lunes, 8 de abril de 2013

Sátiras sobre las mujeres y el matrimonio (V)




Publico en esta entrada tres nuevos pliegos.

El primero de ellos, impreso en Lérida en la imprenta de la Viuda de Corominas, s.a.  es un curioso caso de convergencia entre las noticias históricas y el propósito general de las mujeres de buscar marido.

El pliego, fechado en 1838, hace alusión a la «Primera Guerra Carlista», que se desarrolló en España entre 1833 y 1840 a la muerte de Fernando VII entre los partidarios de su hermano, Carlos María Isidro, y los partidarios de la proclamada Isabel II, todavía niña, bajo la regencia de su madre Mª Cristina.

El interés sociológico del pliego reside en la principal preocupación de las mujeres por la escasez de mozos para casarse y su poco interés por las vicisitudes políticas de los partidarios de Carlos o de Isabel.

                    Unos se llaman facciosos,
                    otros se llaman cristinos,
                    lo cierto es que nosotras
                    nos quedamos sin maridos.
                    Ya hace cinco años
                    que anda la guerra,
                    nada han adelantado
                    Carlos ni la reina.
                    Paz, paz, españoles,
                    paz, paz en la España,
                    maridos queremos
                    que es lo que nos falta.

Se recoge también en el pliego el hecho de que antes de la guerra se «quintaba» y se escogían a los mejores mozos «de talla» para entregarles las armas. En cambio, debido a la nueva situación ahora participan tanto los buenos como los malos mozos. También se hacen eco las mujeres del enfrentamiento con las viudas que pretenden casarse al haber muerto sus maridos, lo que supone una pugna por un buen mozo, ante lo que las mozas solteras replican que ‘nunca una viuda es como una moza’.

Este pliego es un claro ejemplo que refleja la condición y el papel de la mujer en la sociedad de fines del XIX donde su finalidad en la vida es el matrimonio, aunque también es cierto, como se apunta maliciosamente, que en su espera a que los mozos regresen del servicio, las mujeres se ‘consuelan’ con los chiruelos que quedan:

                    Cuando no había guerra
                    teníamos el consuelo
                    si se llevaban los buenos
                    nos dejaban algunos chiruelos.
                    Se pasaba este rato
                    con mucha alegría
                    y también el gusto
                    si es que convenía;
                    no diré, señores,
                    de lo que gustaba
                    porque ya me entienden
                    con pocas palabras.




El segundo pliego que expongo, reimpreso en Lérida por la Viuda de Corominas en 1842, hace alusión a una extraña «bandera de San Marcos» que paso a comentar.

Llevar la  «bandera de San Marcos» se considera como equivalente a ser cornudo. Es interesante el comentar esta expresión que parece contradictoria, pues el animal asociado a san Marcos no es el toro, que se asocia a san Lucas,  sino el león.

Si repasamos diversos cancioneros encontramos coplas que aluden a esta bandera de san Marcos como correspondiente a ser un cornudo.

                    El día que yo me casé
                    dando vueltas por el cuarto,
                    en un rincón encontré
                    la bandera de San Marcos.
                     Si te casas, llevarás
                    de San Marcos la bandera
                    los cuernos como los toros,
                    pero son de otra manera.

De la copla también se encuentran paralelos en Ecuador:

                   Cuando con mujer de todos
                   se casó Juan de los Arcos,
                   le nombró el cura prioste
                   permanente de San Marcos.

En un pormenorizado estudio de José Mª Alín, en el que nos apoyamos sobre este tema, publicado en las Actas del Congreso internacional «Lyra minima oral III»: ‘De la canción de amor medieval a las soleares’, Fundación Machado y Universidad de Sevilla, 2004, considera el autor que la expresión de «la bandera de San Marcos», como sinónimo de cornudo, obedece a un error de interpretación y a la confusión con el nombre del toro, al que llamaban Marcos, por celebrarse su fiesta el 25 de abril. La errónea asociación del toro con san Marcos también ha pervivido en algunas fiestas patronales donde llevar el estandarte o la bandera del santo se asociaba a ser un cornudo, tal y como apunta esta seguidilla:

                    Anda que no te quiero
                    porque llevaste
                    el día de San Marcos.
                    el estandarte
  
La festividad de san Marcos, el 25 de abril, coincide con las antiguas celebraciones romanas llamadas «Rubigalia», destinadas a proteger las cosechas y a celebrar rogativas y en algunos lugares para hacer las llamadas «cabañuelas» para predecir el tiempo atmosférico. Esta celebración ha caído en desuso, aunque en ciertas localidades de Extremadura tuvo mucha raigambre, como en Brozas, Talayuela o Coria, pues hay testimonios que dicen que el toro asistía con mansedumbre a la misa y a la procesión en la iglesia mientras las mujeres le adornaban con guirnaldas de flores y roscas de pan en las astas, recobrando su fiereza una vez acabadas estas ceremonias. Para más informaciones remito al estudio de Julio Caro Baroja recogido en «Ritos y mitos equívocos», Ed. Istmo, Madrid, 1974.


Las explicaciones sobre cómo se consigue la mansedumbre del toro pasan por atarle una especie de faja en la rodilla diestra, o la más verosímil, cual es emborracharle sin darle comida, o a las propiedades de cierta planta llamada «onagra».





Concluimos esta entrada con un pliego, impreso también el Lérida en la imprenta de la Viuda Corominas en 1845, donde se nos cuenta el frustrado cortejo de un galán a una remilgada dama que siempre encuentra excusas para demorar el encuentro.






Antonio Lorenzo



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