lunes, 26 de enero de 2026

Revista satírica "El Fandango", Núm. 2, 1845.

 

En este segundo número de la revista El Fandango del año 1845 se aprecia en la ilustración de la cabecera el baile del fandango por los bailarines que llegaron a Roma y cómo su Santidad, sentado en el trono, va dando palmas y animando a los bailarines que danzaban frente a él. Ya en el número anterior se apuntaba de forma satírica cómo el pontífice solicitaba desde Roma la suspensión del fandango por considerarlo inmoral y amenazando también con excomuniones a quienes lo practicaran. El entonces rey español, del que no se dice el nombre en el número anterior, pero que se subraya que era un español bueno, entre paréntesis, para salvaguardar dicho baile, envió a Roma media docena de parejas eligiendo a mujeres bien formadas y graciosas para que demostraran sus habilidades bailadoras frente a la presencia del pontífice. Ello, obviamente, no deja de ser un recurso comercial para atraer la atención del público y reivindicar de una forma nacionalista los bailes españoles frente a los foráneos fomentando emocionalmente la construcción ideológica de la nación.

Ante el desenfadado desarrollo del baile donde "las españolas brincaban y se revolvían, haciendo pompas con sus cortos e insurgentes vestidos", la reacción de los prelados no se hizo esperar, al tacharlos en primer lugar como ejemplos de movimientos chabacanos e inmorales, al tiempo que se tapaban disimuladamente los ojos, aunque dejando sus dedos entreabiertos para visionar y no perderse nada de lo que decían despreciar. Poco a poco, los padres de la iglesia fueron entusiasmándose con las renovadas piruetas y cabriolas de las sandungueras andaluzas, lo que motivó que los cardenales acabaran aplaudiendo con el beneplácito del Papa y reconociendo su error por haberlo querido prohibir.

Tras esa exhibición y exaltación del fandango, el gran escritor y colaborador Juan Martínez Villergas, no deja de opinar sobre los bailes extranjeros, entre otros como la polka, el baile de galop o el britano, sobre los que opina: "serán bailes divinos, pero no me llenan"

La publicación continúa con risibles coplas y epigramas con burlones textos adornados con ilustraciones donde se menciona a distintos músicos extranjeros achacándoles de venir a recaudar dinero.

Crítica a los compositores e intérpretes extranjeros donde sería necesario nacer en Hungría o en los Países Bajos para obtener la atención del gobierno y facilitar su educación musical a quien destaca.

El grueso de la publicación se dedica a criticar otras publicaciones, como La Cencerrada, periódico de muy corta duración en 1845, al igual que (los) Arlequines, bajo la dirección literaria de don Francisco Corona y don Ramón Franquelo, según anota Eugenio Hartzenbusch en su Catálogo de periódicos madrileños desde 1661 al 1870 (1894). La crítica a esta publicación se centra básicamente por el plagio y la copia de El Fandango por editor Domingo Vila, a quien también se le critica duramente por el abuso a sus suscriptores y por incluir escritos de literatos colaboradores de dicha publicación y acusándoles de que apenas saben leer.

Los siguientes versos van dedicados a ellos con una incisiva y punzante mordacidad:

Vila, Franquelo y Corona, / tres... y ninguna persona.

Corona, Vila, y Franquelo, / hambre, ignorancia y canguelo.

Franquelo, Corona y Vila, / tres cuadrúpedos en fila.

 En lugar de corbatines, / collares llevan los perros;

y los pobres Arlequines / como vacas y rocines

se descuelgan con cencerros.

El interés básico de la revista se centra en la reivindicación de la jota y el fandango como identificativos de lo español intercalando coplas con acento andaluz y enfatizando los valores y características propias. Tras este mordaz y extenso ataque a dichas publicaciones, este segundo número acaba repasando La Polka como historieta moral.

Hay que recordar que la identidad nacional se fue forjando poco a poco a partir del siglo XVIII a lo largo de todo un proceso formativo. A la difusión del fandango, como expresión propia de lo considerado español, contribuyeron también muchos de los conocidos pliegos de cordel resaltando lo andaluz en muchas de sus coplas. Ello enlaza con la concepción romántica propia de la época reivindicando las consideradas esencias nacionales frente a las injerencias extranjeras y reafirmando la alianza entre lo popular y lo nacional.

Para finalizar este segundo número de la revista se adjunta de forma irónica el pronóstico, el (h)oróscopo y la efeméride para el mes de febrero junto al lunario y el santoral correspondiente.












©Antonio Lorenzo

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