La estrofa de la décima, ya sea en su modalidad escrita u oral, se ha convertido en todo un referente estrófico nacional, tanto en Cuba como en otros países iberoamericanos. A pesar del origen español de dicha estrofa, no ha logrado alcanzar la repercusión lograda por el romance como arquetipo estructural en su sucesión de versos octosílabos. La forma de cantar la décima como un punto cubano, o punto de la Habana es el resultado del importante trasiego emigratorio canario instalándose como prototipo poético y musical. Los emigrantes canarios que regresaron a las islas fueron sus portadores al incorporar esa forma de canto popular proveniente de las formas de improvisación o repetición practicadas en Cuba. La influencia recíproca entre esta forma de interpretar la décima hay que contextualizarla como un canto de ida y vuelta, a la que se fueron agregando otras modalidades interpretativas como patrón musical de la tonada o del punto guajiro. La estrofa de la décima se ha consolidado como un referente en las islas canarias y en numerosos países latinoamericanos.
Desde finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX la emigración canaria hacia tierras americanas, principalmente a Cuba, Venezuela o Puerto Rico, fue consecuencia de la crisis agraria y económica causada por la incesante sequía, y el alza de los precios unido a los bajos jornales, junto al elevado índice demográfico de entonces. La emigración canaria se vio sujeta, a mediados del XIX, por las disposiciones del gobierno. Para la aprobación del traslado las autoridades debían otorgar un permiso legal para autorizar su marcha al extranjero (la llamada comendaticia o licencia de embarque). Dicha autorización tenía que ir avalada con la firma de tres testigos, acreditar el destino, el nivel de instrucción y el estado civil del solicitante.
A ello se unió una amplia emigración clandestina canaria fraudulenta aprovechando barcos de pesca o con vela latina. Muchos de ellos como prófugos o desertores de sus deberes militares. El transporte clandestino de los emigrados canarios no dejó de ser un negocio rentable al participar en ello los llamados "enganchadores" desplazados de América a Canarias ofreciendo contratos con la intención de reclutar isleños. El pago del pasaje ofrecido por estos agentes de embarque, fue una forma eficaz para que los canarios pobres aceptasen su traslado a lo que venía a ser una especie de explotación temporal legalizada. El isleño quedaba sujeto a la tutela del patrón durante años dedicado a las faenas agrícolas, las minas o la construcción de ferrocarriles. Los miles de canarios afincados en Cuba fueron requeridos para las faenas del campo, para el cultivo del tabaco y trabajar en las plantaciones azucareras.
La décima cantada e improvisada, según la idea generalista, es de origen y procedencia autóctona iberoamericana. Sin embargo, documentados estudios como los realizados por Maximiano Trapero, apuntan a su origen canario como fruto del largo proceso migratorio desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX. La décima se asentó en las islas como cante de ida y vuelta, aunque sin llegar a alcanzar su indiscutible referente popular en muchos de los países iberoamericanos.
Desde un punto musical, el patrón rítmico asociado al punto cubano o el punto de la Habana, procedente del ámbito rural cubano y documentado entre nosotros en las primeras décadas del XIX como acompañamiento instrumental de punteo en instrumentos de cuerda para resaltar coplas cantadas y que fue evolucionando con el tiempo mediante un difuso proceso de aflamencamiento dando lugar a variantes y paralelismos estructurales desembocando en la guajira flamenca. La readaptación de los patrones rítmicos provenientes de Cuba es todo un proceso de amalgamas y fórmulas rítmicas que se asentaron a modo de mestizaje cultural entre las dos orillas.
Su nacimiento como poesía escrita a través de los pliegos de cordel, de los que reproduzco variadas muestras, posiblemente sirvieron como elementos y soportes memorísticos que fueron copiados y difundidos repetidamente formando parte de la común copla-base, redondilla o cuarteta inicial que fueron desarrolladas en décimas glosadas, lo que vendría a evidenciar una circulación transoceánica y el entrelazamiento entre lo oral y lo escrito.
Muestras orales recogidas en distintos cancioneros iberoamericanos se inspiraron posiblemente en el intercambio de pliegos que salieron de España en embarcaciones y se distribuyeron en ferias o mercados latinos danto pie a su conservación o inspiración.
Los textos de tema amoroso son los más difundidos en los pliegos sueltos junto a su presencia americana. Sería interesante realizar una clasificación paralela de las coplas-base recogidas en los pliegos y su mantenimiento, de una forma más o menos similar, como motivo circulatorio del desarrollo de las décimas en ambos lados del atlántico.
El habitual plagio entre impresores y su comparación interactiva de los pliegos editados o reeditados permite observar las pequeñas variaciones o fluctuaciones de términos en un mismo pliego desde su copla-base inicial y su posterior desarrollo como décima glosada.
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©Antonio Lorenzo









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