de una amplia difusión a lo largo de los años debido a su ocurrente y agudo comienzo.

No te pueo yo ecir, 
Colasa, lo que me gusta 
sobre una pierna robusta 
una liga coloraá. 
Levanta los faralaes, 
y luce la pantorriya, 
que vale mas Colasilla, 
que toitica una torá. 
Vaya un ángel retrechero ¡juy! 
me tienen como alma en pena, 
isalero! las ligas de mi morena.
Cuando te veo las ligas,
se me blandean las patas,
y me quiero echar a gatas
por ver algo más hallá.
 
Esta famosa letra, con chispeantes metáforas, fue compuesta por un importante autor, aunque resulte desconocido hoy en día, como lo fue el cordobés Luis Miraver y Alfaro (Fuente Obejuna, 1815-Madrid, 1886). Miraver fue un reconocido médico y profesor de medicina homeopática, arqueólogo y fundador del Museo Arqueológico de Córdoba, académico de la Real Academia de la Historia, cronista de la capital cordobesa y de la provincia, así como colaborador del semanario satírico El Cencerro, de tendencia republicana federalista, que llegó a alcanzar una tirada ejemplar de 300.000 ejemplares superando a periódicos nacionales considerados de un mayor prestigio. Vemos, pues, cómo la conocida letra satírica procede de todo un personaje polifacético y de amplio recorrido que supo conjugar lo académico con lo popular y el humor con la diversión y el desenfado. Valga este efímero recorrido para realzar a tan desconocido personaje y que merecería de una mayor atención.






"Las ligas de mi morena" como caricatura abolicionista

Al margen de la conocida canción también se conoce con el mismo título una caricatura elaborada por el ilustrador catalán Tomás Padró que fue publicada en la célebre revista satírica La Flaca en el número 48 del 16 de enero de 1873, a poco menos del 16 de febrero, fecha de la abdicación de Amadeo de Saboya como rey de España y de la proclamación de la Primera República Española.

El periodo conocido como el Sexenio Democrático (1868-1874) abrió las puertas a un periodismo de carácter satírico con alusiones políticas para subrayar la confrontación ideológica entre moderados y progresistas. El primer número de La Flaca corresponde al 27 de marzo de 1869, cuya publicación estuvo llena de altibajos a causa de la censura y donde hubo que suspender su publicación por un tiempo a causa del control del gobierno. No obstante, en octubre de 1871 para evitar la censura cambió su cabecera a diferentes nombres, como La Carcajada, La Risa, La Risotada o La Nueva Flaca hasta su total desaparición en octubre de 1873.

La prensa carlista, como contraposición a La Flaca, publicó la revista a la que llamaron La Gorda, el 10 de noviembre de 1868 de muy corta duración. Ello se relaciona con el estallido de la conocida como revolución Gloriosa, donde Isabel II fue destronada y expulsada de España en un disperso marco histórico de controversias propio de aquellos acontecimientos,

La gran cantidad de ilustraciones satíricas de La Flaca hay que contextualizarlas dentro del marco de los complicados sucesos de aquellos años donde se difundió esta recurrente revista y que fue tan del agrado del público reformista. 


Esta caricatura hay que entenderla y contextualizarla como un manifiesto visual para abolir y suprimir de inmediato la esclavitud que aún se mantenía en las Antillas. Ello suponía una reacción a la campaña conservadora de la Liga nacional y los Círculos Hispano-Ultramarinos que defendían su permanencia en contraposición al proyecto de ley que buscaba su abolición pretendiendo dilatar en lo posible todo proyecto abolicionista en este sentido.

Esta caricatura, que tomó su nombre prestado de la famosa canción andaluza, vendría a constituir toda una respuesta a favor de los medios republicanos y como respuesta a la propaganda esclavista.

A grandes rasgos, la figura alegórica de la mulata que porta en su mano la bandera de la Libertad representa el deseo de que se promulgue la abolición de la esclavitud. A la izquierda, se observa a los conservadores reaccionarios que pretenden sujetar su pierna derecha tirando de las cadenas para impedirla avanzar hacia el progreso y conservar sus intereses coloniales. Frente a la joven, en cambio, aparecen simbólicamente los partidarios del abolicionismo, a modo de la otra liga de la morena, unos personajes que son identificados como políticos partidarios de elaborar la ley abolicionista y de una política reformista de ultramar defendiendo un modelo autonómico de Estado que incluyese también a las Antillas, frente al desorden y la agitación callejera que propugnaban los conservadores.

Vemos, pues, cómo la célebre canción de Las ligas de mi morena sobrevivió en el imaginario colectivo a lo largo del tiempo dando lugar a esta caricatura defensora de la abolición de la esclavitud y tomando como referencia la canción andaluza. La trata clandestina de los esclavos, apoyada durante tantos años por quienes trataban de defender sus intereses económicos, condujo, a lo largo de un ignominioso proceso, hasta lograr su abolición definitiva y de forma oficial el 7 de octubre de 1886.

©Antonio Lorenzo

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Extracto de la zarzuela Adriana Angot en pliegos de cordel


Dado el éxito en su tiempo de determinadas zarzuelas, los impresores de pliegos no tardaron en seleccionar algunos de sus textos para difundirlos a través de librerías o mediante vendedores ambulantes.

En este caso, el pliego de cordel que reproduzco, apunta a ciertos episodios de la que fue una ópera cómica de origen francés, titulada La fille de madame Angot, ambientada en París en 1795 poco después de la Revolución francesa, siendo adaptada al español como zarzuela en tres actos. Dicha zarzuela fue arreglada en español por Ricardo Puente y Brañas conservando la música del compositor Charles Lecoq (1832-1918) e inspirada en el personaje de Madame Angot, quien fuera vendedora en un célebre mercado. El argumento gira en torno a Clairette, la hija de madame Angot y donde, tras su muerte, Clairette fue protegida por los antiguos compañeros de su madre en el mercado. Estos últimos la querían casar con Pomponnet, el barbero del mercado con el que se comprometió, aunque en realidad la muchacha estaba enamorada del canzonetista y artista de cabaret Ange Pitou con el que estaba completamente ilusionada, si bien el canzonetista acabó estableciendo una relación con la célebre actriz mademoiselle Lange. Tras una serie de contratiempos, la hija de madame Angot llegó a ser detenida y encarcelada como consecuencia de cantar una satírica canción contra su infiel amante y otras connotaciones añadidas, aunque al final acabó aceptando al honrado peluquero Pomponnet en medio de un ambiente de conspiraciones políticas tras la Revolución francesa de 1789.

Tras el gran éxito obtenido en distintas capitales europeas a raíz de su estreno en Bruselas en 1872, la obra se conoció en España mediante una serie de adaptaciones locales y ambientada en París donde aparecen personajes como verduleras, cargadores de mercado, húsares y agentes de policía.


Este es un caso más de adaptación de la opereta francesa como género de un teatro cómico-lírico y donde se produce una simbiosis entre la opereta y la zarzuela. Aunque en nuestra memoria cultural sobre la ópera y la zarzuela parecen constituir dos formas diferentes de interpretación, las adaptaciones de obras foráneas venidas de otros países europeos proliferaron entre nosotros hacia el último cuarto de siglo XIX. La opereta europea, de mediados del siglo XIX, puede considerarse paralela y similar a la zarzuela española que consta de forma alternativa de partes vocales o dialogadas sin música y con partes instrumentales o cantadas.

La obra, como zarzuela en tres actos, fue estrenada en el madrileño Teatro de la Zarzuela el 6 de diciembre de 1873, curiosamente pocos meses después de la abdicación de Amadeo I como rey de España, que se produjo el 11 de febrero del mismo año junto a la declaración y proclamación, por parte del Congreso y el Senado de la Primera República Española como nueva forma de gobierno. 

La obra del compositor francés Lecoq fue adaptada y arreglada en distintos países mediante combinadas tramas, siendo versionada, incluso, como partitura de ballet, con el título de Mademoiselle Angot el año 1943 en Nueva York. 

La zarzuela vino a representar mediante personajes ficticios pero arraigados en el imaginario popular, el retrato de una juventud luchadora y combativa en busca de la libertad enmarcada en aquellos convulsos años propios de los diferentes países envueltos en tramas, diálogos intercalados y combinaciones de coros e intérpretes vocales.

El éxito de esta opereta se retomó en Francia, muchos años más tarde, por medio de una película estrenada en 1935 basada en la ópera cómica y dirigida por Jean Bernard-Derosne.


Desde una perspectiva actual la zarzuela de Adriana Angot es más recordada por su música y sus interpretaciones cantadas tal y como se refleja en los comentarios aparecidos en las revistas de la época. Su título no nos sugiere memorísticamente nada debido a su pérdida de actualidad en el imaginario popular en contraposición con tantos títulos recordados de la zarzuela nacional. 

La opereta, como género importado, marcó toda una época en el teatro español, algo que poco a poco fue cayendo en decadencia en los primeros años del siglo XX dado el alejamiento de las características asociadas a los personajes respecto a la entonces realidad social española.

Algunos temas musicales de la zarzuela se utilizaron para interpretarse fuera de la representación completa de la obra. Un caso representativo es este otro pliego de cordel con el título La hortelana del Born, en idioma catalán e interpretada años más tarde con canciones tras su estreno en España.


Desde un punto de vista literario no habría que olvidar los comentarios y las reseñas elaboradas sobre traducciones de la opereta francesa llevadas a cabo por Emilia Pardo Bazán. La enorme afición e insaciable curiosidad de la escritora gallega la llevó a viajar periódicamente por numerosas ciudades para compartir contenidos culturales con sus lectores españoles a través de sus crónicas e impresiones. Ello no es, precisamente, lo más conocido de su trayectoria, aunque resulta de notorio interés el profundizar sobre ello con motivo de la escasez de literatura de viajes realizadas por los españoles de la época.
 

En el pliego, impreso sin año y a la venta en Barcelona, añade como curiosa nota final el que se proporcionará la música para guitarra o piano a todo aquel que lo solicite. El texto reproducido se centra en el enamoramiento de la verdulera Adriana, madre de Clairette, de una forma un tanto dependiente y sumisa ante su galán, aunque deslizando una queja por no oírle hablar de su boda. Tras ello, se incluyen unos versos entresacados de la zarzuela La vuelta al mundo que merece otra entrada.

Si tenemos en cuenta los textos o coplas que aparecen en los pliegos sueltos con fines claramente comerciales, sería conveniente el prestar una mayor atención a la traducción de libretos foráneos de operetas y a sus textos cantados. La adaptación de un texto traducido conservando la música original debería conservar los acentos fónicos y musicales de cara a satisfacer a un público local para no desvirtuar su sentido dramático original. La traducción de un texto musical para ser leído o cantado, como aparecen en las coplas que se anuncian en los pliegos, obligarían a una adaptación que seguramente se encuentra alejada de su expresividad musical e intención original, pero ello es un tema que se aleja de la simple pretensión de dar a conocer este tipo de manifestaciones a través de la literatura popular impresa.





©Antonio Lorenzo