El nuevo comienzo del año, del que no sabemos a cuál se refiere en el pliego, los labradores no lo consideraron como positivo, ya que se lamentan de su precaria situación debido a la cantidad de impuestos que tenían que pagar, aunque, eso sí, sin dejar de enaltecer a España como un gran país si no se tuvieran que afrontar tantas cargas impositivas.
La principal queja que sostienen los labradores se refiere a las pérdidas que supone el hacer frente al pago de tantas contribuciones y al encarecimiento de aquello que producen y de sus compras. Se quejan de los escasos jornales que reciben y de la precariedad extendida, no solo a los labradores, sino también a los sastres, zapateros, modistas y sirvientas.
Suben las contribuciones,los comestibles y el pan,pero ninguno se acuerdade que se aumenta el jornal.
Desde una perspectiva actual se apunta de pasada en el pliego algo que puede causarnos extrañeza, ya que entonces también era necesario el pagar un impuesto por el uso de la sal. Sobre la historia de este impuesto dediqué hace unos años una entrada anterior comentando el pliego titulado Nuevas y divertidas peteneras por los impuestos al consumo.
El monopolio de la sal, en cuanto a su fabricación y venta exclusiva, era una prerrogativa de la propia Corona como monopolio controlador desde tiempos anteriores. Mediante un Real decreto del 3 de agosto de 1834 se suprimieron los impuestos para el consumo de la sal dejando su surtido a la libre voluntad de los pueblos e individuos. El impuesto a pagar por el uso de la sal sufrió muchos vaivenes relacionados con la política de su producción y como elemento prioritario para la conservación de alimentos.
Tras las quejas y el ¡ay! de los labradores se incluye a continuación una relación de coplas donde la animadversión hacia algunos de los comportamientos de las mujeres se encuentra presente al tacharlas de engañadoras, aprovechadas y aparentando lo que no son. Aunque envueltas en coplas con referencias satíricas se resaltan sus argucias para aprovecharse del dinero y de las situaciones, algo que resulta recurrente en otros muchos pliegos del siglo XIX.
El pliego procede de Juan Bautista Vidal, quien fuera un conocido impresor que colaboró también muchos años con otros impresores desarrollando a lo largo de su carrera una intensa actividad impresora, tanto de diarios como de pliegos de romances y folletos populares religiosos convirtiéndose en una referencia editorial. En 1865 abrió una librería y papelería en la calle Arrabal de Jesús, número 5, como figura en el colofón del pliego reproducido, continuando su labor como editor y distribuidor de literatura de cordel en otras librerías de la comarca.
©Antonio Lorenzo




