
Continuando con la temática de la entrada anterior, adjunto otros dos pliegos donde se ironiza de forma misógina sobre los motivos a tener en cuenta para que los mozos no se casen. En el primero de ellos, y como sencillo ejemplo, se alude a los previsibles comportamientos de las mujeres según sus diferentes edades. Desde los trece o catorce años se apunta a que ya tienen querido y mostrando su interés por la vestimenta. De los quince a los dieciocho les interesa asistir a bailes, funciones teatrales o a diversiones sufragadas por sus admiradores. Durante ese tiempo, sus madres se dedicaban a buscar por los comercios las mejores vestimentas, percales o tejidos de algodón para agradar a sus hijas y como modo de indicar su estatus socioeconómico para tratar de seducir así a los mozos pretendientes. Una vez casadas mantenían su interés por continuar con ricos vestidos, lo que suponía un descuido de las labores y obligaciones caseras. Aún en el caso de quedarse viudas, tampoco olvidaban esas prioridades en su afán de seducir, en su caso, a su segundo marido.
Estos consejos y letrillas, que se dicen compuestas por un ciego llamado Agustín, vienen a constituir un recurso para facilitar la venta de este tipo de hojas volanderas a un público generalista. Todo ello se ajusta al imaginario social de la época donde el casamiento de la mujer era propiciado por sus padres con la finalidad de dotarlas de una pretendida estabilidad. Estas hipótesis no son comunes al conjunto de los pliegos conocidos, ya que se conocen otras muestras donde las mujeres casaderas se enfrentan a las pretensiones de sus padres. Entre las habituales medidas que ellas solían tomar figuran la huida o el abandono de la casa familiar para así poder mantener relaciones no consentidas, lo que solía acabar con resultados vengativos o trágicos en muchos casos.
El estereotipo social de la mujer en los pliegos de cordel no solo se concentra en la sumisión y dependencia al marido o a su función maternal como deber social, puesto que se conocen ejemplos donde se manifiestan versiones contrapuestas. Ello es ejemplo de las contradicciones sociales y culturales de la época, algo que merece una mayor atención como fuentes historiográficas poco tenidas en cuenta.
Como simples ejemplos, sirvan estos dos pliegos de parecida temática y a los que añadiré otros en posteriores entradas.
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©Antonio Lorenzo








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