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viernes, 2 de enero de 2026

Las penas del año nuevo y el ¡ay! de los labradores

 

El nuevo comienzo del año, del que no sabemos a cuál se refiere en el pliego, los labradores no lo consideraron como positivo, ya que se lamentan de su precaria situación debido a la cantidad de impuestos que tenían que pagar, aunque, eso sí, sin dejar de enaltecer a España como un gran país si no se tuvieran que afrontar tantas cargas impositivas.

La principal queja que sostienen los labradores se refiere a las pérdidas que supone el hacer frente al pago de tantas contribuciones y al encarecimiento de aquello que producen y de sus compras. Se quejan de los escasos jornales que reciben y de la precariedad extendida, no solo a los labradores, sino también a los sastres, zapateros, modistas y sirvientas.

Suben las contribuciones,
los comestibles y el pan,
pero ninguno se acuerda
de que se aumenta el jornal.

Desde una perspectiva actual se apunta de pasada en el pliego algo que puede causarnos extrañeza, ya que entonces también era necesario el pagar un impuesto por el uso de la sal. Sobre la historia de este impuesto dediqué hace unos años una entrada anterior comentando el pliego titulado Nuevas y divertidas peteneras por los impuestos al consumo.


El monopolio de la sal, en cuanto a su fabricación y venta exclusiva, era una prerrogativa de la propia Corona como monopolio controlador desde tiempos anteriores. Mediante un Real decreto del 3 de agosto de 1834 se suprimieron los impuestos para el consumo de la sal dejando su surtido a la libre voluntad de los pueblos e individuos. El impuesto a pagar por el uso de la sal sufrió muchos vaivenes relacionados con la política de su producción y como elemento prioritario para la conservación de alimentos.

Tras las quejas y el ¡ay! de los labradores se incluye a continuación una relación de coplas donde la animadversión hacia algunos de los comportamientos de las mujeres se encuentra presente al tacharlas de engañadoras, aprovechadas y aparentando lo que no son. Aunque envueltas en coplas con referencias satíricas se resaltan sus argucias para aprovecharse del dinero y de las situaciones, algo que resulta recurrente en otros muchos pliegos del siglo XIX.

El pliego procede de Juan Bautista Vidal, quien fuera un conocido impresor que colaboró también muchos años con otros impresores desarrollando a lo largo de su carrera una intensa actividad impresora, tanto de diarios como de pliegos de romances y folletos populares religiosos convirtiéndose en una referencia editorial. En 1865 abrió una librería y papelería en la calle Arrabal de Jesús, número 5, como figura en el colofón del pliego reproducido, continuando su labor como editor y distribuidor de literatura de cordel en otras librerías de la comarca.





©Antonio Lorenzo

jueves, 25 de diciembre de 2025

Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento

 

Para conmemorar esta fecha tan emblemática reproduzco estos Villancicos nuevos al Sagrado Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, donde se incluyen también otras composiciones alusivas a la fecha tan señalada.

El pliego fue impreso en Madrid a cargo de José María Marés en el año 1873, que corresponde a su actividad impresora en su último emplazamiento en la calle Juanelo, número 19, en colaboración  con el entonces también impresor Manuel Minuesa hasta el año 1875.





©Antonio Lorenzo

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Alegres villancicos al Santo Nacimiento

 

Alegres villancicos al Santo Nacimiento del Hijo de Dios, acompañado de hermosas tonadillas y coplas alusivas. 

El pliego procede de la imprenta madrileña de José María Marés en la Plazuela de la Cebada en el año 1858, diez años antes de la Revolución Gloriosa donde se expulsó a la reina Isabel II fuera de España. La labor generalista de este conocido impresor de pliegos de cordel se desarrolló entre los años 1842 y 1874 en seis lugares distintos de la capital madrileña, siendo la sede de la Plazuela de la Cebada número 96, como consta en el pliego reproducido, la correspondiente a la etapa entre los años 1854 y 1866.





©Antonio Lorenzo

lunes, 22 de diciembre de 2025

La Gran Lotería para las mujeres que buscan marido

 

Con el arte de birlibirloque y mediante el juego de esta eterna lotería, como se apunta al final del pliego, el organizador del mismo se postula como capacitado para encontrar novios o maridos a toda solterita o viuda que confíe en él y dé crédito a sus habilidades. A su llamada, nada menos que 26 mujeres se pusieron en fila para que a cada una de ellas se les proporcione una respuesta personalizada en su búsqueda de novio o marido.

Por arte de birlibirloque, usado como locución adverbial, aunque caída en desuso, se entiende que algo suceda de un modo inexplicable o como un arte de magia para conseguir determinados fines.

La Real Academia incorporó en 1817 dicha expresión como derivada de la contracción birliqui birloque aludiendo al arte de engañar "birlar" o estafar escamoteando con sigilosa destreza y astucia y ayudado con una gran ligereza de manos propia de los estafadores callejeros conocidos como los trileros.

Cada una de las 26 mujeres expone los motivos de su búsqueda a la espera de la respuesta adecuada a su solicitud y donde se tienen en cuenta las personales características de cada una de las mujeres, todo ello dentro de un contexto satírico y burlesco y donde no falta tampoco lo denigratorio.

La situación de la mujer en la España del siglo XIX y hasta bien avanzado el siglo XX se centraba básicamente en encontrar un marido para sentirse protegida y que les resultase rentable. La búsqueda de maridos por las jovencitas, ya fuera por propia voluntad o bien por decisión urdida por sus padres, resulta notoria en muchos pliegos de cordel de la época, con la pretensión de situarlas convenientemente para su vida futura. Consideradas las mujeres como seres inferiores y dependientes de los hombres son aspectos ya bien estudiados en relación con motivos económicos, religiosos o políticos junto a las motivaciones culturales propias de la época. El papel de la mujer en la historia no ha acabado de consumarse, ya que se encuentra envuelto con otros nombres o disfraces que ocultan la realidad que ha venido padeciendo la mujer.

En los pliegos es frecuente la búsqueda por las mocitas de un marido que fuera militar y a ser posible con cierta graduación donde la mujer se convertiría en ángel del hogar, en un claro régimen patriarcal de valores y de claro antifeminismo. Este estereotipo de la mujer queda reflejado en este y en otros muchos otros pliegos de cordel donde subyacen las críticas a las condiciones particulares propias de entonces. La búsqueda de marido también se propagó a través de representaciones propias del teatro breve, como en la comedia en un acto y en prosa titulada Nuevo método de buscar marido, impresa en el año 1858 y representada por primera vez en el Teatro Principal de Málaga el 23 de julio de 1855.

En la época en la que vivimos, ya no es necesario consultar a un adivino sobre cómo encontrar pareja estable y sana, puesto que, como curiosidad y ejemplo, ya es algo que puede consultarse a través de las redes sociales como, entre otras: Siete consejos para encontrar pareja según la Inteligencia Artificial.



El pliego reproducido fue impreso en Madrid por Marés y Compañía en la calle Juanelo, 19, quien ejerció su labor impresora en dicha calle entre los años 1870 y 1875.





©Antonio Lorenzo

sábado, 22 de noviembre de 2025

Limosna a los pobres ciegos puesto en quintillas para cantar en guitarra

La figura del ciego como rezador de oraciones o vendedor de almanaques y pliegos de cordel se remonta a siglos atrás prolongándose, incluso, hasta el siglo XIX y comienzos del XX. El ciego cantor, como mediador cultural, se asocia a su carácter itinerante, lo que les permitía conocer mejor la realidad social que aquellos que permanecían en sus casas y sin habituales traslados. Sobre la autoría de lo que cantaban o transmitían se conocen dos alternativas: la de ser ellos mismos los autores, como ocurre en el pliego reproducido, o como trasmisores de los textos compuestos por otros, que es sin duda la más prolífica. Su trashumante actividad le sitúa en una especie de medio camino entre su actividad legal, amparada por las hermandades de ciegos, donde contaban con privilegios, o bien por su actividad clandestina al margen del consentimiento aprobatorio de las autoridades.

La animadversión de los ciegos pertenecientes a hermandades respecto a los mendigos que no estaban asociados y carecían de prerrogativas comerciales viene de muy antiguo. Los mendigos indigentes no estaban autorizados para la venta de papeles divulgadores de todo tipo, puesto que los ciegos integrantes de la hermandad eran quienes estaban autorizados para vender y transmitir romances y variadas coplas como noticias, milagros y todo tipo de chismorreos y fantasías. Solían acompañarse preferentemente de una guitarra, aunque también podían hacerlo con zanfona, violín, acordeón o con un simple pandero para obtener limosnas o donativos.

Las cofradías y hermandades de ciegos ya se conocen desde épocas medievales hasta el siglo XIX, sobre las que existen documentados estudios particularizados. La creación de estas hermandades tenía una clara finalidad, no solo caritativa, sino también defensiva con el propósito de ser una ayuda comercial y económica al estar exenta, en su caso, de cargas fiscales. Con el paso del tiempo, estas hermandades ejercieron todo un control sobre la difusión de estos impresos populares otorgando a sus miembros el monopolio para su venta ambulante, lo que ocasionó enfrentamientos con aquellos que carecían de dicho privilegio siendo considerado como formas de intromisión por las autoridades.

La relación de estas hermandades o cofradías con los libreros o impresores, constituyen también una fuente de interés al tener la posibilidad de negociar o asumir lo que se tenía que difundir, siendo aprovechado por unos y por otros como incipiente negocio. El desacuerdo entre las congregaciones de ciego con aquellos impresores que no cumplían con lo acordado previamente, desencadenó pleitos jurídicos, lo que ha merecido documentados trabajos que contribuyen al conocimiento de la sociedad pasada, como el desarrollado por Cristóbal Espejo en Pleito entre ciegos e impresores (1680-1755), en la Revista de la Biblioteca Archivo y Museo (Ayuntamiento de Madrid, abril, 1925, t. II, núm. VI.  En dicho trabajo da noticias, entre otras, de la demanda por parte de la congregación de ciegos al impresor que les surtía de almanaques y calendarios que utilizaba diferentes tipos y géneros de papel, dando a los ciegos el papel malo y quedándose con los mejores como argucia para venderlos libremente y sacar un mayor beneficio.
[...] la  pretensión  de  los ciegos,  reducida  a un  derecho  de  venta  con  ribetes  de  preferencia  y  al  respeto  a  la  tasa  que  creían  vulnerada,  deriva  además  a  un  derecho  de tanteo  y  a  otro  de  impresión  privilegiada,  y  se  extiende,  por  estos  momentos,  desde  los almanaques y  calendarios hasta  las relaciones  de  los buenos  sucesos  y  novedades  que  las  restricciones y  costumbres  legales  de  la  época  impedían,  como  es  sabido,  el  conocimiento al  público  de  cualesquier  noticias  exactas  como  no fuesen  de  buen  gobierno o  las supiera  la  colectividad  de  modo  subrepticio. (pág. 209)
Para salvar estas posibles controversias, en una gran mayoría de pliegos no aparece el nombre del autor de los textos ni tampoco el año de impresión, lo que daba la opción de difundirlos por numerosos territorios sin que se tuviera que pedir las licencias correspondientes al ampararse en el anonimato de los mismos o bien defenderlos como propios.

Los ciegos cantores y difusores de pliegos o estampas no deben considerarse como afines o comparables con los mendigos videntes, aunque puedan convivir con ellos, pues gozaban de unas prerrogativas de las que carecían los mendigos marginales, puesto que no pedían a cambio de nada, sino que vendían de alguna forma lo que transmitían en papeles. Ello era una forma de que no se asociara a estos ciegos con los vagabundos o con comunidades gitanas.

Todo ello hay que encuadrarlo en un contexto socio-histórico, aunque en este caso lo que se pretende es simplemente el reproducir un pliego como propiedad de su autor y cuya finalidad era la de conseguir limosna o donativos a cambio de lo cantado o recitado acompañado por la guitarra.

La figura del ciego cantor no solo aparece en novelas picarescas o en piezas teatrales, como comedias, entremeses o pasillos, sino que también aparece en alguna zarzuela donde se solicita "Una limosnita para el pobre ciego", incluido en la zarzuela La alegría de la huerta, en un acto y tres cuadros, estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 20 de enero de 1900, con libreto de Enrique García Álvarez y Antonio Paso y música de Federico Chueca (1846-1908). 

En la recopilación de artículos recogidos en Los españoles pintados por sí mismos (2ª ed., 1851), donde se recogen numerosos artículos de carácter costumbrista publicados entre 1843-1844, uno ellos se dedica ampliamente a la figura del ciego, escrito por Antonio Ferrer del Río y Juan Pérez Calvo. En dicho artículo al personaje del ciego se le adjudican una serie de características con el fin de aprovecharse de su carencia de visión.
«Camastrón de por vida, bachiller en embustes, licenciado en malicia y doctor en charla sin haber asistido a seminario, universidad y colegio: charlan de noticias, mercader de jácaras y baratillero de fenómenos sin que se le incluya en las listas del subsidio, saludémosle con la afabilidad y cortesía de que seamos capaces, por advertirse en él toda la perfección, toda la belleza, toda la bizarría del modelo. [...] Por supuesto es rarísimo el Ciego que pide limosna de casa en casa, salvo los que han perdido su vista en la última fratricida guerra».

Ciego popular en Cádiz, acuarela del siglo XIX del pintor argentino Prilidiano Pueyrredón

El poeta mexicano Francisco de Icaza paseando con su mujer en su visita a la Alhambra de Granada le salió al encuentro un ciego que les tendió la mano para pedirles una limosna. Ello le inspiró unos escuetos versos que se han convertido en todo un patrimonio de la ciudad y que pueden leerse en numerosos sitios y reproducidos a la venta en piezas cerámicas.

Dale limosna, mujer,
que no hay en la vida nada
como la pena de ser
ciego en Granada.

Granada está considerada como una de las ciudades más bellas de España, por lo que carecer de visión es una gran pena al no poder contemplar tanta belleza, lo que inspiró de forma espontánea al mexicano estos emocionales versos que actualmente son recurrentes en toda la ciudad.

Francisco de Icaza (Ciudad de México, 1863 - Madrid, 1925) fue un poeta e historiador que se afincó en España, y ministro plenipotenciario en Berlín y en Madrid, a donde llegó como exiliado tras la Revolución mexicana. Autor de libros sobre la literatura del Siglo de Oro, fue Premio Nacional de Literatura por su obra Lope de Vega, sus amores y sus odios.

Cuando Antonio Gallego Burín fue nombrado como director general de Bellas Artes en 1951 pidió que se grabaran estos versos en una placa de mármol para ponerla en la muralla cerca de la Puerta del Vino de la Alhambra.  Se recuerda su trayectoria como crítico e historiador al figurar su nombre en una de las calles Madrid y recordado igualmente por ser el padre de la periodista y escritora Carmen de Icaza.


En la cabecera del pliego reproducido aparece como Romance Nuevo titulado Limosna a los pobres ciegos, puesto en quintillas para cantar en guitarra. Al titularlo como romance nuevo subyace la intención de atraer a un mayor público al escuchar el término de nuevo, aunque luego se trate de unas malogradas quintillas compuestas por un pobre ciego mallorquín. 

El ciego, que se encuentra alojado en un hostal, pide limosna para comer un guisado. Alude a que, si le dan limosna, no será en vano, pues Dios lo tendrá en cuenta. La alusión a Dios y a los beneficios que les aportará a quienes den limosna a los carentes de visión se desarrolla en estas defectuosas quintillas, pero que son un recurso utilizado por el ciego mallorquín, donde dice que no cantaría si la vista tuviese. La alusión de dar limosna, como ejemplo de caridad cristiana y como forma de asegurarse una silla en el gran Reino del cielo, como se indica en el pliego, es un argumento recurrente y utilizado de forma eficaz por los ciegos cantores.

El pliego fue impreso por la imprenta mallorquina de Bartolomé Rotger, quien fuera el tercer socio de la empresa "Imprenta y Librería de Juan Colomer", constituida el 14 de julio de 1868.





©Antonio Lorenzo

lunes, 9 de junio de 2025

Quejas y lamentos de un amante desgraciado

 

Reproduzco cuatro pliegos cuyo denominador común reside en que se detallan las quejas y lamentos de un amante desgraciado. El primero de ellos hace hincapié en los placenteros buenos tiempos de la relación con su amada, seguidos de los lamentos de Pablo como consecuencia de la infidelidad de la mujer y acabando el pliego con la muerte del protagonista. Como suele suceder en este tipo de pliegos, aparece un conglomerado de composiciones más o menos dispersas y de autores desconocidos que no suelen guardar relación unas con otras, pero que resulta frecuente el que se agavillen para construir el pliego. 

El primer ejemplo se hallaba a la venta, sin que figure el año, por el conocido distribuidor barcelonés Antonio Bosch, pliego asociado en este caso al taller de José Torras, calle de la Canuda, núm. 27.

El segundo pliego, titulado Lamentos y quejas de un amante en unas glosas muy curiosas queda asignado a la imprenta y librería de Manuel López (y Gimeno) el año de 1814. Dicho impresor valenciano, ya establecido como librero desde 1808 hasta su fallecimiento en 1848, fue también el impresor del Diario de la Valencia del Cid, del Diario mercantil de Valencia y de la Gazeta (sic).

El tercero, con el encabezamiento de Quejas de una ingrata seguido de una segunda parte y unos lamentos de un amante desgraciado, a la venta en casa de Antonio Bosch en la calle del Bou de la Plaza Nueva, número 18, asociado en este caso con la imprenta de Ramírez y Compañía.

Sobre la trayectoria editora de Antonio Bosch, nacido en el municipio gerundense de Tortellá en 1818, abrió su propio negocio en el 1848 y al que trasladó en 1869 a la calle del Bou de la Plaza Nueva en su periodo de máxima expansión. En 1875 lo traspasó a sus sucesores Pedro Vidal y Joan Pera, siendo el primero de ellos el continuador de su actividad impresora.

Por último, reproduzco una hoja doble, procedente de la imprenta barcelonesa de F. Vallés, imprenta más bien de segundo orden y de producción limitada en cuanto a pliegos sueltos respecto a las más conocidas. En ella se recogen las dos partes de las quejas de la ingrata que aparecen en el pliego, pero se omiten los lamentos de un desgraciado.





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©Antonio Lorenzo

miércoles, 28 de mayo de 2025

Diálogo entre un licenciado y una vendedora de avellanas

 

El diálogo que se recoge en el pliego entre un recién licenciado de las quintas con una castiza vendedora de avellanas sugiere diferentes perspectivas. La cabecera del pliego viene a resaltar el protagonismo de la vendedora de avellanas quedando en una especie de segundo plano el diálogo entre el licenciado Perico y la vendedora Manuela. Tras la crítica del licenciado por las frecuentes prácticas llevadas a cabo por los soldados en las quintas, se establece un diálogo con la vendedora de avellanas, a la que, curiosamente, no reconoce en un principio que en tiempos pasados fuera su prometida. Tras los requiebros entre el licenciado y la vendedora mediante galantes halagos y sugerencias, Manuela acaba confesando que ya se encuentra casada a instancias de los deseos de sus padres, pero que nunca olvidó a Perico ni sus antiguos amores. La decepción de Perico le lleva a expresar las prácticas interesadas de las mujeres, a lo que Manuela responde que su marido pronto morirá y entonces podrán casarse, pero que mientras ella siga vendiendo avellanas su marido comerá de las malas y Perico de las buenas. Ante la queja de Manuela por ser víctima de un matrimonio concertado a la fuerza por los padres, Perico se hace eco de las argucias y el orgullo propio de las mujeres para beneficiarse.

En el pliego, al igual que sucede en sus otras impresiones por distintos talleres, no aparece el nombre de su autor, algo característico de estos papeles volanderos. Sin embargo, investigando por internet, he logrado acceder al autor del mismo, cuyo nombre corresponde a Baudilio Pujol, del que no he encontrado ninguna otra documentación. Su nombre aparece en el Boletín Oficial del Ministerio de Fomento, vigente en pleno reinado de Isabel II y correspondiente al mes de junio de 1856. En dicho boletín también se recogía y registraba por entonces la ley de propiedad literaria, donde se daba cuenta de los dramas, zarzuelas, entremeses, comedias o pliegos, así como de sus editores. Estos boletines constituyen una importante documentación testimonial para conocer el nombre de los autores que no suelen aparece en el colofón de los pliegos.
Lista de las obras científicas y literarias remitidas al Ministerio de Fomento por los Gobernadores de provincia en el mes de junio de 1856 para los efectos del Real decreto de 10 de junio de 1847 sobre propiedad literaria.

La referencia al 10 de junio de 1847 es importante, pues es la fecha en la que se promulgó el Real decreto de la primera ley española en recoger y regular la propiedad intelectual. Mediante esta ley se trataba de proteger los derechos de los autores o traductores estableciendo una serie de reglas y condiciones para llevarlas a cabo. Acogiéndonos a dicha ley es como he podido averiguar el autor de los versos del pliego.

Aparte del contenido del pliego, tanto los vendedores ambulantes como los oficios tradicionales fueron una fuente y motivo de inspiración, para ilustrar versos y para dibujantes y grabadores, al que dediqué una anterior entrada el pasado año 2021 para señalar su importancia costumbrista bajo la etiqueta "Canciones y pregones de los vendedores ambulantes".


Estos vendedores, que "gritaban" sus mercancías para atraer a su clientela, no solo en Andalucía, sino también en los barrios madrileños, fueron motivo para ilustrar una colección de calcografías realizadas por el grabador Miguel Gamborino y publicadas con el título de Los gritos de Madrid entre 1809 y 1817, siendo muy apreciadas por los coleccionistas.

En el mundo de los pliegos sueltos también aparece la figura de la avellanera junto a otras vendedoras ambulantes, como la castañera, la buñolera y la jardinera, todas ellas ilustradas con versos, del que entresaco el referido a la avellanera con claras referencias a personajes y a barrios madrileños.


Otro ejemplo de diálogo humorístico, aunque se trata en este caso entre Paco y Manola, vendedora andaluza de castañas, aparece como añadido en un pliego del año 1863 donde figura como autor Enrique Gavarró Mestres, conocido también por sus sainetes.


La figura de la avellanera también se ha utilizado en los ventalls o abanicos en Cataluña donde se aprovecha la misma xilografía de Josep Noguera en el pliego suelto por pertenecer a la misma casa editora, aunque con versos diferentes.


La avellana, distribuida por los vendedores callejeros, se asocia también con aspectos eróticos mediante metáforas de doble sentido y no siempre fáciles de interpretar, aunque amparándose en una aparente e inocente forma de anunciarlas mediante una forma de ambigüedad desenfadada. La avellana se asocia a la cáscara dura que protege un interior jugoso, lo que viene a sugerir y a simbolizar la fuerza y el vigor sexual. El árbol del avellano, cuyos frutos se producen una temprana edad, se asocia su maduración en refranes aludiendo al santoral del calendario o en coplas desgajadas de cantares populares. La venta callejera, donde se grita y exalta el producto de una forma aparentemente neutral, esconde de forma ambigua referencias a asociaciones placenteras respecto a frutos como a las almendras o  piñones.

El mismo Lope de Vega, en su obra El villano en su rincón incluye una alusiva copla cantada por las vareadoras de aceitunas aprovechando un momento de descanso:

Deja las avellanicas, moro,
que yo me las varearé,
tres y cuatro en un pimpollo
que yo me las varearé.

En coplas desgajadas de cantares también se utilizan las avellanas a modo de galanteo y de incitación amorosa, lo que recuerda la costumbre de arrojar arroz a los recién casados para desearles felicidad.

Ese que me está tirando
al delantal avellanas,
parece que quiere ser
cuñado de mis hermanas.

Otras frases representativas se dedican a minusvalora a la mujer:

* La mujer es como la avellana, la más hermosa suele venir vana
* Las avellanas malas hacen más ruido que las sanas
* La avellana mala rompe los dientes y no quita la gana.
* Como sé que te gustan las avellanas, por debajo la puerta te echo las vanas

La avellana como acertijo:

Ave es mi nombre,
llana mi condición,
si no lo aciertas,
eres un gran simplón.

¿Cuál es el ave que tiene la panza llana?

Soy ave y soy llana, pero no tengo pico ni alas 

El pliego 






©Antonio Lorenzo