lunes, 19 de enero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 1, 1844.

 

Si repasamos el gran surtido de almanaques, calendarios y revistas ilustradas que se difundieron a lo largo de todo el siglo XIX, formando parte, al igual que los pliegos de cordel, de la literatura popular impresa, comprobamos que constituyen unas interesantes fuentes, aunque poco atendidas, donde puede apreciarse gran parte del imaginario social. En estas publicaciones de revistas ilustradas se manifiesta la intencionalidad ideológica y comercial de los diferentes talleres impresores y, por extensión, su acogimiento por parte del público interesado en ellas y a las que invitaban a suscribirse mediante un publicitario y asequible precio de compra, en este caso: ¡30 Reales al año!!!

Este tipo de publicaciones variadas, de las que se conocen y confluyen muchas modalidades y variantes, resultan difíciles de clasificar al irse adaptando a los diferentes gustos de cada época, aunque todas ellas representan testimonios contextualizados y relacionados con la mentalidad social de entonces en cuanto a creencias, comportamientos y costumbres. 

Antes de adentrarnos, a modo de ejemplo, en el primer número de esta publicación mensual, con su corta vida de apenas 24 números, editados entre el 15 de diciembre de 1844 y el 15 de noviembre de 1846, en pleno periodo isabelino y con el título El Fandango, es conveniente repasar algunas de sus características.

Esta publicación fue editada por la Sociedad Literaria, fundada por el polifacético autor y editor Wenceslao Ayguals de Izco (1801-1873), quien jugó un papel destacado entre los autores y editores del siglo XIX y que contó con destacados colaboradores que dotaron de gran vigor a la editorial en las publicaciones en las que intervinieron.

Estas publicaciones festivas y satíricas nos ofrecen una sesgada cuenta de las costumbres y de los modos de pensar en las relaciones socioculturales de entonces mediante un repaso crítico y mordaz sobre los cambios que se producían en la sociedad de la época durante el reinado de Isabel II. Cada ejemplar solía incluir una profusión de caricaturas, divertidos artículos y ácidos epigramas con la firma de los principales colaboradores. Eso sí, cada publicación trataba de difundir y contextualizar la ideología propia de los distintos editores.

El término fandango se asocia básicamente a tres sentidos. El más conocido se refiere a un baile como género musical, también al lugar donde se desarrolla la fiesta, y al que, de forma coloquial, se le añade un significado de trifulca, bullicio o alboroto como sinónimo.

Una de las hipótesis sobre el origen o las acepciones del término fandango se refiere a que fue introducido en España a través de los marineros que regresaron a la península desde las Antillas tras realizar sus rutas atlánticas, aunque todo ello entremezclado con variantes latinas de patrones rítmicos musicales que se fueron extendiendo entre las dos orillas del atlántico. En la actualidad parece existir un consenso entre los estudiosos al considerar el origen del fandango proveniente de la época colonial desde principios del XVII al otro lado del atlántico. En la edición de 1732 del Diccionario de Autoridades se define el término fandango como "Baile introducido por los que han estado en los Reinos de Indias que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo". Otros estudiosos sostienen que no hay evidencias de este recorrido entre las dos orillas y cuyo origen es peninsular y muy valorada por los viajeros extranjeros, aunque otros investigadores sostienen su procedencia africana, lo que nos llevaría a controversias inútiles al asociarse al baile como epíteto añadido con el propósito de dar a conocer y divulgar este tipo de publicaciones populares, ya sean como almanaques con dicho nombre o como la revista en nuestro caso.

En las coplas cantadas y asociadas al baile festivo más que a un estilo musical concreto se solían añadir referencias eróticas y veladas críticas a los poderosos, entre los que se encontraban los curas "enfandangados" o clérigos menores como participantes ocasionales, o no tanto, en muchas manifestaciones populares debido a sus aficiones a su intervención en saraos y de lo que se conocen datos.

Las fechas de la relación del fandango con el flamenco resultan inciertas si consideramos al fandango histórico asociado a lo festivo e instrumental y sin coplas vocales, hasta el conocido fandango actual cantable que ha dado lugar a diferentes variedades. Según referencias literarias se localiza como baile en el entorno de la bahía de Cádiz desde principios del siglo XVIII, tal como consta en algún entremés de comienzos del siglo donde figura como danza. Desde un punto de vista actual el término fandango se asocia como una modalidad de cante y baile relacionado con zonas geográficas concretas y vinculado a variantes personales en su interpretación.

Al margen de su confuso origen es sabido que desde comienzos del XVIII este impreciso término se asocia a las manifestaciones bailables y festivas propias de las clases populares, aunque diferenciadas de otros tipos de danzas asociadas y practicadas en las ciudades por la nobleza.

En buena parte del siglo XIX el baile del fandango fue también conocido como el "Baile del candil" debido a la pobre iluminación del entorno del baile con apenas un candil de aceite junto a unas pocas velas, como recoge Ramón de la Cruz en su sainete nuevo de 1768 "El fandango de candil" para veintitrés personas.

Si nos adentramos en lo que se nos cuenta en la presentación de este primer número de la revista, se critica a los extranjeros por no admitir la lidia de los toros al tiempo que se enaltece de una forma nacionalista el baile del fandango por su gracia, por su sal y por su encanto. Aunque se reconoce el desconocimiento de su autoría y su origen, se identifica de una forma burlona y risible que el inventor del fandango seguramente sería el mismísimo San Pascual Bailón como el primero en bailarlo.

Se señala también la prohibición de los toros por un pontífice, del que no cita su nombre, a lo que añadió también la suspensión del fandango por considerarlo inmoral y amenazando con excomuniones, sin tener en cuenta la resistencia del pueblo español al considerarlo como ejemplo nacional de mayor estima. De forma satírica se comenta también que el rey, para salvaguardar el baile del fandango, envió a Roma media docena de parejas de lo que se dará cuenta en el siguiente artículo de Juan Martínez Villergas.

Tras este comienzo reivindicativo y gracioso de quién fuera un afamado escritor y colaborador satírico, la revista desarrolla toda una serie de elementos de carácter jocoso que sin duda contarían con el agrado del público debido a las contribuciones del propio editor Wenceslao Ayguals de Izco donde se burla sesgadamente de la ópera y reivindicando a la destacada actriz española Matilde Díez (1818-1883). De igual modo es el autor del "juicio del año" de este primer número de la revista para el año 1845

Las críticas a los extranjeros por no saber valorar las corridas de toros y el baile del fandango se encuentran diseminadas, con claro sentido nacionalista, en epigramas y cortos relatos risibles a través de los diferentes números de la revista. La defensa del fandango iba unida al desprecio de los bailes extranjeros como la polka, el rigodón, el bolero y otras músicas procedentes de fuera.

La última hoja que da el cierre a la revista, Martínez Villergas anticipa el mes de enero del año 1845 que comenzaría en breve entremezclando los recurrentes pronósticos del tiempo asociados al lunario y al santoral correspondiente de una forma entremezclada y burlona muy propia de sus escritos.












©Antonio Lorenzo

sábado, 10 de enero de 2026

Almanaque de "El Fandango" para 1892

 

En los comienzos de cada año los pronósticos y las predicciones de carácter meteorológico se solían recoger en almanaques o calendarios de una forma discontinua desde el siglo XV. Este tipo de publicaciones recogían de una forma predictiva las prácticas rurales y faenas agrícolas que fueron evolucionando con el tiempo de una forma expansiva y añadiendo progresivamente datos complementarios como relleno.

El almanaque, cuya etimología proviene del árabe al-manäkn, con el significado de contar y enumerar de forma preferente el tiempo astronómico, se fue progresivamente ampliando al santoral religioso y festivo, así como a las predicciones mensuales del nuevo año junto al balance del año transcurrido conocido como el "Juicio del año".

Los numerosos tipos de almanaques editados en España alcanzaron entre nosotros una gran difusión durante los siglos XVIII y XIX donde se fueron incorporando paulatinamente otras alusiones de carácter humorístico mediante chistes, proverbios, curiosidades, parodias o adivinanzas para satisfacer a un público generalista y en muchos casos a modo de una publicación anual y separada pero vinculada comercialmente a la prensa periodística.

El "Juicio del año", escrito en nuestro caso en quintillas por una tal Panchita Caliente, viene a ser una especie de repaso o compendio de los acontecimientos producidos, sin que falten alusiones a personajes políticos, a lo que se suelen añadir efemérides, lunarios, chirigotas de forma jocosa con textos humorísticos y anticipándose a lo que supuestamente pueda ocurrir de una forma entretenida y amena.

El sentido comercial de los almanaques o calendarios fue paulatinamente incrementándose al incluir colaboraciones de autores más o menos conocidos o encubiertos, así como ilustraciones o dibujos para atraer la atención de los compradores para regalarlos en las fechas tan señaladas en los comienzos del año convirtiéndose, al margen de las predicciones originales, en obras de consulta recreativa.

Entre la gran difusión de estos almanaques me detengo a modo de simple muestra en el Almanaque de El Fandango para el año 1892, donde se incorporan pasatiempos y coplas junto a distintas ilustraciones de las que reproduzco algunas de ellas entresacadas.

Esta publicación periódica, cuyo título se relaciona con el conocido baile popular y festivo, fue editada en Barcelona a finales del siglo XIX con la finalidad de facilitar un entretenimiento popular y no solo de predicciones, al incluir toda una serie de contenidos e ilustraciones para favorecer y atraer la atención del público.

La miscelánea festiva de este almanaque de finales del XIX tiene un claro precedente en cuanto a su título con la que fuera una revista satírica mensual denominada El Fandango (1844-1846), prodigada años atrás y requeridora de una mayor atención y a la que dedicaré, como indagador de curiosidades, alguna que otra entrada. Dicha revista fue editada en Madrid por la llamada Sociedad Literaria en la imprenta dirigida por escritor y editor Wenceslao Ayguals de Izco, difusora igualmente de sus propias obras literarias y de variados folletines que alcanzaron gran repercusión entre el público.

Este tipo de publicaciones, al igual que los pliegos de cordel, también forman parte de la llamada literatura popular impresa, dando lugar a documentados y parciales estudios, aunque ciertamente poco tenidos en cuenta desde un punto de vista académico y literario a pesar de resultar relevantes en muchos sentidos.







Entresacados







©Antonio Lorenzo

viernes, 2 de enero de 2026

Las penas del año nuevo y el ¡ay! de los labradores

 

El nuevo comienzo del año, del que no sabemos a cuál se refiere en el pliego, los labradores no lo consideraron como positivo, ya que se lamentan de su precaria situación debido a la cantidad de impuestos que tenían que pagar, aunque, eso sí, sin dejar de enaltecer a España como un gran país si no se tuvieran que afrontar tantas cargas impositivas.

La principal queja que sostienen los labradores se refiere a las pérdidas que supone el hacer frente al pago de tantas contribuciones y al encarecimiento de aquello que producen y de sus compras. Se quejan de los escasos jornales que reciben y de la precariedad extendida, no solo a los labradores, sino también a los sastres, zapateros, modistas y sirvientas.

Suben las contribuciones,
los comestibles y el pan,
pero ninguno se acuerda
de que se aumenta el jornal.

Desde una perspectiva actual se apunta de pasada en el pliego algo que puede causarnos extrañeza, ya que entonces también era necesario el pagar un impuesto por el uso de la sal. Sobre la historia de este impuesto dediqué hace unos años una entrada anterior comentando el pliego titulado Nuevas y divertidas peteneras por los impuestos al consumo.


El monopolio de la sal, en cuanto a su fabricación y venta exclusiva, era una prerrogativa de la propia Corona como monopolio controlador desde tiempos anteriores. Mediante un Real decreto del 3 de agosto de 1834 se suprimieron los impuestos para el consumo de la sal dejando su surtido a la libre voluntad de los pueblos e individuos. El impuesto a pagar por el uso de la sal sufrió muchos vaivenes relacionados con la política de su producción y como elemento prioritario para la conservación de alimentos.

Tras las quejas y el ¡ay! de los labradores se incluye a continuación una relación de coplas donde la animadversión hacia algunos de los comportamientos de las mujeres se encuentra presente al tacharlas de engañadoras, aprovechadas y aparentando lo que no son. Aunque envueltas en coplas con referencias satíricas se resaltan sus argucias para aprovecharse del dinero y de las situaciones, algo que resulta recurrente en otros muchos pliegos del siglo XIX.

El pliego procede de Juan Bautista Vidal, quien fuera un conocido impresor que colaboró también muchos años con otros impresores desarrollando a lo largo de su carrera una intensa actividad impresora, tanto de diarios como de pliegos de romances y folletos populares religiosos convirtiéndose en una referencia editorial. En 1865 abrió una librería y papelería en la calle Arrabal de Jesús, número 5, como figura en el colofón del pliego reproducido, continuando su labor como editor y distribuidor de literatura de cordel en otras librerías de la comarca.





©Antonio Lorenzo

jueves, 25 de diciembre de 2025

Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento

 

Para conmemorar esta fecha tan emblemática reproduzco estos Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, donde se incluyen también otras composiciones alusivas a la fecha tan señalada.

El pliego fue impreso en Madrid a cargo de José María Marés en el año 1873, que corresponde a su actividad impresora en su último emplazamiento en la calle Juanelo, número 19, en colaboración  con el entonces también impresor Manuel Minuesa hasta el año 1875.





©Antonio Lorenzo

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Alegres villancicos al Santo Nacimiento

 

Alegres villancicos al Santo Nacimiento del Hijo de Dios, acompañado de hermosas tonadillas y coplas alusivas. 

El pliego procede de la imprenta madrileña de José María Marés en la Plazuela de la Cebada en el año 1858, diez años antes de la Revolución Gloriosa donde se expulsó a la reina Isabel II fuera de España. La labor generalista de este conocido impresor de pliegos de cordel se desarrolló entre los años 1842 y 1874 en seis lugares distintos de la capital madrileña, siendo la sede de la Plazuela de la Cebada número 96, como consta en el pliego reproducido, la correspondiente a la etapa entre los años 1854 y 1866.





©Antonio Lorenzo

lunes, 22 de diciembre de 2025

La Gran Lotería para las mujeres que buscan marido

 

Con el arte de birlibirloque y mediante el juego de esta eterna lotería, como se apunta al final del pliego, el organizador del mismo se postula como capacitado para encontrar novios o maridos a toda solterita o viuda que confíe en él y dé crédito a sus habilidades. A su llamada, nada menos que 26 mujeres se pusieron en fila para que a cada una de ellas se les proporcione una respuesta personalizada en su búsqueda de novio o marido.

Por arte de birlibirloque, usado como locución adverbial, aunque caída en desuso, se entiende que algo suceda de un modo inexplicable o como un arte de magia para conseguir determinados fines.

La Real Academia incorporó en 1817 dicha expresión como derivada de la contracción birliqui birloque aludiendo al arte de engañar "birlar" o estafar escamoteando con sigilosa destreza y astucia y ayudado con una gran ligereza de manos propia de los estafadores callejeros conocidos como los trileros.

Cada una de las 26 mujeres expone los motivos de su búsqueda a la espera de la respuesta adecuada a su solicitud y donde se tienen en cuenta las personales características de cada una de las mujeres, todo ello dentro de un contexto satírico y burlesco y donde no falta tampoco lo denigratorio.

La situación de la mujer en la España del siglo XIX y hasta bien avanzado el siglo XX se centraba básicamente en encontrar un marido para sentirse protegida y que les resultase rentable. La búsqueda de maridos por las jovencitas, ya fuera por propia voluntad o bien por decisión urdida por sus padres, resulta notoria en muchos pliegos de cordel de la época, con la pretensión de situarlas convenientemente para su vida futura. Consideradas las mujeres como seres inferiores y dependientes de los hombres son aspectos ya bien estudiados en relación con motivos económicos, religiosos o políticos junto a las motivaciones culturales propias de la época. El papel de la mujer en la historia no ha acabado de consumarse, ya que se encuentra envuelto con otros nombres o disfraces que ocultan la realidad que ha venido padeciendo la mujer.

En los pliegos es frecuente la búsqueda por las mocitas de un marido que fuera militar y a ser posible con cierta graduación donde la mujer se convertiría en ángel del hogar, en un claro régimen patriarcal de valores y de claro antifeminismo. Este estereotipo de la mujer queda reflejado en este y en otros muchos otros pliegos de cordel donde subyacen las críticas a las condiciones particulares propias de entonces. La búsqueda de marido también se propagó a través de representaciones propias del teatro breve, como en la comedia en un acto y en prosa titulada Nuevo método de buscar marido, impresa en el año 1858 y representada por primera vez en el Teatro Principal de Málaga el 23 de julio de 1855.

En la época en la que vivimos, ya no es necesario consultar a un adivino sobre cómo encontrar pareja estable y sana, puesto que, como curiosidad y ejemplo, ya es algo que puede consultarse a través de las redes sociales como, entre otras: Siete consejos para encontrar pareja según la Inteligencia Artificial.



El pliego reproducido fue impreso en Madrid por Marés y Compañía en la calle Juanelo, 19, quien ejerció su labor impresora en dicha calle entre los años 1870 y 1875.





©Antonio Lorenzo

martes, 16 de diciembre de 2025

Merienda en Carabanchel de Abaxo previa a la trifulca

 

Con el término de Carabanchel de Abaxo, descrito en el pliego como el lugar donde se desarrollan los acontecimientos narrados, se hace referencia al antiguo municipio de Madrid, cercano en distancia a la capital y donde a lo largo de los años obtuvo una notable preeminencia por servir de asentamiento veraniego de la aristocracia en palacios y fincas de recreo, adquiriendo gran importancia referencial a finales del siglo XIX. De igual forma sucedió con su colindante, Carabanchel de Arriba (Carabanchel Alto), próximos ambos a la capital hasta su anexión conjunta a un Madrid expansivo en el año 1948. Desde un punto de vista actual, dicha anexión ha despertado ciertas dudas e incomprensiones por no haberse tenido en cuenta su importante patrimonio identitario, aunque son cuestiones que ya resultan irreversibles, tal y como sucede con otros términos municipales que fueron adheridos igualmente a la capital un poco tiempo más tarde.

En el pliego se describen estos sucesos en tiempos del reinado de Fernando VI, hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya, quien ejerció su reinado entre 1746 y 1759.  En el pliego se relata que los protagonistas (un cojo, un calvo, un estudiante, un ciego, un boticario, un gibado y un barbero) dispusieron celebrar una merienda el día de San Pedro en el término de Carabanchel de Abaxo. Para lo cual, depositando cada uno la misma cantidad de dinero para la prevista merienda, quedaron para reunirse en la Puerta de Toledo y dirigirse al término de Carabanchel de Abaxo tocando instrumentos, cantando y bailando y donde acamparon un poco antes de la población. Tras la merienda, y una vez bien comidos y bebidos, se enzarzaron a golpes unos con otros en una camorra... "y lo demás que verá el curioso lector", como se apunta en la cabecera del pliego a modo de frase recurrente para incitar al público a su compra. Sobre estos incidentes no faltan alusiones satíricas y burlescas teniendo en cuenta las características propias de cada protagonista merendero. En medio de estas trifulcas los vecinos de las cercanas casas de campo acudieron como medianeros para tratar de poner orden entre ellos consiguiendo al fin que se sosegasen y que cada uno de ellos volviera a su barrio en la corte retornando juntos de nuevo cantando y bailando tal y como llegaron.

En el pliego, aunque no figura el año de edición y por lo poco que sabemos, la imprenta y librería de Luis Siges y Sotos desarrolló su actividad entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, donde, aparte de impresor de libros, también lo fue de pliegos de cordel como el reproducido. Dicha librería, continuadora de la labor desarrollada entre 1764 y 1792 por el anterior impresor Andrés de Sotos, estuvo situada en la calle madrileña de Bordadores frente a la Iglesia de San Ginés, tal y como se detalla en el colofón del pliego.

La calle de Bordadores, de las que se dan noticias en el referencial libro Las calles de Madrid, de Pedro de Répide (1882-1948) (Editorial Afrodisio Aguado, S.A., Cuarta edición, 1881) por quien fuera una figura destacada como novelista y cronista de Madrid. Dicha calle fue una antigua sede del gremio de bordadores de telas y fundadores de un montepío que tomaron por titular a Nuestra Señora de la Elevación en la parroquia de San Ginés y a la que llevaron luego a la de San Ildefonso. Dada la importancia de dicho gremio contribuyó a que la propia Santa Teresa de Jesús encargase en sus talleres el que le bordasen el traje de un San José para una de sus numerosas fundaciones. 

En la actualidad, es una de las calles más conocidas de Madrid situada entre la calle Arenal y la calle Mayor, de donde hay otra referencia asociada a la película de Edgar Neville de los años 40 donde de una forma ficticia se sitúa en dicha calle la trama del film El crimen de la calle de Bordadores (1946). 


En el callejón lateral de la iglesia se encuentra el llamado pasadizo de San Ginés donde se encuentra la conocida y célebre Chocolatería San Ginés, que constituye una visita referencial para los turistas y viandantes que circulen por tan conocidas vías públicas con la finalidad de disfrutar de sus churros y chocolates.





©Antonio Lorenzo