En estos tres pliegos de cordel adjunto unas curiosas décimas glosadas y sin glosar donde un reo encarcelado se lamenta por la situación que atraviesa, sin que conste en ellos de una forma explícita los motivos para ser condenado a muerte. En los pliegos reproducidos los lamentos del reo en prisión se entremezclan con emocionales recuerdos.
En las décimas sin glosar del primer pliego se nos narra la reclusión de un corneta de la Habana, llamado Vicente Pérez tras quince años de honrado servicio y sin que se conozcan los detalles acusatorios y ofreciendo cuatro duros a los soldados encargados de su ejecución.
En el segundo pliego, un tal Vicente Morón, nacido y criado en el Puerto de Santa María, hace todo un repaso de su situación y despidiéndose emocionalmente de su familia y amigos a la espera de ser ejecutado a garrote vil en una plaza pública. En las siguientes décimas se reivindica cómo la muerte nos iguala a todos independientemente de lo que hubiéramos conseguido en vida.
En el tercer pliego se condena a muerte a Domingo Perdigón, quien fuera un bandolero que cometió numerosos robos y muertes, pero que en su reclusión solicita compasión y el perdón por los delitos cometidos. A su vez, aconseja a los padres que procuren una buena educación para sus hijos, amparándose en la doctrina religiosa con el consabido temor a Dios, algo que a él no le educaron convenientemente y volviéndose un bandido como consecuencia de las malas compañías.
El pliego acaba con un curioso testamento donde el recluso reparte las diversas prendas que lleva puestas a familiares y amigos antes de que le ejecuten.
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©Antonio Lorenzo












