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miércoles, 26 de agosto de 2026

El casamiento con la mano izquierda

 

El casamiento con la mano izquierda, en lo que se basa este interesante pliego editado en Barcelona en 1847, nos adentra en la historia de un príncipe enamorado de una plebeya llamada Constanza con la que se casa en secreto con la mano izquierda y con la previa condición de que no se quedase embarazada. Mediante este gesto físico se venía a señalar que la esposa no subía de categoría social y se respetaban las leyes de exclusión de coronas, tierras o apellidos nobiliarios. Aunque los hijos eran considerados legítimos ante la ley y la iglesia, no podían reclamar este tipo de prerrogativas. El casamiento con la mano izquierda, con la sola presencia en la imagen que ilustra el pliego de un prelado, era una forma para mantener la clandestinidad y el oscurantismo del enlace. 

«Casóse con la princesa
dándole la mano derecha
por que antes a Constanza
había dado la izquierda».

El casamiento con la mano izquierda, expresión desusada y más conocida como matrimonio morganático, se refiere a la unión de un miembro de la realeza con una persona plebeya o de condición y rango social inferior para salvaguardar la razón de estado y pervivencia en el poder y consolidar su descendencia, lo que comentaré más adelante.

En el pliego se cuenta que las dos esposas del príncipe (una plebeya y una princesa) dieron a luz a dos niños casi al mismo tiempo. La plebeya Constanza, con habilidad, le hizo una pequeña incisión en el tobillo con el fin de reconocerlo y cambiarlo con el alumbrado por la princesa y posibilitar así su ascenso social. La princesa, sin saberlo, crio al niño de Constanza pensando que era el suyo, pero tras una serie de circunstancias hicieron que tanto la princesa como su augusto hijo acabaran falleciendo. Tras ello, Constanza consideró un motivo de engrandecimiento para su hijo al ser considerado como el genuino hijo de la princesa fallecida. En el pliego, tras unas confusas series de circunstancias, la plebeya Constanza acabó encerrada en el calabozo de un castillo y falleciendo posteriormente.

Matrimonio morganático

Sobre el origen incierto de dicha expresión, asociada a su procedencia germánica, los eruditos debaten sobre sus variados sentidos: si morganático se deriva del verbo alemán maurgjan, restringir; del hada Morgane, o de morgen, madrugada matutina, indicando que se trata de un matrimonio contraído a media luz o casi a oscuras frente a la solemnidad de lo público y compartido socialmente. Independientemente de su dudosa procedencia lingüística, lo que es notorio entre nosotros es que dicho adjetivo no aparezca en los antiguos diccionarios [ni en el de Covarrubias (1611) ni en el de Autoridades (1726-1739)] hasta que fue recogido por la Academia en 1869 con esta definición:
"MORGANÁTICO. adj. Se aplica al matrimonio contraído entre un príncipe y una persona de condición inferior. También se llama matrimonio de la mano izquierda".
Los hijos de un matrimonio morganático entre dos personas de rango social desigual (como un miembro de la realeza y un plebeyo) no heredan títulos, honores ni derechos dinásticos. El 27 de marzo de 1776, durante el reinado de Carlos III, se emitió una Pragmática Sanción donde se regulaba y restringía este tipo de uniones con el fin de proteger la sucesión a la corona, conservando los derechos dinásticos y de obligado cumplimiento. Dicha Pragmática sostenía que los herederos reales deberían contraer matrimonio con "iguales", ya que de otra manera perderían todos sus derechos dinásticos. Dicha norma se extendía a todos los hijos menores de 25 años y debiendo contar con la aprobación o consentimiento de sus padres o de las personas a su cargo. Toda esta normativa quedó abolida con el paso del tiempo, como es notorio entre nosotros con acreditados ejemplos. 


Una de las muchas aproximaciones y matices sobre lo atribuido a un casamiento morganático, nos lo ofrece el periodista, filólogo y escritor español Manuel Rodríguez-Navas (1848-1922) en el año 1918:
"MORGANÁTICO. m. Hist. Matrimonio llamado también de la mano izquierda; es el contraído entre persona de alto rango y otra de distinta condición social; por lo general entre un príncipe y una mujer humilde que sigue después de casada y los hijos que tenga sin las preeminencias, jerarquía ni derechos que el cónyuge y padre, heredando también como de unión ilegítima.
Por contextualizar históricamente una de las uniones morganáticas más conocidas me detendré en el casamiento morganático entre la reina María Cristina de Borbón con Fernando Muñoz, Guardia de Corps al servicio del palacio, de 24 años e hijo de unos estanqueros de Tarancón (Cuenca).

El día 29 de septiembre de 1833 moría Fernando VII, el nefasto monarca español y padre junto con María Cristina de la futura reina Isabel II. Su viuda María Cristina, que contaba entonces con veintisiete años de edad, quedó investida como regente del reino y de la pequeña Isabel, declarada como reina y que apenas contaba con tres años de edad.

María Cristina y Fernando se casaron de forma clandestina en el palacio real el 28 de diciembre de 1833, víspera de apenas cumplirse tres meses del fallecimiento de Fernando VII. El nuevo consorte no tardó en recelar de los que conocieron el secreto, a los que solo se había informado a miembros de la Corte y amigos íntimos, procurando alejarlos de donde ejercían su labor. El pueblo adoptó dos posturas contradictorias: los liberales y progresistas, partidarios de la regencia de María Cristina, y los que apostaron por el hermano de Fernando VII que aspiraba al trono, lo que dio lugar a las civiles guerras carlistas entre españoles.

Fernando VII-María Cristina-Fernando Muñoz

Los nuevos esposos tuvieron nada menos que ocho hijos de forma conjunta, aparte de las dos hijas anteriores de María Cristina con Fernando VII: Isabel II y la infanta Luisa Fernanda. No fue fácil ocultar los embarazos de la regente a pesar de los miriñaques y las amplias faldas, aunque los carlistas lo recogieron en esta copla:

Lloraban los liberales
que la reina no paría,
¡y ha parido más muñoces
que liberales había!

Para ocultar y mantener en secreto su matrimonio morganático y disfrutar de su relación, uno de los recintos elegidos fue la Real Posesión de Vista Alegre, situado en el antiguo pueblo madrileño de Carabanchel Bajo, finca comprada en parte por María Cristina en 1832, un año antes del fallecimiento de Fernando VII y que se fue ampliando con la compra sucesiva de posesiones cercanas. De esta forma, el nuevo matrimonio buscaba mantener el secreto de su enlace ante la Corte por distintas posesiones reales, entre ellas la Quinta de Vista Alegre. Dicha finca fue declarada el año 2018 como Bien de Interés Cultural. Tras su rehabilitación se encuentra abierta al público de manera gratuita desde octubre del 2022. Tengo la suerte de pasear frecuentemente por ella y disfrutar así de sus palacios, edificios y jardines históricos.

Al margen de este sucinto repaso como ejemplo de un conocido matrimonio morganático, la trayectoria de la regente María Cristina estuvo llena de corruptelas, un afán desmedido por el dinero y su deseo de enriquecerse mediante turbios negocios, involucrados además en el tráfico y contrabando de esclavos africanos. Durante la regencia de María Cristina, y ya en el reinado de su hija Isabel II, se concedió a Fernando Muñoz, segundo esposo de su madre, el título nobiliario de duque de Riánsares el 4 de febrero de 1844, marqués de San Agustín en 1846, teniente general de los Reales ejércitos, senador del reino y caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.

El pliego fue editado en Barcelona en la imprenta de A. Albert el año 1847 en pleno reinado de Isabel II.





Para saber más

Respecto a los matrimonios morganáticos adjunto copia de la Pragmática Sanción de 1776, proclamada en las Puertas del Real Palacio y frente al balcón principal del rey, por un pregonero público acompañado por trompetas y timbales que puede leerse de forma completa.










©Antonio Lorenzo

sábado, 25 de abril de 2026

Palo de ciego

Pieter Brueghel, el viejo - Recorte de "La parábola de los ciegos (1568)
 
Los pliegos de cordel con temática de carácter político no son de los más abundantes. En esta ocasión reproduzco el primero de los cuatro "romances nuevos" que fue editado en Madrid en el año 1834 por la imprenta de D. M. de Burgos como figura en el colofón. Este impresor, de los que se conocen pocos datos, se refiere al tipógrafo Miguel de Burgos, quien fuera el responsable de la primera imprenta establecida en Cáceres tras su formación profesional en Madrid, donde aprendió el oficio y llegó a ser regente de la oficina tipográfica "Hija de Joaquín de Ibarra", establecimiento que fue fundamental de la tipografía española. En 1822, dentro de la etapa conocida por el Trienio Liberal (1820-1823), Miguel de Burgos instaló la primera imprenta conocida en Cáceres, hasta que, en una posterior etapa, regresó de nuevo a Madrid dejando la regencia de la imprenta de Cáceres a cargo de su hermano Lucas.

El impresor Miguel de Burgos, divulgador de posicionamientos liberales, tuvo que afrontar problemas durante el absolutismo de Fernando VII debido al control de algunas de sus publicaciones por la Inquisición y por las que tuvo que asumir multas y apercibimientos.

El año 1834, coincidente con la edición de este primer romance en pliego, hay que enmarcarlo dentro del inicio de la transición del absolutismo al liberalismo. Tras el fallecimiento de Fernando VII en 1833, se produjeron muchas vicisitudes, como la proclamación como reina a su hija Isabel, que apenas contaba tres años, como consecuencia final de la Pragmática Sanción en la que se autorizaba que pudiera reinar una mujer una vez derogada la Ley Sálica. La regencia del trono fue ejercida desde entonces por la viuda del rey, María Cristina de Borbón, que hubo de enfrentarse a los partidarios de Carlos María Isidro, hermano del monarca fallecido y que se postulaba como aspirante al trono, lo que dio lugar al inicio de la Primera Guerra Carlista. Como puede apreciarse se trata de un año convulso y controvertido a caballo entre las ideas conservadoras frente a las más liberales y progresistas y recordando en el romance la evolución de la presencia francesa en España.

Por hablar a la francesa
olvidan el castellano:
a la francesa comiendo,
a la francesa bailando,
a la francesa vistiendo,
a la francesa... rabiando;
por no ser nada españoles
hasta su patria negaron.

En el gobierno del año 1834 se proclamó un Estatuto Real donde se regulaban las relaciones de las Cortes con la monarquía, pero de una forma meramente consultiva y compartida y desechando una soberanía nacional. Dicho periodo fue un claro ejemplo de tensión política y social donde el anticlericalismo alcanzó un fuerte auge popular durante el bienio 1834-1835 con motivo de la inestabilidad y tensión entre las diferentes ideas y posiciones respecto a la iglesia.

Como consecuencia del nuevo orden y asentamiento de la liberalidad burguesa en España se produjo una colisión con la iglesia católica cuyo patrimonio se vio poco a poco desfavorecido y donde su hegemonía se fue diluyendo progresivamente. El bienio 1834-1835 es un importante periodo del avance anticlerical al irse configurando un nuevo modelo de sociedad de los que se conocen interesantes y documentados estudios. Ya en los primeros meses de 1834 gran número de frailes de distintas órdenes religiosas se unieron al levantamiento carlista tratando de defender sus comunes prerrogativas.

El año de la edición del pliego se produjo en un ambiente de clara tensión al iniciarse un proceso histórico debido a las diferencias ideológicas entre liberales y conservadores sobre el reconocimiento de sus derechos políticos. Las controversias entremezcladas entre las dos posiciones estuvieron unidas al general descontento económico y a raíz de la convocatoria de elecciones para constituir las primeras Cortes Generales en junio de 1834 tras la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre del año anterior. El proceso político de 1834, en suma, estuvo marcado por el desigual comportamiento de los propios grupos parlamentarios y unido a las revueltas populares en relación con determinados acontecimientos.

Es dentro de este contexto donde debe situarse lo expresado en este primer romance, cuyo autor no se se explicita ni menciona en ninguno de ellos, se entiende a modo de prevención, en ninguno de los publicados bajo el título de Palo de Ciego. Dicha expresión, en un sentido genérico y coloquial, suele utilizarse cuando alguien se encuentra desorientado y actúa o toma decisiones sin fundamento razonado.

El pliego reúne términos y frases denigratorias, hacia los adversarios ideológicos, todo ello amparándose, como se señala en la advertencia introductoria, en el uso de "una discreta libertad de imprenta que permite a cada uno manifestar sus ideas" de una forma más abierta. Este primer "romance nuevo" sería merecedor de un análisis más detallado, no solo por la solvencia en la que está escrito, sino porque representa todo un desarrollo ideológico del autor enmarcado en la época que describe y acompañado de burlonas críticas a sus adversarios.


 






©Antonio Lorenzo

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Las lavanderas de Madrid en el Manzanares

 

En el pliego reproducido más abajo se comenta el agradecimiento de las lavanderas madrileñas que ejercían su labor en el río Manzanares a la atención prestada por la reina María Victoria dall Pozzo, esposa de Amadeo I de Saboya, durante su efímero reinado.

En una anterior entrada en este mismo blog, del 6 de junio de 2018 del que adjunto el enlace correspondiente, ya dediqué una serie de datos y comentarios sobre el precario oficio de las lavanderas tal y como figuraba en un pliego del año 1706 donde dos lavanderas entablaban una irónica conversación en la que criticaban todo tipo de asuntos y terminando con la frase: "todo saldrá a la colada". 


María Victoria dall Pozzo (1847-1876) fue una reina fugaz y muy poco reconocida a pesar de mostrar una gran empatía con las mujeres humildes y vulnerables. Fue la promotora de la construcción de un asilo para acoger a los hijos de entre 3 y 6 años de las mujeres que faenaban ejerciendo tan precaria labor.

El oficio de lavanderas se conoce desde finales del siglo XVI con especial arraigo desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX.

Inauguración del Asilo en 1872 (Dibujo de F. Miranda en la 'Ilustración Española y Americana')

El asilo fue construido en la glorieta de la Puerta de San Vicente, muy cercana al río, inaugurándose el día 13 de enero de 1872 con la asistencia de ministros e importantes cargos del ayuntamiento y de la diputación madrileña. La gestión del nuevo asilo fue encargada a la Congregación de las Hijas de la Caridad y denominado como "Casa del Príncipe".

El edificio continuó ejerciendo de asilo hasta su destrozo durante la Guerra Civil, aunque no se acabó con la institución, puesto que fue trasladada a la plaza de Francisco Morano, en la esquina del Paseo de Pontones con el Paseo Imperial el año 1943 en un edificio construido por la Dirección General de Regiones Devastadas en terrenos cedidos por el Ayuntamiento, denominándose como "Albergue de María Cristina", dependiente del Ministerio de Gobernación y ejerciendo actualmente como servicios sociales del Ayuntamiento.

Edificio en la plaza de Francisco Morano

La trayectoria de María Victoria como reina de España y esposa de Amadeo I, duró poco más de dos años: desde el 2 de enero de 1871 hasta el 11 de febrero de 1873, fecha en la que el rey pidió su abdicación al trono de España debido a las tremendas discrepancias entre los partidos políticos y la animadversión hacia su figura por parte de la aristocracia y de la gente noble en general.


Tras el efímero reinado de Amadeo I de Saboya y de su esposa, el 12 de febrero de 1873 salieron de España donde María Victoria murió en San Remo a la temprana edad de 29 años el 8 de noviembre de 1876 como consecuencia de la tuberculosis.

El duro trabajo de las lavanderas comenzaba a primera hora de la mañana tras recoger la ropa sucia que les llevaban los llamados esportilleros. Su tarea consistía en usar las manos para frotar y enjabonar la ropa sucia en piedras o en una plancha de madera y acabar su duro trabajo hasta llevar la ropa a secar en los secaderos públicos hasta que se doblaba en cestos y era devuelta de nuevo por los esportilleros a los domicilios de donde procedían.


Lavanderas en el Puente de Segovia

Lavanderas arrodilladas en cajones para resguardarse

Un paisaje blanco por tanta ropa tendida a modo de banderas

    Lavaderos a orillas del Manzanares

La actividad de este colectivo de mujeres lavanderas cesó alrededor del año 1926 debido a la canalización del río Manzanares y a la paulatina llegada del agua corriente a las casas particulares.

A lo largo de los tantos años de la precaria actividad llevada a cabo por las lavanderas se ha dado el nombre de Parque lavanderas del Manzanares a una zona verde situada entre el Paseo de las Delicias y la calle del Gasómetro dentro del distrito de la Arganzuela madrileña como reconocimiento a su labor.


Tras comentar el contenido del pliego creo de interés el repasar gráfica y literariamente uno de los barrios más pobres por entonces de la capital, conocido por el Barrio de las Injurias y su estrecha relación con el oficio de las lavanderas.

El pliego

En el pliego reproducido a continuación se recoge la donación monetaria efectuada por muchas de las lavanderas para colocar una placa en el monumento fúnebre de la familia Saboya, Sala de las Reinas, como aparece en otros documentos consultados, donde se expresa:
"En prueba de respetuoso cariño, a la memoria de doña María Victoria, las lavanderas de Madrid-Barcelona-Valencia-Alicante-Tarragona. A tan virtuosa señora".
A continuación, se agrega en el pliego un Bonito tango americano con los amores de Domingo con una cubana. El llamado genéricamente tango americano pertenece a una familia rítmica originaria de Cuba que se fue extendiendo a otros países latinos al igual que lo fue en España y Portugal. La confusión de englobar al tango el término americano es para incorporar estos patrones rítmicos a su presencia en otros países. A mediados del siglo XIX ya se conocían estos tangos cubanos o americanos

Charles Davillier, en su Voyage en Espagne, escribe en 1862 que asistió y escuchó a una veintena de andaluces coplas del tango americano como propio de las canciones populares de Andalucía y usado también en la zarzuela de la época. 
"El turno de las danzas no tarda en volver y una joven gitana, de piel cobriza, cabellos crespos y ojos de azabache –como dicen los españoles– danza el tango americano con un ardor extraordinario; el tango es una danza de negros de carácter muy brusco y fuertemente acentuado; se puede decir otro tanto de la mayor parte de los aires que tienen el mismo origen y especialmente de aquélla que comienza con estas palabras: «¡Ay! ¡Qué gusto y qué placer!», canción tan popular desde hace algunos años como el tango".  
Las referencias al tango (americano, habanera o argentino) es todo un complejo tema que admite diferentes variantes y que se extendió a lo largo del siglo XIX.






El barrio de las Injurias

El Barrio de las Injurias, uno de los barrios más pobres por aquel entonces de la capital, se encontraba colindante con el río Manzanares. Su nombre proviene de una imagen sagrada católica situada en un antiguo humilladero en el Paseo del Cristo de las Injurias en lo que es hoy el Paseo de Yeserías, llamado así por haber sido un lugar referente en la industria del yeso.


El escritor vasco Pío Baroja, en La Busca, primera novela de su trilogía «La lucha por la vida», hace mención de aquellos barrios pobres tan sumidos en la pobreza:
«Por el Puente de Toledo pasaba una procesión de mendigos y mendigas, a cual más desastrados y sucios. Salía gente, para formar aquella procesión del harapo de las Cambroneras y de las Injurias; llegaban del paseo Imperial y de los Ocho Hilos; y ya, en filas apretadas, entraban por el puente de Toledo y seguían por el camino alto de San Isidro a detenerse ante una casa roja a recibir la doctrina, a cambio de escuchar sermones que daban las señoras de la alta sociedad, recibían ayuda, comida, ropa o sábanas limpias».

 Arturo Barea (1897-1957), hijo de quien fue una lavandera madrileña que se ganaba la vida lavando ropa militar, rememora su infancia en La forja de un rebelde, novela autobiográfica dividida en tres partes y que fue publicada entre 1940 y 1945 durante su exilio en Inglaterra. Para su publicación en España hubo que esperar al año 1978, una vez fallecido Franco y asentados los inicios de la democracia. En su primera parte recuerda el Barrio de las Injurias y cómo su madre (Leonor), acudía a lavar al Manzanares. La cita que entresaco del primer capítulo es larga, pero creo que significativa para enmarcar aquellos años de su infancia y el trasiego de prendas lavadas y recogidas.

«Los doscientos pantalones se llenan de viento y se inflan. Me parecen hombres gordos sin cabeza, que se balancean colgados de las cuerdas del tendedero. Los chicos corremos entre las hileras de pantalones blancos y repartimos azotazos sobre los traseros hinchados. La señora Encarna corre detrás de nosotros con la pala de madera con que golpea la ropa sucia para que escurra la pringue. Nos refugiamos en el laberinto de calles que forman las cuatrocientas sábanas húmedas. A veces consigue alcanzar a alguno; los demás comenzamos a tirar pellas de barro a los pantalones. Les quedan manchas, como si se hubieran ensuciado en ellos, y pensamos en los azotes que le van a dar por cochino al dueño.

   Por la tarde, cuando los pantalones están secos, ayudamos a contarlos en montones de diez hasta completar los doscientos. Los chicos de las lavanderas nos reunimos con la señora Encarna en el piso más alto de la casa del lavadero. Es una nave que tiene encima el tejado doblado en dos. La señora Encarna cabe en medio de pie y casi da con el moño en la viga central. Nosotros nos quedamos a los lados y damos con la cabeza en el techo. Al lado de la señora Encarna está el montón de pantalones, de sábanas, de calzoncillos y de camisas. Al final están las fundas de las almohadas. Cada prenda tiene un número, y la señora Encarna los va cantando y tirándolas al chico que tiene aquella docena a su cargo. Cada uno de nosotros tenemos a nuestro lado dos o tres montones, donde están los «veintes», los «treintas» o los «sesentas». Cada prenda la dejamos caer en su montón correspondiente. Después, en cada funda de almohada, como si fuera un saco, metemos un pantalón, dos sábanas, un par de calzoncillos y una camisa, que tienen todos el mismo número. Los jueves baja el carro grande, con cuatro caballos, que carga los doscientos talegos de ropa limpia y deja otros doscientos de ropa sucia». (Capítulo 1 del primer tomo)

 


Para saber más

Carmen Gallardo, periodista y escritora, contextualiza documentalmente a la que fue patrocinadora de la creación del Asilo de las Lavanderas en su novela histórica La reina de las lavanderas, publicada en Madrid el año 2012 por La Esfera de los Libros.


©Antonio Lorenzo

sábado, 25 de octubre de 2025

Sufrimientos en la nación por la diversidad de ideas entre unos y otros


El pliego reproducido viene a señalar que la confrontación de ideas y las discrepancias ideológicas viene de antiguo en lo que actualmente viene designándose con el término "polarización". La diversidad de ideas se contextualiza en el pliego a través de diferentes apartados sin recurrir a la palabra que actualmente se ha puesto de moda y dejando al margen su más acorde sentido significativo.

En estos últimos años el término polarización se ha popularizado y extendido su significado a cualquier situación de confrontamiento contextual utilizado de una forma abusiva y estratégica, tanto por parte de los medios informativos como de las redes sociales, con el fin de captar la atención y posicionarse en un lado frente al otro. Dicho término se utilizaba básicamente en el terreno de lo científico o tecnológico, pero su uso en la actualidad se ha extendido a cualquier forma de discrepancia, ya sea política, económica o cultural buscando conseguir un efecto exagerado e incisivo encuadrado en una postura ideológica sin apenas fisuras o matizaciones.

Es tal la incidencia del término polarización en los últimos años que La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), promovida por la Real Academia Española y la Agencia EFE, ha escogido dicho término como la palabra del año 2023 frente a las otras doce candidatas finalistas como ejemplo representativo y de elevada presencia en los medios de comunicación.

El fenómeno creciente del uso del término, abierto a cualquier significado para expresar oposición, conlleva todo un recurso añadido de cara a fomentar lo emocional y afectivo y sumergirse en un marco ideológico como herramienta acrítica, sin apenas aristas y alejada de cualquier divergencia. 

Si nos detenemos en este pliego del siglo XIX se postulan las distintas controversias en los siete apartados recogidos.

 - Las lágrimas
 - Buenos y malos
 - Madres e hijos
 - La duda
 - El siglo
 - Tristeza y alegría
 - El telar

En último apartado del pliego comienza con una recurrente cuarteta de amplio recorrido:
Hoy la España es un telar
y el que se meta a tejer
va enredando más la tela
que el que tejió antes en él.
La metáfora del telar, como máquina artesanal destinada a tejer mediante un entramado de hilos y urdimbres para elaborar tejidos, viene a simbolizar de forma alegórica los entrecruzamientos y la diversidad de ideas que son propias de la complejidad inherente a toda realidad social.

El telar constituye metafóricamente un marco de referencia donde los hilos propios de la urdimbre son la clave del desarrollo y resultado final del tejido a elaborar. El telar es todo un símbolo ancestral desde la mitología griega, donde Aracne, de gran habilidad tejedora, desafió a la diosa Atenea acabando castigada y transformada en araña y condenada a tejer sin cesar.

Velázquez - La Fábula de Aracne o Las hilanderas
El telar, con su variedad y manejos de hilos y urdimbres, viene a simbolizar de manera metafórica cualquier realidad social desde la noche de los tiempos.

El pliego fue impreso en Madrid, sin que figure el año, por la Imprenta Universal, fundada en 1850 y de la que se conocen distintos emplazamientos, entre otros: uno, en la calle Cabestreros, 5; en la travesía de San Mateo, 1, en la calle del Oso, 21 y en la Carrera de San Francisco, 6.





©Antonio Lorenzo

jueves, 31 de julio de 2025

Lamentos de quienes fueron arrojados al mar en Galicia como venganza

 

Hay pliegos que ideológicamente se muestran favorables al liberalismo y al progresismo frente a otros que vienen a defender la permanencia de gobiernos moderados o conservadores y expresan proclamas laudatorias para una monarquía absolutista, como sucede en el pliego reproducido, partidario de la moral cristiana y del rey Fernando VII.

El pliego reproducido se imprimió el año 1824 y en él se narra cómo en Galicia fueron arrojados al mar cincuenta y tres prisioneros para que se acabaran ahogando, entre los que se encontraban una serie de seglares, frailes y curas a modo de venganza por mantener sus ideas contrarias a las sostenidas por el "malvado" Quiroga. De aquella debacle apenas se consiguieron salvar cuatro de ellos quienes dieron la noticia de la tragedia.

¿Qué ocurrió en Galicia el año 1824? ¿Quién era el llamado infame Quiroga que obligó a arrojar al mar a estos disidentes y qué motivos se desprenden para dar pie a dicha adversidad?

Si repasamos por encima el contexto histórico para situar estos fabulosos hechos, no existe documentación histórica y fidedigna alguna. Al final del pliego se dice que fue compuesto por un tal Manuel de la Cuesta, humilde y cántabro ciego, quien suplica al auditorio que le perdonen sus yerros.

El año 1823 puede considerarse como la primera guerra civil sucedida en España como consecuencia de la invasión en España a cargo de un ejército francés. En 1823, el ejército francés, conocido por los Cien Mil hijos de San Luis y apoyados por algunas potencias europeas invadieron España para restablecer el régimen absolutista derrocado en 1820 y reponer en el trono a Fernando VII como rey absoluto, por lo que el conocido Trienio Constitucionalista de 1820-1823 no logró su perdurabilidad.

La figura de Quiroga, a quien se achaca en el pliego la malévola idea de arrojar al mar a sus contrarios ideológicos, es una muestra más de las desavenencias y turbulencias políticas en la España de mediados del siglo XIX.

En 1822 Quiroga se dirigió al pueblo gallego con la siguiente proclama:


Antonio Quiroga y Hermida (Betanzos, 1784-Santiago de Compostela, 1841), fue un destacado liberal que apoyó la sublevación del general Riego en Cabezas de San Juan el año 1820. Dicho levantamiento tenía por objetivo la restauración de la Constitución de Cádiz "La Pepa", proclamada en 1812, lo que supuso un levantamiento militar contra el absolutismo de Fernando VII en favor de las ideas liberales y progresistas.

Tras la Guerra de la Independencia (1808-1814), en el mes de marzo de 1814 Fernando VII regresó a España desde su exilio suprimiendo la Constitución de Cádiz mediante decreto y restableciendo la monarquía absoluta hasta el Trienio Liberal (1820-1823) donde a consecuencia del levantamiento de Rafael de Riego se restableció de nuevo la Constitución de 1812 donde el rey se vio obligado a acatar y a jurar la Constitución marcando el inicio del Trienio Liberal.

La conspiración del rey y de sus partidarios para restablecer el absolutismo propició que los llamados Cien Mil Hijos de San Luis invadieran España en 1823 apoyados de los realistas españoles con el fin de proclamar el regreso al absolutismo, lo que al final consiguieron dando inicio a la llamada Década Ominosa (1823-1833).

Es en este contexto donde Quiroga, como capitán general de Galicia (1822-1823) se opuso a la invasión de Galicia por las tropas francesas tratando de poner toda clase de trabas e impedimentos con el fin de sostener el liberalismo. Tanto los realistas como el clero defendieron de forma activista su posición favorable para restablecer el poder absolutista y su adhesión al ejército invasor. Quiroga solicitó ayuda a los gobiernos de Inglaterra y Portugal, adictos a sus posiciones, para tratar de sostener el legítimo régimen constitucionalista. No pudo ser. Tras el fracaso militar de los liberales españoles, en 1823 capituló ante el Ejército francés en La Coruña, tras lo cual emigró a Inglaterra para refugiarse y evitar su detención.

Para un lector de aquellos años y al margen de sus posturas ideológicas, lo expresado en el pliego no les debería resultar ajeno, pues en el año 1824 las circunstancias históricas posicionaban las creencias de la población popular, apoyando o denigrando los conflictos internos que atravesaban. En este caso, el pliego se decanta claramente por posiciones conservadoras construyendo una serie de acontecimientos que, como es notorio, carecen de credibilidad histórica y documental.





©Antonio Lorenzo